Si todos desaprobamos la guerra, ¿por qué ésta sucede una y otra vez? La valentía de The Cranberries al enfrentarse a un conflicto que tocaba de primera mano a los irlandeses tuvo que esperar cinco años desde la publicación del sencillo “Zombie” en 1994 para ver finalizado el conflicto bélico entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda por medio del Acuerdo del Viernes Santo, apropiado nombre para poner fin de manera pacífica a un enfrentamiento que tuvo su parte de Guerra Santa. Aunque en realidad el tema de su canción hace referencia a una de las tragedias asestadas contra Warrington, Reino Unido, desde el ejército republicano y que concernió especialmente a Johnathan Ball y Tim Parry. Estos dos nombres desconocidos abrieron los ojos de la banda por una esclarecedora razón. Mochilas, libros y juguetes perdieron a sus dueños el 26 de febrero de 1993. Las bombas arrojadas no tuvieron autoridad suficiente para perdonar la vida de los niños, cuyas madres sobrevivieron para encarar la tragedia.

Una de las canciones que mejor representa la década de los noventa, con su inconformismo, su melancolía de blanco y negro, los últimos latidos del grunge de Smashing Pumpkins y una de las voces más reconocibles de la historia del rock, la de la recientemente fallecida Dolores O’Riordan, y sus alaridos de rabia. El bajo y la guitarra de los hermanos Hogan, Noel y Mike, proporciona ese pulso sórdido de las ametralladoras, grave y contrastado con la inocencia de la cantante, que suena como un infante más atrapado por la incongruencia. Imágenes fugaces de un sufrimiento genérico pasan por la mente de los televidentes, que se dejan engañar por el sobretítulo ‘provisional’ del ejército republicano de Irlanda.

Aunque O’Riordan se dirige al inicio del conflicto como 1916, los zombies han poblado la Tierra desde tiempos inmemoriales, sin consentir el indulto a obras de arte, animales o niños, mientras la pasividad de los no implicados toleraba las matanzas. Su réplica contra la violencia, pariente al igual que su música de un “Meat is Murder” de The Smiths (con los que también trabajó el productor Stephen Street), supone una réplica contra su propio país, contra el silencio y el papel de la religión, como trata de mostrar el videoclip, uno de los más reproducidos y aclamados de la década, en un enfrentamiento soterrado entre cristianos protestantes y católicos.

But you see, it’s not me
It’s not my family
In your head, in your head, they are fightin’”

Junto con “Dreams” y “Linger”, los irlandeses consiguieron con éste uno de sus mayores éxitos y momentos álgidos de creatividad, dentro de un género que no tardaría en extinguirse para dar paso al indie, que ya pujaba por aquel entonces. Sin embargo, la banda se caracterizó por unir al grunge y al jangle pop elementos claramente propios, como el uso de música celta y un carácter sumamente accesible.