Desde el potente single de presentación hasta la incómoda portada, parece que todo lo que hacen Kitai tuviera el único propósito de llamar la atención. Después de todo, es lo que mejor saben hacer cada vez que se suben a un escenario. Te invito a que hagas la prueba: vete a verlos a alguno de los muchos conciertos que dan estos días o espérate a encontrártelos este verano en algún festival.

Vivir de esto o morir en el intento

Mientras en directo sigan siendo los de siempre, ¿qué hay de malo en que quieran prender fuego a la radio? Basta ir a verlos en directo para darse cuenta de que no cabe en su cabeza otra cosa que no sea vivir de esto y contagian esa energía a todos los presentes.

El caso es que esta banda afincada en Madrid se ha ido labrando un nombre desde abajo y poco a poco. Como un grupo que lo tenía claro desde el principio: se trata de vivir de esto o morir en el intento. Desde el primer trabajo que lanzaron en 2015 (“Que vienen”) ya anunciaban lo que iba a pasar tiempo después. Pero antes de contar qué presentan en su segundo largo, merece la pena destacar el proceso que les ha traído hasta aquí.

Y por ‘aquí’ me refiero al dulce momento actual que viven: firmar con una multi como Sony, ser reconocidos como una de las bandas ‘emergentes’ más singulares del panorama nacional y haber llevado a cabo la campaña de publicidad y financiación más ingeniosa que se recuerda. A estos chavales no se les ocurrió otra cosa que encerrarse durante dos semanas en casa para convertirse en los mejores jugadores de un videojuego de tenis. Alguien del entorno de la banda les avisó de que había un importante premio en metálico y no se lo pensaron. ¿El resultado? Quedaron los primeros, segundos y terceros clasificados, recibieron promo gratis al salir en casi todos los informativos de deportes del domingo y se llevaron el dinero con el que invertirían en un videoclip y en su segundo trabajo de larga duración: “Pirómanos”.

Kitai o cómo prenderle fuego a la radio

La producción ha conseguido sacarle todo el partido posible para que suene lo más duro posible sin agobiar al oyente medio.

Sí, desde aquella mítica imagen del Sonorama, en la Plaza del Trigo, ha llovido bastante. Pero las llamas no se han apagado. Así se demuestra en “H20”, primer corte de este trabajo que ha contado con la batuta de Juanma Latorre (Vetusta Morla) a los mandos. Ese aire electrónico se va a dejar ver por todo el LP y, en especial, en los arreglos de marcado carácter alternativo, quizá bastante alejados de lo que fue aquel primer disco más crudo, rockero y potente. Lo que sigue impertérrito es la singular voz de Álex y los ritmos que quieren ser metal –pero para toda la familia–.

También hay cortes que parecen haber nacido con alma de single, como esa “Fuego en la Radio que ejemplifica algo que seguro les gustaría prender con su música. La virtuosa batería de Deivhook o el potente bajo de Fabio siguen siendo la base sobre la que se edifica cada uno de los temas y la verdad es que la producción ha conseguido sacarle todo el partido posible para que suene lo más duro posible sin agobiar al oyente medio. Sin embargo, en piezas como “Desierto” o “Riviera Maya” parece que se les olvida un poco su estilo y se dejan llevar por el lado más vetustiano de la vida. El resultado no es para nada extraño, con una base muy texturizada en el primero y con elegantes arreglos de guitarra en el segundo, pero, en mi opinión, la banda luce mucho más en los temas potentes y directos, como veremos más adelante.

Ese aire electrónico se va a dejar ver por todo el LP y, en especial, en los arreglos de marcado carácter alternativo, quizá bastante alejados de lo que fue aquel primer disco más crudo, rockero y potente.

Es el caso de “Tirar a Matar”, donde la batería y la guitarra mantienen un pulso hasta que entra la voz y los arreglos de sintes que recuerdan a una mezcla entre Triángulo de Amor Bizarro y Columpio Asesino. El oscuro solo de guitarra de Edu y el ambiente inquietante que logra crear es puro Kitai. Pero de nuevo se empeñan en tirar para abajo en “Lejos”, una especie de balada con letra mística pero falta de punch. Lo que le sobra a “Nací Caballo”, –gran título, mejor canción– en la que se atreven con una coda final metalera de esas que tan bien les quedan. Es sin duda en los temas pesados y con pegada donde lo dan todo, y “Animal” tiene esa esencia en la que conviven los RHCP, Muse y Sexy Zebras. Son unos animales del sonido y lo ponen todo sobre el escenario y también en el estudio. La letra, además, contiene un mensaje interesante entre potentes riffs de guitarra y voces casi animales de Álex.

Ya en la recta final, “Volcán” y “He Vuelto” ofrecen una nueva versión del grupo, y es que en esto se han convertido: en un conjunto que conserva su esencia potente pero que ha querido recorrer pasajes más comerciales y, por qué no decirlo, también más rentables económicamente hablando. Eso sí, será difícil que pierdan su esencia. Para muestra, un botón: en la promo de su nuevo álbum han hecho una gira por varias líneas de metro de Madrid compartiendo sus canciones con los viajeros. No les hizo falta pasar la gorra para que los transeúntes les echaran monedas. Supongo que quienes no les conocieran al menos se llevarían la impresión de que estos músicos callejeros se habían ganado con creces la propina.

Sobre el escenario pasa lo mismo. Basta ir a verlos para darse cuenta de que no cabe en su cabeza otra cosa que no sea vivir de esto y contagian esa energía a todos los presentes. Así que si me preguntas si me gusta este disco te diré: ¿importa algo? Mientras en directo sigan siendo los de siempre, ¿qué hay de malo en que quieran prender fuego a la radio? Alguna seguro que tendría un programa interesante por una vez.

Kitai – Pirómanos

6.8

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Kitai siguen siendo esa banda con una personalidad arrolladora y un virtuosismo instrumental capaz de levantar un festival… pero parece que sólo en directo. Con “Pirómanos” vuelven dos años después de su debut para presentar un disco con momentos épicos pero con mucho acercamiento a un lado más pop donde no muestran su mejor cara.

Up

  • Las profundas baterías de Deivhook y el potente bajo de Fabio siguen siendo la seña de identidad de la banda.
  • Los temas más parecidos a su primer trabajo siguen teniendo una energía brutal.
  • No se les puede acusar de estancarse o de no querer evolucionar en su sonido.

Down

  • Algunas canciones les han quedado demasiado pop.
  • No estoy muy seguro de que hubiera que introducir sintetizadores en cada una de las diez canciones…