Qué necios fuimos dudando alguna vez de las capacidades de los australianos. Cuando King Gizzard & The Lizard Wizard anunciaron su ambicioso proyecto de publicar cinco discos en un año la mayoría nos quedamos perplejos, más aún cuando decían que cada álbum iba a tener un enfoque distinto y adelantaban “Rattlesnake”, perteneciente a ese “Flying Microtonal Banana” con el que nos dejaban con el culo torcido experimentando con la microtonalidad. Hasta aquel entonces sabíamos que estaban chalados y que eran un grupo de esos que no saben estarse quietos, pero esto era otro nivel.

Conforme iba pasando el tiempo nuestras opiniones iban variando en función de los acontecimientos y de nuestro propio pensamiento. A veces creíamos que no les iba a dar tiempo, ya que “Murder of the Universe” se publicó cuatro meses después del anterior. Otras pensábamos que, en caso de que llegaran, alguno de los discos tenía que ser de relleno, pareciéndonos imposible mantener una calidad como la de los dos mencionados anteriormente y ese experimento jazzístico llamado “Sketches of Brunswick East”. Cuando llegó el apabullante “Polygondwanaland” y con él ese movimiento revolucionario de regalarlo en el sentido más literal de la palabra ya nos dábamos todos más que satisfechos. Ya no importaba si el grupo conseguía llegar a tiempo para ese quinto elepé, para nosotros habían conseguido algo inalcanzable para la mayoría: cuatro obras totalmente independientes y diferentes entre sí de una calidad más que notable. Pero el grupo de Stu Mackenzie ha querido ser algo más que un grupo extremadamente prolífico. Han querido ser héroes y, para ello, debían completar su hazaña. Finalmente, “Gumboot Soup”, el trabajo que ya asociábamos a 2018, llegó el 31 de diciembre, justo a tiempo para concluir el ciclo más atareado por el que el grupo ha pasado hasta ahora.

“Gumboot Soup”: el cierre de la pentalogía

Un conjunto de canciones que no encajan en ninguno de los cuatro álbumes anteriores y a las que por lo tanto han decidido dedicar su propio espacio y así permitirse experimentar con la libertad de no tener que atenerse a ninguno de los marcos conceptuales del resto de LPs.

Cuando salió “Sketches of Brunswick East” en agosto Stu dijo en una entrevista que tan sólo tenían esbozos de los dos trabajos que querían publicar antes de finalizar el año. Más tarde, reveló que el último elemento de esta pentalogía iba a ser un disco aparte sin ningún concepto en particular, un conjunto de canciones que para ellos no encajaban en ninguno de los cuatro álbumes anteriores y que por lo tanto habían decidido dedicarles su propio espacio y así permitirse experimentar con la libertad de no tener que atenerse a ninguno de los marcos conceptuales del resto de registros. Stu aclaró también que este no iba a ser un disco de b-sides y canciones descartadas como “Oddments”, sino más bien una colección de singles.

Si bien “Gumboot Soup” cuenta con momentos más destacados que otros y muchas de sus canciones y pasajes recuerdan a alguno de los cuatro trabajos anteriores, también es cierto que, tal y como decía, no deja la sensación de estar ante un disco de descartes.

Una vez escuchado el álbum, si bien cuenta con momentos más destacados que otros y muchas de sus canciones y pasajes recuerdan a alguno de los cuatro trabajos anteriores, también es cierto que, tal y como decía, no nos deja la sensación de estar ante un disco de descartes. Las reminiscencias siempre son claras en canciones como “Beginner’s Luck”, con esos cambios de ritmo tan propios del “Sketches of Brunswick East” y el toque jazzístico y acústico de discos como “Quarters” o “Paper Mâché Dream Balloon”. Pero, aun así, su estructura más convencional la distingue de sus hermanas y la eleva como un single tremendamente efectivo, sin olvidar un pequeño espacio para la instrumental y la improvisación. Esta vertiente más pausada y acústica se ve constantemente intercalada con la vertiente más eléctrica y ácida del grupo, como esa “Greenhouse Heat Death” que podría haber formado parte del “Flying Microtonal Banana”, no sólo por la presencia de los microtonos y su tono apocalíptico sino por su propia letra, que nos habla de los efectos negativos que tienen los invernaderos sobre el calentamiento global, volviendo así a la clásica temática de la banda sobre la inminente destrucción del universo.

Algo que sorprende en este trabajo es la mayor presencia de Ambrose a la voz, aportando un toque muy característico a composiciones como “Barefoot Desert”, con un aroma pastoral gracias a la menor presencia de guitarras y mayor de la flauta. Mientras, “Muddy Water” bien podría ser una versión primitiva o una primera toma de contacto con “Polygondwanaland”, ya que cuenta con el misticismo, la épica, las guitarras más melódicas y los ritmos más marcados de éste. Sin embargo, “Gumboot Soup” también da rienda suelta a experimentos que no habíamos visto antes en la banda como el de “Superposition”, con el vocoder activado y una instrumentación mucho más ambiental e incluso cercana al kraut-rock por momentos.

En “Gumboot Soup” encontramos pildorazos de garage, psicodelia, jazz, funk, heavy-psych e incluso kraut-rock, además de una instrumentación variada que no podíamos rastrear en “Oddments”, todo sin perder su esencia.

Pero si tengo que destacar algún momento del disco es el que viene a continuación con “Down the Sink” y esa melodía juguetona, muy divertida, los ritmos funkys y un groove que pocas veces le habíamos visto al grupo (cantada además por Cook Craig), y con “The Great Chain of Being”, una pieza con la que los australianos nos vuelan la cabeza completamente al mostrar un sonido mucho más pesado y cercano al stoner, con riffs atronadores y un Stu que hasta se atreve con el gutural, algo que no pensábamos llegar a ver en un grupo que siempre tiene presente el espíritu garajero y la imaginería freak de serie B. Esta faceta abre un posible camino a explorar muy interesante (venga Stu, que lo estamos deseando todos).

El resto del álbum sigue nadando entre la variante más acústica y la más eléctrica de King Gizzard & The Lizard Wizard, con una “The Last Oasis” muy ensoñadora y una “All Is Known” más cercana al sonido de “Murder of the Universe”. No obstante, me gustaría destacar “I’m Sleepin’ In” y ese pop psicodélico tan cercano a los Beatles del “Revolver” que a Kevin Parker le habría encantado llenar de sintetizadores. Para finalizar nos dejan una ecléctica “The Wheel” en la que Stu y Ambrose hacen referencia al carácter cíclico de la vida mediante un teclado difuso y versos casi susurrados, como un viaje inacabable por los parajes más insólitos imaginables sobre los que el Rey Molleja simplemente sigue caminando.

“Gumboot Soup” es el epílogo de una etapa dorada para el grupo, la culminación de su ascenso al trono como una de las bandas más importantes del momento, y creo que todos deberíamos sentirnos realmente afortunados de poder estar contemplando algo así. Larga vida al Rey Molleja y al Mago Lagarto.

Seguramente habrá quien vea “Gumboot Soup” como un álbum menor o como algo similar a un “Oddments” 2.0, ya que es innegable que muchos de los temas recuerdan irremediablemente a los gigantes que los australianos han lanzado este año. Además, acostumbrados a escuchar discos con un concepto muy claro ya no a nivel sonoro sino de contenido (creando incluso su propio microuniverso a través de la narrativa de cada disco), se hace raro volver a ver un LP mucho más sobrio y desorganizado, más parecido a sus primeros trabajos. Pero no hay que olvidar que desde “Oddments” hasta este han pasado cuatro años y que en ese periodo de tiempo King Gizzard & The Lizard Wizard han editado la friolera de nueve álbumes. Nueve discos en los que su sonido, su habilidad y su producción han evolucionado como pocos músicos han conseguido en toda su carrera. Recordemos que cuando lanzaron “Float Along – Fill Your Lungs” eran un grupo con una gran canción y un puñado de temas bastante apañados, con un sonido garajero que en su conjunto no destacaba especialmente entre la marabunta del revival garajero-psicodélico, mientras que ahora cuentan con un sonido propio perfectamente distinguible. Un sonido que, además, tampoco se atiene a un estilo concreto: en “Gumboot Soup” encontramos pildorazos de garage, psicodelia, jazz, funk, heavy-psych e incluso kraut-rock, además de una instrumentación variada que no podíamos rastrear en el mencionado “Oddments”, todo sin perder su esencia, aquello que los hace perfectamente reconocibles. “Gumboot Soup” es el epílogo de una etapa dorada para el grupo, la culminación de su ascenso al trono como una de las bandas más importantes del momento, y creo que todos deberíamos sentirnos realmente afortunados de poder estar contemplando algo así. Larga vida al Rey Molleja y al Mago Lagarto.

King Gizzard & The Lizard Wizard – Gumboot Soup

7.6

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La banda más prolífica y alocada de Australia cierra un capítulo en su carrera con “Gumboot Soup”, cumpliendo así la promesa de publicar cinco álbumes en 2017 y ofreciendo una colección de canciones independientes en las que el grupo repasa la enorme variedad de sonidos con los que han experimentado hasta ahora y dejan las puertas abiertas a nuevos caminos por los que adentrarse.

Up

  • Frente a la etiqueta de ‘grupo de discos’ se agradece un trabajo con el que poder disfrutar cada canción de manera independiente.
  • Canciones de gran calidad como “Beginner’s Luck”, “Down the Sink”, “The Great Chain of Being” o “I’m Sleepin’ In”.
  • La variedad de estilos y la experimentación con nuevos sonidos.

Down

  • No es un disco tan mastodóntico como sus predecesores.