Llegará el momento en que nuestras voces, descuartizadas, resultarán irreconocibles. Rasgos de caliza, firmamentos interrumpidos, molares, lenguas, epiglotis. La comunicación quedará como bella secuela a la extinción del hombre, y sin embargo no habrá nadie para interpretarla, para estudiar una respuesta. ¿Se me oye bien? Para esta plegaria se ha impuesto el avance y las grabaciones sobreviven a sus creadores como complemento a las notas en papel, respetuosas las primeras con la concepción original, pero sujetas a una imposición de medios en ocasiones inalcanzable. Éste es el caso futuro. La música electroacústica acarrea el mayor riesgo de desaparición, y precisamente por ello nuestra concepción la coloca como la más artificial de todas, porque es la que más nos necesita. ¿Alguna vez imaginó lo mucho que Aphex Twin le debe a usted o a sus medios digitales? Bach o Händel podrían resurgir en un escenario post-apocalítpico (una de las temáticas favoritas de la etapa actual), en la fortuita interpretación de una civilización futura o en la voz de una especie inteligente muchos años después del abismo de la nuestra. En su idioma podrá rescatarse algo parecido al nuestro, y si llegan a desentrañar el mecanismo de la electroacústica nos escucharán directamente a nosotros, aunque sólo interpreten fonemas sin sentido.

Tercer y más trascendente álbum de Blanck Mass, con algunos guiños a la originalidad y un buen discurso

Si bien la experimentación no es la prioridad de Power, sí lo es dar una muestra más de las posibilidades en el panorama de la edición vocal y la música electrónica con un mensaje más profundo que el de las simples melodías.

La filosofía de Benjamin John Power, único miembro del proyecto Blanck Mass, no se diferencia tanto de la de Luciano Berio, Paul Lansky o Georges Aperghis (con su conversión de timbres instrumentales en verdaderos vocablos), renombrados editores de la voz humana. Si bien la experimentación no es la prioridad de Power, sí lo es dar una muestra más de las posibilidades en el panorama de la edición vocal y la música electrónica con un mensaje más profundo que el de las simples melodías. Sin embargo, el proyecto es increíblemente ambicioso, y si ya se dieron muestras de desaprobación entre el público de la música académica de la segunda mitad del XX, sólo podemos contentarnos en este caso con un simpático intento que lleva a la cola un sinnúmero de participantes. La evanescencia del concepto de tiempo, el trance, los sonidos inidentificables o el acceso a un reino natural a través de lo plenamente mecánico son apuestas fácilmente reconocibles en su música.

Fotografía: Harrison Reid

La evanescencia del concepto de tiempo, el trance, los sonidos inidentificables o el acceso a un reino natural a través de lo plenamente mecánico son apuestas fácilmente reconocibles en su música.

La sensorial entrada a una feria abre “John Doe’s Carnival of Error”. Melancólica, como siempre. Una breve introducción que se verá atacada por el contenido nítido del álbum, con las voces mezcladas e incoherentes que dan paso a “Rhesus Negative”, el donante universal. La estrategia compositiva del álbum queda inmediatamente expuesta: Adhesiones sobre un bajo continuo que se repite incansablemente hasta que un nuevo tema estalla. Una melodía navideña invade el ambiente que arrancó con la feria y el continuo de luz e impresiones se prolonga en nueve minutos de cambio más o menos bien manejado. “Please” entra de lleno en el espectro del R&B contemporáneo con sus vocales arrancadas e instiga el lado más industrial del álbum, aunque se vuelve repetitivo en exceso.

No sucede esto con el cuarto corte: “The Rat”, que plantea siguiendo los pasos de Coil una de las propuestas más interesantes al mezclar una melodía futurista y limpia con un fondo maquinal y agresivo, pero sin impedir su progresión. La feria pasa a industria enemiga, pero lanza destellos de una realidad primitiva, una constante vital. “Silent Treatment” llega a tiempo con un mensaje vitalista y cambiante que aporta frescura con sus escalas orientales y atrevimientos vocales. Algo nos está siendo inoculado sin que seamos conscientes. El carácter hímnico aunque apático parece clara influencia de Kendrick Lamar.

No existe un paréntesis a cada lado de “World Eater”, y eso le condena a ser un trabajo más, bien concebido y realizado pero carente de un techo o de una dolorosa pregunta final. Power tiene una mentalidad creativa, pero ha contactado con un número insuficiente de voces y tendencias.

Minnesota / Eas Fors / Naked” supone un fallo de la máquina. La falta de melodía alcanza una base de naturaleza infinita heredada de “Close to the Edge” de Yes, voces de ciudad y un encanto que puede revelar el corazón más profundo del álbum hasta la acertada profusión de salpicaduras y luces. Inmediatamente aparece el volante, la playa, el cuero de los noventa y la piscina de la que emerge ella desnuda, con baja calidad, como una pegatina del tonto vaporwave que aquí significa mucho más. “Hive Mind” abandona California. Crece en intensidad con la ayuda de un coro de niños en el fragmento más fiel a Paul Lansky hasta el momento y presenta ideas que nos resultan sumamente familiares para dejarnos con un buen sabor al acabar el disco, pretensión que no llega a alcanzarse completamente.

La voz meramente humana sigue buscando en el vacío una respuesta, percibe otras frecuencias pero no se concentra en ellas. No existe un paréntesis a cada lado de “World Eater”, y eso le condena a ser un trabajo más, bien concebido y realizado pero carente de un techo o de una dolorosa pregunta final. Da la impresión de que Power tiene una mentalidad creativa, pero también de que ha contactado con un número insuficiente de voces y tendencias.

Blanck Mass – World Eater

7.3

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115

Power logra un trabajo inteligente y diverso aunque no demasiado personal con su tercer álbum, muy alejado estilísticamente de los previos pero con la misma filosofía. Destaca la edición de las voces como una deshumanización que aspira a un concepto más allá de lo humano. Toques de soul, R&B contemporáneo y sonidos de costosa identificación enriquecen el disco y le entregan momentos de trascendencia, aunque al rato se empiece a sospechar el deterioro de los materiales empleados.

Up

  • Se trata de algo trabajado e inteligente.
  • Es posible hallar un viaje espiritual en la música.

Down

  • Aquellos que busquen melodías o baile quedarán decepcionados.
  • Una escucha activa puede hacerse demasiado pesada.
  • No existe verdadera innovación.