Fotografía: Ebet Roberts (Redferns)

El pasado 10 de enero se cumplieron dos años del trágico fallecimiento de David Bowie, genio y artista hasta el momento final que dos días antes nos entregó aquella triste y dolorosa pero bella carta de despedida titulada “Blackstar”. Este año además se ha hecho pública una versión demo del clásico de 1983 “Let’s Dance” al que el de Brixton dio forma junto a Nile Rodgers, otro artista que siempre ha tenido buenas palabras acerca de Bowie y de quien guarda un recuerdo imborrable, como él mismo escribió en The Guardian:

Recuerdo la primera vez que escuché la música de David Bowie porque estaba desnudo. ¡Gran momento! Fue en la situación más romántica, increíble y hippie que se pueda imaginar: estaba tocando en un club de Miami Beach y solían tener una playa nudista allí, así que una chica que era fotógrafa del club nocturno dijo: “¡Vamos a pasar la noche en la playa desnudos y escuchando a David Bowie!”. No tenía ni idea de quién era, pero escuchamos “Ziggy Stardust” y fue increíble.

Cuando lo conocí también fue increíble, ¡aunque estábamos completamente vestidos esa vez! Entré en un club nocturno y él estaba sentado solo bebiendo zumo de naranja. Me acerqué y dije: “Oye, vives en el mismo edificio que Luther Vandross y todos mis amigos”, y comenzamos a hablar, en primer lugar sobre “Young Americans” y eso llevó a una conversación sobre nuestro amor mutuo por el jazz. Sabía que este tipo no estaba bromeando, no fingía nada en absoluto.

Al cabo de una semana de esa conversación, llamó a mi casa y nos pusimos en marcha para trabajar en “Let’s Dance”… Entonces, un día, David dijo: “Nile, así es como quiero que suene mi álbum”, y me mostró una foto de Little Richard en un traje rojo metiéndose en un convertible Cadillac rojo. ¿Cómo traduces eso? Pero en realidad sabía exactamente a qué se refería, y ese fue el punto en el que me di cuenta de que David Bowie era el Picasso del rock ‘n’ roll. Se mostró incómodo conmigo llamándolo así, pero lo hice de todos modos. Porque me di cuenta de que él veía el mundo de una manera abstracta, así como de la forma en que todos lo vemos.

Era increíblemente artístico, siempre inspiraba a las personas que lo rodeaban a hacer algo interesante. Su mentalidad sería: no hagas lo lógico, prueba lo ilógico y mira si funciona. Y entonces hicimos eso. ¿Y sabes qué? La mayoría de las veces funcionó.

Respecto a su pasión por el jazz y la variedad de influencias artísticas que manejaba Bowie, Rodgers comentó en otra entrevista:

Estaba realmente enamorado de los artistas de jazz, desde artistas eclécticos, vanguardistas hasta art-jazz y hasta lo que llamaríamos cursi: muy directo, Stan Getz y gente así. David lo amaba y lo apreciaba. La razón principal, según me explicó, era que en esos días en la BBC simplemente reproducían todo; no categorizaban blues, rock, soul o lo que fuera. David creció con esta mente increíblemente abierta. Desde el momento en que comenzamos a hablar nunca dejamos de conversar; él y yo, era como si estuviéramos en una burbuja y no existiera nadie más. Probablemente fueron las horas más significativas de ambas carreras, especialmente si hablamos de lo que estaba por venir: los números, las unidades vendidas y la influencia. Conozco a muchas personas en el mundo que sólo tienen un álbum de David Bowie, y ese es “Let’s Dance”.