Siempre me ha gustado el misticismo que rodea ciertas canciones. A veces viene de la propia pieza musical en sí, y otras nace y se desarrolla a partir de su leyenda, de su impacto y su evolución con el tiempo. Si hablamos de “Creep”, el archiconocido tema con el que Radiohead irrumpieron en la escena allá por 1992 y se colocaron en la cima de unos incomprendidos público y crítica que no sabían si tildarlos de grunge o de britpop –desconociendo todavía cuál era el lugar de ese grupo–, el misticismo tiene un poco de ambas partes.

“Creep” de por sí es una canción ramplona como ella sola. No me malinterpretéis: con ramplona no quiero decir mala, pero, hablando de un grupo que cuatro años más tarde lanzaría “OK Computer” y tres años después “Kid A”, una canción de cuatro acordes, bombo, caja y una letra más simple que el mecanismo de un botijo… casi suena vergonzoso ahora mismo. Tanto es así que Radiohead acabaron renegando de ella por diversos motivos, contribuyendo en conjunto a aumentar la leyenda de esta canción como una de las más memorables y alucinantes de los noventa.

Y esta fue la clave del éxito y a la vez maldición interna de la formación británica. Al ser la composición más destacable de un álbum debut injustamente valorado (porque siempre he pensado que ni esta era tan tan buena ni el resto de canciones tan tan malas) esto provocó que tildaran a Radiohead de one-hit wonder, es decir, una de esas bandas que lo peta con una canción y que nunca vuelven a alcanzar el mismo éxito ni por asomo. Esto, junto con la propia popularidad de “Creep”, hizo que el grupo acabase odiándola y dejara de interpretarla en sus conciertos durante varios años (aunque en esta última gira parecen haberse reconciliado).

Fotografía: Neil Zlozower

Por si fuera poco, “Creep” tampoco estuvo exenta de cierta polémica, y es que The Hollies demandaron a Radiohead por plagiar su “The Air That I Breathe” de 1974. Radiohead lo reconocieron e incluyeron a los compositores originales –Albert Hammond y Mike Hazlewood– como co-autores de “Creep”, entregándoles así un porcentaje de los beneficios. De esta manera, remitiéndonos a la reciente polémica que ha ocurrido esta vez a la inversa con la canción “Get Free” de Lana Del Rey no tendría demasiado sentido que el conjunto inglés reclamase como plagio algo que ellos mismos reconocieron que no era totalmente original.

Podría parecer que estoy hablando de forma bastante negativa hasta ahora y, de hecho, si hiciera un recopilatorio de mis diez canciones favoritas de Radiohead, “Creep” no estaría entre ellas por motivos de bastante peso. Pero mentiría del mismo modo si dijera que no la tengo un cariño especial, ya que fue la canción que me introdujo al grupo y que me emocionó cuando tras pensar que su concierto del Primavera Sound 2016 ya había acabado sonó. Radiohead volvieron a salir al escenario y tras la marca de compás de Philip Selway empezó a sonar ese arpegio en Sol Mayor.

Y es que la letra, con toda su sencillez, siempre ha sonado tremendamente sincera y desgarradora. Bajo la apariencia freak de Thom Yorke se ocultaba un individuo con gran sensibilidad, totalmente consciente de la impresión que daba a la gente y que lamentaba no ser alguien mejor ni merecedor de la persona que amaba. Pero a la vez reconocía y aceptaba su rareza. Ahí reside la verdadera magia de esta canción; en apelar a algo que la gran mayoría hemos sentido o vivido en algún momento en mayor o menor medida, y eso es lo que la aupó frente a sus posteriores obras mucho más complejas y enigmáticas: su carácter directo en todos los sentidos. En definitiva, que era un hit como la copa de un pino. Y, si bien y como ya he dicho no creo que sea una de las canciones más destacables del grupo viendo lo que han conseguido durante su trayectoria, es perfectamente comprensible que sea una de las más queridas por sus fans.