Si no hubiera un muro de por medio que delimitara nuestro reino en un tuyo y un mío. Pero cada uno de nosotros queda de un lado y no somos más que dos extraños que deberán olvidarse cuando la nieve haya dejado de caer. Pero… imagina por un momento que nuestras vidas se arremolinan, que disponemos de un día para afrontar todos los enemigos, que las campanadas se confabulan con nosotros y desatienden el fragor de la reyerta, la llegada de un cadáver anónimo a su cripta de llanto. Podrías vernos desde la ventana, ocultar nuestra mentira en tu ojo fabuloso y coronarnos rey y reina de los océanos.

Ya lo había preconizado Klaus Dinger cuando NEU! grabaron su genial corte “Hero”, inspiración para Eno y Bowie, quienes los consideraban entre las filas de los mejores artistas de todos los tiempos, mientras el segundo ponía todo su esfuerzo en alcanzar los tres micrófonos que el imprescindible Tony Visconti le había colocado a escalas graduales para que tuviera que forzar la voz a medida que el tema avanzaba, sumándose también él a la voz principal. Su productor y amigo estaba besándola en el muro aquel día en que la inspiración llenó de héroes el cielo, y a los cuales rendirían homenaje no sólo tras la caída del muro de Berlín dos años después de su interpretación en esa misma ciudad, sino también a la muerte de Bowie, cuando el maestro fue a reunirse con el resto de héroes tras el compromiso que demostró con su “Blackstar”.

Entre la experimentación de la cara B y el art rock más variopinto que el “Heroes” (1977) nos proporciona se haya uno de los cortes que mejor ha sabido labrarse el cariño de medios de comunicación, público y crítica. No es para menos. Precursora del shoegaze y del pop de los sueños, la nubosidad que fluctúa en el tema encubre parte de su sencilla y directa estructura, en la que se cobijan una multiplicidad de pistas y de detalles instrumentales. Los teclados de Brian Eno, colaborador en la génesis del tema, relatando los esquemas de su inminente “Before and After Science”, proporcionan la atmósfera volátil, sobrevuelan la felicidad de los amantes; mientras que el genio creador de King Crimson, Robert Fripp, proporciona su inconfundible sonido de guitarra, predecesor de la epidemia new wave que afectaría a la banda en su regreso en 1981 con “Discipline”. Todo ello impacta con la desgarradora voz de Bowie, que suplica por esa posibilidad irrealizable de veinticuatro fragmentos, hasta que se va alejando de verdad y el sueño se desvanece antes de las campanadas.

I, I can remember (I remember)
Standing, by the wall (by the wall)
And the guns, shot above our heads (over our heads)
And we kissed, as though nothing could fall (nothing could fall)

And the shame, was on the other side
Oh we can beat them, forever and ever
Then we could be heroes, just for one day
We can be heroes, we can be heroes
We can be heroes, just for one day
We can be heroes”