Fotografía: Live Nation

Había, como mínimo, dos niñas pequeñas en el concierto de Wolf Alice en Madrid el pasado 4 de enero acompañadas de su padre. Y, aunque fuese la víspera de la cabalgata de Reyes, apostaría algo tan valioso como un disco de The National a que esas crías le van a empezar a escribir sus cartas a Ellie Rowsell antes que a Melchor, Gaspar y Baltasar. Al fin y al cabo Ellie es mujer, es de carne y hueso y, a diferencia de los Reyes Magos, se basta con regalar su sola presencia para llenar una sala. Ni artificios ni adornos ni camellos: con su guitarra y sus compañeros.

Los barceloneses Conttra arrancaron la velada con su indie rock de corte bailable. Lo cierto es que un servidor no vio a la joven banda lo suficiente como para formarse una opinión de ellos, más allá de un correcto manejo instrumental, la interesante voz de su cantante y unas melodías cargadas de pop bienintencionado a lo Two Door Cinema Club (de cuando molaban). Después de ellos, una espera necesaria para que la sala se fuese llenando hasta las tres cuartas partes aproximadas del aforo que se vendieron.

Si bien Wolf Alice son una banda sólida con buenos temas, son su actitud en directo y la voz de su frontwoman los dos baluartes que los ascienden a una categoría superior.

Wolf Alice hicieron su aparición a eso de las nueve y media, sobrios y puntuales como siempre o con seis meses de retraso con respecto a su actuación cancelada en el Mad Cool, como se prefiera. Pero nunca es tarde si la dicha es buena, y más teniendo en cuenta que en este caso la dicha era el segundo disco de la banda inglesa, Visions of a Life” (publicado el pasado septiembre y uno de los mejores álbumes internacionales de 2017 para esta casa). Y con él empezaron su concierto, con esa shoegazer “Heavenward” enorme en cuanto a hipnótica y la muy punk “Yuk Foo”, que seguida de “You’re a Germ” comenzó a caldear un poco el ambiente de una sala algo fría en la primera mitad del bolo.

Quizá esa frialdad tuviera que ver con la media de edad del concierto, más alta de lo esperado por un servidor y desde luego más alta que la de los propios miembros de la banda. Un público variado, también con abundancia de parejas, que asistió perplejo a la sucesión de temazos que la banda nos fue regalando en forma de descargas eléctricas de 1000 voltios: “Planet Hunter”, “Lisbon”, “Beautifully Unconventional”, “Space & Time”… Todas ellas incidieron en la mayor virtud del cuarteto londinense: su versatilidad. Sea desde el grunge más crudo hasta joyas íntimas e inclasificables como esa “Silk” que cierra Trainspotting 2 de forma inmejorable, pasando por ramalazos metaleros y momentos de lucimiento vocal de Ellie que de oírlos un fan de OT provocarían desvanecimientos. Porque si bien Wolf Alice son una banda sólida con buenos temas, son su actitud en directo y la voz de su frontwoman los dos baluartes que los ascienden a una categoría superior.

Un público variado asistió perplejo a la sucesión de temazos que la banda nos fue regalando en forma de descargas eléctricas de 1000 voltios: “Planet Hunter”, “Lisbon”, “Beautifully Unconventional”, “Space & Time”… Todas ellas incidieron en la mayor virtud del cuarteto londinense: su versatilidad.

Ya lo dijo el propio Theo Ellis, bajista de la banda, en medio de la vorágine ruidosa que fue La Riviera: “este es el mejor concierto del año”. Vale que llevásemos cuatro días de 2018, pero probablemente esta afirmación siga siendo válida para muchos dentro de doce meses. Con el aroma a final tanto de la rabiosa “Visions of a Life” como de “Fluffy” se despidieron los cuatro, antes de cumplir con un público ya totalmente entregado con el bis de rigor. La delicada y susurrante “Blush” fue, además del momento ideal para que se levantaran todos los móviles, la catarsis perfecta de la emoción que Wolf Alice despliegan en todas sus canciones, sea desde el ruido o desde la fragilidad. Pero, para terminar con un recuerdo más fiel a lo que había sido todo el concierto, “Giant Peach” fue el broche necesario a una noche de muchos decibelios que ni esas dos niñas, ni su padre, ni ninguno de los presentes olvidará en mucho tiempo.

Fotografía: Live Nation