Informamos al lector de que “Año Selvático” (Wild Lion Records, 2017) no es para escuchar en casa. Ni en la calle. Ni en un garito. Su verdadera razón de ser se dirige a un gran recinto de tierra y barro, donde poder saltar sin ser prevenido de las agujetas que en cuestión de horas aparecerán como forma de resaca festivalera. Con toda seguridad esta será una de las premisas de Los Bengala en su último y segundo disco, sucesor de “Incluso Festivos” (Wild Lion Records y Dirty Water Records, 2015), que aterrizó el pasado mes de octubre con la misma fuerza de un motor en combustión.

Desparrame y juerga 2.0

Los Bengala continúan repasando el trazo de su anterior disco “Incluso Festivos” con esa combinación de rebeldía y barullo que tan bien les funcionó pero, esta vez, proponiendo a su vez un punto de vista más cultivado.

Presentando ciertas similitudes con otras bandas propias del panorama musical actual nacional combinadas con sonidos que en su época se saltaron los esquemas de lo formal, esta pareja de Zaragoza compuesta por Guillermo Sinnerman (guitarra y voz) y Borja Téllez (batería y voz) propone lo que ellos mismos denominan ‘garage y rock & roll felino’, un conglomerado de inspiraciones salvajes dan como resultado canciones de desparrame y juerga. Sus conciertos (múltiples desde que están en activo y con varias fechas programadas para el próximo año) son para bailar, sudar y gritar, y cada canción simula un terremoto musical. Dicen que con “No hay amor sin dolor”, “Jodidamente loco” y “65 días” la gente se vuelve tarumba, pero desde este pasado octubre se han sumado a estas coreografías despeinadas algunos de los temas de su último trabajo, que cuenta con la producción de Cristian Barros (quien ya ha trabajado con bandas como Bigott, Picore o León Benavente).

Fotografía: Alex Jamaro

Estructura del caos y el recuerdo

“Año Selvático” (Wild Lion Records, 2017) no es para escuchar en casa. Ni en la calle. Ni en un garito. Su verdadera razón de ser se dirige a un gran recinto de tierra y barro, donde poder saltar sin ser prevenido de las agujetas que en cuestión de horas aparecerán como forma de resaca.

Como un coche que coge carrerilla y acelera sin pisar el embrague, El Guateque se sostiene sobre una melodía surfera con la clásica nota de teclado que no hace sino acelerar la acogida de la canción. El segundo largo de Los Bengala arranca con una indestructible fuerza ya vista en el anterior disco pero con una tonalidad mucho más rockabilly que éste. A gritos, con letras cañeras y grotescas, el dúo narra la historia de una noche de locura y desparrame. Llamándose de aquella manera no hacen sino recordar a la desternillante película de Blake Edwards con Peter Sellers como protagonista. En esta ocasión, en vez de espuma se destila “el sudor con aguarrás” y en lugar de un desdichado actor la invitada de honor es una mujer, que parece acompañar al protagonista de este caos “del guateque a tu ático”. Después de esta invitación, en “Así Nos Va” (marcada por el ruido y los aullidos más canallas del largo) el dúo se muestra más radical y cambiante, de monótonos ritmos marcados por unas líneas de guitarra que dirigen la escucha hacia pausas más tranquilas que de nuevo calientan un despegue artificial dividido en dos partes que van del “dinero, dinero” al “respeto, respeto”, recurriendo de nuevo al mismo frenético ritmo del inicio.

Por su parte, “Siento Ardor es la anti-balada perfecta: frenética, sincera, desnuda y visceral que, conforme avanza, se recrudece más, al ritmo que la percusión evoluciona hacia partes que recuerdan lejanamente a los primeros trabajos garajeros de The White Stripes, en concreto a esa “Girl, You Have No Faith In Medicine”. Esta vez Los Bengala proponen un tempo más relajado pero relativamente clónico que destila esa misma rebeldía que los primeros y disponen de un rock menos loco que otros cortes del disco. De ahí que El Duelo produzca una sensación más atronadora y ruidosa. Como si de un campeonato de la alteración se tratara, la canción alterna inexplicables partes vocales a ritmo de trabalenguas sólo aptas para los más rápidos. Escucharla demuestra la necesidad de asistir a un directo del grupo, porque sólo con pensar que se puede montar una como la que pintan en estudio produce una sensación de calor desde los dedos de los pies. Los más rezagados pueden acompañar a las coléricas guitarras mexicanas ofreciendo nuevas y escondidas notas, recogiendo el testigo de una batería monótona e igual.

Un disco de altos y bajos, de gritos y menos alaridos, de caña y azúcar poco dulce, con una apertura de carrerilla y explosión como en los temas del principio y una línea más creativa, tal y como da muestra la segunda parte del largo.

Tampoco es que Salvaje- Los Saicosnecesite grandes definiciones porque con tan sólo la lectura de su título se entiende que Los Bengala no se van a relajar. Continuación de ritmos mexicanos, complementados con un olor a western y una sensación de espuelas bien afiladas, el quinto track de este “Año Selvático” es algo más flojo en cuanto a su lírica. Y aunque no es que la propuesta del dúo zaragozano se caracterice por letras profundas, esta vez el pleno disfrute del tema se resume en su ambientación, especialmente en las cuerdas de la guitarra. Quizá esta sea la mejor manera de introducir al oyente en el espectáculo de diálogo instrumental de El Destierro, que funciona como transición y nos da un descanso después de una atenta y revolucionada escucha. Se agradece un corte más rockero, más trabajado por su batería, que juega de manera distinta al resto de canciones, más redundantes y en las que la atención no se dirige concretamente a lo que suena sino, más bien, a lo que hay que gritar.

La continuación o ‘parte dos’ de esta ligera entrada es Hacerte sufrir, de nuevo mucho más calmada que cortes anteriores, con menos golpetazos y canalladas de salto y vacío de cerveza. Sí que sigue esa línea de estribillo coreado separado en monosílabos para rematar la contundencia del mensaje: “Voy a hacerte sufrir / voy a hacerte sufrir / por ca-da-u-na-de-las-que-me-hi-cis-te-a-mí” y “No digas nunca que / yo no te lo advertí / te dí ra-zo-nes-que-ja-más-qui-sis-te-o-ír” no hacen sino provocar ese salto a golpe de batería al que acostumbran estos felinos. Seguidamente, palmas copleras al aire y vibrante riff distorsionado de guitarra abren boca en No Quieres Verme, una auténtica sorpresa en comparación con otros temas por su marcado estilo de rock español, con unas voces más armónicas y menos discursivas (parecen sonar incluso a una combinación entre los primeros Medina Azahara y Asfalto) así como con una estructura más suave, aportando mayor tacto a la parte vocal aunque sin perder los lazos con el estilo surfero que frecuentan en sus trabajos.

Mucho ruido en la apertura y bramidos como ingrediente fundamental presentan El Mundo Real, que progresa conforme al recorrido de su metraje, con un bajo sobresaliente que subraya los bramidos y permite un juego de agudos y graves que lo rodean y dibujan un tema con una línea melódica fundamental a la que se une el resto de sonidos. El Salto Del Tigrefunciona como la mejor conclusión a un disco de altos y bajos, de gritos y menos alaridos, de caña y azúcar poco dulce, con una apertura de carrerilla y explosión como en los temas del principio y una línea más creativa, tal y como da muestra la segunda parte del largo por esa parte instrumental situada en la mitad de su estructura. La parte vocal se mueve sobre la instrumental como si de un campo de minas se tratara, proponiendo brincos de voz en partes donde se espera que la frase termine pero que, sin embargo, continúa funcionando como un acróbata que, si pisa el suelo, se disuelve. Con el mismo estilo estructural (inicio, mitad y fin) convocan al ruido entre pases de capote y coros celestiales que acompañan a unas gargantas tan flamencas como en “No Quieres Verme”.

Los Bengala – Año Selvático

6.9

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Los (guerreros) Bengala continúan repasando el trazo de su anterior disco “Incluso Festivos” con esa combinación de rebeldía y barullo que tan bien les funcionó pero, esta vez, proponiendo a su vez un punto de vista más cultivado, pausado (si somos capaces de encontrar algo de relajación en este disco) y dejándose llevar por la demostración de que en la guerra no sólo hay golpes y gritos, también rincones vacíos que rellenar con detalles tontos que son agradables de reconocer.

Up

  • Nuevas corrientes estilísticas están a la vista en este último largo. La mezcla de rock con surf potencia la calidad de su música y propone un nuevo nicho que no es tan radical o perverso como sus primeros temas.
  • Las guitarras primitivas enfatizan su importancia en algunos de los temas y el desarrollo de las voces, que no sólo se quedan en la verborrea y el rugido, sostienen un mensaje más trabajado y centrado y menos loco y anárquico.

Down

  • Ese cambio de estilo en la estructura del disco quizá no sea tan interesante porque reduce en cierta forma la escucha del mismo: o te gusta la primera o te gusta la segunda.
  • Aprovechando el tirón de la curiosidad por otras líneas melódicas, podrían interesarse por recoger un ‘poemario’ un poco más interesante en lugar de engancharse a la rima fácil y al relato de calle.
  • Quizás al alejarse parcialmente del estilo de su debut difuminan su estética o imagen personal que los distingue de otras formaciones musicales.