Fotografía: Steph Wilson

Podemos decir sin –probablemente– equivocarnos que Superorganism han sido una de las grandes nuevas sensaciones de los últimos meses de 2017 a raíz de su fichaje por Domino Records, multinacional que parece haber apostado fuerte por este peculiar proyecto transatlántico de ocho miembros procedentes de Londres, Japón, Australia y Nueva Zelanda, siete de los cuales ahora viven juntos en la capital inglesa dentro de una especie de comuna musical. Hasta aquí todo bien y lo normal en una banda, ¿no? Para acercarnos un poquito más a este proyecto debemos destacar que Superorganism exploran los momentos dorados del pop clásico de décadas pasadas pero del mismo modo con los ojos bien puestos en las vertiginosas posibilidades del futuro de la música, emitiendo una sensación contagiosa de diversión y produciendo un caleidoscópico alboroto de sonidos e imágenes.

Pero antes de su fichaje por Domino llegaría un doble single lado A constituido por las canciones “It’s All Good” y “Nobody Cares”, dos temas que fueron reproducidos con entusiasmo y satisfacción por nada menos que Frank Ocean y Ezra Koenig de Vampire Weekend en sus respectivos programas de radio, desperdigando por la red los primeros compases de la polifacética identidad que conforma a Superorganism y permitiéndoles alzar el vuelo.

No obstante, podemos decir que el verdadero revuelo y el motivo por el cual Superorganism son uno de los conjuntos nóveles con más hype para este 2018 es su single debut para Domino: “Something For Your M.I.N.D.”. Según cuentan desde la discográfica fue a principios de 2017 en esa casa londinense cuando el colectivo tuvo su Big Bang musical. Aunque previamente habían creado música y trabajos visuales juntos, esto era algo claramente nuevo. Enviaron la pista a su amiga Orono, una estudiante japonesa de diecisiete años que en ese momento estaba estudiando en la escuela secundaria de Maine (Nueva Inglaterra) y entonces ella compuso y grabó una parte vocal y presionó el botón de ‘responder’. Lo que regresó al otro lado del Atlántico era una pieza embriagadora de pop tecnicolor e idiosincrásico. Esa canción era “Something For Your M.I.N.D.” y fue entonces cuando el superorganismo nació. Por su parte, Orono explica:

“SFYM” fue creado puramente online. Mis amigos en Londres me enviaron las demos a través de Facebook, luego escribí las letras y grabé las voces en Garageband a través del micrófono de mi Macbook en aproximadamente una o dos horas y… ¡entonces ya casi habíamos terminado! Sólo tuvimos que añadir un par de ingredientes faltantes clave a la mezcla: unas dulces voces de acompañamiento, una carátula alocada, el toque mágico de Tucan para hacer que la canción sonara aún más psicodélica y producto químico X.

Y ahora, en estos primeros momentos de 2018 y con su álbum debut todavía sin fecha de publicación exacta, Superorganism acaban de editar un flamante nuevo adelanto titulado “Everybody Wants to Be Famous” (su videoclip ha sido dirigido por Robert Strange), que sigue captando la naturaleza más contagiosa, vertiginosa y sintetizada de esta extraña banda de ocho miembros que intenta explicar con palabras su esencia, eclecticismo y forma de entender la música. Aunque lo que puede transmitirse precisamente con música no necesita muchas palabras:

Superoganism es un grupo de gente de diferentes culturas y países trabajando juntos. La idea era reflejar como el trabajo de todos hacia un mismo objetivo es mucho más fuerte que cualquier sueño individual. Creo que nuestra música intenta aunar todas nuestras influencias en algo único. Escuchamos mucha música electrónica, rock clásico, indie de los noventas… La versión corta sería decir que hacemos música pop ecléctica, pero creo que es un conjunto de muchos sonidos.

Superorganism son una formación que jamás podría ser entendida alejada del momento actual, del siglo XXI y sus idiosincrasias. El pop concebido desde las posibilidades de Internet, la globalización, la desaparición de fronteras musicales y entendido como un género disfrutable, asequible pero que no por ello tiene que sacrificar sus inquietudes artísticas como ocurre en la mayoría de estrellas de la industria.