Dice Ray Loriga de Leonor Watling que “tiene una voz tan hermosa que no sabe si le gusta más cuando canta o cuando habla”.

Algo parecido podría decirse de Rosalía.

La cantaora catalana ha logrado con “Los Ángeles” (Universal Music, 2017) colocarse como una de las artistas con más futuro de nuestro país y entrar en los puestos más altos de nuestros mejores discos nacionales y mejores discos debut del año. Combinando una voz y un sentimiento amoldados al género, con una actitud que dista mucho de la singularidad de éste, Rosalía es una grata sorpresa para los entendidos y, sobre todo, una guía para los no iniciados.

Con ella hablamos largo y tendido debatiendo sobre términos tan antagónicos como lo son la suerte y la constancia, la esencia y la apariencia o los valores frente a los logros.

Aunque –por los no iniciados– vamos a empezar por esto último:

Corrígeme si me dejo algo: Primer disco, la crítica está a tu favor, agotas entradas en cada actuación, artistas como Mon Laferte te han definido como “conmovedora” y has obtenido nominaciones a los Grammy Latino y a los UK Music Video Awards 2017. ¿Cómo llevas este boom?

Pues lo llevo con agradecimiento. A una le hace mucha ilusión que los compañeros que admira, de repente, le respalden y estén ahí. La respuesta del público y crítica no puede ser más positiva, así que no hay nada que me falte. Siento que todo el trabajo que llevo haciendo durante años ahora cobra sentido. Ver cómo la gente se emociona con el disco y en los conciertos es lo más reconfortante. Para mí eso lo es todo, así que no puedo estar más contenta.

Normalmente se nos prepara para digerir el fracaso, pero, ¿cómo se sobrelleva el éxito?

A ver… Mi familia siempre me dijo que si quería algo tenía que pelearlo. De alguna manera siento que lo que estamos consiguiendo es merecido porque es el fruto de mucho trabajo. Cuando tú sientes que todo lo que tienes no ha sido gratis y que hay un gran esfuerzo detrás, la manera en la que tú enfocas el éxito es la consecuencia de esto, no es una finalidad en sí. Lo llevas bien precisamente porque ha sido todo muy progresivo.

Me resulta curioso que en ningún momento has mencionado a la suerte. ¿No ha existido en ningún momento?

No.

¿Es todo constancia y trabajo?

Sí. Es que la gente piensa: “Oh, es que has nacido con una gran voz”. Y para nada. Yo no cantaba así cuando empecé. De pequeña apenas tenía voz y con diecisiete años tuve que operarme de las cuerdas vocales, así que no es suerte. Me he equivocado muchas veces y he continuado aún más veces. He tenido dudas pero nunca he dejado de pelearlo, y por eso han acabado llegando las cosas. Todo el mundo puede conseguir lo que quiera si se esfuerza lo suficiente. Mi objetivo primordial era dedicarme a la música y simplemente he trabajado muy duro para lograrlo.

Fotografía: Ana Larruy
Fotografía: Ana Larruy
Bueno, eres muy joven (veinticuatro años). Desde la perspectiva de alguien que ha conseguido lo que pretendía con su álbum debut, ¿qué le dirías a toda esa gente que pensaba como tú, que incluso ha actuado con tu misma filosofía y que no ha podido alcanzar su objetivo?

Yo creo que la vida, de una manera u otra, nos alecciona a todos. Por ejemplo, el star system siempre vende la parte exitosa, pero, ¿qué es el éxito? Uno tiene que cuestionarse qué es lo que realmente quería y reinventarse en todo momento. La vida te lleva por distintos caminos para que tú aprendas. Me gusta creer que todo el mundo tiene un estilo que va definiendo, aunque reconozco que es un tema complejo y delicado en el que me cuesta mucho ordenar las ideas.

Tranquila, no quiero que des lecciones a nadie. Simplemente creo que puedes servir de referencia porque has conseguido abrirte paso en un mundo en que se suele poner de ejemplo ‘a todos los que se han quedado por el camino’.

Yo creo que es importante ser congruente con uno mismo. Si uno tiene el sueño de dedicarse a la música, este puede ser de muchas maneras y puede cubrirse desde muchos ángulos distintos. Uno puede ser un maestro maravilloso o un productor increíble si realmente se implica en ello. Es cuestión de reinventarse ante las distintas circunstancias que la vida te propone.

Ahora que has puesto el listón tan alto y has generado unas expectativas tan grandes, ¿sientes más presión de cara a futuros proyectos?

La verdad es que no. Ni siquiera sentí presión cuando publiqué “Los Ángeles” porque hice el disco que realmente quería y del que pudiera sentirme orgullosa. Uno tiene que hacer lo que le apetece. Yo voy a seguir mi intuición y voy a intentar crear discos en los que me exprese de manera honesta. Lo ideal es que conecte con la gente, pero no hay que centrarse sólo en ello. Tienes que ser coherente contigo mismo y hacerlo con convencimiento. Yo creo que eso es lo más importante.

Siempre has afirmado que eres bastante ecléctica con la música. ¿Qué tiene el flamenco para que decidieras apostar por él?

Considero que el flamenco aúna varias características como la rebelión que caracteriza al rock and roll o la paz que atesora la música clásica. Al final en el flamenco existen muchas ramas distintas. Por ejemplo, no tiene nada que ver una seguiriya con una nana. El flamenco a día de hoy está considerado Patrimonio de la Humanidad y es una de las mejores músicas que hay en el mundo. Tiene un abanico tan amplio que lo abarca todo: tiene tragedia, amor, desamor; habla de todo lo relacionado con el mundo, con la vida; con lo terrenal y lo espiritual… A mí me interesa absolutamente todo lo que tenga carga emocional, porque lo que me interesa además de desarrollarme como música es todo lo relacionado con la interpretación, y el flamenco te exige todo esto.

Ver cómo la gente se emociona con el disco y en los conciertos es lo más reconfortante. Para mí eso lo es todo.

Creo que era Umberto Eco* el que aseguraba que estaba más orgulloso de lo que leía que de lo que escribía. Tú siempre nombras referentes y maestros. ¿En qué momento una figura trasciende la etiqueta de ídolo y se convierte en referente?

¿En qué se diferencian para ti un ídolo de un referente?

Bueno, yo no quiero ser como uno de mis ídolos. Un ídolo es como un amor platónico, mientras que un referente va más allá, es alguien que te inspira. Con un referente te sientes identificado y es una etiqueta mucho más personal e incluso tangible.

Entiendo. Visto así y en lo referido a la música, diría que cuando no dejas de escuchar a un artista y es algo recurrente en tus referencias. Por ejemplo, a Manuel Molina le he escuchado durante años y nunca me canso. Como dices tú, un referente es aquel que te inspira, aquel cuya esencia se nota en el aire cuando estás haciendo tu trabajo.

Y hablando de tu parte puramente innata, ¿qué necesitas para desarrollarla?

Yo soy una persona de naturaleza caótica, por lo que necesito mucha disciplina. Al haber estudiado música he aprendido muchos valores como la concentración o la reflexión. Nosotros estamos muchas horas solos, trabajando hora tras hora con nuestros fallos. El estudio como músico significa estar todo el tiempo batallando contra el fallo. Pero aprendes a continuar y a tener tesón. Tengo la suerte de haber asimilado esta forma de trabajar por haber elegido este oficio, ya que yo me acerqué a la música a partir del estudio. Yo cuando empecé no sabía absolutamente nada de flamenco y tuve que aprenderlo investigando. En mi casa nunca se ha escuchado flamenco ni nada relacionado con él. Ni mis padres ni nadie de mi familia están dentro de esta industria. Por ello, tuve que tomármelo muy en serio, ir a clases y encontrar un maestro.

Has mencionado varias veces lo de las clases. Era Liam Gallagher el que decía que “jamás iría a clase de canto porque terminaría cantando como cualquier otro”.

Es interesante eso…

Es verdad que obtener una enseñanza académica sirve para encauzar un camino, pero, ¿no te ha limitado estar disciplinada por una doctrina concreta?

Bueno, puede ser. Creo que cuando ese artista dice eso [se refiere al ex vocalista de Oasis] lleva una parte de razón. Toda escuela tiene su forma de enseñar, pero uno tiene que ser inteligente como alumno y sacar el jugo a lo que necesite para que le sirva como herramienta para llegar al fin que quiera. Está claro que con la escuela no es suficiente, uno tiene que salir a la calle y aprender de manera intuitiva y experimentar con uno mismo para desarrollarte. A veces es importante aprender las normas para no usarlas si no quieres, pero tienes que conocerlas. En mi caso concreto me interesa mucho todo lo clásico para cimentar mi propuesta. Cuando algo se denomina ‘clásico’ significa que ha sobrevivido al paso del tiempo, y yo tengo un respeto absoluto por todo lo que ha habido antes porque no creo que nada surja de cero. Por ello, cuantas más herramientas tengas mejor puedes expresarte. Eso de que la escuela te quita frescura y espontaneidad es mentira. Luego tú tienes que tener actitud para seguir desarrollándote. Como alumno también tienes responsabilidades, no puedes acomodarte y decir que como un maestro y una escuela siguen una serie de patrones yo me relajo y me adapto a lo que me enseñen.

El flamenco tiene un abanico tan amplio que lo abarca todo: tiene tragedia, amor, desamor; habla de todo lo relacionado con el mundo, con la vida; con lo terrenal y lo espiritual…

¿Qué ventajas te da ser una cantaora que no ha mamado el flamenco y ha tenido que aprender desde cero? ¿Qué libertad te da a la hora de componer?

Yo no sé si son libertades, pero creo que venir de una dinastía flamenca te da una responsabilidad a la hora de abordar un género que a lo mejor una artista como yo no lo tiene en cuenta. Es cierto que es muy bello un sentimiento tan arraigado que viaja de generación en generación, pero también es bello observarlo desde fuera e ir entrando poco a poco para aportar frescura. Eso me lo explicó Jackson Browne tras una actuación y me emocionó bastante. Es bueno que haya varios tipos de artistas. En mi caso, como el amor surgió desde la admiración, creo que puedo trabajar sin el peso de estar obligada a agradar.

También esta actitud te ha servido para mezclar géneros a priori incompatibles. Por ejemplo, has colaborado con C. Tangana, que poco tiene que ver con tu estilo, y aunque insistes en que el tema –Antes de Morirme– es una canción de R&B, C. Tangana es un ídolo de ‘trap’…

[Interrumpe] Bueno, es más ‘urbano’, ¿no?

Bueno, urbano. A la hora de mezclar estos géneros o de adquirir tintes folk, ¿qué elementos has intentado coger de cada uno para que fueran compatibles?

Yo te diría que no es un ejercicio racional. [Reflexiona] Simplemente, en mi opinión… Bajo mi punto de vista…

Tú eres la que habla, así que se da por hecho.

Sí, pero me gusta matizar que es ‘bajo mi punto de vista’. Creo que hoy en día es fundamental que un músico escuche varios tipos de música y dispares entre sí. Cuando uno hace su propuesta lo interesante es que todas sus influencias se intuyan y que estén ahí latentes. Las referencias que yo tengo van desde la electrónica al flamenco más tradicional. Todo eso forma parte de mi background, pero no es una decisión racional, es algo que nace y crece de una forma natural.

Como me he propuesto no mencionar la palabra millennial en esta entrevista…

[Sonríe] Muy bien, me gusta.

Pero hay que referirse a ella, ya que tú y yo pertenecemos a esta generación en la que se fomenta sobremanera la superficialidad y el confort y se obvia el sufrimiento. Donde tú puedes estar hundido y te basta con subir una foto sonriendo a tus redes para fingir que todo está bien. ¿Cómo crees que has conseguido conectar con dicha generación con un trabajo introspectivo, crudo y –en cierto modo– oscuro?

Hay un trabajo de artesanía importante detrás de él. Soy consciente de que es un proyecto arriesgado, pero hay unos códigos compartidos. Por ejemplo, en la elección de las letras en todo momento pensaba que debían entenderlas la abuela, la madre y la hija. Yo quiero que todo el mundo sienta el amor que yo siento por este género y ver cómo, a día de hoy, mucha gente de mi edad está aceptando que el flamenco es indescriptible y me siento muy orgullosa por ello.

Además de con el contenido, también has logrado acercar el flamenco a través del continente. Tu caso me parece similar al de James Rhodes, ya que ambos también habéis empatizado con el público a través de vuestra vestimenta durante las actuaciones. Del mismo modo que a él le han llovido críticas por tocar música clásica en vaqueros y camiseta, a ti te han criticado por interpretar flamenco con ropa de calle. ¿Es necesario romper con la idiosincrasia de algunos géneros?

Hoy en día lo visual es lo que mejor funciona en un mundo como el nuestro. Yo considero que tengo que ser completa y debo meter mano en todo lo que fomente mi propuesta, ya sea musical y visual. Es interesante no quedarse en el cliché y cuestionarse en todo momento lo que uno hace. Mi propuesta tiene que ser acorde conmigo misma, con mis raíces, con mi edad, con mis referencias y con mis inquietudes. Todo eso tiene que entenderse en un momento y ésta es mi manera de ser genuina. Es evidente que no soy un producto de discográfica y que me gusta divertirme con mi imagen además de con mi música. Estoy convencida de que este disco ha llegado porque es un disco auténtico. Esto no quita que pueda equivocarme, y seguramente me equivocaré y será mi manera de avanzar, del mismo modo que si un día tengo que ponerme una peineta lo haré encantada porque me gusta ponerme una peineta, pero lo haré cuando quiera porque no tengo la necesidad de ello.

Me he equivocado muchas veces y he continuado aún más veces. He tenido dudas pero nunca he dejado de pelearlo, y por eso han acabado llegando las cosas. Todo el mundo puede conseguir lo que quiera si se esfuerza lo suficiente.

He leído en varias entrevistas que te da miedo algún día ser distante con la gente y que se te suba la fama a la cabeza. Es evidente que tienes la cabeza en su sitio y estás muy bien asesorada. ¿Qué temores tienes entonces?

Este es un tema delicado… [Calla y reflexiona]. Yo creo que en este trabajo a veces vives situaciones de mucha presión a las que uno no está acostumbrado. Es importante entender que es un oficio como cualquier otro y que hay que estar preparado psicológicamente y cuestionarse todo el tiempo cómo se actúa. A veces tienes miedo de que no te pueda la parte oscura que existe en este mundo. Mi ilusión es seguir haciendo música durante muchos años y por eso debo cuidar a mi entorno y conseguir tener un equipo sólido a mi lado y que me ayude a tirar hacia delante.

Volviendo al disco, la canción que lo cierra es una versión de “I See a Darkness” de Donnie ‘Prince’ Billy, una canción que ha sido versionada nada más y nada menos que por Johnny Cash. ¿Por qué esta canción?

Bueno, es la primera canción que tocamos con Raül –Refree–, y cuando la tocamos ya sabíamos que el disco iba a hablar sobre la muerte, así que encajaba perfectamente.

Fotografía: Sonia Pueche
Estás quemando etapas y progresando de forma fulminante. Antes has dicho que no echas nada en falta pero, ¿hay algo que hubieras deseado hacer de otra manera o tienes algún sueño por cumplir tras un año plagado de éxito?

Yo quiero actuar en el Royal Albert Hall. Tengo la ilusión de tocar ahí algún día.

¿Con orquesta?

¿Por qué no? Me encantan las cuerdas. De hecho en los Grammy canté con Alejandro Sanz una canción suya y toda ella era con cuerdas.

Y con respecto a la otra cuestión, está claro que siempre uno se deja algo en el tintero, pero todo se ha hecho muy bien y ha salido como se esperaba. Me siento muy orgullosa y feliz de cómo está yendo todo y afronto el futuro con ilusión. Es cierto que nunca he escuchado el disco desde que se lanzó, porque creo que quedó perfecto y no quiero oírlo y darme cuenta, quizá, de que hubiera hecho algo de otra forma porque ahora estoy en un momento diferente al del momento de la grabación.

Y ya para acabar: ¿con qué artista te gustaría o te hubiera gustado colaborar?

Mmmm, buena pregunta…

Por supuesto, con Manuel Molina y Camarón. Fuera del flamenco… [a todos los presentes] ¿Cómo se llama la mujer que canta –tararea el estribillo de “Wuthering Heights”–?

Kate…

[Anticipándose] ¡Kate Bush! ¡Me encanta Kate Bush, tío!  Y por supuesto, con Michael Jackson. Con gente top, ya que nos ponemos a imaginar.

*NdR: La frase la dijo Jorge Luis Borges, así que me ceñiré a lo señalado en esta entrevista: equivocarse también es una manera de avanzar.