Llegamos a fin de año, y como no podía ser de otra manera toca mirar atrás y repasar lo mejor (y lo peor) de esta última vuelta alrededor del Sol. Y a nivel musical hay mucho que revisar en todos los géneros, grandes y pequeños. No obstante, es interesante matizar cómo las fronteras entre éstos parecen tender a diluirse cada vez más, algo totalmente lógico en un mundo cada vez más globalizado y mestizo. En esta lista encontrarás referentes claros de rock, metal, hip-hop, R&B, folk y punk, pero también hallarás un buen número de discos que no parecen encajar en ninguna de esas categorías. Híbridos como los de King Krule, Richard Dawson o el rap/soul de Tyler, the Creator, que pueblan una lista con un nombre claramente destacado: el de los australianos King Gizzard & The Lizard Wizard, que a falta de un disco por publicar en este 2017 se cuelan por cuadruplicado en esta colección, marcando un verdadero récord que durará muuuucho tiempo. Con todo ello y entre una oleada de listas plagadas de sensacionalismo, contenido vacío y hueco (e incluso sin contenido) o clickbait con pasión por los ‘likes’, ‘shares’ y ‘retweets’, desde El Quinto Beatle os presentamos humildemente los que son para nosotros los 50 mejores discos internacionales del año.


 

50Xiu XiuFORGET

Con cada lanzamiento Xiu Xiu han sometido al oyente a un viaje a través de parajes desconocidos –que en ocasiones se tornaban del todo ruidosos y abrasivos– con Jamie Stewart entonando letras duras, cínicas y misteriosas entre la melancolía y la rabia. Esta banda también se ha caracterizado por sorprendernos con cada nuevo álbum, aunque en “FORGET” además han querido confeccionar algo novedoso para ellos mismos: música pop. Previo a la concepción de este trabajo Stewart se dedicó a estudiar las canciones más mainstream posibles, comprobar cómo se conseguían ciertos sonidos y cómo se formaban ciertas estructuras. Así es como se explica esa “Wondering” que abrió la veda a estas melodías más asequibles. Pero que los fans acérrimos de la banda no tengan miedo: seguiremos encontrando momentos de claustrofobia (como en “Jenny GoGo”) y voces turbias, incómodas e histriónicas (como en la homónima “Forget”). En definitiva, los ingredientes esenciales de la música de Xiu Xiu siguen presentes, pero de forma algo más digerible para atraer nuevos acólitos a la religión de Jamie Stewart.

49TemplesVolcano

Temples era uno de esos grupos a los que el hype acompañaba antes siquiera de haber lanzado su álbum debut, por lo que mantener el nivel después de haber cumplido las expectativas era bastante complicado. Tres años después de aquel trabajo que los situaba como una de las bandas más interesantes de la escena psicodélica el grupo británico ha cambiado ligeramente de tercio con un “Volcano” más trabajado en la producción, lo que se traduce en canciones más barrocas y menos dadas a la improvisación y la lisergia, contando con una mayor presencia de los sintetizadores y un gusto mucho más explícito por  el pop y por la melodía. Así se manifiesta en canciones que miran un poco hacia atrás (“Mystery of Pop”, “Roman God-Like Man”), y en otras más modernas como “Certainty” o “All Join In”.

48The War on DrugsA Deeper Understanding

En “A Deeper Understanding” Adam Granduciel no está haciendo un viaje hacia lo desconocido. Está recorriendo en sentido inverso una travesía trazada por otras personas. A lo largo de todo el álbum e incluso de toda su carrera hay un espíritu demasiado evidente de imitación, una segunda carcasa para un Bruce Springsteen aficionado a los Arcade Fire, con escasa intención de aportar algo nuevo. Por eso el paisaje parece siempre el mismo, las retamas a ambos lados del guardarraíl establecen un patrón predecible, y no contribuye la voz del conductor ni sus letras cargadas de lugares comunes ayudan a guiarse por las constelaciones. “Lost in the Dream”, su anterior trabajo, nos anticipó éste, pero al menos el registro era un poco más variado, contaba con temas menos innecesariamente desarrollados. Resumiendo, el nuevo trabajo del americano no desvela nada nuevo, ni dentro de su discografía ni del panorama musical. Más bien trata de rescatar elementos antiguos y enfundarlos en una prenda nueva, para lo cual no se le ve muy dispuesto a probar. Sigue siendo un trabajo destacable, más aupado por la democracia interna de El Quinto Beatle que por otros motivos, pero esperamos –mucho– más de Granduciel en el futuro.

47BeckColors

A veces está muy bien poder echar mano de un disco directo de pop comercial sin grandes complicaciones en la parte compositiva, y “Colors” es precisamente eso: un trabajo cargado de melodías enormemente pegadizas que cuentan con una producción muy destacable y un resultado que combina al Beck más enérgico de discos como “Odelay” con el pop más clásico de la radiofórmula. Todos y cada uno de los clichés del pop están cubiertos en este elepé, desde el amor hasta el hedonismo juvenil, pero sin perder un atisbo de la personalidad tan característica del músico californiano. Ahí quedan temazos atemporales como la bailable “Up All Night”, la contagiosamente funky “Dreams”, una “Wow” que coquetea con el R&B o esa “I’m So Free” que lleva las guitarras al terreno del pop.

46Future IslandsThe Far Field

Plantear un disco que tuviera el mismo efecto que “Singles” era una tarea difícil, más cuando el sonido de una banda como Future Islands es tan característico como invariable. Pese a ello, el trío de Baltimore ha logrado reenganchar al público con sus melodías synth-pop de raíz ochentera a base de reducir cierta épica e introducir una sinceridad emocional que juega en favor de sus canciones. Future Islands han encontrado el balance perfecto entre la épica de sus composiciones y el desazón de sus letras, recuerdos melancólicos que se funden entre grandilocuentes toques de bajos y sintetizadores. A través de un sonido bastante familiar y confortable recorren pasajes en los que la problemática del amor y la distancia suenan sinceros, donde Samuel Herring puede abrirse y teñir “The Far Field” de matices melancólicos mientras la euforia le consume inevitablemente, personificando un curioso contraste entre la locura y la tragedia.

45Kevin MorbyCity Music

La continuación del estupendo “Singing Saw” no tarda en llegar y permite constatar una realidad: Kevin Morby está opositando fuerte para ser considerado tu compositor de canciones pop favorito de la actualidad. El ambiente dylaniano y folkie no es desterrado por completo, pero en “City Music”, como su propio nombre indica, las composiciones de Morby se abordan desde un punto de vista urbano. “City Music” no es otra cosa que una metropolitana carta de amor en once capítulos dedicada a esas ciudades que el norteamericano no ha dejado de recorrer durante los últimos años. El ex-bajista de Woods se fija en gente como Lou Reed, Ramones, Patti Smith o los Television más espontáneos. Al final, la conceptualidad de “City Music” resulta tan laxa que deja espacio a Morby para que cada canción respire y tenga valor por sí misma al tiempo que le permite mostrar su vertiente de cantautor rock, indie-folkie o garage-pop de sus días al frente de The Babies. En resumen, un disco sólido que sin demasiados alardes de virtuosismo ni volantazos estilísticos confirman a Kevin Morby como a uno de los artistas rock más fiables de los últimos años.

44BjörkUtopia

Björk se aisló del mundo exterior en “Vulnicura” para curarse y expulsar sus demonios interiores realizando un canto a la melancolía y al dolor. Pero ahora las heridas han cicatrizado y tenemos a una artista que ha salido del ostracismo para contemplar el mundo que la rodea, el cual se antoja del todo hostil. En las canciones de “Utopia” se plantea un mundo nuevo y bello al que huir de todo mal que arrasa la sociedad contemporánea. La producción de Arca permite al oyente sumirse en un viaje de introspección que concluye en la purificación, permitiéndonos entrar al fin a este universo que dibujan el venezolano y la islandesa. Es un trabajo de puro contraste: luz y oscuridad van de la mano (“Blissing Me”, “The Gate”), ambientes de calma industrial y percusiones volcánicas (“Features Creatures”, “Sue Me”). Para mantener la cohesión Björk teje arreglos de flautas y añade samples que dotan de futurismo a uno de los álbumes más equilibrados de la artista, en el cual la música y las letras exploran la intimidad de Björk para culminar en el retrato de una sociedad avocada a un futuro incierto.

43AlvvaysAntisocialites

Alvvays sorprendieron al público y la crítica con un álbum debut en el que se exploraba el rock de dormitorio y el jangle-pop desde un punto de vista inocente y cálido. En “Antisocialites” encontramos esos mismos ingredientes que nos conquistaron en primera instancia pero elevados a su máximo exponente. “In Undertow” abre el trabajo esbozando el esquema general del sonido del disco: guitarras ruidosas, batería simple algo kraut y la voz dulce de Molly Rankin, que luce a la perfección en pasajes más melódicos como “Dreams Tonite”, protagonizada por unos sintetizadores muy bellos. En esta placa tenemos más punch y peso del noise (como en “Lollipop (Ode To Jim)”), pero sin olvidarnos de la esencia pop del jangle luminoso que corre por las venas de este grupo. “Antisocialites” es la muestra de que el jangle, además de ser naive y contagioso, es capaz de crear melodías maduras y ruidosas.

42Vince StaplesBig Fish Theory

Big Fish Theory”, el segundo y muy anticipado trabajo discográfico del único rapero tolerado por la gente blanca y los neo-rancios seguidores de Joy Division, va de lo de siempre, es decir, de lo duro que es ser rico y famoso. Kanye West lo cantó en “Pinocchio Story” y, desde entonces, al martirologio del rap no hicieron más que añadírsele páginas y páginas con nombres de señores con chalets en la playa en los que podrían vivir favelas enteras. Vince Staples nos explica la teoría del pez grande y nadie lo entiende, pero todo el mundo asiente porque es imposible no hacerlo al ritmo de su fusión de crunk, grime, garage house, trap, hip-hop, EDM y todo lo que queramos ponerle de apellido a uno de los proyectos más apabullantes del año que despedimos. Staples ha jugado al escondite con el mainstream y la experimentación y nos trae como resultado un exquisito collage sonoro que lo mismo sirve para encontrar el nirvana como para pegarse la juerga padre entre bajos saturados al máximo, interludios sintetizados y ritmos frenéticos.

41The SherlocksLive for the Moment

Sus integrantes acaban de entrar en la veintena y ya llevan nada menos que siete años construyendo un proyecto que empezó a cristalizar a finales de 2014, cuando decidieron lanzar al mercado “Live for the Moment”, su primer y acertado single. Desde entonces, The Sherlocks han edificado sin prisas, puliendo y refinando el material que iban publicando y curtiéndose en los escenarios, eventos en los que han ido formando una base sólida de fans que no deja de crecer y que esperaba con ahínco este debut. “Live for the Moment” es un elepé rodado, repleto de ganchos, fresco y adictivo, en el que cada canción es un himno que difícilmente nos podremos sacar de la cabeza. Sin ser un álbum rompedor, está constituido por doce grandes momentos de maravillosas melodías y extraordinarias bases instrumentales que se disfrutan con enorme placer.

40Steven WilsonTo the Bone

Son varios los músicos y conjuntos que este año han dado un giro a sus trabajos acercándose más al pop, y Steven Wilson, el aclamado rey del rock progresivo, es uno de ellos. “To the Bone” es el disco más accesible que el compositor británico nos ha entregado hasta la fecha, haciendo un homenaje a los Talk Talk, ABBA, David Bowie e incluso Tears For Fears. Es un álbum que explora los conceptos de la paranoia, la subjetividad y la manipulación de la verdad en nuestra sociedad a través de un conjunto de canciones más sobrias que nunca, entre las que encontramos piezas tan bailables y brillantes como “Permanating” o “Nowhere Now”, composiciones de pop introspectivo como la enorme “Song Of I” y momentos mucho más delicados y oscuros como “Refuge” o “Pariah”, en la que Ninet Tayeb acapara todo el protagonismo. Se trata de una evolución lógica para uno de los compositores más prolíficos de las últimas décadas.

39Sufjan Stevens, Bryce Dessn…Planetarium

El ser humano siempre ha alzado la mirada al cielo para buscar la paz que no encuentra en el mundo que le rodea. Sufjan Stevens, Nico Muhly, James McAlister y Bryce Dessner construyen una dedicatoria a ese infinito e inspirador universo en lo que es, a la vez, su obra más ambiciosa hasta la fecha. Para llevarla a cabo se sirven de una instrumentación a medio camino entre lo electrónico y lo orquestal mientras Sufjan entona versos que ponen de manifiesto la mortalidad de los dioses y el carácter divino del hombre. Encontramos un collage sonoro formado por temas como “Saturn” y “Mars”, que miran a los detalles y texturas explosivas del “Age of Adz”, y momentos de reflexión y deriva ambiental (“Black Energy”) o un pasaje de “Earth”, quince minutos que prueban a la perfección la capacidad de composición de estos cuatro maestros dentro de su género cuyas cualidades se complementan y potencian en “Planetarium”.

38Micah P. HinsonPresents The Holy Strangers

El Flaco de Memphis regresa un año más para entregarnos un trabajo redondo, diez canciones en una “ópera folk moderna”, como él lo describe, que relata la historia de una familia en “todas las etapas de la vida, desde el nacimiento del amor, del matrimonio y los niños, pasando por la traición, el asesinato y el suicidio”. Un álbum en el que parecen habitar las voces de los grandes del folk americano, como Bob Dylan o Johnny Cash. Pero a pesar de llevar consigo una extensa guardia petroriana a sus espaldas, Micah presenta una sensibilidad inédita y fuera de lo común, una fuerza creadora propia de los genios que arrolla todo a su paso y seduce, al clavarse como estaca en el alma. La sorpresa del disco llega al final de la primera parte con “Micah Book One”, siete minutos de spoken word tocada por la divinidad en la que recita el libro bíblico del profeta Miqueas que alienta a la ira divina contra la corrupción moral del pueblo de Israel. También al final, en la última canción, con una reinterpretación de la canción popular afroamericana Kumbayá bajo una guitarra lisérgica y un solo de banjo sencillo y discreto. En este tipo de composiciones, las ecualizaciones de guitarras y pedal steel dejan en muchos tramos sin aliento. La voz amarga de Hinson roza lo antológico y universal.

37The xxI See You

I See You” (Young Turks, 2017), producido entre Jamie xx y Rodaidh McDonald, se ha ido asomando desde noviembre del pasado año para dar el cante con una entrada triunfal a principios de este 2017. Bien empezamos, osaría decir, porque además de ansiado por su público, prometen con ese cambio de tercio, ofreciendo más optimismo y oportunidades de contonear en vez de caernos en la cama, rendidos después de un día de mierda. También nos regala momentos de enfrentamiento contra el desamor, la autodestrucción personal y las falsas ilusiones. El trío inglés está dispuesto a acabar con la pesadumbre y a motivar al oyente; no es oro todo lo que reluce, pero mejor eso que consumirse en la rutina. Por lo tanto, el tercer álbum de estudio de The xx supone una ruptura, muy favorecedora, con su estilo musical visto hasta el momento. Es, a la par, su obra de maduración, en la que encontramos a un trío mucho más racional y humano.

36Courtney Barnett & Kurt VileLotta Sea Lice

Aunque ya tenemos ganas de escuchar la continuación de aquel fantástico “Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit” con el que Courtney Barnett debutó en 2015, cuando nos enteramos de que la artista australiana se había aliado con el músico más simpático de Philadelphia todos nos llevamos una enorme alegría. Esa alegría se extendió aún más cuando “Over Everything”, su primer single, se publicó e hizo tangibles todos nuestros deseos, siendo exactamente lo que queríamos escuchar: canciones llenas de buen rollo, mucha guitarra y juegos de voces entre lo dos músicos. Eso es básicamente “Lotta Sea Lice”, un trabajo sin ningún tipo de pretensiones en el que tanto Courtney como Kurt ponen su sello y demuestran que los dos casan a la perfección e incluso se rinden homenaje mutuamente. Sencillo, sobrio y, sobre todo, para disfrute de sus fans.

35Godspeed You! Black EmperorLuciferian Towers

No hay tal presencia demoníaca en la última entrega de Godspeed You! Black Emperor; por el contrario, un espíritu de alborozo y felicidad restallan en el que podría ser el trabajo más positivista de los canadienses. Una constitución más neoclásica descoloca al entusiasta del sonido originario, pero aporta un nuevo camino disonante para el entusiasta de nuevas melodías. La música folk heredada de un país al que pertenecemos todos, el equilibrio en la tensión ofertada, comparable al mundo del cine y por descontado muy visual, hacen de este álbum, antológico en comienzo y término, una de las apuestas más características y arriesgadas de la banda. Multitud de colores, océanos y esperanza.

34LordeMelodrama

Aunque pueda parecer lo contrario, Lorde ha madurado, pero “Melodrama” se encarga de que pensemos que nos está engañando. Abrazando muchos de los elementos distintivos del pop para retorcerlos y destruirlos desde dentro, la neozelandesa adopta un enfoque mucho más mainstream para escribir temas ligeros y bailables sólo para hacernos bajar la guardia y sorprendernos justo después con canciones extremadamente personales y desnudas. Lorde se aleja de lo genérico tanto en sus letras como en sus arreglos, y, si bien su segundo álbum de estudio no es el disco más maduro imaginable, sí da talla de cómo puede evolucionar un buen artista de pop y qué le falta por aprender al resto de la industria sobre la sinceridad. En definitiva, la espera de cuatro años a la que Lorde nos ha sometido ha merecido la pena viendo este sólido y valiente resultado, y sólo cabe esperar que no necesitemos esperar más tiempo para saber qué futuro le depara a la neozelandesa.

33Ryan AdamsPrisoner

Ya lo dijimos a principios de año, el beber para olvidar no existe. Si te han roto el corazón, si te sientes culpable, si ya te has convencido de que eres un perdedor, olvídate de ahogar tus penas en alcohol, sumérgete en la música de Ryan Adams y deja que su último disco te haga prisionero. El autor norteamericano siempre ha sido un artista más de canciones que de disco, pero en “Prisoner”, impulsado por su propia agonía existencial (ay, el doloroso placer de los discos post-ruptura) ha confeccionado uno de sus LPs más personales y sólidos en varios años. Por supuesto, las canciones funcionan por sí solas y lo hacen desde un doble registro: el del cantautor loser y afligido y desde el AOR ochentero. Ryan Adams, una vez más, sin tener claro qué Springsteen quiere ser. No importa, nos ha ganado con las dos caras de la moneda. Puedes seguir haciendo rock para padres, Ryan, siempre que sea sincero.

32King Gizzard & The Lizard…Murder of the Universe

Ya estaban tardando en aparecer por esta lista nuestros australianos favoritos. Más radical que la transformación que los King Gizzard nos cuentan en las ocho canciones encadenadas que forman el primer capítulo de “Murder of the Universe” resulta la mutación que la banda experimenta entre los discos que han publicado este año. Como ejemplo podemos tomar el “Sketches of Brunswick East” y el presente álbum que el destino y la democracia han querido que aparezcan seguidos en nuestro top anual. En este caso estamos ante una ópera de rock ruidoso y espacial dividida en tres capítulos que presentan tres historias independientes y autoconclusivas contando, incluso, con fragmentos narrados a través de un spoken word que para algunos reduce el atractivo del LP, mientras que para otros lo convierte en una obra más auténtica, experimental e interesante. Musicalmente encontramos los clásicos guitarrazos garajeros en los que rompernos la crisma a lo “Nonagon Infinity”, pasajes de psicodelia pasada de rosca y un tercer capítulo en el que se acercan mas que nunca al doom y los sonidos extremos, que les permitirá reproducir un sonido más bestial, sucio y oscuro que nunca. Un auténtico revés en los morros para todos aquellos que los señalaban por un abuso de la autorreferencialidad. Para saber más, aquí tienes la crítica.

31King Gizzard & The Lizard…Sketches of Brunswick East

No hemos dejado de decirlo durante todo este año, pero por si has estado viviendo en una cueva durante los últimos doce meses (y también porque nos encanta repetirlo) insistiremos en ellos: King Gizzard & The Lizard Wizard han publicado 5 discos en 2017. En realidad todavía les queda un disco para completar esta gran hazaña, el quinto, cuya fecha de lanzamiento se estima en algún momento entre Nochebuena y Año Nuevo. No obstante, podemos afirmar desde ya que los de Melbourne son unos de los protagonistas absolutos de año y así lo hemos reconocido (con mayor o menor efusividad) los redactores de El Quinto Beatle en el referéndum de final de año. En este caso, los australianos se alían con Mild High Club para rebajar las revoluciones y el fuzz y abandonarse al jazz-rock, la bossanova menos ortodoxa y el funk ácido. Un disco limpio y bien ejecutado que constituye una apuesta arriesgadísima de la que El Rey Molleja sale victorioso, sabiendo cómo ejecutar el volantazo estilístico para no perder su sello personal. Quizá esto último sea lo mejor de este álbum.

30SpoonHot Thoughts

Cuando ya llevas un puñado de años en escena y cuentas con ocho discos a tus espaldas ofrecer algo nuevo y salir de tu zona de confort puede resultar difícil, pero Spoon lo han conseguido con su noveno trabajo de estudio. Un disco muy maduro en el que el pop se adueña del conjunto y la experimentación toma elementos de Bowie y los Talking Heads para construir un puñado de canciones que funcionan sorprendentemente bien en conjunto. Las guitarras pierden protagonismo en pos de una mayor presencia de los teclados, los sintetizadores y la batería, consiguiendo un mayor groove, toques funky y provocando más ganas de bailar, tal y como muestran temas como “Can I Sit Next To You” o “First Caress”. Sin embargo, este álbum también deja momentos introspectivos como “Pink Up” o “I Ain’t the One”, haciendo de este un largo muy completo y equilibrado.

29Julien BakerTurn Out the Lights

Debemos decir que con su primer trabajo Julien Baker no nos llamó poderosamente la atención. Tenía una voz sencilla, bien proyectada, más centrada en adecuarse a sus letras que en ser espectacular, y su técnica de guitarra a caballo entre el folk y lo ambiental era más que adecuada como único acompañamiento al canto, pero… ya está. Tal vez, salvando las distancias, recordaba a otros artistas como Bon Iver o incluso Daughter, pero con menos ‘color’, así que durante un tiempo, y sin haber logrado comprender lo que estaba haciendo, nos olvidamos injustamente de ella. Pero entonces llegó “Turn Out the Lights”. En su segundo álbum de estudio, Julien Baker dobla su apuesta de guitarras ambientales y atmósferas huecas y minimalistas para llevar su estilo al siguiente nivel. “Turn Out the Lights” es un trabajo mucho más duro y oscuro, tanto sonora como líricamente, y su producción, menos espontánea y más elaborada con la magistral adición del piano, hace a los temas aún más duros y conmovedores. Una obra valiente, reivindicativa y emotiva, que no sólo contribuye a la evolución de la canción de autor sino que, con algo de suerte, podría ayudar a visibilizar temas como la salud mental en la música.

28Public Service BroadcastingEvery Valley

2017 ha sido el año en el que un montón de artistas (independiente de sus motivaciones) han querido hablar en sus obras acerca de la realidad social que azota al mundo hoy en día. Dentro de esa extensa lista podemos incluir a unos Public Service Broadcasting que mediante sampleos, colaboraciones y una instrumentación estupenda relatan una historia de progreso y decadencia que toma lugar en Gales, como referencia al auge y caída de la industria del carbón en ese país. Atrapante e ingenioso como el que más, de algún modo “Every Valley” consigue que el documentalismo histórico sea un elemento de impacto en tiempos donde vivimos sobreestimulados, a la par que rescata algún que otro valor olvidado desde los años dorados del rock progresivo.

27PallbearerHeartless

Para todo hay una primera vez. Para escuchar un subgénero del metal tan extremo y rico como el doom, también. Y para ello no hay mejor iniciación que el último disco de los americanos Pallbearer. Un punto menos de potencia y varios más de accesibilidad que en sus anteriores trabajos, ampliando unos horizontes sonoros que les pueden acercar al gran público, eso es lo que se puede encontrar en este gigantesco “Heartless”, que sin embargo no profana los cánones sagrados de un género tan imbuido de mística como el doom. Épica, trazas de prog, grandes letras, una voz (la de Campbell) extraordinaria y unas melodías apabullantes capaces de generar escalofríos y terremotos por igual. El metal pesado puede elevarse en el aire y hacer florituras, y Pallbearer son la prueba viviente. Si te quedas con ganas de más, los álbumes de Monolord y The Obsessed completan, por debajo de éste, el podio del año del doom metal.

26Japanese BreakfastSoft Sounds From Another Planet

El proyecto en solitario de Michelle Zauner, más conocida como Japanese Breakfast, sigue adelante por buen camino con “Soft Sounds From Another Planet”, un álbum en el que vuelve a reflexionar sobre la reciente muerte de su madre así como de sus relaciones amorosas pasadas y de su vida actual. En contra de lo que pueda parecer por el carácter íntimo y personal de las letras, este nuevo trabajo de la artista es bastante más accesible que su predecesor, con canciones que se mueven entre el rock noventero, el synth-pop y en especial el dream-pop, introduciendo además nuevos elementos como el autotune o instrumentos de viento que le otorgan una mayor riqueza e interés. Si aún queda alguien por convencer sólo decir que las similitudes con Angel Olsen son notorias en más de una ocasión, como en “Boyish”, y que el arranque con “Diving Woman” es de los mejores de este año. Ahí es nada.

25St. VincentMASSEDUCTION

Con “MASSEDUCTION”, St. Vincent se desnuda ante el público mostrando dos facetas complementarias: la Annie Clark más sentimental y frágil y la más sexual. Además de la sinceridad de sus letras, la producción se aleja de la frialdad de su álbum homónimo y mezcla lo analógico y lo procesado con habilidad, desproveyendo a sus temas de artificio y permitiendo así al público conectar mejor con ellos. Una prueba más de que St. Vincent es una artista en constante evolución que no sabe lo que es jugar a lo seguro a través de trece canciones liberadoras, tanto en un sentido social, sexual, como puramente personal; porque, a veces, hasta la persona más fuerte y aguerrida tiene que desahogarse. Pocas veces he visto a un artista abrirse tantas puertas, a nivel sonoro y temático, sin cerrarse ninguna y, además, salir victorioso. Y Annie Clark, sin ninguna duda, lo ha hecho.

24The Big MoonLove in the 4th Dimension

Hay desparpajo y humor en su forma de tocar y componer, una aparente simplicidad con la que juegan y retuercen hasta que te explota la cabeza, un absoluto rechazo a los convencionalismos del indie-rock, la estructura de la canción pop y la heteronormatividad que no te restriegan por la cara pero está ahí sin ningún reparo ni pretensiones estúpidas y… ¿acaso estoy soñando? ¿Es esto real? Pues sí. Las británicas The Big Moon debutan con un explosivo elepé cargado de color, energía, letras imponentes y toneladas de personalidad. Su estilo desenfadado, cargado de buenas vibraciones y de una calidad incontestable, la infinidad de referencias sonoras que aúnan con eficacia pop y una mentalidad transgresora hacen de “Love in the 4th Dimension” uno de los mejores álbumes debut de 2017. The Big Moon es una banda que no conviene perder de vista en el futuro.

23Queens of the Stone AgeVillains

Aún muy duros para el indie medio, demasiado desviados de sus orígenes para el fan original, los Queens of the Stone Age actuales tienen una papeleta complicada. Y sin embargo, en esa indefinición parecen encontrarse cómodos, haciendo lo que les da la gana sólo preocupados por no estancarse ni perder esa personalidad que hace que basten diez segundos de cualquiera de sus temas para reconocerlo como suyo. Incluso en este su séptimo disco, “Villains”, que sin ser su mejor trabajo (por debajo de su media, de hecho) sigue rompiendo sus propios esquemas y agitando la colmena del a menudo anquilosado rock actual. Esta vez, sintetizadores y el groove en la producción de Mark Ronson mediante. La conclusión es clara: si hay una cosa que tendría menos sentido que continuar en la huida hacia delante sonora que llevan a cabo Homme y los suyos sería tratar de regresar allí donde ya triunfaron.

22AlgiersThe Underside of Power

Tras un debut sorprendente tanto en lo musical como en el contenido lírico, Algiers retoman el vuelo con un trabajo en el que pulen sus virtudes y dan un paso adelante gracias a un mayor asentamiento y a la incorporación de Matt Tong a la batería y Adrian Utley en la producción. Las bases siguen siendo las mismas: por un lado la música tradicional afroamericana, y por otro la electrónica y el rock más modernos, combinando así elementos de blues, góspel y soul con otros del post-punk, noise e industrial. Sin embargo, la experimentación, el progreso y el perfeccionamiento del grupo van más allá esta vez, percibiéndose en temas llenos de rabia como “Animals” o en “The Underside of Power”, la canción más directa y efectiva que el grupo ha pergeñado hasta la fecha, sin olvidar piezas tan desquiciantes como “Hymn for an Average Man”. Una continuación muy sólida para un grupo que a nadie debería pasarle desapercibido.

21Perfume GeniusNo Shape

Perfume Genius consigue con “No Shape” el sucesor perfecto para aquel “Too Bright” lleno de rabia queer electrizante. Se trata de un trabajo donde se desdibujan las etiquetas de géneros para presentarnos una realidad que se antoja onírica e ideal para el músico. A lo largo de “No Shape” y sus melodías orquestales y sedosas Mike Hadreas muestra que no necesita cobijarse bajo las opiniones de otras personas: ser uno mismo o no ser. Se ha liberado de todo el temor que le atenazaba años atrás, con lo que ahora se muestra tal y como es. Ya no tiene miedo a proclamar en voz alta el amor que siente por su chico ni teme poner de manifiesto la fluidez de su género, alzándose por el camino como una figura casi celestial. Desde el combo introductorio que forman “Otherside” y “Slip Away” el músico exhibe la ambición artística de este trabajo en el que también se exploran parajes sensuales cargados de luminosidad, los cuales contrastan con otros momentos de reflexión y oscura tensión como “Choir” o “Die 4 You”, dando lugar a un equilibrio exquisito.

20Tyler, the CreatorFlower Boy

Es un chico especial, éste Tyler, the Creator. Él siempre lo ha sabido de sí mismo. Posiblemente su madre también lo intuyera desde que era adolescente y dejó su currito en FedEx. Su padre seguro que no, porque si hay algún aspecto de la identidad del nacido Tyler Gregory Okonma que ha sido abordado en sus letras de manera 0% ambigua es el odio que profesa hacia la figura paterna ausente. En algunas canciones con rabia, en otras más tirando a la pena, pero lo poco que parece haber de obvio en su extremista personalidad es que a ese señor de Nigeria no cree deberle nada aparte del apellido africano (y el maldito bello facial, claro). En fin, que en “Flower Boy” Tyler, the Creator se da un paseo a trote por el enternecedor soul de la edad del pavo a través del cual está tratando de construir su universo privado y fantástico definitivo. La obra maestra del líder de Odd Future está todavía por llegar, pero se presiente que no debe de andar muy lejos.

19King KruleThe OOZ

Tras años de proyectos alternativos y vivir de las rentas, se anunciaba por fin en este 2017 el regreso de una de las leyendas de la escena hipster internacional, poniendo las expectativas automáticamente por las nubes con el que sería su segundo trabajo tras el aclamado debut de ese escuálido y misterioso chaval inglés que conocemos como King Krule. Se puede decir que las ha cumplido con creces con “The OOZ”, un trabajo en el que Archy nos abre la puerta a su mundo retorcido, oscuro e inhóspito, descrito por poesía subconsciente, carne de psicoanalista. Depresión, sexo y alcohol hacen el día a día de la ciudad mental de un artista torturado y conjurado por su mundo interior. Queda feo decirlo, pero lo cierto es que el resultado de su sufrimiento es un collage inquietantemente bello que saca la peor de cada uno de nosotros y nos hace apreciarlo como la mejor de nuestras virtudes.

18Run the JewelsRun the Jewels 3

Hace ya un año desde que Killer Mike y El-P nos alegraron la navidad con el tercer proyecto de Run the Jewels y los efectos del seísmo todavía se notan en el ambiente. Solidificaban con este trabajo el grupo que nació como experimento y que ahora podemos estar seguros de que ha venido para quedarse. Más fuertes y violentos que nunca, el dúo realiza en su tercer trabajo un ejercicio de flexibilidad lírica y músculo instrumental que se traduce en un blockbuster musical cuyas escenas de acción te harán rebosar adrenalina por los cuatro costados mientras la cámara persigue a un par de hombres barrigones con ansia justiciera y mucho, mucho cabreo con el mundo que les rodea. Saltarás de emoción con las barras asesinas de Killer Mike y te retumbará el pecho con la producción gorda y resonante de El-P.

17Oh SeesOrc

Os juramos que esto no es fruto de intereses económicos ocultos ni de un fanatismo exacerbado, los Oh Sees merecían estar una vez más en nuestras listas de fin de año. La mítica banda del underground americano lleva más de diez años (veinte, si cuentas los primeros experimentos de Dwyer) poniendo todo patas arriba, experimentando notables cambios de formación y estilo, pero siempre conservando ese sello esquizofrénico e hiperactivo tan personal que sólo un loco como John Dwyer es capaz de imprimir. Después del brillante “A Weird Exits” del ejercicio pasado que confirmó la segunda juventud del grupo y las ganas de experimentar de Dwyer y sus jovencitos confusos, “Orc” supone un valiente paso que redobla la apuesta y estira el metraje muy por encima de la media de la duración del disco arquetípico de los de San Francisco. Nada de poner el piloto automático, los 50 minutos de “Orc” concentran algunos de los temas más musculosos y cercanos al heavy-psych de su discografía, el garage anfetamínico de siempre y una exploración por texturas espaciales y prácticamente krautrock. Oh Sees siguen esforzándose por experimentar y forzar sus propios límites y los de un género como la psicodelia. Duelen las manos de aplaudir.

16ElderReflections Of A Floating World

La del stoner-rock/heavy-psych/space-rock es a día de hoy una de las escenas más fértiles. No faltan grupos de riff gordo y ambientación psicodélica destrozando los tímpanos por todo el globo terráqueo. Ante una producción tan numerosa en un género tan endogámico y deudor de sí mismo como éste, uno tiende a quedarse con aquello que destaca por encima de los demás, que busca aportar algo diferente y no se conforma con cumplir con lo que se espera de él. Este es, sin duda, el caso de Elder. Los de Massachusetts llevan tiempo ejecutando un stoner de calidad, transitando de uno más cercano al doom-metal a otro más preciosista que recoge elementos del space, el rock progresivo e incluso el post-rock, por momentos. “Reflections Of A Floating World” les sitúa como la mejor banda del género de los últimos años y como uno de los nombres que ya debería resultar imprescindible para los amantes del rock en general. Sin recurrir a piezas de stoner-rock tan totémicas como las de sus segundo y tercer álbum, Elder han conseguido un discazo finísimo dentro de su género con “Reflections Of A Floating World”. Ponerse fino en el stoner, ¡menuda incoherencia!, pensarán algunos. Pero así es.

15Mount EerieA Crow Looked At Me

El antiguo líder de los Microphones deja sin palabras con “A Crow Looked At Me”, un álbum radicalmente diferente a todos los publicados este año por su profundidad y dramatismo que nada más comenzar arranca con la cruel y trágica sentencia: “La muerte es real”. Phil Elverum lamenta a lo largo de once canciones la pérdida de su amor, la artista Geneviève Castreé, por un fulminante cáncer de páncreas. Estamos ante uno de los discos más oscuros y dolorosos de los últimos años, en el que Elverum crea un ambiente íntimo, minimalista y hermético con apenas su voz, una guitarra, un piano y una percusión ínfima. Una colección de canciones tocadas a pelo, caseras, mínimamente arregladas, esqueléticas y desnudas, donde la guitarra sirve de apoyo a una voz rota y apagada que inunda las pistas de una tristeza y melancolía inimaginables. Por otro lado, los poemas contenidos en el mismo son bellísimos y escritos casi con sangre. La voz que los redacta ahonda en lo más profundo de la tristeza y la tragedia de perder al ser amado. Es por ello por lo que su escucha no llega a ser del todo satisfactoria, ya que las canciones son tan tristes y desgarradoras que no resulta nada fácil, ni mucho menos cómodo, entrar dentro de él. Sin embargo, es de aplaudir su honestidad al frente del micrófono, quizás como una extraordinaria forma de sanación de las heridas más desgarradoras que habitan en lo más profundo del alma humana.

14Cigarettes After SexCigarettes After Sex

Cigarettes After Sex” es todo lo que esperábamos de un álbum de dream-pop que ya viene anunciándose desde 2012. ¿Está a la altura de las expectativas? Sí. ¿Nos ha dejado alguna sorpresa? No exactamente. Los norteamericanos debutan con diez temas que profundizan en un imaginario ya establecido previamente y con un sonido nivelador en el que ninguna composición destaca sobre las demás. Para bien y para mal. En diez pistas Greg Gonzalez nos narra a través de una lírica directa, despojada de cualquier ambivalencia, los altibajos de su vida amorosa. Y es que nos encontramos frente a un disco de canciones de amor; así de sencillo. Y la fórmula le funciona. Su música, más centrada en la creación de texturas y un mood determinado acaba formulando un viaje suave, agradable al oído y en cierto modo algo monótono. Una monotonía que en ningún caso debe tomarse como un inconveniente a la hora de disfrutar de esta producción. De hecho, la repetición de patrones rítmicos complementa y apoya el tipo de historias de amor ligeras, despreocupadas y en cierto modo algo ingenuas que Gonzalez nos explica. Un ir y venir de mujeres que pasan por su vida y por su cama que acaban escribiendo el cuento sobre relaciones contemporáneas que es “Cigarettes After Sex”.

13FoxygenHang

En estos tiempos oscuros que nos rodean la banda de Sam France y Rado ha querido arrojar luz y transportarnos a paisajes llenos de felicidad, haciendo de “Hang” su propio viaje a Disneyland a través de un conjunto de canciones que suenan como un musical de Broadway. Su característico toque glam y sus excesos se combinan con melodías y coros que recuerdan a ABBA y a la música de cabaret, complementándose con una orquesta que le aporta la grandilocuencia que un disco así necesita. A pesar de contener canciones tan alocadas como siempre, “Hang” es el disco con mayor cohesión del grupo hasta la fecha, siendo muy fácil de disfrutar y pasándose en un suspiro. Basta una sola escucha para dejarse conquistar por la alegría contagiosa de “Follow The Leader” y “Avalon”, el barroquismo de “América” y la épica de “Rise Up”.

12Él Mató A Un Policía MotorizadoLa Síntesis O’Konor

Casi cinco años tuvieron que pasar para que la banda argentina Él Mató A Un Policía Motorizado se animara a publicar el sucesor del LP “La Dinastía Scorpio”. El trabajo lanzado en 2012 sirvió para que el grupo alcanzara una posición privilegiada en el panorama independiente contemporáneo en Sudamérica. Lógicamente, también generó una gran incógnita: ¿cuáles debían ser los pasos siguientes? La respuesta no llegó de inmediato, pero sí de forma correcta. Los platenses decidieron ampliar un poco más su paleta de sonidos, dar mayor profundidad y complejidad a las letras y apostar por la labor en estudio más ambiciosa de su carrera musical. Santiago Motorizado, Pantro Puto, Niño Elefante, Doctora Muerte y Chatrán Chatrán llegarán hasta donde se propongan. Tienen el talento para hacerlo. La decisión de la banda de añadir más elementos a su abanico musical fue la correcta. La espera valió la pena. Hay poquísimas cosas que objetar. “La Síntesis O’Konor” refresca la carrera de los platenses. La agrupación se abre hacia nuevos públicos y refuerza la relación con los de siempre. Hay para todos. Él Mató trasciende los límites de los estilos musicales en los cuales se les trató de encasillar. Al fin y al cabo, más allá de las formas, lo importante para el grupo es mantener el valor por el que se hizo conocido y que generó el respeto de tanta gente: la independencia.

11Wolf AliceVisions Of A Life

Ahora que parece que los derroteros más interesantes de la música alternativa británica los toman bandas/proyectos/artistas alejados de las guitarras se antoja casi épico hacer lo que han hecho Wolf Alice. No el crear un disco guitarrero, que eso lo siguen haciendo muchos, sino hacerlo innovando y aportando algo bueno y fresco. Hay mil razones para contar ya y desde hace un tiempo con Wolf Alice como una de las bandas más (no prometedoras que para eso ya es tarde) sino interesantes y potentes del Reino Unido. Su rabioso y sobrio directo, el hecho de que hayan atraído a una buena cantidad de chicas jóvenes al rock, Ellie en sí misma, una producción hasta el momento siempre perfecta (esa batería de Joel Amey…) y un perfil bajo relativamente alejado de los focos. Pero más allá de todo eso este segundo disco vale por sí solo para confirmar lo que a muchos ya nos parece una realidad: Wolf Alice son el presente, y el futuro, del rock británico.

10Richard DawsonPeasant

Después de tres reveladoras hipótesis de vanguardia y folk, Richard Dawson manufactura su trabajo más logrado hasta la fecha, “Peasant”, a través de la experiencia de varios personajes de un reino. Los acercamientos a la atonalidad y los constantes giros armónicos tejen una atmósfera única, agridulce, un árbol mutilado, un paso más allá en la línea de bandas como Neutral Milk Hotel o The Microphones. Sin embargo, la complejidad armónica y el ruido no dejan de lado un sentido melódico profundo y su desenvolvimiento en un marco inventado, a veces hímnico, a veces intimista, justifica que una generación de jóvenes aficionados a la música folk, para los que el indie ya no suena tan innovador, esté empezando a cogerle cariño. La inteligencia y la profundidad con las que compone lo merecen.

9Ty SegallTy Segall

Ty Segall por aquí, Ty Segall por allá, que si se monta una banda, que si empieza a girar con la otra, que el “Emotional Mugger” no fue para tanto, que si ya estamos hartos de reírle las gracias… Con la llegada de 2017, un Ty Segall permanentemente sometido a examen necesitaba justificar su incesante ritmo de producción, la altura de su leyenda y dejar bien claro quién manda en esto de las guitarras alborotadas. Tanta autoreivindicación sólo podía tener un título: “Ty Segall”. El eterno rey del underground utiliza su propio nombre como título de su último disco en lo que podría ser una especie de presentación para quien no se haya acercado hasta ahora a su música. Podría haber publicado una recopilación de temazos, pero eso no encaja bien con la filosofía Segalliana. Para qué pararse a mirar al pasado si puedo colgarme la guitarra, juntarme con mis amigos y componer una decena de temas irresistibles que representen mis principales virtudes en este momento. Eso es lo que encontramos en “Ty Segall”, una variada y excitante colección de canciones excelentes para adentrarse en una fórmula mutable e inagotable, la de nuestro rubio favorito. ¡Larga vida al rey!

8The NationalSleep Well Beast

Pocas bandas pueden sacar uno de sus peores discos y colarse en nuestro top 10 del año sin despeinarse. The National son una de ellas. Y es que lo de ‘peor’ es objetivo (o todo lo objetivo que puede ser una crítica de arte), pero suena demasiado duro para una banda sin un disco por debajo del notable. La tensión y la melancolía propias de Berninger y los suyos siguen ahí, intactas, sólo que esta vez están rodeadas de sintetizadores y en general un mayor peso de la electrónica. Baladas desgarradoras (“Carin at the Liquor Store”), una inesperada vertiente rock (“Turtleneck”) o simplemente temazos grandes como la vida (“The System Only Dreams in Total Darkness”) pueblan un LP largo y oscuro, que sirve para reafirmar a los de Ohio como los amos del rock lento y, por qué no decirlo, bajonero.

7ProtomartyrRelatives in Descent

Protomartyr hacen post-punk en 2017, o eso dice todo el mundo. Los de Detroit, que prefieren no encasillarse, son víctimas de la eterna tarea que los grupos surgidos entre el 78 y el 82 dejaron pendiente al no encontrar una respuestas a la pregunta: ¿qué es post-punk? No van a ser los de Joe Casey los que encuentren la respuesta con su cuarto disco, pero sí demuestran lo que todavía puede dar de sí la música de guitarras mediante su mejor obra hasta la fecha. Durante 43 minutos el cuarteto dibuja un desolador relato de lo colectivo valiéndose de la distorsión, elementos oscuros y afilados que crean una tensión insoportable que algunas veces acaba rompiéndose en mil pedazos y, cuando el cuerpo lo pide, riffs incendiarios para desahogarnos en pogo. “Relatives in Descent” marca, sin duda, un punto y aparte en la carrera del conjunto, no por acometer una revolución sonora ni por ejecutar un increíble salto de calidad respecto a sus obras más tempranas. Más bien por la confirmación de una regularidad envidiable que, acompañada hoy de un punto extra de inspiración, nos da como resultado la demostración de que Protomartyr son los mejores en lo suyo, sea lo que sea lo suyo.

6Fleet FoxesCrack-Up

La exploración del mundo encantador y lastimero de Fleet Foxes continúa en su tercer elepé el sendero interrumpido seis años atrás. Aunque el álbum no sonará extraño a los acérrimos de la banda, lo más interesante podrían ser las inusuales armonías o los nuevos timbres, que han dejado atrás su vieja armadura y apuntan hacia sonoridades más ambiguas y elaboradas. La madurez alcanzada en este trabajo resulta notable. Un aura de misterio se vertirá sobre los oyentes que quieran sintonizar las crueles rupturas del alma, la colisión de la avioneta, la esperanza. Además el formato se adapta, como en anteriores ocasiones, a una lectura atenta, de principio a fin, y a otra menos reflexiva, suave y compasiva.

5Kendrick LamarDAMN.

Probablemente no sea ni la primera vez ni la última que lo veas en el top diez del año. Kendrick se ha vuelto a granjear el clamor del público y de la crítica con un disco que, si bien no llega a la altura de su ya legendario “To Pimp a Butterfly”, sí que cumple las expectativas que muchos tenían en el artista, renovando su imagen y acercándolo a un público multitudinario (más si cabe) mientras mantiene la esencia del que sin duda se ha convertido ya una de las figuras indispensables de la historia del hip-hop. No sólo incluye este álbum algunos de los hits indiscutibles del año, como “HUMBLE.” o “DNA.”, sino que está también compuesto en su totalidad de una manera cuidada y detallista, cubriendo las necesidades de un amplio rango de público mediante su narrativa conceptual, su producción excéntrica y contundente y su paleta de temas sociales y personales. En definitiva, un álbum indispensable para entender el año 2017.

4LCD SoundsystemAmerican Dream

El retorno de los neoyorquinos probablemente no haya sido tan festivo como nos esperábamos, ya que el sueño americano de James Murphy es oscuro, frío y muy calculado. Dejando atrás esa efervescencia, el resurgir de LCD Soundsystem ha sido casi como un acto de nostalgia en sí mismo, repleto de pasajes en los que Murphy parece justificarse entre múltiples referencias a artistas cuya música sigue anclada en su imaginario. Brillan Talking Heads, brilla Lou Reed pero sobre todo brilla un David Bowie que por primera vez se referencia a modo de doloroso recuerdo en la discografía de LCD Soundsystem. Pese a esas sombras, “American Dream” muestra un perfecto estado de salud compositivo y de gusto musical de los norteamericanos, que juegan con tempos, texturas y dinámicas con una maestría sorprendente. Hábilmente nos guían a través del camino sonoro que trazan en cada tema, construyendo una solidez instrumental a base de detalles que sutilmente incorporan en cada capa. Sin duda, “American Dream” no va a ser el disco más bailable de LCD Soundsystem, pero sí uno de los más duros, amenazantes y discursivos.

3King Gizzard & The Lizard…Polygondwanaland

Tercera posición de nuestra gran lista para el cuarto trabajo de la banda de psicodelia australiana más querida (con permiso de Tame Impala) por estos lares. “Polygondwanaland” recoge los elementos que han protagonizado el resto de trabajos que el grupo ha lanzado a lo largo de este año y busca un nuevo camino a explorar tomando la polirritmia como elemento clave. El resultado es una combinación magistral en la que la difícil composición de los temas no opaca su disfrute, encontrando un equilibrio perfecto en el que las melodías siguen siendo reconocibles y consiguiendo enganchar a más y más adeptos a un grupo cuya energía y creatividad parecen no tener fondo. Por si fuera poco, la producción es más limpia y cuidada que nunca y si bien los temas son de escasa duración, el álbum tiene un toque prog que le va como anillo al dedo, contando con momentos para la locura gizzariana como en “Crumbling Castle” y “The 4th Colour”, momentos para la introspección como “Inner Cell” y momentos para la épica como “The Castle In The Air” y “Loyalty”. Con tantos discos y de tanta calidad es difícil escoger uno, pero está claro que “Polygondwanaland” está a la altura de lo mejor de su carrera.

2SlowdiveSlowdive

Un cuarto de siglo es demasiado tiempo de espera incluso para los más pacientes. Eso ha durado el viaje por el desierto de Slowdive, la banda británica que ha conseguido con su álbum homónimo situarse entre los mejores elepés del año. Y con todo merecimiento. Con piezas como “Slomo”, un embaucador y extenso tema en el que la guitarra onírica, el teclado psicodélico y las majestuosas voces de Neil Halstead y Rachel Goswell reafirman el ‘nuevo comienzo’, “Sugar For The Pill” –que invita al oyente a inmiscuirse en un efecto mecedor que durante más de cuatro minutos sirve de evasión– o “Star Roving”, single de presentación que recuerda a The War on Drugs y otras bandas coetáneas (síntoma de que Slowdive se han empapado de nuevas referencias), el grupo cerciora que durante su largo retiro no han estado aislados de los géneros surgidos del dream-pop y el shoegaze del que son estandartes. En 1995 desaparecieron de la escena musical con la elegante discreción que siempre los ha caracterizado. Eramos muchos los que esperábamos este trabajo con lógicas ganas y un escepticismo aún más lógico que se anula desde la magnífica portada. “Slowdive” conforma un retorno anhelado que aúna el ambiente narcótico que caracteriza al conjunto con un sonido actual y elegante que justifica que, en esta ocasión, la espera ha merecido la pena.

1King Gizzard & The Lizard…Flying Microtonal Banana

Fin de año, fin de la lista, fin de la expectación: aquí estamos. El mejor disco del año, según la humilde opinión de nuestro equipo de redacción, no unánime pero sí mayoritaria. Si nos venís siguiendo desde hace tiempo sabríais que las posibilidades de que el simbólico primer puesto se lo llevasen nuestros australianos favoritos eran bastante altas. Sin embargo, no deja de ser sorprendente y maravilloso que una banda de rock de guitarras –con nada menos que siete miembros y dos baterías– haya sacado el mejor disco del año en una década y un siglo en el que el rock está claramente en minoría y retroceso, pese a que aún haya MUCHAS razones para la esperanza. Qué os vamos a contar a estas alturas de una banda que este mismo año ha editado cinco álbumes de estudio, a cual mejor y más diferente del anterior. Ese hecho de por sí sería razón suficiente para nombrarles la Banda del año. Pero es que, además, resulta que el primero de ellos es también la mejor colección de canciones del año. Por arriesgada, por única, por loca, por (ultra)-psicodélica y por genial, ‘la Banana’ es la ganadora de este año.