Lo de C. Tangana y Dellafuente siempre ha sido un affair ruidoso, de menciones explícitas y guiños continuos. Lo interesante de su relación es que se desarrolla en un mundo de oídos cerrados como es el del trap español, producto de la explosión de los ‘artistas YouTube’ y todo lo que esta ha traído a colación durante los dos últimos años. Pese a las evidentes características que unen a todos los artistas de esta nueva hornada, cada uno de los grandes nombres del movimiento flota en su propia burbuja, evitando tocarse a no ser que sea para lanzarse cuchillos. En este campo de batalla, Tangana y Dellafuente se han mantenido relativamente al margen, adquiriendo una especie de actitud paternalista con la que se limitan a observar desde sus podios y charlar entre ellos como dos padres que esperan para recoger a sus hijos del colegio.

Se lo pueden permitir, ya que no es exagerado admitir que tanto el uno como el otro son ya veteranos del joven género: festivales, llenazos en salas, álbumes serios e incluso marca de ropa. Sus empresas flotan ya, viento en popa a toda vela, con velocidad regular, convirtiéndose en referentes para los que aún se pelean por las migajas de las visitas en YouTube. Tan sólo les quedaba una cosa: la esperada colaboración. Sellaría ésta el pacto Tangana-Dellafuente dejando por fin una prueba irrefutable del romance de los dos tórtolos del trap, aunando su visión empresarial y abriendo la veda a la era de invasión radiofónica que Tangana inauguraba con su “Ídolo”. Si lo hizo de manera más o menos loable no nos incumbe aquí.

Era notable pues la expectación que este matrimonio venía levantando desde hace ya tiempo, matrimonio que yo no llamaría de conveniencia, puesto que reúne las condiciones que todo buen casamiento debe tener: amor y estrategia. He de admitir que yo personalmente lo esperaba con ansia –ansia viva como diría el Della–, extremadamente curioso de lo que podría salir de esa noche de bodas. ¿Sería niño o niña? ¿Tendría el vacile de Tangana o la épica de Dellafuente? ¿Y si venía con problemas? La intriga me ponía de los nervios. Lo cierto es que, secretamente, esperaba que se pareciera más a su padre que a su madre, es decir: quería que fuera más de Dellafuente que de C. Tangana. Por fin ha llegado el momento que esperábamos –o más bien que esperaba yo– y por desgracia se han cumplido mis peores sospechas. No es de extrañar, por otra parte, teniendo en cuenta el contexto en el que “Guerrera” se ha gestado. La experiencia demuestra que Sony y Los 40 Principales no es una buena combinación y me duele tener que admitir que esto ha resultado ser más cierto que nunca en esta ocasión.

Fotografía: Promo
Fotografía: Promo

No era tanto por C. Tangana. Pese a tener sus momentos de lucidez, mi esperanza por el madrileño se empezó a desintegrar hace ya tiempo y veo muy difícil que cualquier lanzamiento cambie esto, especialmente si viene tan pegado a la cola de “Ídolo”. Dellafuente, sin embargo, es otra historia, porque es paisano, porque tiene un sonido propio y porque hasta ahora no se había atrevido a corromperlo para llegar a la liga de alta difusión. Como ya dije con Tangana, repito que no critico el hecho de que se quiera conquistar el mainstream, sino más bien la manera en la que esto se hace. “Guerrera”, desde luego, es el esfuerzo más pobre que me podía imaginar, precisamente porque en vez de conquistar el mainstream se vence a él de un modo vergonzoso, diluyéndose en un sonido pop que se siente blando al tacto, como un potito sin sabor que tragas porque tu madre te obliga. La producción etérea de de Alizzz, Antonio Narváez y Pional, con un toque veraniego sin chicha ni limonada, reduce al mínimo los atributos de los dos contribuyentes, resaltando sus debilidades por encima de sus cualidades, que son muchas pero que brillan por su ausencia. Tangana suena como si fuera el espíritu de Abraham Mateo, que clama venganza sobre la instrumental vaporizada. Mientras tanto, Dellafuente se enreda en un quiero y no puedo con los coros fantasmales en un intento fallido de darle carácter a la mariposonada que acaba siendo el single conjunto, capado como Sansón sin su pelo ante los continuos ataques de sintetizador popero y olor a suavizante que lo rodean.

Esperaba más influencia de Dellafuente; más garra, más viralidad y más contundencia. En definitiva, esperaba más que este single de tonos rositas y letra de parvulario. No me importa que se invada el mainstream. De hecho, lo llevo aplaudiendo desde que se empezó a hacer, apoyando una causa que me parece definitivamente admirable y que merece todos mis respetos. Lo que me importa es que con ese pretexto se amolde uno de un modo tan tramposo como este, sonando como Justin Bieber un día de resaca. Estamos hablando de dos de los artistas con más carácter y contundencia de la escena trap. Se les podrá criticar muchas cosas, pero no que sus temas se caractericen por ser blandurrerías adolescentes. Cosas como esta me hacen cuestionarme si no será cierto que en el fondo es la industria la que lo posee a uno y no al contrario. Estoy tan decepcionado que creo que me voy a poner “Ídolo” para acordarme de que podría ser peor. En fin, si vienen más temas, como creo que vienen, espero que corrijan esta trayectoria y nos traigan algo con más sustancia, ya que estoy seguro de que una colaboración entre C. Tangana y Dellafuente tiene tirada para eso y más. Hasta ese momento, estaré esperando… si no me canso.