Encontrarse con nueva música es siempre un enriquecimiento del ser humano. Sea el producto malo o bueno estamos acostumbrados a vivir dentro de nuestra zona de confort, donde nos creemos con la autoridad de arrasar y destruir lo que ese día nos caiga mal al estómago o sobrevalorar un producto sólo por nuestros lazos emocionales. Por eso, con METZ me encuentro nervioso y emocionado a partes iguales. No es fácil dirigir el foco sobre algo nuevo, pero, desde luego, como consumidores de arte y entretenimiento es necesario que nos lancemos sobre lo desconocido de vez en cuando.

“Strange Peace”: una vuelta al ruido (pero controlado) de los noventa

Este tercer álbum de los canadienses fluye de manera cruda y orgánica, como ya lo hicieron antes Nirvana, The Jesus Lizard, Slint y Helmet, entre otros. La producción de Steve Albini resulta la primera –y más interesante– característica de este “Strange Peace”.

Para empezar esta reseña sólo quiero destacar que “Strange Peace” no me parece un trabajo perfecto, pero sí un acierto en muchos momentos de su metraje debido a su noise envolvente, un atrevimiento que debe explorarse incluso más en futuros registros.

Y la primera –y más interesante– característica del compacto es la producción de nuestro querido y huraño Steve Albini, músico que ha ofrecido varios de los trabajos más laureados del post-hardcore y el noise durante la década de los noventa junto a sus bandas Big Black y Shellac, pero que encima se lleva la palma con su trabajo como ingeniero de sonido y producción analógica. Este tercer álbum de los canadienses fluye de manera cruda y orgánica, como ya lo hicieron antes Nirvana, The Jesus Lizard, Slint y Helmet, entre otros.

Fotografía: Ebru Yildiz

El tercer disco de los canadienses resulta un acierto en muchos momentos de su metraje debido a su noise envolvente, un atrevimiento que debe explorarse incluso más en futuros registros.

Mess of Wires” entra a tropel rezumando electricidad por los cuatro costados, pero sin olvidar el noise del que mama. Cabe destacar que, a ratos, la voz de Alex Edkins retumba en los oídos como la de J. Robbins de Jawbox. Pero tal y como vino “Mess of Wires” se va, dejando que la grunge “Drained Lake” se presente mostrando espacios más amenazadores. Los zumbidos distorsionados cuentan con su propio sendero melódico, y ese es a mi parecer uno de los elementos con más gracia del LP. Mientras, el primer adelanto que escuchamos, la maravillosa “Cellophane”, sirve de estación de recarga melódica, con unos versos de lo más sucios que responden a un estribillo con regustillo pop para mover el esqueleto. El puente, sin embargo, es otro ejercicio de experimentación post, en el que la disonancia va coloreando el ambiente. Seguidamente, el delicado riff de “Caterpillar” nos previene del aumento de intensidad que recibiremos en la cara de un momento a otro, y así sigue durante los tres minutos y quince segundos que estamos esperando a que rompa. No obstante, la pieza se mantiene lánguida y melancólica. Un momento de confusión de lo más inteligente.

Lost in the Blank City” se ensambla como una maraña de sonidos que son una viva imagen de los noventa. A veces suena a Fugazi y otras a Mudhoney, pero acaba desembocando en mares agitados y artificiales. De manera similar que “Mr. Plague” convulsiona con una batería tribal la cual nos dirige al umbral del caos. La descarga no para, pero aun así es capaz de entregarnos unas notas de sabores más melódicos, con escuetos arreglos y riffs. Mientras, los armónicos y una opresión robótica sirven de pilares para construir “Sink”, una pieza en la que a partes iguales degustamos una ración de delicadeza y otra de contundencia, ese característico equilibrio del post-hardcore que se cuela en nuestros poros y nos hace sudar en forma de energía contenida. Ojito a las líneas de la batería.

“Strange Peace” es una obra excelentemente producida, pero que peca por momentos de una excesiva densidad y en primera instancia de cierta homogeneidad. METZ se encargan de entregarnos un disco valiente y genuino para lo que impera en el rock de estos últimos tiempos, pero, sin embargo, todavía le falta un poco más de brillo para que se mantenga por sí mismo.

Por su parte, “Common Trash” nos regala uno de los momentos clave del esfuerzo, con mucho gancho pero sin dejar de ser por ello rápida y explosiva. El riff de guitarra que serpentea en algunas partes otorga algo de luz entre todo ese cúmulo de efectos y, a primera escucha, desorden. Pero continuamos nuestro recorrido y ni un minuto es lo que dura una “Escalator Teeth” que baila entre los adornos post-punk y los componentes más orgánicos y se manifiesta como un posible outro de la pista anterior y la introducción del pildorazo punk que es “Dig a Hole”, otro temazo marca de una corriente que parecía extinta, pero que por momentos renace como el ave fénix de sus cenizas. Ese poso de Drive Like Jehu. Esa violencia… Para acabar tenemos una Raw Materials” cuyos giros la convierten en una canción sorprendente. Una de explosiones consecutivas que nos llevan a un puente de lo más ambiental y que narra progresivamente una sucesión y amalgama de sonidos que avanzan hasta el clímax final. En “Strange Peace” sólo faltaban algunos breakdowns y aquí están.

Así finalizamos una obra excelentemente producida, pero que peca por momentos de una excesiva densidad y en primera instancia de cierta homogeneidad. METZ se encargan de entregarnos un disco valiente y genuino para lo que impera en el rock que estamos acostumbrados a escuchar en estos últimos tiempos, pero, sin embargo, todavía le falta un poco más de brillo para que se mantenga por sí mismo, sin mirar tan directamente a sus influencias.

METZ – Strange Peace

7.5

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Violento, ocasionalmente delicado, pero sobre todo muy ruidoso. Noise-punk sin corsés, para amantes de la disonancia y la vorágine post-todo de los 90. Así es “Strange Peace”, el tercer larga duración de METZ.

Up

  • La producción de Steve Albini. Chapó.
  • Es un viaje violento a la época dorada del post-hardcore y el noise.
  • Algunas líneas de guitarra entre la maraña de sonidos.

Down

  • No presenta nada nuevo, bebe mucho de otras bandas.
  • Es, quizás, demasiado denso para los que no estén acostumbrados a esta corriente.