Da igual la región del mundo que se escoja. Las ruinas, el callejón, la línea de costa o los bosques han sido escogidos en algún momento por un ser humano y acompañados con una canción, lamento, ripio. Desde la colección de cantos goliardos del siglo XIII conocida como “Carmina Burana” (con los cuales Richard Dawson guarda numerosas similitudes), el género folk ha sido el único que no ha desaparecido del todo, pues nace de la sinceridad e inocencia de los pueblos. La renovación entraba a muy largo plazo dentro de sus cánones, pero la excesiva complejidad nunca, porque el público no podría entonarla.

Dawson supera en dedicación y efectividad sus previos trabajos, siempre raros, profundos y sutiles

Su obra es arriesgada, estridente y a veces puede pecar de agotadora, porque las disonancias y la suciedad apenas dan un respiro. Sin embargo, ligeras dosis de su imaginario coral, arcaico y experimental pueden resultar reveladoras.

Richard Dawson pasó unos pocos años de estudiante en la Edad Media, camuflado entre libros y discos de música antigua, rock progresivo e indie, y allí los luthiers le enseñaron su técnica. Cuando el timbre sonaba abandonaba los bocetos y se limpiaba las botas de hojarasca para dirigirse al mostrador y desde ahí atender a los clientes, hasta que estuvo lo suficientemente preparado para lanzarse al mercado o dejarse caer, porque hasta este año el pobre artista ha pasado prácticamente desapercibido en estanterías y estaciones de radio. Su obra es arriesgada, estridente y a veces puede pecar de agotadora, porque las disonancias y la suciedad apenas dan un respiro. Sin embargo, ligeras dosis de su imaginario coral, arcaico y experimental pueden resultar reveladoras. Por lo general, podremos encontrarlo en algún bosque, subido a las copas y retorciendo las posibilidades del sonido. La labor del cliente será encontrar uno, el más propicio.

Fotografía: Kuba Ryniewicz

Los textos son difíciles y poéticos, e igualmente geniales. Dawson ha mejorado la calidad de su voz aunque sigue manteniendo un timbre característico y áspero al estilo de Robert Wyatt, exagerando cuando la intención musical lo solicita.

En éste es fácil desorientarse. Nunca se han colocado señales, pues los únicos campesinos que lo frecuentan conocen los robles y las madrigueras mejor que su propia cabaña. Nosotros las hubiéramos necesitado. Ahora el amanecer está presto a descollar y resultará más fácil superar el insomnio y las pesadillas de la cencellada nocturna. De pronto una melodía se levanta. Una cohorte de confundidas trompetas proclama entre los bosques el pequeño reino de Bryneich. “Herald” comparte nombre y tributa a uno de los más espléndidos temas de freak folk: “The Herald” de los pioneros Comus. Esta exploración de colores e intervalos disonantes desemboca en la joya de la corona del álbum: “Ogre”. Antes de que podamos darnos cuenta las múltiples manos de la villa nos han tomado y narran con miedo las terribles nuevas que llegan de la ciudad. Los textos son difíciles y poéticos, e igualmente geniales. Dawson ha mejorado la calidad de su voz aunque sigue manteniendo un timbre característico y áspero al estilo de Robert Wyatt, exagerando cuando la intención musical lo solicita. Crujidos del chelo y demás cuerdas, palmadas distorsionadas, timbales primigenios y otros ruidos de origen impredecible conducen la tensión por veredas surrealistas y campos de raras flores hasta llegar a la cumbre lírica con “When the sun is climbing”, donde la magia y la emoción se desatan. A partir de aquí podemos aprobar que ésta no es música al uso y que el estilo compositivo es genuino y elaborado, pero mantiene su esencia y naturalidad folclórica de alguna manera.

“Peasant” no es música al uso y el estilo compositivo es genuino y elaborado, pero mantiene su esencia y naturalidad folclórica de alguna manera.

Un trabajo bastante escolástico de arpegios da pie a otro de los temas más accesibles, pero a la vez mejor compuestos melódicamente. “Soldier” retrata la situación de uno de los muchos habitantes del poblado, cansado y asustado. Es en la profunda introspección de los personajes y su ligazón con la música donde Dawson destaca incluso por encima de su peculiar estilo. Al soldado le sigue el siniestro tejedor. “Weaver” enhebra una maraña de telares ligados a su canción popular e invadida de musgo. Nos pide que demos la espalda al desdichado y entremos en el palacete en ruinas para aprender a preparar el brebaje. Mejor hacerle caso. Unos motivos fácilmente reconocibles dan paso a resoluciones místicas, múltiples alteraciones del centro tonal y visiones un tanto inquietantes. Hacia el final los arpegios se han convertido en desgarradores, mezclados con la rabia del pueblo y finalmente la técnica a capela que el músico ensayó en su segundo LP reconocido: “The Glass Trunk”. Las hogueras alumbran un nuevo cántico del reino.

Triste y contenido se le advierte en “Prostitute”, donde narra de manera impecable la vida de una mujer que es vendida de niña y debe denigrarse para sobrevivir. Por primera vez son apreciables las intrusiones eléctricas, que suponen, como todos sabemos, una trampa en este estilo de música, y no terminan de encajar. Las lágrimas de la prostituta corren en busca de una vida feliz, con sus propios niños y su propia hacienda. “Shapesifter” trabaja las maderas como nadie, involucrado en una danza de tiempo cojo y con la conciencia algo sucia. El bosque se muestra convulso mientras algún planteamiento reconocido en paseos previos insiste en regresar. Los trinos y las notas de adorno de los concurrentes a la tienda evitan en parte que el tema resulte reiterativo. Resulta cuanto menos chocante que una canción de aroma tan arcaico se llame “Scientist”, pero la villa cuenta con uno y en su alambique arden escamas de dragón y cota de malla de héroe. Armónicamente sencilla aporta la épica de la que carecen el resto de villanos, y sus recetas orientales resaltan constantemente.

Richard Dawson es un nombre todavía prácticamente desconocido, pero una generación de jóvenes aficionados a la música folk, para los que el indie ya no suena tan innovador, está empezando a cogerle cariño. La inteligencia y la profundidad con el que compone lo merecen.

La encantadora casa de “Hob” comunica a un patio a través de un pasillo tranquilo, cálido. Ha pasado la mitad de su vida hablando lenguas orientales, y esto queda recogido en los libros de su biblioteca, y el fogón en el que se preparan el guiso al que seguramente nos convidará. Al cerrar la puerta no estaremos seguros de lo que acaba de pasar, porque el vagabundo, “Beggar”, tocará la guitarra y él y su piojoso perro nos devolverán a un ambiente común y predecible que iba siendo necesario. Tiene un efectivo falsete, muy sincero, que va narrando la desoladora historia del animal y los llantos de su dueño (“¿Podrás perdonarme alguna vez?”). El acertado interludio “No-One” da paso con sus vibraciones de extraña granja al final del disco, “Messeuse”, que no podía constituir una forma más humilde de acabar. El estilo cambia en las manos del masajista, la electroacústica está de su lado. Camina desorientado, extrañamente escoltado por el pueblo. Algo incierto se desprende del brillo de sus ojos, y, aunque la conclusión pueda resultar poco convincente, no podía ser de otra manera, cuando la madriguera se cierra y los árboles desaparecen, arrastrándonos lejos del bosque, despiertos por el ladrido del perro de algún pastor.

Richard Dawson es un nombre todavía prácticamente desconocido, pero una generación de jóvenes aficionados a la música folk, para los que el indie ya no suena tan innovador, está empezando a cogerle cariño. La inteligencia y la profundidad con el que compone lo merecen. Pero una voz tan creativa como la del inglés aún puede dar mucho de sí y esperemos que lo haga.

Richard Dawson – Peasant

9.5

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Las disonancias forman parte de un lenguaje personalísimo, nunca tan bien empleado previamente. Los acercamientos a la atonalidad y los constantes giros armónicos tejen una atmósfera única, agridulce, un árbol mutilado, un paso más allá en la línea de bandas como Neutral Milk Hotel o The Microphones. Richard es relativamente joven, conoce de memoria los senderos de todos los bosques de Inglaterra, y está dispuesto a relatar nuevas historias si su nombre no desaparece bajo una intolerante capa de nieve.

Up

  • Las melodías, aunque intrincadas, son brillantes.
  • Estamos escuchando algo nuevo, fresco y natural con mucha complejidad.
  • Las letras son difíciles para el oyente no inglés, pero magistrales.

Down

  • Quizá sean necesarias varias escuchas para alcanzar el corazón del álbum.
  • El timbre de voz de Dawson puede echar para atrás.