Ya hemos comentado muchas veces en El Quinto Beatle la forma en que el pop siempre se mueve entre el tributo y la apertura de nuevos caminos. Si uno se para a analizar con cierto detenimiento el estado actual de las cosas, podría llegar a la conclusión de que hoy, más que nunca, es el revivalismo quien puede terminar por romper esa tensión entre el pasado y el porvenir: Auge de formatos como el cassette o el vinilo, reunión de viejas glorias que vuelven a los escenarios, festivales cuyos cabezas de cartel ya eran famosos antes del cambio de siglo, escenas particularmente deudoras de lo añejo… Algunos críticos parecen muy preocupados por esta adicción del pop a su propio pasado, incluso al más inmediato (“Retromanía”, Simon Reynolds).

Incluso hay quien ha querido ver el mismo problema en la escena musical nacional. Concretamente en la cantidad de grupos madrileños que, como Sierra, pueden recordar a la siempre alabada Movida Madrileña. En este punto resulta necesario aclarar un par de cosas, y es que, aunque en estos tiempos fugaces treinta años pueda parecernos una eternidad, lo cierto es que en términos históricos equivale a antes de ayer, por eso es lógico hasta cierto punto que canciones como las del EP debut del conjunto madrileño nos recuerden a Los Pegamoides. Y, por otro lado, la Historia del pop y de la música está llena gente que innovó imitando a innovadores: Ha pasado con Lennon y Buddy Holly, The Fall y la Velvet, el punk y el rock más primigenio o el synth-pop y el kraut de los setenta.

Es por la música, idiota

El producto nacional parece crecer año a año a nivel cuantitativo y cualitativo, y Madrid, entre otras ciudades, es responsable de ello. Las piezas son de lo más diversas pero dan como resultado un mosaico que orbita en torno al rock independiente y al que es fácil adivinarle una clara influencia ochentera.

El caso es que tenemos un circuito underground, y hoy me refiero expresamente al madrileño, lleno de vida, con grupos saliendo de hasta debajo de las piedras. Nuestras listas anuales dan fe de ello; el producto nacional parece crecer año a año a nivel cuantitativo y cualitativo, y Madrid, entre otras ciudades, es responsable de ello. Las piezas son de lo más diversas pero dan como resultado un mosaico que orbita en torno al rock independiente y al que es fácil adivinarle una clara influencia ochentera. Pero, ¿por qué? ¿No está ya todo dicho? ¿Será por la pasta? Parece poco probable que grupos como Discipina Atlántico, Biznaga, Los Claveles o los propios Sierra vayan a asaltar el mainstream y tocar en pabellones. ¿Por qué hacen lo que hacen? El mismo Hugo Sierra en una entrevista a Mondosonoro afirma no querer “proyectar una nostalgia” al tiempo que asegura tener “la misma inquietud que cuando tenía 15 años” y que sus únicas intenciones pasan por hacer canciones buenas y que perdurasen dentro de un tiempo, que la gente identificase una época de sus vidas con estos temas”.

Fotografía: Yago Castromil

Las canciones de Sierra son tremendamente adictivas y brillan por méritos propios. En “A Ninguna Parte” las tenemos de varios colores, siempre acompañadas por teclados new wave, limpios guitarreos a lo The Cure o los Smiths más cercanos al post-punk y una actitud entre lo intrigante y lo festivo como la que en su día exhibieron La Mode.

Más allá de disquisiciones sobre cuánto hay de homenaje a los ochenta en Sierra, debemos quedarnos con lo importante: sus canciones son tremendamente adictivas y brillan por méritos propios. En su debut en largo, “A Ninguna Parte”, las tenemos de varios colores, siempre acompañadas por teclados new wave, limpios guitarreos a lo The Cure o los Smiths más cercanos al post-punk y una actitud entre lo intrigante y lo festivo como la que en su día exhibieron La Mode. Tras un escueto y resultón EP, Hugo Sierra –el otrora integrante de Margarita y Prisma en Llamas– vuelve a la carga acompañado de otros nombres de la música independiente madrileña como Arturo Hernández (Juventud Juché), Clara Collantes (El Día Después) y Antonio Castro (Charades), consiguiendo un sonido que gana en homogeneidad y empaque y que, pese a no olvidarse del pasado, debe calificarse como tremendamente actual.

La urgencia pop de “No Eres Increíble” confirma los buenos presagios de aquel EP. Los teclados, los punteos, la base rítmica… Todo está perfectamente integrado para que las canciones crezcan sin perder un ápice de frescura rompiendo la regla del menos es más. Incluso cuando deciden alejarse de su supuesta zona de confort acercándose al synth-pop de Aviador Dro (“Perfectamente”) o a las texturas electrónicas (“Lala”) se muestran firmes e igual de evocadores en el apartado emocional de sus letras.

El pop siempre ha avanzado hacia delante mirando por el retrovisor a su propio pasado. Sierra hacen lo mismo en su disco debut, sin querer ser protagonistas de una gran revolución, pero sí buscando un camino y discurso propio que –lo más importante– esté repleto de buenas canciones para recordar.

Son precisamente las letras uno de los elementos que Sierra trabajan de manera más inteligente en sus canciones para ganar en personalidad y atractivo presentando situaciones complejas en las que aparece un rayo de luz en medio de lo que parece una situación de agonía existencial. En ningún caso esto acaba pasando factura al dinamismo y seducción de sus canciones. Un buen ejemplo de esto podría ser la melódica “Me destrozaré”, cuya melodía agridulce queda muy bien enfatizada en ese ritmo tan post-punk. En otras ocasiones los sentimientos de felicidad más plena, asociados al amor y la ternura, aparecen sin ningún tipo de pero o contrapunto y desde una cadencia más relajada (“Todo el tiempo”), como si ese característico nerviosismo pop fuera fruto de una contraposición de estados de ánimo. Esta teoría podría quedar confirmada por la irresistible “Amiga extraña”, llena de frases memorables que corear a pleno pulmón sobre una relación interpersonal que no va como debería, pero analizada desde una óptica optimista. Los arreglos brillantes, las guitarras cristalinas y un vídeo promocional estéticamente perfecto terminan de redondear la que puede ser la canción pop del año en nuestro país. La jugada se repite con cantidades variables de luz y oscuridad tanto en el plano musical como en el narrativo en otros capítulos destacados del LP como “Hacerlo fuerte”, “A ninguna parte” o “La noche criminal”, con un elegante y reflexivo Hugo Sierra cuya voz tiene una mayor capacidad de transmisión y adaptación de lo que podría parecer a primera vista.

El pop siempre ha avanzado hacia delante mirando por el retrovisor a su propio pasado. Sierra hacen lo mismo en su disco debut, sin querer ser protagonistas de una gran revolución, pero sí buscando un camino y discurso propio que –lo más importante– esté repleto de buenas canciones para recordar. No me cabe ninguna duda de que con “A Ninguna Parte” han dado un importante y certero paso para conseguir su objetivo. Además lo han hecho con Sonido Muchacho, que sigue pujando fuerte para ser considerado el sello más guay de España. Un aplauso para ambos.

Sierra – A Ninguna Parte

8.1

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Hugo Sierra se rodea de buenas compañías para presentar en sociedad su proyecto con, por fin, el debut en formato largo. Las canciones reducen los niveles de agresividad y espontaneidad respecto al EP de 2014 pero sin perder en frescura ni franqueza, presentando el punto justo de desesperación, optimismo y dulzura pop.

Up

  • La inmediatez con que te atrapan buena parte de las canciones del álbum.
  • El homenaje a La Movida, The Cure, New Order, los ochenta y todas esas cosas que conocemos, en su punto justo.
  • La voz de Sierra y sus letras, como último recurso para terminar de convencernos.

Down

  • Quizá la disposición de los temas, poniendo toda la carne en el asador desde el principio. De todas formas, no se aprecia un cambio a temas de relleno en ningún momento.