No creo que la etiqueta post-punk tenga demasiado sentido fuera del período comprendido entre 1978 y 1984. No por respetar la pretendida pureza musical del movimiento, ya que lo que ocurrió después de la eclosión del movimiento punk nos trajo una de las escenas más heterogéneas de la música popular del siglo XX. La antorcha del punk no tardó en consumirse por completo entre soflamas populistas y unos riffs directos que, al fin y al cabo, acabaron teniendo su hueco en la industria musical. A ese golpe nihilista en el tablero le siguió una generación de bandas que trató de aprovechar aquella grieta abierta en el sistema apostando por una verdadera ruptura con la tradición. No se podía cargar contra los convencionalismos apostando por estructuras convencionales: la revolución debería serlo en el fondo y en la forma. Revolucionario era romper con lo establecido, empezar de cero, para eso no podían simplemente vomitarse riffs que Chuck Berry había repetido mil veces. El prefijo post confirmaba la actitud proyectada hacia el futuro de la que bandas como Wire, Joy Division, The Fall, Talking Heads, PiL o Pere Ubu hicieron gala. Allen Ravenstine (Pere Ubu) no tardó en contradecir el mensaje de los Sex Pistols: claro que había un futuro, pero estaba en construcción permanente. Por eso, cuando se habla de Protomartyr como ejemplo de la consolidación de un movimiento revivalista del post-punk uno debe, como mínimo, arquear una ceja. Si algo tuvo claro el post-punk es lo que no quería ser, pero nunca hubo un consenso respecto a la dirección que debía tomar la escena. Esa falta de cohesión propiciada por una actitud arty y permanentemente sometida a revisión nos legó una enorme diversidad de ideas y sonidos, pero, a la postre, supuso la muerte del género (si es que puede llamarse así) y la imposibilidad de saber con certeza de qué hablamos cuando definimos algo como post-punk.

Protomartyr y el eterno dilema de la retrofobia en el rock independiente

El vocalista de Protomartyr desprecia el encasillamiento de su banda en el cajón del post-punk o del revival, pero es la eterna paradoja a la que se enfrentan: queriendo sonar agresivos y profundos sin caer en un homenaje al pasado acaban siendo interpretados como un homenaje a bandas que aparecieron hace casi cuarenta años.

Creo que Joe Casey estaría de acuerdo en esto conmigo. El vocalista de Protomartyr desprecia el encasillamiento de su banda en el cajón del post-punk o de cualquier cosa a la que se añada el apellido revival. Es la eterna paradoja a la que se enfrenta el cuarteto de Detroit: queriendo sonar agresivos y profundos sin caer en un homenaje al pasado acaban siendo interpretados como un homenaje a bandas que aparecieron hace casi cuarenta años. No obstante, sin negar lo alargado de la sombra de algunos de esos grupos, que se meta a Protomartyr y otras bandas que poco tienen que ver entre sí en un mismo saco es más fruto del cómodo automatismo de una prensa musical perezosa que del hecho de que Protomartyr sean una reencarnación de The Fall. La banda de Mark E. Smith o los ultra-referenciados Wire acumulan decenas de discos y cambios de formación, así que permitidme que ponga en duda que alguien pueda sonar a algo que no deja de mutar.

Joe Casey, Greg Ahee, Alex Leonard y Scott Davidson también han ido adaptando su estilo y parecen haber encontrado uno propio, algo realmente difícil en estos días para cualquier banda asentada en eso que por extensión llamamos rock. Los norteamericanos se encuentran en un momento dulce, con un cuarto trabajo recién publicado tras su fichaje por Domino Records y la posibilidad de apostar aún más fuerte por el compromiso artístico de tener una banda al poder dedicarse a dicho proyecto a tiempo completo. Tras unos inicios marcados por una mezcla equilibrada entre la herencia del post-punk y el garage más contundente, Casey y compañía decidieron pujar aún más fuerte por la oscuridad y la tensión constante en “The Agent Inteligect”, dirección que ahora confirman, robustecen y perfeccionan en este “Relatives in Descent”.

Fotografía: Daniel Topete

Acaso motivados por la elección de Trump, las letras mantienen su carácter realista, pero se afrontan desde un punto de vista social que acaba configurando un relato sobre el estado de lo colectivo, ajeno a muchas de las reivindicaciones individualistas del referido post-punk de finales de los setenta.

A Private Understanding”, encargada de abrir el LP, condensa en poco más de cinco minutos la tónica general del disco y el inusual espíritu de la banda. Ahora, acaso motivados por la elección de Trump como presidente de los Estados Unidos (la composición de las letras coincidió con los primeros meses en el poder del magnate), las letras mantienen su carácter realista, pero se afrontan desde un punto de vista social que acaba configurando un relato sobre el estado de lo colectivo, ajeno a muchas de las reivindicaciones individualistas del referido post-punk de finales de los setenta. La percusión marca, junto a una guitarra disonante, una progresión ascendente en la que la tensión sólo es cortada por momentos en forma de breves ramalazos punk mientras Casey pontifica sobre la posverdad, el relativismo y otros fenómenos socioculturales de la posmodernidad: “People live with a private understanding / Sorrow’s the wind blowing through / Truth is hiding in the wire”.

Here Is The Thing”, interpretada de forma más enérgica gracias al motor de reacción que es el bajo de Scott Davidson, mantiene la actitud crítica hacia el presente y no se muestra demasiado optimista sobre el futuro: “Here is the thing, here is the thing / And it will be with you for the rest of your life”. En apenas dos canciones la banda exhibe su genial estado de forma, y es que, a pesar de sus diferencias de edad y musicales (afirman que su único referente más o menos común es Wire), la sensación de un todo compacto se impone con claridad. Explotando esa diferencia de edad, Joe Casey parece querer dirigirse al resto de miembros de su banda (diez años más jóvenes que él) y el resto de millennials en “My Children”. Otro brillante ejercicio de guitarras oscuras que incorpora elementos del drone de la Velvet Underground con un Casey que aprovecha su elegante fraseo y su condición de veterano para relatar cómo su generación ha vendido el futuro de las siguientes.

My children
They are the future
Good luck with the mess I left, you innovators
My children
Pay dividends
Vomit and rage spewing forth in the drive-thru”

Tras unos inicios mezclando de forma equilibrada la herencia del post-punk y el garage más contundente, Casey y compañía decidieron pujar aún más fuerte por la oscuridad y la tensión constante en “The Agent Inteligect”, dirección que ahora confirman, robustecen y perfeccionan.

Durante el resto del disco los de Detroit harán de la tensión ambiental y la sobria pero impactante actuación vocal de Casey sus mejores recursos sin que apenas podamos encontrar un solo minuto de relleno o dos ocasiones distintas en que intenten vendernos un refrito del mismo plato. A veces esa tensión parecer no querer romperse, ya sea enseñando una cara más amable y delicada como sucede en “The Chuckler” o mostrándose incisivos y penetrantes: “Corpses in Regalia”. La mayoría de las veces la apatía vocal y las texturas opresivas son tan deliciosamente insoportables que sólo deseamos que acontezca otro de sus habituales cambios de intensidad y que nos liberen de un sopapo que afortunadamente acaba llegando: “Windsor Hum” y “Up the Tower” dan fe de este testimonio.

Pero, además de jugar a someter al oyente a una vía purgativa de tensión y desgaste el cuarteto sabe cuando conceder a sus fieles algún que otro pildorazo punkarra. “Caitriona” es el primero de ellos, y, pese a todo, no abandona la esencia sugestiva del conjunto. Tampoco podemos pasar por alto –si hablamos de esta faceta más directa de los Protomartyr– la adictiva “Don’t Go To Anacita”, que reviste el típico cinismo y desgarbo de Casey y los suyos con los mismos trajes que lucían The Clash en el 77. Sin embargo, y a pesar de que los artistas post-punk se mostraban convencidos de que un mensaje radical exige un contenido radical, los de Detroit demuestran en “Male Plague” que las concesiones formales en pos de un sonido más explosivo y fácilmente asimilable en una primera escucha por los amantes de las guitarras rápidas no entran en colisión con la posibilidad de mantener un discurso reivindicativo.

Protomartyr no son un conjunto de rock al uso, quizá eso sea lo que más cerca les sitúa de las bandas que vivieron el cambio de década a finales de los setenta. “Relatives In Descent” podría marcar un punto y aparte, no por un enorme salto de calidad, sino por la confirmación de una regularidad envidiable a lo largo de su trayectoria sumado al punto justo de inspiración.

Protomartyr no son un conjunto de rock al uso, quizá eso sea lo que más cerca les sitúa de las bandas que vivieron el cambio de década a finales de los setenta. Desde su inusual formación, con un líder que bien podría ser un contable o un funcionario de retribución media y vida anodina, que resulta convertirse –siempre alejado del histrionismo– en todo un predicador punk encima de los escenarios. El grupo nunca ha despuntado demasiado en cuanto a atención mediática, ni siquiera en los círculos alternativos a los que, indudablemente, va dirigida su propuesta. “Relatives In Descent” podría marcar un punto y aparte en ese sentido, no por un enorme salto de calidad, sino por la confirmación de una regularidad envidiable a lo largo de su trayectoria sumado al punto justo de inspiración que dan como resultado un disco comprometido, personal y actual en el que la sensibilidad artística del grupo se muestra equilibrada respecto al disfrute que su escucha proporciona.

Protomartyr – Relatives in Descent

8.1

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El disco más personal y genuino de Protomartyr resulta estar abordado desde un punto de vista colectivo. Una cuidada colección de canciones con niveles variables de corrosión y agresividad que confirman a Protomartyr como uno de los mejores grupos de guitarras del momento.

Up

  • La guitarra de Greg Ahee aporta muy diferentes matices a lo largo del LP dejando a Alex Leonard y Scott Davidson configurar el esqueleto de las canciones, también bastante dinámico.
  • Extraordinario Joe Casey.
  • Tensión e intensidad bien gestionadas. Logran un sonido rico y envolvente también cuando deciden ir al máximo.

Down

  • ¿Existe la posibilidad de hacer ruido con una guitarra y escapar de la sombra de aquellos maravillosos años?