Hace ya cuatro años desde que una muchacha delgada y con portentoso pelo se convirtiera en la primera dama (en ambos sentidos) de Top Dawg Entertainment, entrando así en la primera liga para codearse con los pesos pesados en el colectivo hip-hop del momento. Contando en ese momento con apenas 23 años, SZA se mudó así de su cuarto al estudio con apenas un par de maquetas amateur bajo el brazo y un estilo indeterminado que conversaba constantemente entre la electrónica, el neo-soul y el experimentalismo textural de Björk. Los ojos del hip-hop empezaron a girarse hacia aquella voz que acompañaba ahora a nombres de oro de TDE como Isaiah Rashad y Schoolboy Q.

Sin embargo, parte de la expectación generada por el matrimonio entre SZA y el sello no tardó en evaporarse tras “Z”, aquella especie de EP/Mixtape/Playlist (o como sea que llaman ahora a una colección de canciones a las que no se atreven a ponerle la etiqueta de ‘álbum’) que dividió al público, sorprendiendo a unos, dejando fríos a otros con su repertorio indeciso y un experimentalismo pretendido; el cual apenas convencía, quizás debido a una producción confusa que fallaba en su intento de revivir el carácter que había suscitado interés por SZA en primer lugar. ¿Será esa la razón por la que nadie se atrevió a considerarlo como debut? Quién sabe. La segunda oportunidad estaba servida y SZA se tomó su tiempo para cogerla.

“CTRL”: el debut que suena a debut sin ser debut

SZA es ese pájaro herido que decide mostrarse vulnerable en un trabajo que sólo toca la fibra cuando decide dejarse de estribillos vacíos y aportar sustancia a su narración.

Tres años de recogimiento en su guarida y colaboraciones esporádicas parecen haber sido suficientes para reconsiderar su posición musical y salir al ruedo con un estilo refinado y, ahora sí, un debut merecedor de su nombre en el que SZA parece dejar a Björk plantada por Ocean, centrándose en el neo-soul de tintes futuristas que tantas alegrías nos viene dando desde hace ya un puñado de años y que no parece haber exprimido aún todas sus posibilidades pese a encontrarse a un paso del inevitable olvido musical al que todo sonido particular está destinado en algún momento de su, por lo general, corta vida.

Fotografía: Press

SZA parece dejar a Björk plantada por Ocean, centrándose en el neo-soul de tintes futuristas que tantas alegrías nos viene dando desde hace ya un puñado de años y que no parece haber exprimido aún todas sus posibilidades pese a encontrarse a un paso del inevitable olvido musical.

Esto no quiere decir que SZA abandone su lado más agresivo, reviviendo en ocasiones la electrónica de apariencia maquinera, pero con alma hip-hop y mezclado todo en un revoltijo de rasgos confusos como el de “Garden (Say It Like Dat)” y su inclinación hacia un sonido future bass que bien podrían habernos vendido como remix de Flume. Otro ejemplo claro es el de “Anything”, tema aventurero como ninguno en el álbum que combina una interpretación directa a la mandíbula con una producción entrecortada que nos incomoda hasta el ataque de nervios (en el mejor sentido). Es sin duda en estos temas, los menos convencionales y más arriesgados, donde SZA saca a relucir sus armas ocultas, lo que es una pena teniendo en cuenta que al final acaban estos por conformar una parte mínima del disco, decantándose éste por un estilo más conservador y acorde con el mainstream.

No es difícil detectar las apuestas más fuertes del LP, delatadas tanto por su sonido como por sus colaboraciones. El primer lugar lo ocupa indiscutiblemente “Love Galore”, uno de los hits prematuros del año, apoyado por un efímero Travis Scott que saluda sin quedarse en un corte dominado por SZA de principio a fin, convincente en su interpretación, pero tambaleante en su letra. No es esto característica única de esta canción, sino que también se aplica a “Doves in the Wind”, cuyo sabor agridulce se produce no por el tema que trata (pussy, en caso de que alguien quiera saberlo) sino más bien por el contraste entre una instrumental gloriosa, clara predecesora del “DAMN.” de Kendrick, y una letra que no llega a hacerse con el concepto de un modo que no resulte superficial y previsible. A medio camino de todo esto se sitúa “Pretty Little Birds”, bonita resolución de la problemática propuesta por SZA a lo largo del álbum mediante la metáfora de un pájaro que, pese a los golpes, aún quiere volar. El sabor neo-soul se conjuga en clave experimental con una producción repleta de detalles minuciosos que, en conjunto con una estructura simétrica, consigue un efecto perfecto para finalizar, haciendo un uso más que justificado de Isaiah Rashad, todo sea dicho.

“CTRL” termina con el descontrol de una artista que encuentra la inspiración entre los escombros de una memoria conflictiva que se traduce en un estilo tensionado por diferentes inclinaciones. Termina el debut y comienza la carrera de la SZA madura, que se halla, ahora sí, más cerca de adquirir voz propia.

SZA es ese pájaro herido que decide mostrarse vulnerable en un trabajo que sólo toca la fibra en las ocasiones en que ésta decide dejarse de estribillos vacíos y aportar alguna sustancia a su narración (porque en el fondo este álbum sigue una narrativa de carácter confesional y tono íntimo). No parece coincidencia que la intimidad completa sólo se consiga con aquellos temas en los que SZA y The Antydote trabajan codo con codo. La química entre la cantante y el productor de TDE se deja sentir especialmente en “Drew Barrymore”, un magnífico corte donde las inseguridades de SZA quedan plasmadas de un modo devastador y poderoso, exponiendo heridas que, aún sin entender, sentimos en nuestra carne. “Normal Girl” sigue ahondando de un modo sincero en su relación con el género masculino y consigo misma, vulnerabilizándose en clave de R&B de un modo que contrasta con la SZA indiferente (¿o resignada?) de “The Weekend”, esta vez sí en un ambiente mucho más hip-hop que muestra un aspecto más de la poliédrica SZA, triste, pero también despreocupada y casual sobre un bombo y caja juguetón en “Go Gina”.

Quizás una de las decisiones más sabias en términos de estructura haya sido deshacerse de los fragmentos de baja intensidad que dominaban su último trabajo, dejándoles un espacio que, pese a ser honorario, no deja de ser marginal. Estoy hablando, por supuesto, de “Supermodel” y “20 Something”, primer y último temas respectivamente. Con su carácter acústico, ambos sirven perfectamente su cometido: uno como introducción al mundo de inseguridades y golpes de SZA, el otro como confesión de una mujer que se acerca a la treintena con la sensación inevitable de que los veinte se van sin dejar nada más claro. Termina así “CTRL”, con el descontrol de una artista que encuentra la inspiración entre los escombros de una memoria conflictiva que se traduce en un estilo tensionado por diferentes inclinaciones. Termina el debut y comienza la carrera de la SZA madura, que se halla, ahora sí, más cerca de adquirir voz propia.

SZA – CTRL

7.4

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115

SZA debuta (o no) con un álbum de madurez que perfila las aristas de sus primeros años y se sube al carro del neo-soul actual para entregar un trabajo satisfactorio que, sin innovar, funciona bien como síntesis entre el género y su visión artística. Las influencias están claras y la fecha de caducidad cercana. Aun así, una escucha nada desdeñable de una artista con presencia y fuerza envidiables.

Up

  • Sin dejar de arriesgar, la producción no intenta meterse en terrenos excesivamente inexplorados, lo que proporciona seguridad y estructura a cada corte.
  • La interpretación de SZA es intachable casi sin excepción, haciendo muy fácil la necesaria empatía en un álbum muy íntimo.
  • Hay un buen equilibrio de géneros.

Down

  • Las influencias se hacen demasiado obvias en ocasiones, recordándonos que el álbum pone pocos elementos nuevos sobre la mesa.
  • La pasión de SZA fluctúa, si no en acción, sí en palabra, impidiendo conectar con una música cuya letra a veces anda a rastras.
  • Se echa de menos más experimentación, o al menos cierto desafío a un oyente al que se le deja todo demasiado fácil.

Compartir