Año 1995. La escena musical aún estaba sobrecogida por el disparo que un año antes había acabado con el emblema rubio y desaliñado del grunge y aún faltaban unos meses para que dos hermanos británicos, tan macarras como necesarios, marcaran un nuevo rumbo hacia el final de siglo.

Entre el final de un género y el comienzo de otro, Madrid recibía los primeros rayos primaverales y un desconocido grupo proveniente de Los Ángeles, cuya estética nerd se alejaba del espíritu inconformista del momento, daba un concierto en la legendaria Sala Sol para presentar su –vapuleado por la crítica– primer disco.

La promotora española encargada de la difusión apenas dio cobertura a un evento que en ese momento consideraban un marrón en vez una oportunidad, por lo que la previsión de aforo no superaba el centenar de personas. Lo que no sabían los allí presentes es que esos tipos que parecían salidos de una precuela de The Big Bang Theory poseían un carisma genuino que plasmaban a través de temas como “My Name Is Jonas”, “Buddy Holly” o “Say It Ain’t So”, presentes en su debut homónimo.

Por este motivo y tras finalizar su corto setlist, los gratamente sorprendidos espectadores españoles se quedaron con ganas de más y así lo hicieron saber a voz en grito. ¿Y qué pasó? Que ese marrón llamado Weezer, tras haber mostrado todo su repertorio, decidió tocar de nuevo algunas de las composiciones de su ópera prima, comenzando así a cimentar su esencia: no hace falta tomarse la música en serio para tener una carrera exitosa.

Sin embargo y como todo en esta vida, los excesos no son recomendables. Tras más de dos décadas y diez álbumes a sus espaldas, el cuarteto norteamericano ha retomado su vuelta al estudio con la misma pasiva actitud con la que un niño va a misa, por lo que “Pacific Daydream” (2017, Crush Music) es un proyecto banal, plano y rodeado de confort en el que la ambición brilla por su ausencia.

“Pacific Daydream”: el sentido del humor también debe madurar

Un proyecto banal, plano y rodeado de confort en el que la ambición brilla por su ausencia.

El undécimo elepé de Weezer viene precedido de uno de sus discos más venerados por crítica y público. El hecho de que “The White Album” (2016, Crush Music, Atlantic) reafirmara que la banda liderada por Rivers Cuomo decidió al fin hacer un proceso introspectivo a través de un largo más reflexivo, y que en plena promoción de “Pacific Daydream” anunciaran nuevo proyecto, pueden servir para catalogar este trabajo como un nexo desenfadado, pero pobre.

Producido por Butch Walker, quien ha trabajado con artistas como Pink, Katy Perry o Taylor Swift, tan comerciales como distintos a Weezer, durante su escucha uno no puede dejar de preguntarse si nos encontramos ante una nueva broma del grupo. Una broma que, sin duda alguna, está tan fuera de lugar como de tiempo. Es cierto que Weezer tienen poco que demostrar, pero basta muy poco para pasar de la brillantez a la absurdez, y han corrido el riesgo de convertirse en una caricatura con la que, todo sea dicho, siempre han sabido jugar.

Es cierto que Weezer tienen poco que demostrar, pero basta muy poco para pasar de la brillantez a la absurdez, y han corrido el riesgo de convertirse en una caricatura con la que, todo sea dicho, siempre han sabido jugar.

“Pacific Daydream” es un LP que ya desde su inicio augura poco entusiasmo. Mexican Fender tiene un sonido teen y una configuración repetitiva en la que lo único destacable es la voz de Cuomo, tan peculiar como de costumbre. Sacado como segundo single, es un tema de apertura que ni se acerca a otros como el “California Kids” de su antecesor ni por supuesto al “My Name Is Jonas” de su primer trabajo. Beach Boys, como su nombre indica, es un homenaje al grupo del surf y el sol californianos. Como todo el CD, repite la estructura básica de una canción de rock, y a pesar de los intentos por inflarla a través de efectos se antoja insuficiente para destacar por encima del 80% del álbum.

Lo que no se puede negar es que Weezer saben elegir muy bien sus singles. Feels Like Summersupuso la presentación oficial del largo, y como al César hay que darle lo que corresponde y tenemos que ceñirnos al contenido de este elepé, hay que reconocer que es de lo poco salvable, aunque a este redactor le venga a la cabeza el “I Just Had Sex” de Akon y The Lonely Island en cuanto suena el estribillo. Además, el videoclip emulando al de “Paradise City” de los Guns N’ Roses me da la razón a la hora de pedir que Weezer vayan un paso más allá e intenten hacer un humor acorde a su dilatada experiencia. Por su parte, Happy Hour es la pieza más corta. Una canción con un inicio prometedor… y poco más. Un track que por momentos suena al Kanye West más criticado y al que le salva que Weekend Woman, su sucesora, es aún menos llamativa.

Con el gran “The White Album” Weezer demostraron que son una banda cuyo talento va más allá del humor y la ironía con los que suelen adornarlo. Sin embargo, “Pacific Daydream” parece un trabajo construido con descartes y temas sin ningún ápice de la esencia tan hipnóticamente desenfadada del grupo.

La segunda parte de “Pacific Daydream” comienza con el mejor –al menos el más pegadizo– tema de este. QB Blitz es una pseudobalada que, sin estar entre los mejores hits de Weezer, al menos mantiene una presencia lógica, algo que se añoraba después de tanto experimento hecho a bote pronto. Eso sí, la esperanza de que en este segundo tramo la cosa mejore dura exactamente los 3:18 minutos de “QB Blitz”.

Porque “Sweet Mary repite la esencia de BSO de película mala de adolescentes que “Mexican Fender” había vaticinado, mientras que Get Right, con un guitarreo que parece copiado del “Love Yourself” de Justin Bieber –lo que me duele hacer esta comparación no puedo expresarlo con palabras–, sólo alimenta un poco más las ganas de terminar de escuchar este lanzamiento. La Mancha Screwjob supone la penúltima –menos mal– canción del proyecto que nos ocupa. Una propuesta con una base de batería que recuerda a “Feel Good Inc.” de Gorillaz –y alivia mi dolor por la anterior comparación–. A pesar de que será olvidada en cuanto finalice, repone mínimamente la sensación de las dos anteriores melodías. Sensación que, por desgracia, regresa con Any Friend Of Diane’s. La clausura de este más que descafeinado trabajo resulta tan repetitiva y cargante como la mayoría de sus precedentes para así cerrar un álbum que parece haber sido hecho por obligación.

Weezer – Pacific Daydream

3.0

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Con el gran “The White Album” Weezer demostraron que son una banda cuyo talento va más allá del humor y la ironía con los que suelen adornarlo. Sin embargo, “Pacific Daydream” parece un trabajo construido con descartes y temas sin ningún ápice de la esencia tan hipnóticamente desenfadada del grupo. Puede que, acostumbrados a ellas, sea una nueva broma de  los californianos, pero a un conjunto con más de 20 años de carrera y un legado tan original se le presupone una actitud más sofisticada.

Up

  • Rivers Cuomo sigue manteniendo su particular voz, lo que hace que las canciones de Weezer sean identificadas al momento, incluso cuando están tan lejos del estilo que ha caracterizado siempre al grupo.
  • Al anunciar nuevo trabajo inmediatamente después de lanzar su último álbum somos varios los que hemos concebido “Pacific Daydream” como un punto de inflexión tras el magnífico “The White Album”.
  • El videoclip de “Feels Like Summer” parodiando el de “Paradise City” de los Guns N’ Roses nos trae a la memoria un vídeo que representa lo que era un gran concierto de rock a finales de los 80.

Down

  • La linealidad convertida en monotonía que caracteriza al LP de principio a fin provoca que hasta el mayor fan de Weezer sea incapaz de defenderlo.
  • Butch Walker es un gran productor, pero su fuerte está en otros géneros y sus prioridades son más comerciales que técnicas. Poner al productor de artistas como Katy Perry o Taylor Swift a trabajar con Weezer es como imaginar a Santiago Segura dirigiendo Annie Hall.
  • Jamás habría pensado que algún día metería a Justin Bieber y a Weezer en el mismo texto. Probablemente es culpa de mi daltónico oído, pero si a algún lector le pasa lo mismo este apartado está más que justificado.