Templeton pusieron patas arriba el ‘indie’ nacional cuando sacaron el primer adelanto de este disco. “Marzo Mayea” resultó ser una superproducción mesiánica de las que tanto les gustan a Los Planetas y muy al estilo de aquella inmejorable “La Copa de Europa”. Por eso, y porque habían pasado ya tres años desde su último largo, teníamos muchas ganas de ver cómo nos volvía a sorprender esta polifacética banda.

“Una mar enorme”: un enorme disco, una enorme canción

Se acabó la distorsión, ahora toca explorar otros territorios sonoros, más relacionados con las texturas y los ambientes.

Y es que desde que presentaran su ópera prima allá por 2009 de la mano de Subterfuge, el conjunto nacido en Torrelavega no ha querido encasillarse en ningún género o estilo musical y han dado a luz tres LPs a cuál más distinto. En esta ocasión han contado con la producción de un Paco Loco que se ha puesto al frente de la nave para hacerles de maestro de ceremonias en esto del pop añejo. Un camino que ya abrieron en aquel “Rosi”, su tercer largo, en el cual ya le dieron bastante a eso del synth-pop ochentero.

Este cuarto larga duración de Templeton supone un regalo para el ¿pop? ¿indie? ¿synth? nacional en este 2017. Un trabajo que, como la marea, va creciendo y atrapándonos poco a poco hasta que no queda más remedio que rendirse ante su grandiosidad.

Pero como decía, Templeton son tan polifacéticos que ni siquiera quisieron quedarse estancados en esa música que tan bien se les daba. “Año sabático” es una declaración de intenciones a propósito de este tema: se acabó la distorsión, ahora vamos a explorar otros territorios sonoros, más relacionados con las texturas y los ambientes que con el músculo de amplis y humbuckers. Así lo reconoció el propio grupo, que explicaba en las entrevistas que este iba a ser su primer disco “sin distorsión”. Y sigue así la cosa en “Largo recorrido”, un corte más de synth-pop que podría colar como descarte de su anterior disco, con una gran base de teclados y sintetizadores que serán la seña de identidad en este nuevo trabajo. La divertida “Flash” viene a confirmar que este álbum es un tobogán de momentos solemnes y megalomaníacos en contraste con pequeños destellos de pop desenfadado y entretenido. Algo así como “Me has dejado de gustar”, otro track de fácil digestión con sitetizadores y arreglos de cuerda muy presentes haciendo de base a una letra de desamor. O como “Se me llevan”, donde vuelven a brillar los sintes con poderosos strings, mientras que un bajo sexy y juguetón va aguantando el peso rítmico de la canción en un tema nocturno y ecléctico.

Esa ‘Cara A’ es luminosa y divertida, pero es que la ‘Cara B’ contiene alguno de los mejores momentos no sólo del disco sino de toda la carrera de la banda. Comenzando por “Conan”, una canción eléctrica de corazón acústico en la que se va desgranando una guitarra eléctrica en limpio que mantiene en primer plano una letra interesante, llena de retazos e historias cotidianas. Una anáfora con versos tan inspirados como “la vida es algo más que tener un hijo, la vida es algo más que ponerse fino”. Un collage que les queda como anillo al dedo (como ya demostraron en su segundo disco de corte más acústico).

Templeton han vuelto a demostrar que saben hacer muy buena música y vuelven a plantear, como cada vez que sacan disco, su asalto al gran público. Ya toca.

Seguimos con una “Nube gris” que es, en contra de lo que vaticina su título, un rayo de sol en este elepé. Un tema en el que va brillando la segunda melodía más inspirada del álbum (descubriremos cuál es la número uno dentro de nada, no se vayan), bañada en un pop preciosista y encantador al que le suman vientos de gran factura. Nada que ver con “Agua con sal”, que parece un momento de pretendida pausa antes de llegar al meollo de la cuestión, donde sólo vuelven a brillar, una vez más, los sintes de Betacam. Un merecido break para llegar, por fin, al primer adelanto del disco y canción que centraliza todo lo demás. Por mí podrían haberlo dejado aquí cuando la sacaron. Me refiero a “Marzo Mayea”, que salió en el lejano mes de julio. Me habría encantado al grupo mandando una nota de prensa para decir: “oye, que hemos tardado 3 años en hacer este tema. Y ya”. Me habría quitado el sombrero. Porque, para mí, “Marzo Mayea” es la nueva “La Copa de Europa”. Un tema tan mesiánico como excelso. Un in crescendo con un piano delicioso y una melodía que te hace sentir en casa, acústicamente hablando. La letra es una parrafada en la que van cargándose una relación de esas que te aprietan el corazón y la garganta. La producción vuelve a ponerse incandescente de tanto brillar: el sonido del viento digital, las texturas, el bajo, la voz en un plano perfecto –ni muy alta ni mezclada con los instrumentos–, el último minuto de letra… Todo forma parte de una canción que debe definir el rumbo de este grupo. Aunque luego se olviden en los conciertos como tantas composiciones épicas que nunca se tocan (“Toxicosmos”, “Reiniciar”) o como otras que sí y que representan el antisingle, pero también los momentos de mayor explosión creativa de un grupo (“Los días raros”, “Islamabad”).

Pasada ya la tempestad de la mar enorme, continuamos con los ruiditos y las letras pesimistas en “Remar”. Bueno, pesimistas u optimistas según te pille el ángulo de visión del vaso medio lleno o medio vacío. Lo que no es discutible es que las oleadas de placer siguen chocando contra la playa para dar lugar a un tema preciso y acogedor.

En definitiva, este cuarto larga duración de Templeton supone un regalo para el ¿pop? ¿indie? ¿synth? nacional en este 2017. Un trabajo que, como la marea, va creciendo y atrapándonos poco a poco hasta que no queda más remedio que rendirse ante su grandiosidad. Templeton han vuelto a demostrar que saben hacer muy buena música y vuelven a plantear, como cada vez que sacan disco, su asalto al gran público. Esperemos que esta vez les vaya mejor y podamos verlos en primera línea de festivales. Ya toca.

Templeton – Una Mar Enorme

7.3

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Templeton nos han conquistado con su cuarto disco, una obra tan polifacética como el propio grupo en la que destacan todas sus virtudes y en las que se aventuran con un tema de los que marcan la carrera de un grupo, la majestuosa “Marzo Mayea”.

Up

  • Aunque han seguido la línea de “Rosi” se agradece ese afán por tratar de sorprender (y sorprenderse) en cada disco.
  • Las letras siguen sonando frescas e interesantes, a pesar de que no son nada del otro mundo. O quizá por eso.
  • “Marzo Mayea” es “La Copa de Europa” del siglo XXI. Una canción por la que bien vale sacar un disco.
  • La producción de Loco, llena de elementos electrónicos, engrandece el resultado final.

Down

  • El disco raya a un gran nivel en su totalidad, pero sólo tiene uno o dos momentos épicos.
  • El ritmo general es pausado y calmado, podría decirse que no contiene ningún single (como hit pegadizo breve) claro.