Desde que unos meses atrás se anunció que el recinto elegido para el fin de gira de Fuel Fandango en Madrid era el Palacio de los Deportes se me vinieron a la mente varias ideas. La primera es la carencia de Madrid respecto a un recinto o sala de conciertos de tamaño intermedio entre La Riviera (con aforo para algo más de 2.500 personas) y el Palacio de Vistalegre y el WiZink Center (que rondan las 15.000). Esta incongruencia deja a un sinfín de artistas en el limbo y los obliga a elegir entre doblar fechas, dejar a un gran número de fans sin poder asistir a sus directos o afrontar la complicada empresa de enfrentarse a uno de los dos ‘Palacios’.

La segunda idea –en relación con la primera– era observar si Fuel Fandango conseguirían dar vida a un recinto con el que Love of Lesbian, Vetusta Morla o Izal (formaciones que a juzgar por los datos de asistencia a sus directos en salas o festivales, de ventas o de streaming mueven a muchos más seguidores que los autores de “Aurora”) han tardado años en arriesgarse. La respuesta la pude obtener nada más entrar a la pista, pues las gradas habían sido tapadas con paredes (y no con lonas como en otras ocasiones), generando un ambiente de sala grande que pareció bastante acertado para la ocasión. Chapeau en ese sentido para la organización, que logró equilibrar a la perfección la demanda con las características del céntrico espacio madrileño.

Una vez dicho esto, adentrémonos en lo estrictamente musical. En este aspecto cabe mencionar que el show reflejó algo que ya intuíamos: la propuesta de Fuel Fandango ha ido consolidándose a lo largo de sus tres álbumes de estudio y ha evolucionado hasta ofrecer una combinación perfecta entre tradición y modernidad, tal y como descubrimos en su último largo, “Aurora”, que ha potenciado al máximo la vertiente electrónica del dúo. En cuanto a sus integrantes, no se pueden pasar por alto las dotes como DJ y productor (no tanto con el bajo y la guitarra) de Ale Acosta. No obstante, quizá expone una cierta falta de carisma sobre el escenario. Eso, o que su compañera Nita ya la pone por él. Y es que la cordobesa, más allá de una voz magistral, afinada, potente y con carácter muestra personalidad en cada movimiento. No para de moverse por el escenario, de bailar, de taconear y de jugar con todos los recursos interpretativos que conforman la diferencia entre una cantante y una artista.

Pasaban unos minutos de las nueve cuando los versos de “La Aurora” de Federico García Lorca –conocidos también por los más melómanos gracias a la versión musical de Enrique Morente y Lagartija Nick presente en “Omega”– acompañaron la entrada en el escenario de esa gran artista que es Nita, ataviada para la ocasión con un vestido que haciendo un símil con su música parecía encontrarse en algún punto de unión entre los aires del sur y el universo Björk.  Junto a ella aparecieron Ale y una guitarra española y un bajo para poner patas arriba al público con la sensualidad y el arte de unas coplas y fandangos en un ambiente intimista. Este formato continuó en la delicada “Not True” y explotó con la intrusión en la electrónica de “Medina”, uno de los platos fuertes de la noche, y que a pesar de no contar con la presencia de Estrella Morente tuvo una gran puesta sobre el escenario con un vibrante juego de luces y un bailaor.

La evolución entre el minimalismo actual y los mayores coqueteos con el drum & bass y el R&B de su debut se evidenciaron el temas como “Burning” y “Talking”, momento que contó con la presencia de una sección de vientos que proporcionó más musicalidad y peso a muchas partes del espectáculo.

Quizá la parte más fría de la noche la protagonizaron “Mi Secreto” y “Today”, dos temas que siempre me han resultado un poco ‘relleno’ dentro de su último álbum. Sin embargo, antes de que la libido general decayese todo recobró sentido con los primeros acordes de “La Primavera”, que no por estar muy lejos de ser mi canción fetiche del dúo dejo de reconocer que fue uno de los momentos más celebrados del concierto. Tras ello, Ale se quedó solo en el escenario para convertir el antiguo Palacio de los Deportes en una pequeña rave entre una envoltura de futurismo luminosa. Con este pequeño truco introdujeron la segunda parte del concierto, donde sonaron las piezas más destacadas de la velada. Arrancó a partir de “El Todo Y La Nada”, con la compañía de Niño de Elche (única colaboración del día). Llegaron sucesivamente “I Say No” y tres momentos de euforia colectiva con “Trece Lunas”, “New Life” y “Toda La Vida”, en los que el público se dejó la garganta y sobre todo los pies, saltando y bailando. Pero sin duda la explosión llegó con “Shiny Soul”, el tema con el que conocimos a Fuel Fandango hace ya algunos años, y que con una solemne sección de viento metal representó a la perfección la fiesta que del recinto hicieron Fuel Fandango.

Con la enorme “Nature” se despidieron en falso, para regresar sin hacerse de rogar demasiado y entonar la melancólica y preciosista “Fragile”. Después de este breve momento de relax, el baile volvió a llegar con “Always Searching” y sobre todo con “Salvaje”, permitiendo un cierre apoteósico que representó a la perfección el crecimiento y la consolidación que han vivido Ale y Nita durante estos casi dos años de gira. Dos años que han dado para mucho y tras los cuales el dúo necesita recobrar energías para, a buen seguro, regresar con la fuerza y las ganas que les han hecho ganarse un hueco entre las formaciones más respetadas y queridas del ‘indie’ español.