Encontrar un sonido propio es algo muy complicado hoy en día, más incluso cuando tu música pertenece a un género repleto de grupos que ya han experimentado con todo, y más todavía si tienes la mala suerte de que las características más elementales y naturales de tu banda (como la voz) sean muy similares a las de otro artista. Sin menospreciar la habilidad, el trabajo y las virtudes de un grupo como Wand sí es cierto que el privilegio de ser ‘los discípulos de Ty Segall’ ha supuesto al mismo tiempo un pequeño inconveniente para ellos desde sus comienzos: las comparaciones son odiosas, pero es innegable que el sonido de Wand ha tenido siempre muchos puntos en común con el de su mecenas. Puede que ese sea el motivo por el que en “Plum” –su cuarto disco– han cambiado de tercio en muchos aspectos, siendo el propio sonido del grupo el más evidente y notorio.

“Plum”: los 90 no siempre dan buen resultado

Si antes era Cory Hanson quien llevaba las riendas en la composición de las canciones, en “Plum” han sido creadas entre todos, dando mayor protagonismo al trabajo en equipo y existiendo así una mayor coordinación entre los miembros de la agrupación.

Wand parecían destinados a convertirse en otro de esos grupos incansables e imperecederos de la escena norteamericana junto a sus coetáneos Ty Segall y Thee Oh Sees (a fin de cuentas han compartido productor), entrando al mundillo con tres discos publicados en un período de apenas trece meses; es decir, en poco más de un año. La propuesta de Wand no era rompedora ni original, puesto que como ya hemos dicho compartían bastantes características y reminiscencias con el sonido de otras bandas del estilo –especialmente con Ty–, teniendo un gran parecido incluso en la voz de Cory Hanson en más de una ocasión. La diferencia radicaba, sin embargo, en que por lo general Wand tiraban más hacia el garage y la psicodelia más pesados, arañando el heavy-psych, especialmente en aquel “Golem” de 2015 que nos permitió escuchar riffs asesinos de grupos como Fuzz o de nuestro querido John Dwyer pero con un mayor énfasis en la melodía, algo más cercano a gente como Mikal Cronin.

Dos años después desde “1000 Days”, su última referencia, y uno desde “The Unborn Capitalist From Limbo”, el disco en solitario de Cory Hanson, muchas cosas parecen haber cambiado en el grupo, empezando por su formación, en la que ahora se encuentra presente Sofia Arreguin al sintetizador y los coros. Pero eso no es todo, ya que si antes era Cory Hanson quien llevaba las riendas en la composición de las canciones, en “Plum” han sido creadas entre todos, dando mayor protagonismo al trabajo en equipo y existiendo así una mayor coordinación entre los miembros de la agrupación. El tercer factor es el tiempo desde su anterior trabajo y los acontecimientos que han tenido lugar desde entonces, y me refiero concretamente al disco en solitario de Cory Hanson, quien ha admitido que de no haber sido por ese proyecto probablemente este disco habría sido muy diferente.

Fotografía: Daniela Baiardi

Sin abandonar del todo el espíritu garajero ni la psicodelia Wand han virado hacia el rock noventero, al de grupos como Pavement, Modest Mouse o Guided by Voices. ¿Significa esto que por fin han conseguido alejarse de las odiosas comparaciones y que han dado con el elemento distintivo definitivo? Lamentamos decir que no.

Pero, ¿en qué ha derivado una banda que parecía haber encontrado un rumbo con el que ir a piñón fijo a pesar de no ser una propuesta especialmente original? Pues sin abandonar del todo el espíritu garajero ni la psicodelia Wand han virado hacia el rock noventero, al de grupos como Pavement, Modest Mouse o Guided by Voices. ¿Significa esto que por fin Wand han conseguido alejarse de las odiosas comparaciones y que han dado con el elemento distintivo definitivo? Me apena mucho decir que no. Tras una breve introducción titulada “Setting” que dice más de lo que parece ya que es puro ruido (y el ruido es un elemento bastante presente en este trabajo), nos adentramos en una homónima “Plum” cuyo arranque de piano nos trae inevitablemente a la mente esa “Beetlebum” con la que Blur abrían su disco homónimo de 1997. No me suelo quejar de estas cosas porque los parecidos y las similitudes son algo inevitable a estas alturas, pero en este caso aun gustándome la canción es como si tuviese rondando una mosca cuyo zumbido me susurra sin parar “Beetlebum”.

Por su parte, “Bee Karma” supone el single más claro del disco, con un riff muy potente y la clásica estructura loud-quiet-loud que aquí recuerda a los Radiohead de “The Bends” en algunos momentos (mucho más americanizados, eso sí). Hit directo y efectivo con una Sofia que destaca en los coros y un final catártico muy bien conseguido. Sin embargo, a partir de “Charles de Gaulle” (pieza que esta vez me trae a la mente los temas lentos del “…Like Clockwork” de Queens of the Stone Age) el asunto empieza a torcerse y a perder el rumbo entre una “High Rise” bastante interesante y experimental y una “White Cat” mucho más pesada pero que mantiene su sonido en la línea del rock y el lo-fi, a pesar de que es la que quizás se acerca más a sus anteriores trabajos.

Si bien hay detalles interesantes a destacar como los momentos más melódicos, la incorporación de Sofia a la banda o haberse atrevido a salir de la zona de confort, si hacemos balance encontramos más puntos negativos que positivos.

Uno de los temas que encuentro más consistentes y disfrutables es “The Trap”, una suerte de balada acústica que se asemeja más al trabajo en solitario de Cory y que destaca por su gusto en la melodía y un estribillo cálido y acogedor. Mientras, “Ginger” parece otra pieza de transición breve, melancólica y sin demasiado que ofrecer antes de dos últimas canciones mucho más extensas. La primera de ellas es “Blue Cloud”, con un arranque fuerte que no tarda demasiado en perderse entre las guitarras, cambiando de carácter en su segunda mitad para tornarse más oscura y potente, teniendo un resultado algo inconsistente en ciertos momentos pero satisfactorio en general gracias a los momentos de caos. El segundo y último de estos cortes es “Driving”, el cual sigue la misma tónica; medio tempo totalmente alejado de la garra de los anteriores discos del grupo, con secciones de cuerda y un solo de guitarra notable, poniendo punto y final a un disco que deja un sabor de boca agridulce.

Está claro que “Plum” está lejos de ser mi disco favorito de Wand pese a situarse quizás como el más rompedor de su carrera hasta el momento, y debo admitir que en el fondo no sé si el problema es del disco o mío. Si bien hay detalles interesantes a destacar como los momentos más melódicos, la incorporación de Sofia a la banda o haberse atrevido a salir de la zona de confort, si hago balance le encuentro más puntos negativos que positivos. La presencia de tanto medio tempo que hace que parezca casi otro disco de Cory cuando se supone que éste debería ser el disco más diferente al haber sido compuesto en conjunto, la irregularidad y la falta de coherencia en los temas y el constante ‘esto ya lo he escuchado’ en la mente suman muchas trabas a un trabajo que por desgracia hace que acabe echando de menos a los Wand de antes. Pero lo que más grave encuentro personalmente es que si alguna vez estuvieron cerca de conseguir su propia identidad esta vez parece haberse perdido todo atisbo de ésta.

Wand – Plum

4.7

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Tras un pequeño parón después del disco en solitario de Cory Hanson y de haber tocado con Ty Segall durante la gira de “Emotional Mugger”, Wand vuelven a escena con un disco que da un giro de 180º hacia el rock noventero con un resultado insatisfactorio e inconsistente que, lejos de ayudarles a encontrar su sello de identidad, los deja en medio de la nada.

Up

  • “Bee Karma” es un single apañado y resultón.
  • El componente melódico, muy destacable en “The Trap”.
  • Sofia Arreguin es una incorporación interesante…

Down

  • …Que tampoco tiene la presencia que merece a lo largo del disco.
  • Trabajo inconsistente y a ratos tedioso.
  • Se echa de menos la energía de sus anteriores discos.
  • No sabemos lo que vendrá después, pero este trabajo da la sensación de dejarlos en el limbo.