La peor pesadilla de un crítico musical es que le guste un disco (o peor, una banda) que no sea capaz de defender con argumentos racionales/razonables. Porque alguien de la calle puede decir abiertamente, no sé, que C. Tangana y Taburete son lo más grande que le ha pasado a la música española este año y quedarse tan a gusto. Pero si lo dices desde una tribuna como esta, aunque sea fabricada por ti, te expones a que te arrojen al foso de los leones con toda la razón del mundo. Al fin y al cabo, tú te lo has buscado.

En fin: esta columna de hoy va de cómo defender a un grupo que objetivamente no destaca en lo que hace, no le gusta a demasiada gente y sin embargo sigue tocándome la fibra cada vez que suena en mis tímpanos. ¿Qué grupo? The Rural Alberta Advantage. ¿Defenderlo ante quién? ¿Ante ti, lector/a? Qué va, sería tan fácil como deshonesto soltar cuatro lugares comunes, cascar un 8 y dormir tranquilo pensando que hoy alguien más descubrirá a estos canadienses de extraño nombre. Pretendo explicarme a mí mismo mi fascinación por esta gente, y eso es harina de otro costal. Spoiler: no lo termino de entender ni yo.

El extraño caso del grupo Milhouse

Este trío de Toronto son como una versión simplificada y directa de Decemberists con reminiscencias a unos Arcade Fire de pueblo que hubieran escuchado “In The Aeroplane Over The Sea” cada día de su vida hasta los veinte años.

Resumen a velocidad supersónica de la historia de la ventaja de la Alberta rural (si se traduce así es una duda que arrastro desde que les conocí): trío de Toronto, como una versión simplificada y directa de Decemberists con reminiscencias a unos Arcade Fire de pueblo que hubieran escuchado “In The Aeroplane Over The Sea” cada día de su vida hasta los veinte años. Desconocidos en buen grado, al menos por estos lares, donde por cierto no se han prodigado apenas. Batería (Paul Banwatt), guitarrista y cantante (Nils Edenloff) y multinstrumentista (hasta 2016 Amy Cole, ahora Robin Hatch), forman la banda. Con tres discos (este es el cuarto) en su haber, a razón de uno cada tres años: un debut plagado de himnazos de americana que tienen mucha culpa de que yo y otros incautos nos aficionásemos a su música en su día, un segundo disco algo más plano y continuista, y el tercero (“Mended with Gold”) que inexplicablemente quemé hasta la saciedad en 2014, cercano a sonidos de ‘indie’ genérico pero más que válido.

Fotografía: Vanessa Heins

The Rural Alberta Advantage no son un grupo de folk rock canadiense que saca su cuarto y digno disco, sino una cabaña cálida y acogedora en mitad del invierno en un bosque helado.

Y así, tres años después de aquel y con puntualidad británica tenemos un nuevo disco de la RAA entre las manos. Si es que ni en eso sorprende esta gente. Y yo, sin embargo, cayendo una vez más en su hechizo. Va a ser verdad que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma placa. La gran Beacon Hill empieza de hecho como si nunca se hubiesen ido, cosa que en realidad es bien cierta. Salvo por Amy Cole, que literalmente ha abandonado la formación siendo sustituida por Robin Hatch. Una lástima y un bajón en el apartado vocal, donde la primera tenía más protagonismo (especialmente en los primeros álbumes). Más allá de eso, pocos, muy pocos cambios se pueden esperar en este trabajo. Lo cual tampoco sorprenderá a nadie.

Es casi tan complicado decir algo en concreto de cada canción de cualquier disco de la RAA como inútil, pues todas se resumen con la misma estructura y todas se disfrutan igual, variando sólo lo acertado de la melodía elegida. Así, Bad Luck Again o Dead/Alive simplemente cumplen y aumentan el repertorio de la banda, mientras que otras más destacadas como Brother o, sobre todo, Toughen Up”, suben el listón. Por su parte, la acústica y entrañable Alright se muestra sin embargo algo ramplona y demuestra que el nivel de este álbum está relativamente lejos del de aquel “Hometowns”. Y aun así…

En realidad no son tan buenos, pero encuentran el camino a tu parte más sentimental como un cuchillo cortando mantequilla.

Merece la pena detenerse un segundo en la impactante portada de este “The Wild”, de Arthur Heming, conocido como ‘el cronista del Norte’. Evocar a Jack London con una paleta escasísima de colores es algo que hizo este pintor y que parece que pretendiesen imitar The RAA con su música. Llegados a este punto, va siendo hora de que me quite la careta y diga que esta gente usa conmigo razones que sólo el corazón entiende, antes de que me pueda la emoción y le acabe plantando el 8 que dije que no se merecía este disco. ¿Pero habéis oído ese pulso contenido deWhite Lights en el que pareciera que te van a estallar las venas del goce? ¿O esa joya desnuda que es Selfish Dreams? ¡No! Es cosa mía, creo. En serio, no es para tanto. ¿Verdad?    

Es un hecho que no es necesario en este Universo la existencia de una canción como Wild Grin, arquetipo perfecto de tema de The Rural Alberta Advantage. Y, sin embargo, mal no hace. Supongo que para el oyente medio tampoco hace nada especial esa batería desenfrenada y la voz objetivamente desagradable de Edenloff. Pero, para algunos, nos mejora la vida en un al menos un 8% durante tres minutos, y algo es algo.

Llegamos al final, y como RAA son de ese territorio inhóspito al norte de EEUU, otra cosa quizá no, pero educados son un rato. Así que tienen el detalle de despedirse antes de cerrar la puerta, con una Letting Go más suave de lo que acostumbran que nos deja en la boca ese sabor a bizcocho de abuela que tantos años y temas les ha llevado pulir. Si al final no soy yo solo el loco y pensáis que esta gente tiene ese algo, os agradecería que me mandarais una carta al psiquiátrico contándomelo. Porque ya no sé qué hacer, qué pensar, o qué escuchar, si mi poco fiable criterio es el de enamorarme de estos pobres canadienses una y otra vez. Al menos, durante media hora larga de cuando en cuando.

The Rural Alberta Advantage – The Wild

7.2

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The Rural Alberta Advantage no son un grupo de folk rock canadiense que saca su cuarto y digno disco, sino una cabaña cálida y acogedora en mitad del invierno en un bosque helado. Y no son tan buenos, pero encuentran el camino a tu parte más sentimental como un cuchillo cortando mantequilla.

Up

  • La portada, de Arthur Heming.
  • Lo de siempre, en dosis nuevas.
  • En serio, ni más ni menos: folk honesto, tempos acelerados, la voz de Eddenloff raspándote como lija, temas sencillos.

Down

  • Robin Hatch no canta apenas. Amy Cole sí lo hacía, como los ángeles.
  • Que no haya NADA nuevo. Incluso en mitad del bosque conviene algún cambio de vez en cuando.