Certeza:

  1. Conocimiento seguro y claro de algo.
  2. Firme adhesión de la mente a algo conocible, sin temor de errar.

La RAE define incertidumbre como la falta de certidumbre (no se han roto la cabeza, no). De este modo, si tomamos certidumbre como un sinónimo de certeza cualquiera que haya escuchado “Mismo Sitio, Distinto Lugar” puede sacar en claro que el cuarto larga duración de Vetusta Morla no tiene nada que ver con la definición que puede leerse más arriba. Y no es que lo diga yo (que también), sino que el propio grupo se ha hartado de repetirlo en diversas entrevistas para medios generalistas, especializados y radios. Es Guillermo Galván (al fin y al cabo uno de los principales compositores de la banda) quien explica que si “La Deriva” nació con todas las antenas puestas en lo que sucedía fuera, “Mismo Sitio, Distinto Lugar” es plenamente introspectivo y tiene su origen en el corazón de Vetusta Morla. Es, en definitiva, su disco de transformación, de refundación, un compacto en el que según Pucho ha primado una búsqueda de encontrarse a sí mismos de nuevo. Abrir una nueva etapa.

Abrazar la incertidumbre en el momento preciso

Si “La Deriva” nació con todas las antenas puestas en lo que sucedía fuera, “Mismo Sitio, Distinto Lugar” es plenamente introspectivo y tiene su origen en el corazón de Vetusta Morla. Es, en definitiva, su disco de transformación, de refundación, un compacto en el que según Pucho ha primado una búsqueda de encontrarse a sí mismos de nuevo. Abrir una nueva etapa.

¿Y por qué ahora? Desde que Vetusta Morla editaron su primer álbum de estudio “Un Día en el Mundo” (2008) ha pasado una década. Parece que todo sigue siendo igual, pero en realidad nada es lo mismo (parafraseando a Xoel López). El conjunto tricantino ha ido creciendo desde entonces sin dar un solo paso en falso hasta establecerse, sin ningún tipo de dudas, como la banda estatal más grande del momento. Así es. Con “Mapas” (2011) los madrileños fueron capaces de confirmar e incluso estirar los límites de una identidad sonora que desde el mencionado “Un Día en el Mundo” ya era totalmente propia y honesta y a su vez hacía gala de una curiosa capacidad para que cualquiera se pudiera identificar con esas letras intrincadas marca de la casa. No en vano aquel elepé puede contener algunas de sus mejores y más elevadas composiciones (como la insuperable “Los Días Raros”). Entonces llegó “La Deriva” (2014), un álbum que sin suponer ninguna gran revolución para el sonido del grupo sí nos permitió examinar a unos Vetusta Morla más urgentes, directos, hasta cierto punto crudos, que habían puesto la mirada en lo que sucedía en la España de 2014, como mencionábamos anteriormente. No obstante, en ese preciso instante sí percibimos el posible fin de una etapa para Vetusta Morla (al igual que para otras formaciones de corte más o menos similar). Quizás se había agotado un modelo, una fórmula o incluso no creo que resultara fácil ni complaciente lidiar con que durante los últimos años hubieran florecido demasiadas bandas que querían ser ‘los nuevos Vetusta Morla’. El caso es que parecía el momento ideal para que muchas de las agrupaciones que contaban con mayor popularidad arriesgaran y buscaran algo… diferente, por así decirlo. Love of Lesbian han tratado de experimentar con escaso acierto en el desmesurado y demasiado extenso “El Poeta Halley”; otros como Miss Caffeina han puesto la mirada en los ochenta para configurar “Detroit”, y aunque hoy en día es un sonido bastante manoseado la jugada no les ha salido nada mal. Mientras tanto, otros han querido permanecer en su espiral particular para seguir siendo los mismos y al final pasa lo que pasa cuando un campo fértil tras tantos años de explotación queda consumido. Y también hay quienes parecen haber caído un poco en el olvido o no han sabido mantenerse en la primera línea. Pero para los tricantinos tampoco parecía tener sentido el camino seguido, por ejemplo, por Bunbury en su reciente “Expectativas”, radiografiando la situación actual desde una perspectiva de desilusión y desengaño. Vetusta Morla han vuelto a acertar con su propuesta, pero es que, nuevamente, van un paso por delante del resto.

Nada ha cambiado y, sin embargo, todo existe de otra manera

El primer gran cambio que han experimentado surge en su propio núcleo, y es que como ellos mismos cuentan en los tres anteriores elepés jugaron con las formas de grabación y las retorcieron, pero éstas siempre tuvieron lugar en Sonobox a manos de Manuel Colmenero. Esta vez no. El germen está en su local de ensayo, sí, pero de ahí se han trasladado a los míticos Hansa de Berlín para que las diez canciones que conforman su disco más directo y conciso adquirieran nuevos matices y dimensiones junto al productor Campi Campón.

El primer gran cambio que han experimentado surge en su propio núcleo (irradiador o no), y es que como ellos mismos cuentan en los tres anteriores elepés jugaron con las formas de grabación y las retorcieron, pero éstas siempre tuvieron lugar en Sonobox a manos de Manuel Colmenero. Esta vez no. El germen está en su local de ensayo, sí, pero de ahí se han trasladado a los míticos Hansa de Berlín para que las diez canciones que conforman su disco más directo y conciso adquirieran nuevos matices y dimensiones junto al productor Campi Campón. No pasaremos por alto el lugar de grabación, por supuesto, pero es preciso señalar en primer lugar que las canciones viajaron ‘abiertas’ a la capital germana, permitiéndolas evolucionar y completarse lejos de casa, saliendo de la zona de confort y aventurándose a lo desconocido, y precisamente así es como “Deséame Suerte” funciona como excelente introducción al álbum. No se despega totalmente del sonido más clásico de Vetusta, pero tanto los primeros coqueteos con unas texturas electrónicas más acentuadas como la breve modulación vocal o esos versos “Soy lo que ves, soy un indicio / No reconozco mi propio carnet”, “Se apaga el carrusel / Deséame suerte” ponen las cartas sobre la mesa. Un nexo de unión a caballo entre lo que fueron y lo que está por venir, mientras “buscan las riendas de un nuevo corcel”. “El Discurso del Rey” continúa desarrollando la nueva sonoridad de la banda: la producción es más exuberante, las melodías parecen mostrarse algo menos controladas y con menos orden, sirviendo como soporte para una atmósfera cargada, sucia, frondosa, que vuelve a jugar con leves modulaciones y además nos ofrece algunas de las líneas más destacables de todo el compacto: “Bastará que aguantemos despiertos sin caer / Y hacer de la cuesta de enero nuestra rampa de lanzamiento / En mitad de este desconcierto”. Aquí sentimos por primera vez cómo muchas de las letras de “Mismo Sitio, Distinto Lugar” funcionan para evidenciar su actual situación como banda (explorando su refundación, su evolución, su mutación), pero al mismo tiempo actúan como un espejo para cualquiera que busque encontrar su propia identidad.

Seguidamente nos sumergimos en uno de los claros hitazos del trabajo, esa “Palmeras en La Mancha” que abre con el boletín del Mundo Today para introducir una divertida y satírica historia a.k.a. road movie de dos personas que hartas del mundo deciden comenzar una nueva vida. Inevitable no pensar en Thelma y Louise o en “Ser Brigada” de León Benavente por su fondo, aunque con mucha menos intención de himno aquí y una tremenda pegada que la producción lleva en volandas. La versión de estudio nos sugiere que debería ser una de las piezas que mejor se comporten en directo, y aquí es preciso resaltar que los madrileños no han pensado en ningún momento cómo reproducir las canciones sobre el escenario, algo que se nota en cada segundo de metraje, aderezando y condimentando todas las composiciones.

Muchas de las letras de “Mismo Sitio, Distinto Lugar” funcionan para evidenciar su actual situación como banda (explorando su refundación, su evolución, su mutación), pero al mismo tiempo actúan como un espejo para cualquiera que busque encontrar su propia identidad.

Cuenta el grupo que “Consejo de Sabios” fue la primera canción que empezaron a esbozar de vuelta al estudio con esa idea de abrir una nueva etapa en mente. Por eso resulta lógico que además de instaurarse como el tema más extenso de “MSDL” sea también en el que más se percibe la necesidad de renovarse, como la calma antes de una tormenta… ¿Incertidumbre? ¿Angustia? ¿Desesperación? ¿Inseguridad? El piano toma el protagonismo para contener una melodía que encuentra su sustento en el tejido más electrónico hasta romper en una segunda parte totalmente diferenciada, vigorosa y terriblemente abrumadora. “Caerán los imperios, caerán los estadios / Pero antes tendrán que caer nuestros santos”. Paren momentáneamente la reproducción automática y vuelvan a deleitarse con los infinitos detalles de esta pequeña joya que mira de tú a tú sin problema a sus mayores himnos (“Copenhague, “Los Días Raros”); una pieza que sí, conecta con la faceta ‘clásica’ de Vetusta Morla, pero que también está llamada a conquistar a quienes los tachaban de ser demasiado planos, uniformes y lánguidos. Resulta imposible imaginarse este tema en cualquiera de los anteriores elepés pero nunca dejan de sonar a ellos mismos, y ese es, probablemente, uno de los mayores triunfos del disco. Ahora empezamos a entender un poco mejor eso de que un mismo sitio pueda ser un lugar diferente, eso de que nada parece haber cambiado pero que todo existe de otra manera, como decía Sartre.

Así las cosas, tampoco podríamos imaginarnos algo como “23 de junio”, que se acerca audazmente a la canción popular en su concepción más clásica. La banda habla de un vals (sí, un vals) retrofuturista (sí, retrofuturista), y la verdad es que tiene todo el sentido del mundo ya que, si la despojamos de todo el aroma a Hansa, del trabajo de producción y de todas las alteraciones y transformaciones que buscan tender puentes entre el pasado y el presente surgidas en el laboratorio tricantino queda precisamente eso: un vals. Y qué vals.

Además de ser un trabajo más directo y breve, la infinidad de aristas que posee cada una de sus diez composiciones evita que aflore la monotonía. Asimismo, los madrileños han calculado muy bien las dinámicas y de qué forma jugar con los momentos de mayor éxtasis enfrentados a los más relajados, introspectivos o acústicos.

Otro de los aspectos que más me ha gustado de “Mismo Sitio, Distinto Lugar” es su propia estructura. Pese a que cada uno de los anteriores álbumes de VM me convencieron en mayor o menor medida y todos contaban con canciones más que destacadas, sí es cierto que en ciertos tramos la escucha se volvía un tanto monótona y homogénea. No quiero decir que no hubiera temazos que nos despertaran después de someternos al embrujo de sus composiciones más emotivas, pausadas o lacrimógenas, pero no como aquí. Ni de cerca. Además de ser un trabajo más directo y breve, la infinidad de aristas que posee cada una de sus diez composiciones evita que aflore la monotonía. Los picos están perfectamente medidos, y de esta forma empezamos a coger impulso nuevamente con “Guerra Civil”, corte que va creciendo progresivamente para representar ese conflicto al que alude el título. Sin embargo, más allá de que pueda tomarse como una batalla contra otra(s) persona(s) o como una crítica política, en el fondo la letra vuelve a actuar como un espejo; la lucha contra uno mismo para encontrar nuestro lugar o, tal vez, aquello que más anhelamos: “Si necesitas esta guerra para estar en paz / Podrás hacer de mí tu campo de batalla / Y un adversario en el espejo a quien culpar / De cada derrota”. Quizás sea uno de los mejores ejemplos de todo el disco en el que Vetusta Morla logran ensamblar más claramente la parte musical e instrumental, llena de contrastes, con la parcela lírica. Sin embargo, ya decíamos que simplemente estábamos cogiendo impulso, ya que ahora se nos viene un guantazo en la cara con todas las de la ley: “Te lo Digo a Ti” es otro de los platos fuertes de “Mismo Sitio, Distinto Lugar” por derecho propio. La que fuera primera carta de presentación (excelentemente elegida) descubre con total seguridad y de manera más radical la nueva vertiente del grupo a golpe de sintetizadores y un acercamiento al kraut-rock que tan de moda han llegado a poner León Benavente. Musculosa, intensa, agresiva, hasta provocadora. La canción más decidida que nos han entregado los tricantinos y hasta con un regusto… ¿punk? Las guitarras están ahí pero no rigen la melodía sino que se ejecutan de forma mucho más comedida, aunque con mayor intensidad, como dos ráfagas abrumadoras dentro de esa vorágine sonora en la que también las modulaciones para la voz de Pucho se hacen más palpables.

“Mismo Sitio, Distinto Lugar” es en general menos intrincado y enrevesado líricamente hablando que todos sus álbumes anteriores, y del mismo modo es su compacto más rico en matices, texturas y detalles. Seguramente no será tan recordado con el paso del tiempo como “Un Día en el Mundo”, pero abre una nueva era para Vetusta Morla. Una repleta de oportunidades y de nuevas rutas que transitar.

Ya hemos explicado que los madrileños han calculado muy bien las dinámicas y de qué forma jugar con los momentos de mayor éxtasis enfrentados a los más relajados, introspectivos o acústicos, como es el caso de una acogedora “Punto Sin Retorno” que retoma la temática general que envuelve al álbum y lanza un mensaje optimista para seguir hacia delante y cruzar hacia un nuevo umbral pese a la incertidumbre que supone saber que no tienes “fuel para regresar”, que sólo es posible el viaje de ida. Pese a ello, es la segunda composición más extensa de todo el disco y sí resulta un tanto pesada teniendo en cuenta que además se sitúa entre el cañonazo de “Te lo Digo a Ti” y “La Vieja Escuela”, seguramente el otro gran momento festivo de “Mismo Sitio, Distinto Lugar” a la par que emocional, aludiendo a nombres como The Doors, The Clash o David Bowie para tallar un precioso homenaje a figuras que han marcado personal y musicalmente a los miembros de Vetusta Morla. Una pieza directa al corazón que da paso a “Mismo Sitio, Distinto Lugar”, la conclusión del cedé y de todo lo que éste significa para ellos mismos, tanto en lo musical como en lo que se refiere a la faceta puramente humana de la banda.

El cuarto álbum de estudio de Vetusta Morla es un completo éxito por varios motivos, pero sobre todo porque el sexteto ha conseguido alcanzar su ansiada refundación y evolución como grupo, abriendo una nueva etapa, pero a la vez sin abandonar del todo su propia ‘marca’ ni perderse en el camino por querer hacer tabula rasa. “Mismo Sitio, Distinto Lugar” es en general menos intrincado y enrevesado líricamente hablando que todos sus álbumes anteriores, y del mismo modo es su compacto más rico en matices, texturas y detalles (gracias tanto a Campi Campón como al insigne Dave Fridmann). Seguramente no será tan recordado con el paso del tiempo como sí ocurre con “Un Día en el Mundo”, pero abre una nueva era para Vetusta Morla. Una repleta de oportunidades y de nuevas rutas que transitar. En definitiva, con “Mismo Sitio, Distinto Lugar” Vetusta Morla nos dejan con ganas de más, con ganas de saber qué serán capaces de concebir en el futuro. Bendito punto sin retorno.

Vetusta Morla – Mismo Sitio, Distinto Lugar

8.3

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Vetusta Morla abrazan la incertidumbre después de radiografiar la situación sociopolítica española con “La Deriva” (2014) y nos entregan su disco más conciso y directo. “Mismo Sitio, Distinto Lugar” es en general menos enrevesado líricamente hablando que sus predecesores, pero al mismo tiempo es el compacto más rico en matices, texturas y detalles de la banda gracias a la producción de Campi Campón y al insigne Dave Fridmann. Se abre una nueva e ilusionante era para los madrileños.

Up

  • Ser capaces de, en un momento dulce popular y comercialmente hablando, hacer tabula rasa sin perderse por el camino.
  • La producción de Campi Campón, permitiendo que las canciones viajaran ‘abiertas’ a los Hansa de Berlín, ha propiciado que todas las piezas adquieran nuevos matices y texturas.
  • La estructura del propio álbum, enfrentando los momentos de mayor éxtasis y los más relajados, introspectivos o acústicos. No hay espacio para la monotonía.
  • Sin necesidad de mirar constantemente hacia fuera Vetusta Morla logran ser menos enrevesados y crípticos, lo cual ayuda a reflejarse aún más en unas letras con la búsqueda de identidad como eje.
  • “Palmeras en La Mancha”, “Consejo de Sabios” y “Te lo Digo a Ti” se alzan desde ya como tres de las mejores canciones de toda su discografía para el arriba firmante.
  • Lograr un acuerdo con una multinacional como Sony no ha influido en sus decisiones artísticas, pese a que los permita llegar mucho más fácil y con más fuerza a nuevos lugares. Que aprenda alguno que se autodenomina ídolo.

Down

  • Deja con ganas de más. Diez canciones para un total de treinta y ocho minutos se antoja demasiado breve.
  • “Punto Sin Retorno” y “Mismo Sitio, Distinto Lugar” tal vez restan vigor al esfuerzo global al aparecer tan seguidas en el tracklist.