La vida está abandonada aquí y preferimos obsesionarnos con el exterior, que no es más que un  violento caos […] La vida sigue un orden bello y perfecto en la Tierra, algo que es un misterio profundo, pero aun así los seres humanos lo jodemos. Buscamos una guía en el mundo exterior, el cielo, para ayudarnos a entender nuestro motivo aquí y crear una sensación de coherencia”.

Del caos partimos y al caos miramos, probando una vez más la incoherencia del ser humano. En esto podríamos decir que se basa el discurso de Sufjan Stevens, extraído de una entrevista que concedió a NPR junto con Nico Muhly y Bryce Dessner y en la además que se permitieron desgranar Planetarium, un proyecto ambicioso que busca representar la inmensidad del sistema solar a través de composiciones equilibradas (gracias a cuatro prodigios de la música) que mezclan epicidad, electrónica y sutileza.

Miró al caos que domina el cielo y encontró en “Planetarium” su guía y salvador

“Planetarium” es un proyecto ambicioso que busca representar la inmensidad del sistema solar a través de composiciones equilibradas (gracias a cuatro prodigios de la música) que mezclan epicidad, electrónica y sutileza.

Lo que empezó siendo un encargo del Muziekgebouw Eindhoven a Nico Muhly en 2011 ha acabado convirtiéndose en un proyecto que reúne a cuatro amigos para dar rienda suelta a su creatividad. Muhly llamó a Bryce y Sufjan; y éste último convocó a James McAlister, con quien había venido colaborando desde tiempos de “Illinois”. Así se configuró este dream team en estado de gracia: Muhly contaba con el reconocimiento del mundo de la música clásica e indie-rock al haber trabajado como arreglista de gente como Antony and the Johnsons, Grizzly Bear o Jonsi. Mientras, Dessner venía de firmar con The National “High Violet” y Sufjan había hecho lo propio con “The Age of Adz”, otra obra ambiciosa donde mezclaba pop barroco con arreglos electrónicos. Para dejar constancia de esta unión se realizaron una serie de presentaciones y grabaron cierto material que quedó guardado. Con el paso de los años se recuperó para oxigenarlo y añadir los últimos detalles que dejaran patente la evolución que han experimentado los músicos en el último lustro.

En la nota de prensa el cuarteto comenta lo que trae cada uno a escena: Muhly el contexto y los cimientos de la obra, Bryce la complejidad rítmica y James las percusiones y secuencias. Sufjan, por su parte, hace la canción al uso, dejando, tal vez, su huella de forma más evidente al acercar ciertos leit motivs y el estilo de “Age of Adz”. Sin embargo, consigue distanciarse de su propia obra al embarcarse en un viaje de autoexploración que le sirvió para volver a coger el hilo conductor y la narrativa de cara a “Carrie & Lowell”. Miró al caos que domina el cielo y encontró en “Planetarium” su guía y salvador.

Fotografía: 4AD

De dioses y hombres: el universo según San Sufjan

Muhly aporta el contexto y los cimientos, Bryce la complejidad rítmica y James las percusiones y secuencias. Sufjan, por su parte, hace la canción al uso, dejando, tal vez, su huella de forma más evidente al acercar ciertos leit motivs y el estilo de “Age of Adz”.

Comenta Sufjan que las letras de este álbum empezaron siendo word salads. Soltaría frases en principio inconexas con la esperanza de encontrar un significado después. De esta forma comenzó a fraguarse una lírica en consonancia con la música hasta acabar confeccionando una dedicatoria a la vida, a la mitología y al universo exterior e interior de la persona. Las constelaciones a las que se hace referencia se formaban también en los versos de estas composiciones; ahí están los puntos y es el oyente quien traza las líneas para esbozar motivos. Todo empieza con “Neptune”, en la que Sufjan muestra al ser humano reflexivo (What’s right and what’s wrong?”) y dolorido en busca de perdón (Oh gods or forgive me in fortune”), mientras representa asimismo su divinidad y la capacidad de controlar su destino (Come and obey me, strange waters, have it your own way”) para culminar en un canto a la rendición (“So if you don’t trust me, it’s best if I drown”). Todo el imaginario que Sufjan va a utilizar en este álbum se manifiesta aquí con una melodía que nos pone en órbita. Empieza suave, con un piano que guía esa voz que fluctúa entre el tono regular de Stevens y unos gorgoritos bien brillantes que nos dirigen hacia un final luminoso de violines cristalinos y trombones, protagonizando un clímax que preparara el camino de cara a la primera gran obra del álbum: Jupiter, padre de los dioses y el mayor planeta del sistema solar. Empezamos con referencias a Dios, al autocontrol y el carácter destructivo de Júpiter entre percusiones muy à la “Age of Adz” –con un fondo vocal y de sintetizadores que, sin embargo, mira a “Carrie & Lowell”– y creando secciones bien diferenciadas que consiguen mantener la coherencia gracias al poder de Muhly: pasamos de este inicio a un pasaje de violines y deriva sideral muy Major Tom, acabando con la aparición robótica de Sufjan y un cierre de percusión casi abrasiva que se apodera de ti y deja sin aliento.

Sufjan se erige testigo y protagonista de la narrativa de “Planetarium”. Él mismo comenta que las letras empezaron siendo word salads. Soltaría frases en principio inconexas con la esperanza de encontrar un significado después. De esta forma comenzó a fraguarse una lírica en consonancia con la música hasta acabar confeccionando una dedicatoria a la vida, a la mitología y al universo exterior e interior de la persona. Las constelaciones a las que se hace referencia se formaban también en los versos de estas composiciones; ahí están los puntos y es el oyente quien traza las líneas para esbozar motivos.

Para asumir este momento breakbeat y la primera muestra de epicidad del álbum llegan los treinta segundos ambient de Halley’s Cometque nos arrastran con suavidad hacia Venus, donde aparece una progresión de sintetizador bella, colorida y suave arropada por una percusión llena de matices. Con Uranusse acierta al utilizar la misma técnica: inicio de secuencias y sintetizadores, pasaje de violines y trombones de carácter cinemático y cierre explosivo a partir de coros, siempre con la guitarra de Bryce destellando aquí y allá, inmutable, en contraposición a la voz de un Sufjan que vira entre lo orgánico y lo robótico.

Aunque Sufjan se manifieste con esta apariencia aséptica es curioso comprobar cómo, llegados a este punto, empieza a llevar a su terreno y su persona toda esta temática celestial. En “Venus”, por ejemplo, tenemos referencias a divinidades, pero se trata de la historia del primer encuentro sexual de Sufjan, que se alza, como digo, testigo y protagonista dentro de la narrativa de “Planetarium”. Aunque se base en la figura de los dioses para representar el amor, la desolación, la soledad o la guerra (como en Mars”), no podemos perder de vista que se trata de una representación del carácter complejo e inabarcable de un ser humano que muerde la mano que le da de comer. En este corte con más punch, percusiones de aroma al “Biophilia” de Björk y una voz irreconocible repleta de vocoder se habla del carácter bélico del hombre (I’m the god of war, I reside in every creature”) y de cómo recibirá su juicio por el daño causado (After all the devastation, we will see the Lord”). La estructura de “Mars” experimenta altibajos que Sufjan aprovecha para adquirir el papel de Dios y hombre, creando espacios de intimismo acompañándose de la guitarra de Bryce y sintetizadores que cogen más cuerpo conforme avanza el tema, lleno de color y texturas, pero regido por un perfecto equilibrio.

Sufjan, Muhly, Dessner y McAlister demuestran que el caos es arte. Han encontrado cierta coherencia en este infinito universo que nos rodea y en el que escenificamos una divinidad como algo que no termina de representar nuestros más internos deseos y emociones.

Y después de la tormenta, la calma. El siguiente tramo del álbum nos mueve por la infinitud del espacio para explorar su belleza. Black Energy”, “Suny Tides son tres obras de ambient sintetizadas que fluctúan entre lo metálico y lo industrial, abrazando poco a poco la belleza de unos arpegios coloridos que nos sacan de las tinieblas y nos introducen en Moon. En este caso se apuesta por un sonido que podría recordarnos a “Illinois”, especialmente por esa flauta que aparece aquí y allá marcando el paso de un tema que expande sus límites. Una pieza interesante, aunque no tan fascinante como Pluto” y esa guitarra que deja sin palabras, esos cinemáticos violines que dejan sin aliento y un final a base de coros acompañados por sintetizadores mutantes que ojalá no terminara nunca.

Pero todo se desvanece, y volvemos a ponernos en órbita hacia parajes desconocidos con Kuiper Belt”, mientras “Black Hole” nos avisa de que la historia se vuelve más peligrosa y caemos dentro de un caos gobernado por sintetizadores ruidosos e industriales. Este agujero negro nos devora y nos expulsa con destino a Saturn, el tema más amigable del álbum, protagonizado por la voz futurista de un Sufjan que canta sobre una melodía de arpegios saltarines que eclosionan en un compendio de percusiones animadas y algo bélicas, conduciéndonos nuevamente al ambient de In The Beginning, una introducción a la cumbre de este trabajo.

Sufjan transforma lo humano en divino y establece una narrativa que transcurre por las estrellas para manufacturar un análisis de la propia humanidad basándose en melodías siderales encarnan ese caos del universo. Una muestra más del genio de Stevens, Muhly, Dessner y McAlister, que han conseguido expandir sus límites creativos en una obra que es, simplemente, fascinante.

Earth” son quince minutos de exploración melódica que engloba toda temática sonora del álbum, y en eso se basa el canto a nuestra Tierra. “Earth” podría estar perfectamente a la altura de aquella “Impossible Soul” tanto por duración como por los cambios en su interior. Tenemos ambient, tenemos el contrapunto entre los crescendos capitaneados por ese escuadrón de trombones/violines (los momentos más íntimos podrían recordar a “Michigan”), y tenemos el núcleo de la lírica que rodea “Planetarium” y sobre la que hablábamos al principio: el hombre le planta cara al universo y a los entes celestiales por todo lo que le sucede (We in turn avenge the Author with paranoia and prediction”) para concluir que todo mal es culpa suya, recordando a lo que hizo ANOHNI el año pasado: I see it, the beauty of the Earth on my death bed, but it’s too late, I’m such an idiot”. Para esta parte el cuarteto se apoya en una instrumentación más intensa, con mayor peso de la percusión, teclados rotos y una voz robótica. En este tramo final de caos, confusión y preocupación por el devenir del ser humano, Mercurypone orden y nos recuerda que el universo es bello. Toda teatralidad es dejada a un lado con el fin de ofrecernos una pieza protagonizada por el piano de Muhly, la guitarra de Dessner y Sufjan cantando sobre la sensación de perder algo que has amado durante mucho tiempo.

Sufjan consigue convertir la pérdida en algo dulce y establecer un viaje interesestelar junto a Nico Muhly, Bryce Dessner y James McAlister, demostrando que el caos, de hecho, es arte. Estos cuatro músicos han encontrado cierta coherencia en este infinito universo que nos rodea y en el que escenificamos una divinidad como algo que no termina de representar nuestros más internos deseos y emociones. Sufjan transforma lo humano en divino y establece una narrativa que transcurre por las estrellas para manufacturar un análisis de la propia humanidad basándose en melodías siderales encarnan ese caos del universo. Una muestra más del genio de Stevens, Muhly, Dessner y McAlister, que han conseguido expandir sus límites creativos en una obra que es, simplemente, fascinante.

Sufjan Stevens, Bryce Dessner, Nico Muhly & James McAlister – Planetarium

8.7

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Sufjan Stevens, Nico Muhly, Bryce Dessner y James McAlister se alían para confeccionar su proyecto más ambicioso hasta la fecha: un canto al Sistema Solar donde se dan la mano el ambient, la electrónica abrasiva repleta de texturas, la epicidad orquestal y el sentimentalismo de unas letras que buscan representar la divinidad del hombre y lo mortal de lo celestial.

Up

  • La ambición del proyecto, tanto a nivel lírico como a nivel melódico.
  • Temas realmente destacables dentro de las respectivas discografías de los cuatro: “Jupiter”, “Mars” y “Earth”.
  • Los momentos más animados y directos como “Saturn”.
  • El equilibrio y la compenetración de los músicos, que forman un equipo de diez.

Down

  • La posición dentro del tracklist de los momentos más ambientales puede romper algo el ritmo del álbum.
  • Hay momentos en los que parece un descendiente demasiado directo del “Age of Adz” en lugar de una obra en comunión de cuatro músicos consagrados.