Dos años después de aquel magistral “We Are Here / You Are Not (2015), los Cometas de Otoño vuelven con un nuevo trabajo discográfico que les devuelve a las raíces hispánicas tras siete años de carrera cantando en inglés. “Realejo (La Estanquera, 2017) llega con ocho nuevas canciones en pleno ecuador de su estación favorita. La banda de Juan Palomo (voz y guitarras), Emilio Llorente (guitarras), Gonzalo Bautista (teclados), Mario Pérez (bajo), Pablo Palomo (batería) y Manuel Moreno (viola y percusión) vuelve a demostrar que son un conjunto con mucho que decir y demostrar dentro de la música independiente de nuestro país.

Un viaje mirando al Sol con estallidos ambientales

Autumn Comets han conseguido hacerse un hueco dentro de las bandas más originales de este país y consolidar un proyecto musical que ya cuenta con cuatro álbumes de estudio y colaboraciones estelares, como Russian Red o el mismo Micah P. Hinson.

Su música está plagada de detalles. Retazos de folk norteamericano, estallidos ambientales que embadurnan las pistas hacia el kraut o el post-rock, momentos sinfónicos protagonizados por la viola; suavidad y armonía, contención e intensidad, ruido y caos. Todo ello sostenido por una sólida atmósfera electrónica de sintetizador, que recuerda mucho a la escena indie del nuevo milenio de grupos como Death Cab For Cutie, Modest Mouse o The Shins. Pero más allá de las comparaciones, Autumn Comets han conseguido hacerse un hueco dentro de las bandas más originales de este país y consolidar un proyecto musical que ya cuenta con cuatro álbumes de estudio y colaboraciones estelares, como Russian Red o el mismo Micah P. Hinson.

Fotografía: Sergio Albert

Aquí tenemos Autumn Comets en estado puro: guitarras a camino entre el clean y la distorsión, un hipnótico sintetizador y la viola sazonando las pistas con pasión y humildad.

“Realejo” arranca con un rasgueo suave que avanza hacia un diálogo sostenido entre bajo, guitarras y sintetizador. Se trata de Viernes de Dolores”, el primer single y canción elegida para presentar este nuevo trabajo. Referencias a Sun Kil Moon, un estribillo emocionante y la voz de Ricardo Lezón de la banda amiga McEnroe para hacer de padrino de lujo. El segundo corte del disco, “Sangre y Madera”, es un testamento de la buena forma en la que se encuentra la banda. Con un ligero parecido a “Cavar una fosa”, de su anterior álbum, las guitarras trenzan arpegios a lo largo de toda la canción a medida que la voz la acompaña. Destaca por su lirismo decadente en las letras, algo muy presente en la banda en cualquiera de sus discos, inspirado en mayor o menor medida por los versos de la corriente literaria del realismo sucio: “Escupo hierro y sangre / los días son violentos / al despertarme se clavan / con las horas que dejo muertas”.

Costa Tropical” representa el segundo y definitivo arranque del disco. Se aprecia cierta similitud en cuanto a intención con “Baltimore”, de su segundo disco “Moriréis en Camboya” (2013). Un inicio post-punk de bajo se suma a las guitarras, al más puro estilo dream pop, que sobresalen en la ecualización respecto al resto de instrumentos. Es así como llegamos al ecuador del álbum y uno de los temas más potentes del disco, quizás el mejor conseguido: “La Montaña Vino a Mí”, en la que una base electrónica al más puro estilo kraut nos da la bienvenida. Segundos más tarde comienzan a entrar las guitarras, el bajo y la batería en un avance progresivo. La voz de Juan Palomo y su interpretación destaca sobre el resto de canciones. Pisajística y onírica, “La Montaña Vino a Mí” parece testificar la pequeñez del ser humano ante la inmensidad natural que lo rodea. Autumn Comets en estado puro: guitarras a camino entre el clean y la distorsión, un hipnótico sintetizador y la viola sazonando las pistas con pasión y humildad.

Costas tropicales, cordilleras nevadas y un viernes existencialista

La temática del álbum se resume en horizontes naturales, bosques, campo, cosechas y vergeles, vuelta a la tierra, a lo propiamente castizo.

A lo largo de la escucha, nos sorprendemos por la temática discursiva que ha adoptado la banda para este “Realejo”. Horizontes naturales, bosques y campo, cosechas y vergeles, vuelta a la tierra, a lo propiamente castizo. Algo que quizás habían pasado por alto en sus anteriores álbumes y que se ve reflejado en mayor o menor medida según avanza el tracklist. Después de atravesar costas tropicales, cordilleras nevadas y un viernes existencialista con tintes religiosos, nos damos de bruces con un tema que parece alojar un mensaje político subliminal. “Nada Nuevo Bajo el Sol” parece dar fe de ese pesimismo ante las circunstancias sociales y económicas de nuestro tiempo. Si hace unos años las bandas y músicos independientes nacionales lanzaban discos cargados de optimismo con motivo del nacimiento de los movimientos sociales, hoy en día la desilusión y el desengaño toman protagonismo al asimilar que nada ha cambiado sustancialmente, y que seguimos igual o, incluso, peor.

Larsson” es un tema para volver a tomar tierra y respirar. La viola protagoniza uno de los grandes momentos del álbum según se acerca el final y la ecualización de las guitarras nos retrotraen a leyendas del post-rock y de la música espacial, como Low, Yo La Tengo o Explosions in the Sky. De igual forma, “Cortijo” es una canción sustentada por arpegios y teclados. Recuerda en ciertos detalles a “The Map and The Treasure” de “We Are Here / You Are Not” pero, desgraciadamente, no tiene tanta fuerza como esta, y hace que el álbum se desinfle un poco.

“Realejo” desecha la oscuridad presente en sus anteriores discos para dar paso a un collage sinfónico de sonidos y texturas más refulgentes.

En comparación con su predecesor, “Realejo” es un álbum que destila un espíritu más optimista y luminoso. Con todo ello, se antoja este nuevo trabajo discográfico como un segundo nacimiento de los madrileños hacia territorios más shiny. Después de sus álbumes cantados en inglés, desde “A Perfect Trampoline Jump” (2010) hasta “We Are Here / You Are Not”, esta colección de canciones desecha la oscuridad para dar paso a un nuevo collage sinfónico de sonidos y texturas más refulgentes.

Y llegamos al final con la canción que da título al álbum, “Realejo”. Se trata de un folk espeso, plagado de arreglos ambientales y electrónicos, que avanzan hasta romper con todo el arsenal instrumental para luego volver a la calma. “La raíz que volverá a crecer / monte y mar / y un vergel / y cuidar bien de él”. Las letras reflejan la temática general del álbum, esa vuelta a la naturaleza como paraíso perdido. Estilísticamente, se parece mucho a los más recientes discos de Low Roar, pero a medida que la canción progresa la vanguardia se hace paso hasta llenar las pistas de ruido y éxtasis. Un final deslumbrante y colosal para dar punto final a este éxodo por carreteras, valles y montañas. Una despedida más que anticipada con billete de vuelta.

Autumn Comets – Realejo

8.0

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Los madrileños se consolidan como una de las bandas de referencia de la música independiente joven de nuestro país. Con su primer álbum escrito íntegramente en castellano, ahondan en la búsqueda del paisaje natural sonoro, poniendo énfasis en ese estilo tan personal que conjuga la música espacial con el folk, el post-rock o el pop progresivo.

Up

  • La capacidad de renovación de la banda dentro de sus propios parámetros musicales.
  • “La Montaña Vino a Mí”, como una de las mejores canciones escritas en castellano del año.
  • El brillante estado de forma de todos sus componentes que hace saltar la magia en los momentos más álgidos y la emoción en los momentos más pausados.

Down

  • El álbum se queda corto teniendo en cuenta que sus anteriores discos llegaban a los diez temas. Puede dejar con ganas de más.
  • “Larsson” o “Cortijo” restan intensidad al conjunto, a pesar de estar muy bien resueltas y enfocadas.