Nada parece perturbar a Dan Bejar mientras, disco a disco, va cimentando una de las discografías más sólidas de los artistas contemporáneos de su formato (cantautor escudado por una banda de rock). Nada parece inquietarlo a juzgar por su talante tranquilo, plasmado en su música, que no estático. De hecho, la carrera de Destroyer es una continua huida hacia adelante del concepto prototípico de cantautor triste, carrera en la que esta vez pisa el acelerador y se aleja de sus versiones anteriores más que nunca.

Su último disco acaba de ser publicado por Merge Records, y lleva por enigmático título “ken”. Teniendo en cuenta que el último, de hace dos años, se coló en la mayoría de listas de mejores álbumes del año, y que por lo general Bejar no ha dado un paso en falso a lo largo de su ya dilatada trayectoria, el hype está justificado. Si decía José Sanz en la reseña de aquel “Poison Season” que nos encontrábamos ante su disco más jazzístico (por lo cuidado de la instrumentación), con este sin duda nos situamos ante el más electrónico.

Destroyer entrando en la pista de baile

Si con “Poison Season” nos encontrábamos ante su disco más jazzístico, aquí nos situamos ante el más electrónico.

Undécimo de su colección, al menos bajo la marca Destroyer (es colaborador habitual de The New Pornographers, por ejemplo), este “ken” es un disco singular. A pesar de que existe ese rasgo de diferenciación entre todos sus álbumes, probablemente estemos ante la oveja negra de todos ellos. Aunque apostaría a que en el futuro éste compacto encajará como un guante en el conjunto de toda su discografía, sentando asimismo las bases para sabe Dios qué próximos movimientos del canadiense.

Las canciones de Destroyer eran esquivas, metafóricas, etéreas, tanto en las letras como en el sonido, requerían un buen número de vueltas para acabar de comprenderlas. Al menos hasta ahora. Eso sí, tampoco podemos decir que Bejar se haya desprendido de la mayoría de sus signos de identidad.

Para empezar, hay que aclarar que Bejar no se ha desprendido de la mayoría de sus signos de identidad. Las letras crípticas y llenas de su humor extraño, las melodías nítidas y cantables, su voz nasal… todo eso sigue ahí, desde esa primera “Sky’s Grey” que abre el trabajo. Sin embargo, la manera de romper en un estallido de sintetizadores a los dos minutos nos adelanta acontecimientos, y es el primer indicio de que algo ha cambiado en el fondo de Destroyer. Tras el flechazo pop de “In the Morning” llega la rotunda “Tinseltown Swimming in Blood, que representa a la perfección ese cambio: “I was a dreamer, watch me leave”Normalmente las canciones de Destroyer se parecían a esos simuladores de agujero negro que hay en los museos de ciencia, en los que lanzas una canica tangencialmente y ves como va cayendo órbita tras órbita hasta el agujero central. Esquivas, metafóricas, etéreas, tanto en las letras como en el sonido, canciones que requerían un buen número de vueltas para acabar de comprenderlas. Así eran sus temas, al menos hasta ahora. Y el ejemplo más claro del cambio es esa Cover from the Sun tan simple como adictiva desde la primera escucha.

Cambiar para que nada cambie. Destroyer sigue haciendo discos todoterreno para que se los enseñes emocionado a tus padres, a tus hermanos y a tus hijos, cuando toque.

Entre tanto sintetizador sorprende el oasis acústico de Saw You at the Hospital, como un intermedio luminoso y familiar. Además fue parida en un hospital suizo en el que acabó Dan tras sufrir una neumonía en mitad del tour de “Poison Season”. Lo cual es una buena anécdota, que mejora si se aclara que la neumonía se debió a la combinación fatal derivada de muchos conciertos seguidos y exceso de alcohol. Tras ella, un ritmo oscuro y cálido nos presenta A Light Travels Down the Catwalk”. En esa alternancia de ramalazos del teclado y breves riffs de guitarra sobre una machacona base electrónica reside la receta del éxito de este nuevo Destroyer. Aunque conviene no perder ojo a su versión acústica de la edición extendida.

La extravagante Rome y su aroma a los Cure abre la cara B del LP de forma algo extraña, con un nuevo estribillo repetitivo y taladrante (“you do as romans do”) que acaba encajando a la perfección en el conjunto del disco. Por su parte, Sometimes in the World es, sencillamente, la canción pop del año. Pero, ¿de qué año? ¿1987? Desde luego no desentonaría en la discoteca de San Junipero. La combinación de fondo rockero, cubierta de purpurina y aquella base electrónica presente en todo el disco hará que muchos músicos con nostalgia de los ochenta la escuchen y, como su estribillo, se digan: “No puedo pagar por esto: todo lo que tengo es dinero”. Sin embargo, una y otra vez que la escucho me llevo el mismo disgusto: es demasiado corta.

Con temas comoIvory Coast o Stay Lostse entiende por qué Dan nos decía que para él su música en este trabajo se acerca más al post-punk que a la música de baile. Aunque realmente no es ni una cosa ni otra, sino una especie de mestizo de ambas que suena innovador, oscuro y extrañamente magnético, que no llega a ponerte a bailar del todo pero te atrae hacia él como mosca a la miel. Salvo el cierre de la especialmente guitarrera y ochenteraLa Regle du Jeu, en la que Destroyer aprovecha para tirarle pullas a su vecino del sur mientras la discoteca va encendiendo las luces y la noche llega a su fin. Y, de paso, nos deja con ganas de oírle más en francés. Cambiar para que nada cambie. Destroyer sigue haciendo discos todoterreno para que se los enseñes emocionado a tus padres, a tus hermanos y a tus hijos, cuando toque. O para que te los guardes para ti como un placer egoísta que no quieres compartir con nadie. Eso es cosa tuya.

Destroyer – ken

8.0

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Undécimo disco (se dice pronto) de Destroyer, uno de los músicos independientes más interesantes de nuestro tiempo. En esta ocasión el canadiense se pone las hombreras y le da un toque de sintetizadores oscuros a su particular propuesta.

Up

  • Renovación necesaria y bien llevada: “ken” es el Destroyer más accesible.
  • Agradable de escuchar como siempre incluso partiendo de ingredientes tan distintos a los habituales.
  • Estribillos para enmarcar como los de “Tinseltown Swimming in Blood”, “Cover from the Sun”, “Sometimes in the World”…

Down

  • Sin el calado de “Kaputt” o “Poison Season” (aunque queda cerca).
  • Poca cosa, más allá de que permanece la vaga sensación de que Destroyer entra en ese injusto cajón de artistas más aclamados por la crítica que conocidos por el público.