Creo que, como artista, una de las cosas más difíciles que se puede hacer es desnudarse ante el público y que éste responda, que no sólo lo aprecie sino que también lo comprenda. Emocionar a una audiencia es un arte que requiere mucha habilidad; ya estés tocando punk y quieras que la peña se ponga a darlo todo en un pogo o quieras poner a tus oyentes de buen rollo con temas alegres, provocar emociones en tu público es algo que requiere un mérito importante, y por ello me merece respeto. Pero estábamos hablando de desnudarnos, de mostrarnos vulnerables, como las personas plagadas de grietas y máculas que, en mayor medida, todas y todos somos. Aquí la dificultad adquiere una dimensión mayor.

Yo no soy, ni de lejos, de esas personas que tienen horchata en las venas, pero estoy irritantemente acostumbrado a que las cosas que emocionan a todo el mundo a mí me dejen frío. Las películas, la música y los libros que me hacen llorar como un descosido tienen bastante poco que ver con lo que normalmente cae en el imaginario lacrimógeno colectivo, porque creo que no hay como el recurso a la lágrima fácil para mandarme de cabeza a la oposición. Me ofendo cuando se quiere hacer pasar por emocional una obra que se queda en la parafernalia del drama, pero cuando se hace bien hay factores inequívocos que pueden corroborártelo. Y suelen ser sutiles, como que se erice el vello o notes algo pequeño que se encoge dentro de tu pecho. Ahí es cuando sabes que han dado en el clavo. Y Julien Baker lo ha hecho precisamente así.

Debo decir que, con su primer trabajo, “Sprained Ankle”, Baker no me llamó poderosamente la atención. Tenía una voz sencilla, bien proyectada, más centrada en adecuarse a sus letras que en ser espectacular, y su técnica de guitarra a caballo entre el folk y lo ambiental era más que adecuada como único acompañamiento al canto, pero… ya está. Supongo que, salvando las distancias, me recordaba a otros artistas como Bon Iver o incluso Daughter, pero con menos ‘color’, así que durante un tiempo, y sin haber logrado comprender lo que estaba haciendo, me olvidé injustamente de ella. Pero entonces llegó “Turn Out the Lights”, su reciente segundo álbum de estudio, y me sorprendí al ver cómo aquella suerte de post-rock suave de tonos apagados no sólo no había desaparecido sino que había ahondado en su esencia para ser prácticamente perfecto en su forma.

“Turn Out the Lights”: el gran paso adelante de la canción de autor

“Turn Out the Lights” demuestra desde un primer momento que la canción de autor se le queda corta a Julien Baker, aunque esto no significa haberse olvidado de quién es.

Julien Baker no se ha desprendido de la guitarra; no ha pretendido hacerlo nunca, en realidad, y creo que eso es importante, porque no ha perdido su posición privilegiada en la mezcla, pero ahora encaja aún mejor con el otro gran protagonista de este disco: el piano. Parece contradictorio, pero ahora, con estos dos importantísimos timbres repartiéndose y compartiendo la predominancia, las canciones consiguen sonar con más cuerpo o mucho más huecas en el momento exacto. Los graves del piano acentúan los momentos de mayor carga emocional, se arrojan con un pesar profundo, mientras que sus agudos acompañan a las guitarras punteadas dándole un cariz casi onírico, y saben desaparecer de escena para que la acústica tome el relevo. Y en este conjunto con tan pocos elementos en juego se percibe con mayor claridad cuándo están justo ahí donde se los necesita, casi siempre en torno a un eje central: la voz de Baker.

Fotografía: Morgan Martinez

La guitarra no ha perdido su posición privilegiada en la mezcla, pero ahora encaja aún mejor con el otro gran protagonista de este disco: el piano. Con estos dos importantísimos timbres repartiéndose y compartiendo la predominancia, las canciones consiguen sonar con más cuerpo o mucho más huecas en el momento exacto.

Es bastante curioso que diga esto, teniendo en cuenta que “Over”, la introducción de este nuevo disco, es un tema instrumental de un minuto y medio en el que la guitarra ni está ni se la necesita, y es absolutamente majestuoso. Sólo piano y una fría sección de cuerdas bastan para hacer de esta minúscula pieza una declaración de intenciones: la canción de autor se le queda corta a Julien Baker, aunque esto no significa haberse olvidado de quién es. “Appointments” regresa a los arpegios eléctricos en bucle y a la voz casi desnuda de “Sprained Ankle” pero acompañándose de dos elementos distintivos: el piano y los coros. Prácticamente carecen de presencia sustancial hasta pasada la mitad del tema, dejando todo el protagonismo a Baker, pero es imposible olvidar que están ahí. Porque, joder, qué efecto producen. Qué puente, qué crescendo, qué cierre. Creo que ese “I know that it’s not / but I have to believe that it is se va a quedar en nuestra memoria durante mucho tiempo.

Turn Out the Lights” sigue insistiendo en reinterpretar su propia fórmula, basándose casi por completo en la guitarra pero sin privarse del recurso a los coros o los efectos ambientales. Vuelven aquí también los crescendos épicos y desgarradores al llegar al final, acompañando una letra intensa y tan personal como siempre. “Shadowboxing” busca un enfoque más misterioso y ajeno con sus arpegios y el regreso de un piano sutil, elegante y discreto, y levísimos matices de cuerda frotada en el fondo. La producción de este álbum saca a relucir su magia en temas como este, en los que utiliza con inteligencia recursos que no buscan llamar la atención, sino que ocupan un segundo plano de múltiples capas para acompañar a todo el conjunto de texturas. No hay nada fuera de lugar ni atravesando la mezcla reclamando nuestro oído, sino que todo ocupa el sitio que le corresponde manteniendo su identidad.

La producción de este álbum utiliza con inteligencia recursos que no buscan llamar la atención, sino que ocupan un segundo plano de múltiples capas para acompañar a todo el conjunto de texturas. No hay nada fuera de lugar.

Con “Sour Breath”, Baker habla con tristeza y cierto reproche sobre los problemas de drogas de su pareja y cómo, incapaz de ayudarla a superar su adicción, se ve lastrada con esa persona por los sentimientos que la unen a ella. Desaparece aquí un tanto el piano, que vuelve con un papel principal en “Televangelist”. Las letras de Baker se vuelven especialmente crípticas en este corte, cuyas complejas metáforas abarcan referencias a su fragilidad espiritual y mental como si tuvieran un reflejo físico (se compara a sí misma con “una amputada” y “un insecto [clavado] en poliestireno”), o alusiones a cómo la religión la ve a ella, cristiana declarada, como mujer lesbiana con hábitos criticados y demonizados en su comunidad.

De nuevo, “Everything That Helps You Sleep” abraza casi por completo el piano para elaborar una especie de conversación con Dios, no tanto como una súplica sino una forma de expresar que el dolor que ambos han sufrido los hace mucho más semejantes de lo que parece. Regresan las referencias a las drogas, al vacío y a la ausencia de una paz que Baker le pide a Dios que le otorgue, aunque ella se culpa en cierto sentido por verse privada de ayuda (Say there’s no way I could be further / If I scream a little louder I know you would have heard it”). “Happy To Be There” vuelve a poner a la guitarra en primera fila mientras Baker ahonda en la exposición de sus problemas mentales y adicciones, en la que es posiblemente la canción con mayor densidad lírica de todo el álbum. La artista se compara a sí misma con una máquina averiada, que se ve incapaz de arreglar para tener una nueva y mejor vida por el lastre de sus vicios pasados (Because I miss you the way that I miss nicotine / If it makes me feel better, how bad could it be?”). Baker cuestiona su propia espiritualidad, reflexiona sobre el inmerecido favor de Dios para con sus fieles, saltando del plano físico al moral en una sola línea. La cantante demuestra con firmeza en temas como éste su incuestionable talento para crear una música descarnada y sobria pero cargada de una sensibilidad que se ve acentuada hasta límites increíbles a través de sus letras, y eso es algo que no sólo no ha perdido desde su primer disco, sino que ha llevado un paso más allá.

Baker adopta la música no sólo como vía de escape sino también de concienciación, de exposición de una realidad tan dura como común e invisibilizada. No hay un mensaje alentador porque no hay una respuesta fácil. La propia autora lo sabe, y por eso no edulcora la dolorosa realidad, no quiere llamar a la lágrima fácil.

Hurt Less” vuelve a poner a Baker con la manos sobre el piano, esta vez con un tono menos ominoso, aportando algo más de luz sobre sus letras. Es inquietante, y al mismo tiempo hermoso, comprender que la luminosidad de esta canción refleja la paz que su yo poético encuentra tras casi morir en un accidente de tráfico. Hay algo de catártico en este tema, en la mágica sección de cuerdas, en los coros, en este fragmento del final que lo resume todo: This year I’ve started wearing safety belts / When I’m driving / Because when I’m with you / I don’t have to think about myself / And it hurts less”. Baker se ha reconciliado consigo misma, al menos en parte; ha recuperado la voluntad de seguir adelante, de lidiar con sus muchos problemas o, al menos, de vivir con ellos. Esta canción es un clímax emocional en toda regla, pero ni siquiera hemos terminado aún.

Llegados casi al final, Baker se sienta con la guitarra acústica para cantar “Even”, un corte con un tono más oscuro, cargado de culpabilidad y rabia contenida. Esta es la canción más cruda de todo el disco, casi se diría que la única, pero no desentona en absoluto, porque las sombras siempre tienen bordes ásperos cuando están cerca de la luz. Parece como si Baker quisiera ocultar su felicidad creándose un caparazón espinoso, crearse una imagen de maldad por propia autodefensa (Isn’t that what you want / For me to be miserable like you”), y eso, lamentablemente, es algo con lo que cualquiera podría sentirse identificado. Pero es pasajero, y Baker lo sabe; por eso “Claws In Your Back” abre con ese piano honesto, triste y, al igual que al inicio, majestuoso. Regresan los efectos ambientales, zumbando de fondo en la oscuridad mientras la voz se abre camino por las tinieblas sin necesitar siquiera encender una luz. Porque sigue habiendo sombras, y siempre las hay, pero que ella lo sepa no significa que decida marcharse por la vía rápida. Julien Baker quiere quedarse.

Creo que conozco pocos discos con una carga tan profunda de sinceridad como la que tiene “Turn Out the Lights”, y por eso no me merece otra cosa que respeto. Admiro cómo Baker adopta la música no sólo como vía de escape sino también de concienciación, de exposición de una realidad tan dura como común e invisibilizada. No hay un mensaje alentador, un “si quieres puedes” que haga este disco más llevadero para cualquier persona que empatice con su dolor, porque no hay una respuesta fácil. La propia autora lo sabe, y por eso éste no es un disco sensiblero; no edulcora la dolorosa realidad, no quiere llamar a la lágrima fácil. No hay parafernalia, ni trucos que valgan. Y por eso, como he dicho, “Turn Out the Lights” no me merece otra cosa que respeto.

Julien Baker – Turn Out the Lights

8.2

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“Turn Out the Lights” es un paso hacia delante para la canción de autor y para la propia Julien Baker. La artista confirma la apuesta de su estilo con adiciones instrumentales sutiles pero brillantes, y mantiene un nivel lírico que hace de este álbum uno de los más emotivos y honestos de los últimos años. Su forma tan personal y sincera de tratar asuntos como la salud mental o las adicciones es más que un valor añadido, y ojalá esta sea sólo una de las muchas obras que ayuden a sensibilizar al público sobre estos temas.

Up

  • La producción organiza los poquísimos instrumentos que aparecen en este disco de un modo brillante y significativo.
  • La adición del piano es un factor inestimable a la hora de apreciar este trabajo.
  • Julien Baker no ha perdido un ápice de calidad como guitarrista, como cantante y especialmente como compositora.
  • Las letras mantienen una profundidad y una complejidad impresionantes, y suponen uno de los mayores triunfos del álbum.

Down

  • El estilo frío y sencillo de Baker, que juega con un puñado de recursos, puede resultar repetitivo para algunos públicos, aunque en realidad no lo sea.