Nunca hay que olvidar de dónde venimos. Mentiría si dijera que para mí AC/DC hoy significan lo mismo que hace diez años, ya que con el paso del tiempo mis gustos han cambiado, mi inquietud musical ha estado en continua búsqueda de nuevas sensaciones y han aparecido un montón de grupos que han sabido dar con la tecla adecuada de lo que necesitaba en cada momento.

Pero también mentiría si dijera que AC/DC nunca fueron nada especial para mí ni mi grupo favorito durante un corto periodo de tiempo. AC/DC es uno de los grupos por los que un día decidí aprender a tocar la guitarra. Sus canciones fueron muchos de los primeros guitarrazos que di; al principio terriblemente ejecutados, pero más acertados y satisfactorios con el paso del tiempo. Y eso es algo que irremediablemente siempre va a estar ahí, aunque para mi ‘yo’ actual sean más un bonito recuerdo que algo que siga formando parte de mi vida.

Seguramente cuando pensamos en AC/DC a todos se nos viene a la cabeza la imagen de Angus Young y su característico uniforme escolar, Bon Scott y su legendario aporte al grupo, o Brian Johnson, heredero perfecto del legado de Scott. Pero pocas veces destacamos al verdadero genio detrás de toda la maquinaria, al líder en las sombras que además de fundar el grupo y enseñar a tocar la guitarra a su hermano proporcionó la inmensa mayoría de riffs e himnos más reconocibles y queridos del hard rock.

Fotografía: http://www.jaydeecustomguitars.co.uk/malcolm_young.html

Malcolm Young no era simplemente el guitarrista rítmico de la banda australiana, era la pieza que hacía que todo el engranaje funcionara adecuadamente y se moviera. Era quien daba sentido y personalidad a lo que hacían, el miembro sobre el que los demás se apoyaban para brillar, aquel que sin estar en primera fila cimentaba los versos de Brian y los solos de Angus y daba cuerpo a los ritmos de Phil Rudd y Cliff Williams.

Y de entre la infinidad de riffs que hoy nos suenan tremendamente familiares, en esta ocasión he querido rescatar una canción que probablemente nunca ha tenido la suficiente repercusión ni ha destacado especialmente en su carrera, pero que a mí siempre me ha tenido cautivado: “Who Made Who” del disco homónimo de 1986.

Por supuesto que disfruto mucho de temazos como “Back In Black”, Thunderstruck” o “Let There Be Rock”, pero “Who Made Who” siempre tuvo algo especial, y volverla a escuchar hace que brote en mí una nostalgia que otras de las canciones de los australianos no consiguen. Y es que si tuviera que definir lo que es para mí “Who Made Who” con una palabra, sería ‘entrañable’.

Tampoco hay ninguna historia especial detrás de ella. De hecho, aunque acabó convirtiéndose en single, fue una canción compuesta para la película Maximum Overdrive de Stephen King, un largometraje que ni siquiera he visto a estas alturas. Pero recuerdo que, en mi adolescencia, cuando el grupo australiano era uno de mis mayores ídolos musicales, me pasaba los días escuchando aquel “AC/DC Live” lanzado en 1992 que recogía las actuaciones más icónicas del grupo durante la gira de “The Razors Edge” (1990), entre las cuales figuraba esta canción que me hacía disfrutar como un enano.

Todos sabemos que AC/DC nunca han sido un grupo de comerse demasiado la cabeza y que lo que siempre les ha gustado es el rock and roll, los guitarrazos más directos y disfrutar sin complicaciones. Por eso “Who Made Who” tampoco tiene un contenido lírico especialmente destacable, aunque sí quiero mencionar ese poderoso estribillo que sin los coros de Malcolm no habría tenido tanta fuerza. Y qué decir del riff a contratiempo sobre el que se sustenta el tema y de esa peculiar capacidad para destacar sin ser uno de sus temas a toda pastilla, mostrando mayor aire de himno nostálgico que de hit imperecedero (sin olvidar su divertido videoclip en el que un científico clona a Angus Young hasta crear un ejército equipado con su misma ropa y su icónica guitarra). Y es que puede que no sepamos quién hizo a quién, pero sí sabemos que Malcolm Young hizo que AC/DC fueran lo que son.