No basta morir haciendo algo grande y dejar un bonito cadáver. Alguien ha de contemplar la escena, gritar y salir escaleras arriba para contarlo a todo el mundo, que las radios locales lo proclamen y se hagan eco la industria musical, las bandas del otro lado del charco, las revistas especializadas. Si no la idea cae en la fosa junto con su creador y sus últimas palabras quedan a merced de que algún historiador las rescate. The Pretty Things fueron pioneros de algunos hitos en la historia del rock y, sin embargo, no figuran entre las medallas psicodélicas de los sesenta ni lo hicieron en su momento. En opinión de la crítica por lo oscuro y depresivo que resultaba el contenido de sus letras. Para muestra, un botón: el primer álbum conceptual de la historia del rock, sacado cuatro meses antes que “Tommy” de los Who, “S.F. Sorrow”, termina con la frase: “Puedes ser la persona más solitaria del planeta, pero nunca estarás tan solo como yo”.

Pero no sólo la autoría de esta primera ópera rock destaca en el catálogo de la banda. La mezcla de estilos con la psicodelia, la oposición de atmósferas y sus bruscos cortes, el rock de garaje más próximo a Iggy Pop y su proto-punk se encuentran entre sus otros méritos. “Defecting Grey” aparecía como sencillo poco antes de la salida de su icónica obra, pero no hay edición remasterizada que no la contenga. Un extraño túnel de sonido que facilita el viaje lisérgico desconcierta a los no iniciados. Es imposible saber por dónde van a salir sus intérpretes. Entonces Phil May aparece con las mallas de ballet “sentado solo en un banco junto a ti” y el sitar beatlesco le acompaña, incapaz de presagiar el giro preparado para el estribillo. Los antecedentes de The Stooges destrozan la estética originaria y empiezan a trastocar el universo feriante con rápidos destellos mutiformes.

El viaje intermitente nos devuelve al banco, donde las imágenes son puramente diferentes pero se obstinan en mantener el problema. Hablamos. El piano acompaña nuevamente el estribillo, pero sin ganas de guerra, pues el vals está deseando volver y relajar al viajero. Hay debate sobre quién debe quedarse, cambios de tiempo, de humor. Vienen unos amigos a acompañarle, pero no se quedan más que a unos breves coros. Letras plagadas del influjo Barrett narran los cambios anímicos del que odia a las serpientes porque tú las odias, se refleja indefinidamente en un cielo que no le aporta compañía y sobre todo implora porque no te marches. Y finalmente, parafraseando el verso inicio con una sutil y desgarradora alteración, no sirve de nada.

Como éste tantos temas grabaron The Pretty Things con el objetivo fijado en los cambios, en el abanico ofrecido por la música de finales de los sesenta, pues en su música no dejan de figurar The Kinks, The Beatles o Pink Floyd. Sin embargo, la mezcla es prodigiosa, el sabor diferente. Pese a una recuperación de última hora gracias a los medios digitales y la neo-psicodelia, la banda espera todavía un redescubrimiento, porque los superfluos años de las flores y la felicidad inducida por las drogas ya no pueden ser óbice para que bandas como ésta lleguen a boca de todos y defiendan sus invenciones.