Micah P. Hinson, el artista olvidado, deprimido, fracturado. Recompuesto a través de sus discos, de una música experimental que tan pronto mezcla violines con llantos de niños, convierte nanas de pájaros y poemas sobre una base instrumental electrónica e incoherente en historias de realidades y rarezas.

Tras unas enormes gafas y un cigarrillo se esconde un hombre que desgrana cada aspecto de su vida en cada tema y cada disco, que interpreta sobre su propio vacío interior canciones que se suceden en las cuerdas de su guitarra garabatada con pegatinas de Batman y la mítica frase del que fuera y seguramente sea el mayor ídolo de Bob Dylan, Woody Guthrie: This Machine Kills Fascists.

Su vida, como su obra, es un cuento con aparente final feliz, teniendo en cuenta que toda historia tiene dos caminos por recorrer. Él eligió el difícil, el que conduce al aniquilamiento y al cataclismo y acabó con tan sólo diecinueve años entre rejas por consumo de estupefacientes. Una efeméride de estas características, como otras que viviría después, no encontró otra manera de poder expresarse que mediante el folk clásico, que a lo largo de estos años no ha hecho sino forrar su figura de emociones paralelas y contrapuestas, que se mueven entre el caos y la quietud.

Desde que comenzara a ser protagonista habitual en las conversaciones melómanas de madrugada allá por 2005, Hinson se ha deslizado entre diferentes géneros con los que ha confgurado una tremenda discografía, con combinaciones psicodélicas a camino entre el western y bluegrass. Su último trabajo, “The Holy Strangers”, da buena cuenta de hasta dónde quiere y puede llegar. Hablamos con él poco antes de su presentación en Madrid.

Muchos artistas afirman consumir drogas para poder centrarse en su pasión, pero a quien le siente mal… ¿Hasta qué punto las adicciones pueden ser terapéuticas?

Nunca. La adicción a cualquier cosa –basura, metanfetamina, comida, cigarrillos, sexo, lo que sea– nunca puede conducir a buenos resultados. Eso no significa que muchas personas no lo hayan intentado… aunque muchas han fallado con eso.

Leer un buen libro también fomenta el análisis y la autocrítica. ¿Cuál es el último que has leído y que hayas querido plasmar en tu más reciente trabajo?

Hago lo posible para que no me afecte algo o no me vea influenciado por otro trabajo cuando estoy preparando un disco. Claramente trabajando en una grabación durante dos años es muy difícil, especialmente con hijos. Pero a mi hijo le gustan grupos como Nine Inch Nails (NIN), Ministry o Skinny Puppy, que son muy diferentes a mi música, así que imagino que cualquier influencia de ese estilo me ayuda durante el proceso.

En cuanto a las novelas, creo que la literatura puede ayudar. El último libro que leí fue “Al este del Edén”, de John Steinbeck. No lo proyecté como una inspiración directa, pero “The Holy Strangers” es la historia de una familia, como la trama de esta obra, aunque mi escritura no es tan buena. Escribí un libro con el mismo título que el álbum que se envió gratuitamente a las primeras 200 personas que compraron el álbum en la preventa. Con suerte se imprimirán números más grandes.

Los libros pueden abrir un mundo muy amplio, pero al fin y al cabo todo queda sobre el papel. La música da lugar a otro mundo que viene dado de forma diferente. Lo mejor es complementarlos.

Trasladaste tu historia personal al papel en 2010 con la publicación “No voy a salir de aquí”. Otros contemporáneos han hecho lo mismo, como James Rhodes con “Instrumental” o Mark Oliver Everett, vocalista de Eels, con “Cosas que los nietos deberían saber”. ¿Qué crees que puede tener un libro que no puede transmitir una canción?

El verdadero nombre de mi libro es algo así como “Puedes vestirme, pero no puedes sacarme” [“You can dress me up, but you can’t take me out”], pero dijeron que no había una traducción razonable. No lo creo, debe haber alguna forma de traducir lo que quiero decir. Los libros pueden abrir un mundo muy amplio, pero al fin y al cabo todo queda sobre el papel. La música da lugar a otro mundo que viene dado de forma diferente. Lo mejor es complementarlos porque ambos son muy importantes.

¿Crees que es fácil hablar sobre lo que te ha hecho daño?

No y sí. Ambas respuestas son válidas. Depende de a quién se lo cuente. Uno de los discos que más me ayuda a traducir mis emociones en notas musicales es “The Big Eyeball in the Sky”, de C2B3.

Desde hace casi catorce años la gente se ha centrado en mis canciones, que hablan de eso, así que he seguido en la misma línea. Quizá no debería haberlo hecho pero si se me pregunta por ello, respondo de esa forma. Al fin y al cabo, si he hablado de algo que me ha ocurrido y he ayudado a alguien con ello, me alegro. Quiero estar disponible para mis oyentes con mis canciones. De hecho, conozco a gente que ha contado cómo mi música les ha ayudado a superar la muerte de un familiar o a salir de las drogas. Eso demuestra que estoy haciendo bien mi trabajo.

Si fueras alguien con un nombre poco llamativo, como por ejemplo William Wilson… ¿Cuál sería tu seudónimo? ¿Cómo crees que atrae un nombre bajo el cual se esconde un gran músico o escritor?

Seguramente me llamaría Paul Kinosen u otro nombre que me diera cierta privacidad. En realidad el que tengo se ha convertido esencialmente en una marca, aunque he de reconocer que mi gente me dio un nombre que me parece bonito y soy feliz por tenerlo. Lo llevo con orgullo.

Fotografía: Francesca Sara Cauli
Para aprovechar las innovaciones tecnológicas y tu enorme talento compositivo, ¿podrías escribir una historia en 140 caracteres?

No me gustan las innovaciones tecnológicas. Prefiero mirar hacia atrás, hacer las cosas como antes y como siempre. Nunca cuento las palabras porque creo que hay cosas más importantes en la vida que encontrar 140 caracteres para expresar lo que sientes. ¿De verdad puedes conocer a alguien con tan pocas letras? Si yo tuviera que presentarme así a alguien, le diría:

Esta es mi biografía:

Nací.
Estoy vivo.
Vivo.
Aprendo.”

Tus experiencias han servido para crear toda tu discografía. ¿Cómo las ves después de tantos años? ¿Las sientes de forma diferente?

Me imagino que la mayoría de los ‘artistas’ utilizan sus experiencias para crear su ‘arte’. Así que sí, tendría que decir que he usado mi vida como para ayudarme en mis escritos y también en mi forma de cantar. Pero es una historia larga y, probablemente, muy aburrida de leer o de escuchar. Las cosas que me han pasado son minúsculas en comparación con las tragedias de otras personas, sólo que la gente tiende a interesarse en lo que escribo sobre mí. Todos sufrimos, todos amamos y todos nos sentimos hechos una mierda o a punto de estallar.

Todo trabajo, y especialmente la música, depende de las experiencias que nos rodean. Por ello es algo que está intrínsecamente relacionado con el presente. ¿Te imaginas dentro de treinta años haciendo las mismas canciones?

Me gustaría creer que voy a seguir así en el futuro. Sigo tocando canciones que escribí hace veinte años, o más, así que sí. Las canciones más antiguas que todavía interpreto en los escenarios las escribí cuando tenía diez años, o sea hace veintiséis años. Me sorprende que una canción tan antigua siga siendo relevante o interesante a nivel musical, pero, por eso, en mi opinión, vale la pena seguir cantándola. Las canciones se mueven y cambian a través del tiempo: lo que una canción significó un día podría significar otra cosa en otro momento. En realidad los temas son como los ríos: nunca permanecen en el mismo lugar.

La música está en mis huesos, en mi alma, no voy a poder escapar de ella.

Si, de repente y por cualquier motivo, dejaras la música… ¿A qué te dedicarías?

Iría a la universidad y estudiaría mi lengua materna: chickasaw. Mi hermano la habla con fluidez, así que imagino que me ayudaría mucho con ello. Usaría esto para enseñar a mis hijos, los pequeños chickasaws; manteniendo ese lenguaje vivo a lo largo de la historia, al contrario que muchas personas que han tratado de matarlo, hacerlo desaparecer.

Sólo había 63 personas que aún hablaban el idioma hasta que llegó mi hermano y se unió a ellos para abrir escuelas alrededor de Oklahoma que están dedicadas únciamente a enseñar esa lengua. Consiguió que Rosetta Stone (un programa para aprender idiomas) se interesara por ello y dio algunas clases gratuitas del Chickasaw.

Me imagino que empezaré a estudiarlo y lo aprovecharé porque sé que no podré dedicarme a esto siempre, aunque nunca voy a desistir en la música. Es lo único que sé hacer; está en mis huesos, en mi alma, no voy a poder escapar de ella.