¡Oh, los noventa! Esa etapa en la que MTV llegó a su máximo esplendor y la música alternativa se convirtió en pop. Época de héroes y villanos, un momento inimitable en la historia. Donde la mass media creció exponencialmente y se globalizaron masivamente millones de conceptos, disciplinas y artes. No iba a ser menos con lo que nos toca, y es que hay que ser consecuentes: en los noventa no todo era tan guay como lo pintan, sobre todo la insistente manía que tuvo la prensa de crear géneros sólo por su implicación comercial; que si grunge, que si pop-punk, que si emo, que si nu metal… Como puede verse no soy muy fan de las etiquetas (aunque reconozco que tienen su cometido), pero sí de la música. Por eso he disfrutado este análisis poniendo todos mis sentidos en marcha.

The Smashing Pumpkins son uno de los grupos que más me han influenciado de aquella maravillosa e inquietante, a partes iguales, década. Por supuesto, me empapé de ellos muchísimo después de su espumoso culto, pero al hacerlo me parecieron un clásico instantáneo. Dos de sus trabajos citados hasta la saciedad, “Siamese Dream” (1993) y “Mellon Collie and the Infinite Sadness” (1995), son referentes en cómo confluyó todo ese espectro alternativo después de que la mecha de Kurt Cobain y el grunge se quedasen sin oxígeno. Pero es que la importancia de los de Chicago radica en la versatilidad, fusión e interpretación de millones de fórmulas, entre las que destacan por supuesto mi querido punk-rock, pero también metal, rock psicodélico, dream-pop o incluso shoegaze. Ni comento su influjo posterior en el emo.

Aquí me limito a decir lo que casi todo el mundo reconoce. Aunque luego han ido dando vaivenes y cambios de formación (sabemos que el bueno de Billy no está muy bien que digamos), suponen un perfecto consenso entre la visceralidad del punk y la experimentación conceptual y sonora de otras vertientes más complejas a nivel formal.

“Ogilala” : un modesto acercamiento a la melancolía

No es un largo que rompa esquemas ni mucho menos, pero si un must para todos los que somos fans de The Smashing Pumpkins y del señor William Patrick Corgan.

Ogilala” da un rodeo en cuanto a ambientes se refiere. Tenemos la voz indescriptible de Corgan, tenemos guitarras y pianos, pero en conjunto no se aproxima al sonido global de su banda madre. Algo que me ha parecido espectacular porque, de nuevo, teniendo un timbre tan característico era difícil alejarse de su otro material. Pero en este disco nos acercamos más a la sencillez, y eso convierte los temas en declaraciones de tú a tú, entre este fantástico compositor y los oyentes. Hay algunos aderezos, como el uso de secciones de cuerdas, melotrón o de guitarra eléctrica, pero sólo para matizar algunos aspectos y así redondear la creación.

Así se deja a un lado la rabia y violencia que se disparaba en otros trabajos de Corgan, que se limita a posicionarse como cantautor folk, regalándonos once cortes con un nivel más que aceptable. No es un largo que rompa esquemas ni mucho menos, pero si un must para todos los que somos fans de The Smashing Pumpkins y del señor William Patrick Corgan.

Hay algunos aderezos, como el uso de secciones de cuerdas, melotrón o de guitarra eléctrica, pero sólo para matizar algunos aspectos y así redondear la creación.

Comenzamos con una delicada línea de piano que nos invita a meternos en materia. “Zowie” sirve de preámbulo y nos deja claras las intenciones del músico en “Ogilala”. Dedicada a su buen amigo David Bowie,nos plantea cuestiones existenciales sobre la vida y la muerte; un perfecto cántico para despedir a uno de los músicos más grandes de la historia. Mientras, “Processional” corre a cargo de una progresión de acordes de guitarra acústica, rematada por una climática nota de piano al final del riff. Aquí, James Iha, antiguo guitarrista y co-fundador de The Smashing Pumpkins, colabora con Corgan por primera vez tras diecisiete años. Aunque la aparición es meramente anecdótica, nos saca una inevitable sonrisa.

The Spaniards”, una forma muy alegórica de hablar de los españoles, sigue con la misma atmósfera del corte anterior, aunque esta cuenta con uno de los mejores estribillos del álbum, recordando a uno de los grandes hits de The Smashing. La labor del melotrón dibuja paisajes que condensan y recargan espacios fuertemente influidos por el post-punk y el rock gótico de los ochenta. Dos a dos: si hemos tenido un par de temas en los que la guitarra acústica era la base, volvemos con otro en el que el piano rige su esencia. La balada rock llega para quedarse en nuestras neuronas. Por momentos con tintes de epitafio, “Aeronaut” recuerda a la enorme “Tonight, Tonight” de su “Mellon Collie”. El  excelente trabajo de producción de Corgan y el grandísimo Rick Rubin saca todo el jugo a una pieza sencilla y directa convertida en el primer single.

En “Ogilala” no hay guitarras crudas, ni baterías atronadoras, ni gritos de apatía, pero consigue con muy poco emocionar al que está al otro lado. Y eso no es nada fácil.

El rasgueo folk regresa en “The Long Goodbye”, y me hace pensar en la cantidad de artistas del mundo del punk-rock que han conseguido realzar sus creaciones en el apartado acústico. Adornada humildemente con unos arreglos de teclas se me antoja como uno de los instantes con menos gancho del LP, sin ser del todo un mal tema. Todo lo contrario puedo decir de la maravillosa “Half-Life Of An Autodidact”, mi favorita. La guitarra junto a las cuerdas conforman un ambiente melancólico impecable, a la vez que el estribillo se erige como el más consistente y con mayor intensidad emocional del esfuerzo global. Pero no se queda atrás “Amarinthe”, que utiliza de nuevo su limitada paleta sonora para brindar una composición con ecos a Simon & Garfunkel y texturas ligadas a la música religiosa.

Y es que vuelvo a destacar que con tan pocos recursos y una excelente producción se pone sobre la mesa un trabajo en el que cada track brilla con su propio significado. “Antietam” nos recrea otro espectro más sencillo y progresa sutilmente con algunas armonías que acentúan el extravagante timbre del cantante. Y la novena composición, “Mandarynne”, vuelve a tomar prestada la vehemencia de las grandes baladas a piano. En ella, se presentan muy bien los constantes vaivenes de energía, algo ampliamente dominado desde sus peripecias allá por los noventa.

“Ogilala” es un trabajo en el que Corgan se descubre como cantautor, en el que deja su disfraz de crudeza e invierte en composiciones sencillas y delicadas donde muestra su lado más vulnerable. Sin embargo, no es apto para alguien quien busque el lado más crudo de The Smashing Pumpkins.

Nos vamos despidiendo con un folky “Shiloh” que cuenta con diversos aliños, desde un magnífica inclusión de cuerdas hasta un cautivador garabato de una guitarra eléctrica en limpio que remite a influencias como Joy Division, The Smiths o The Cure. Y cerramos con la nostálgica “Archer”, otro punto en el que destaca la sencillez y se dejan de lado las florituras. Sobresale aquí la utilización de una melodía de una guitarra con tintes orientales (acompañada otra vez con cuerdas), a través de la que damos por finalizado este elepé.

Sólo puedo decir que he disfrutado mucho con “Ogilala” y no me lo esperaba. Es una cara muy íntima y humana de uno de los creadores que más me han influenciado en quién soy y cómo soy. No hay guitarras crudas, ni baterías atronadoras, ni gritos de apatía, pero consigue con muy poco emocionar al que está al otro lado. Y eso no es nada fácil.

William Patrick Corgan – Ogilala

7.1

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“Ogilala” es un trabajo en el que Corgan se descubre como cantautor, en el que deja su disfraz de crudeza e invierte en composiciones sencillas y delicadas donde muestra su lado más vulnerable. Es capaz de recrear diferentes atmósferas con una reducida variedad de instrumentos.

Up

  • Necesita utilizar pocos recursos para obtener apabullantes resultados.
  • Las letras. Echadlas un ojo.
  • El timbre de Corgan. Está mejor que nunca, capaz de controlar las intensidades perfectamente.
  • La co-producción entre Rick Rubin y el propio Corgan. El álbum suena nítido y todo en su sitio.

Down

  • No apto para alguien quien busque el lado más crudo de The Smashing Pumpkins.
  • Quizá pide algunas escuchas para que empiece a funcionar. No es mi caso.

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