1 de diciembre de 1976. Aquella noche estaba previsto que el grupo Queen acudiera a “Today”, el programa de la cadena Thames Television presentado por Bill Grundy. Un imprevisto de última hora impedía acudir a los de Freddie Mercury y EMI, su compañía discográfica, decidía suplir su ausencia enviando a un nuevo grupo que acababa de fichar por dos años y al que habían adelantado cuarenta mil libras. Era una apuesta fuerte por un cuarteto que seis días antes habían lanzado su primer single, “Anarchy in the U.K.”, y que estaba haciendo mucho ruido a nivel underground. Nadie más allá de una ávida minoría sabía quiénes eran los Sex Pistols, hasta aquella noche. Londres se familiarizaba con la nueva moda”, según explicó Grundy. Un terremoto que venía a destruirlo todo. Hasta al propio presentador.

Bill Grundy no supo gestionar la actitud burlona y provocadora de unos jóvenes que venían acompañados por un reducido grupo de fans entre los que se encontraba Siouxsie Sioux, con quien el veterano periodista tuvo poco tacto cuando le espetó con interés sexual: nos vemos más tarde, ¿de acuerdo?”, lo que provocó la sorpresa de la futura líder de Siouxsie and The Banshees y una molesta reacción al comentario por parte de Steve Jones, que no tardó en responder: Eres un viejo verde. Viejo sucio. Sucio bastardo. Sucio hijo de puta. Qué sinvergüenza de mierda”. El despido de Grundy fue tan fulgurante como el ascenso de los Sex Pistols al primer plano de la actualidad, apareciendo al día siguiente en los diarios más importantes del país, entre ellos en el Daily Mirror, cuya portada rezaba: La mugre y la furia”. Y se preguntaba: ¿Quiénes son estos punks?. EMI tampoco tardó en rescindir su contrato, indemnizando al conjunto por el incumplimiento del mismo. Apenas estaban despegando y ya habían rentabilizado su primer adelanto.

La irreverencia del cuarteto tenía origen en tres puntos fundamentales. El primero atiende a la fortísima crisis económica que sufría el país desde hacía varios años, lo que supuso una alta tasa de desempleo y un mayor distanciamiento de clases que desencadenó huelgas constantes y un futuro incierto para una juventud frustrada y hastiada. Por otra parte, la música popular estaba dominada por el rock progresivo (la sombra de “The Dark Side of the Moon” era eterna) que mantenía viva la llama del espíritu hippie y cuyas formas distaban en mucho de lo que había sido la inmediatez y la visceralidad del primigenio rock and roll, panorama ante el cual se estaba gestando un movimiento que recuperaba la esencia perdida, el pub rock. Siendo este carácter el mismo que también echaba en falta el empresario iconoclasta Malcolm McLaren.

Steve Jones: “No nos va la música, lo nuestro es el caos”

“Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols”, el esperadísimo larga duración, llegaría el 28 de octubre de 1977. Doce temas combativos en los que había balas para todos, desde la monarquía y el orden social hasta la hipocresía, la burocracia, el conformismo, la escena musical del otro lado del Atlántico y hasta para la propia EMI.

Irreverente agitador cultural, consideraba al rockero Gene Vincent como el paradigma de lo que debía ser el rock. McLaren odiaba las elucubraciones hippies y apostaba por una música directa, áspera y joven. Provenía de la escuela de arte y tenía ideas izquierdistas radicales. Regentaba junto a su novia una tienda de moda que primero estuvo orientada a los Teddy Boys, más tarde a los Rockers y, finalmente, a los inadaptados. “Sex”, como se llamaba la boutique, ofertaba una ropa particular donde el sadomasoquismo ocupaba un lugar central. Fue allí donde conoció al guitarrista Steve Jones y al batería Paul Cook. Ambos tenían un grupo, The Strand, para cuyo devenir demandaron el asesoramiento de McLaren. La semilla de los Sex Pistols estaba plantada y Malcolm estaba dispuesto a regarla. Interesado en el arte y su poder de provocación, ahora dirigía y moldeaba una banda (o, más bien, un concepto artístico) con la que intentaría subvertir una industria que le desagradaba y con la que esperaba obtener pingües beneficios.

Durante 1973, McLaren se había ocupado del management de los New York Dolls, haciendo de la provocación un arma poco exitosa con la que relanzar la carrera de los neoyorquinos. En la gran manzana había visto a Richard Hell, quien lo dejó encandilado por su actitud y sus formas, condiciones que aplicaría a su nueva banda ante la negativa de Hell por formar parte de ella. A Jones y Cook se uniría primero, como bajista, Glen Matlock, dependiente de la tienda de McLaren y el único con algún conocimiento musical. Más tarde se incorporaría Johnny Rotten, un joven con un talento particular para berrear y al que el empresario había visto por la calle portando una camiseta con la consigna: ‘I hate Pink Floyd’. Esa era la actitud que buscaba. Al mánager no le importaba lo más mínimo la música, sino el concepto al que aludíamos anteriormente y, para ello, Rotten era genuino. Lo que le faltaba de dotes vocales lo suplía con actitud e inteligencia. A comienzos de 1977 Glen Matlock abandonaría la banda, ya que no simpatizaba con la idiosincrasia de la misma. La versión oficial de McLaren era que lo habían expulsado porque le gustaban los Beatles. El sustituto llegó de la mano de Rotten, quien apostó por el musicalmente inepto Sid Vicious, amigo y fan acérrimo de los Sex Pistols. El grupo estaba completo.

A&M Records fue la compañía que les firmó un nuevo contrato que pronto romperían ante el infastuoso comportamiento del grupo en una fiesta de la discográfica, donde destrozaron las oficinas de la misma. Sin sello y con setenta y cinco mil libras más en el bolsillo (de McLaren), sería Virgin Records, la compañía del multimillonario Richard Branson, la que apostaría por la banda, ofreciendo un adelanto de quince mil libras, lo que sumaba ya una cifra considerable de dinero y sólo habían lanzado un mísero single. El negocio de la agresiva provocación funcionaba, y mejor que lo iba a hacer con el lanzamiento del segundo single del álbum, del que nos ocuparemos en su momento. Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols, el esperadísimo larga duración, llegaría el 28 de octubre de 1977. Doce temas combativos en los que había balas para todos, desde la monarquía y el orden social hasta la hipocresía, la burocracia, el conformismo, la escena musical del otro lado del Atlántico y hasta para la propia EMI. Malcolm McLaren y los Sex Pistols presentaron una nueva forma de canción protesta, una peligrosa de verdad, amén de revolucionaria y lucrativa, que hizo tambalear las bases del establishment hasta tal punto que, una vez editado el segundo single, Bernard Brook Partridge, miembro del consejo de Londres, llegaría a declarar: Nada me agradaría más que saber que los Sex Pistols han sido víctimas de una muerte súbita. Son la antítesis de la raza humana. Me encantaría ver cómo alguien cava un gran agujero en el suelo y los entierra a todos ellos”.

Malcolm McLaren y los Sex Pistols presentaron una nueva forma de canción protesta, una peligrosa de verdad, amén de revolucionaria y lucrativa, que hizo tambalear las bases del establishment.

A partir de un riff de guitarra extraído de “In the City”, el tema que The Jam incluyeron meses antes en su debut homónimo, se construye Holidays in the Sun. Impetuosa y eficaz, este corte surge del veto generalizado que se ganaron en su Gran Bretaña natal, donde no eran bien recibidos ni para pasar sus vacaciones, de manera que Rotten y Vicious decidieron ir a Berlín y ver su muro: I’m looking over the wall / And they’re looking at me”. Con Bodiesnos topamos con una de las canciones más sorprendentes del álbum dada su temática. Rotten habla aquí sobre el aborto inspirado por una historia bizarra que forma parte de la leyenda de los Sex Pistols. Pauline, la protagonista de la canción, era una chica de Birmingham que acababa de abortar. Fanática empedernida del grupo, los seguía a todas partes. Según la leyenda, esta se presentó un día en casa de Rotten llevando en una bolsa el feto que acababa de abortar, lo que impactó sobre manera al vocalista. No parece que sea una historia cierta, pero sí tiene algo de verdad. Según el frontman de la banda, Pauline realmente se presentó en su casa y le contó con detalle el proceso del aborto, lo que provocó su estupefacción y la reflexión que constituye esta composición.

Estas son las únicas canciones en las que Sid Vicious está acreditado como coautor del tema, constando en las siguientes el ex bajista Glen Matlock. No obstante, a pesar de su reemplazo, no sería Vicious el encargado de tocar el bajo en la grabación del álbum. Primero, por incompetente; y segundo, porque durante las sesiones de grabación estaba convaleciente a consecuencia de una hepatitis. En un primer momento, McLaren pensó en contratar a Matlock para las sesiones de grabación, pero este requirió el pago de su trabajo por adelantado, una petición ante la que el manager convino que fuera el guitarrista Steve Jones quien se encargara de registrar la línea de bajo. Se dice que en “Bodies” sí fue el propio Vicious quien tocó su instrumento, aunque más tarde sería doblado por Jones.

Los Pistols se presentaban como individuos inmorales enamorados del dinero. Había mucho de cierto en ello, pero también eran gente sin futuro ni nada que perder que canalizaban la rabia de una juventud estancada y apática como resultado de un sistema y una clase política incompetente.

En No Feelingssacan a relucir su faceta más egoísta e interesada: I only ever leave you when you got no Money”. Y continua: “I’m in love with my self / My beautiful self / A no feelings, a no feelings / A no feelings / For anybody else”. Los Pistols se presentaban como individuos inmorales enamorados del dinero. Había mucho de cierto en ello, pero también eran gente sin futuro ni nada que perder que canalizaban la rabia de una juventud estancada y apática como resultado de un sistema y una clase política incompetente. De esta manera, esta canción se torna como una crítica feroz a los poderosos que mantienen en Liar, donde se lanza contra los mentirosos. Contra una sociedad decadente e hipócrita que sólo se moviliza por su propio beneficio. Asimismo, Rotten arremete, de manera implícita, contra Malcolm McLaren, con quien  nunca simpatizó. El mánager usó a los Sex Pistols para enriquecerse, y con la desintegración de estos tras la salida del grupo de Rotten después de haber dado su último concierto en San Francisco el 14 de enero de 1978, comenzaba una larga batalla legal que terminaría el 16 de enero de 1986, cuando un juez decretó que los derechos de los Sex Pistols correspondían a los integrantes del grupo.

Se inicia a continuación God Save the Queen”, el segundo single que lanzó el grupo y la gota que colmó el vaso.  Llegó el 27 de mayo de 1977, y comenzaba: God save the Queen / the fascist regime, / they made you a moron / a potential H-bomb”. Así fue como los Sex Pistols pusieron a la sociedad británica patas arriba. Particularmente desafiantes, se cuestionaban los dogmas establecidos, negaban el futuro para la juventud y arremetían contra la máxima autoridad británica, la queridísima monarquía. Fue prohibida en radios y televisiones, una censura que le dio una enorme promoción con la que se alzó al número uno de las listas de discos más vendidos. El huracán mediático se vio incrementado por la portada, donde aparecía la reina Isabel II. Los miembros de la banda sufrieron ataques de grupos neofascistas y tuvieron que enfrentarse a las protestas de la comunidad cristiana que se congregaba frente a los lugares donde tocaban. Les prohibieron actuar en muchas localidades de Gran Bretaña, pero lograban burlar la censura presentándose como The SPOTS, el acrónimo de “Sex Pistols On Tour Secretly”, y con la complicidad de los dueños de los clubes donde se presentaban. Habían ido demasiado lejos y, como decíamos más arriba, Bernard Brook Partridge no tardaría en salir por televisión para mostrar su más profundo rechazo.

Desde una tienda de ropa al mundo para inspirar a otras grandes bandas como Siouxie & The Banshees, The Clash, The Buzzcocks, The Undertones o los primeros The Jam. La marca Sex Pistos fue, y seguirá siendo, un negocio de lo más lucrativo, pero también lograron remover las entrañas de una sociedad, industria y juventud como nadie lo había hecho antes.

Si las letras y la actitud eran importantes, la imagen no lo era menos. Los Sex Pistols hacían gala de una estética feísta, pordiosera. Desde las caras de lascivia y de desquiciado de Johnny Rotten y sus poses jorobadas inspiradas en personajes como Quasimodo o el Ricardo III de Shakespeare, hasta los harapos con los que se mostraban (un ejemplo paradigmático se puede ver en el videoclip de “God Save the Queen” y, particularmente, en la figura de Steve Jones). Con McLaren como agente y dueño de una tienda de ropa, la vestimenta del conjunto no se dejaba al azar, y por supuesto, estos eran los modelos perfectos para publicitar los atuendos que el público podía encontrar en “Sex”. Popular fue la camiseta de Sid Vicious con una imagen de Little Richard en la que se podía leer: “Vive le Rock!”, diseñada por el propio McLaren. No era casual el uso de la imagen del pionero rock and roll, pues su salvajismo y energía a las teclas, su carácter y estética son todo lo que Malcolm apreciaba y echaba en falta en el mundo del rock. “Cojo, cabezón, homosexual (o bisexual, según se mire), pendenciero y un vicioso redomado en su primera juventud. […] Rey y reina del rock’n’roll”. Así lo definió en su día Luis Lapuente y así lo veía Malcolm McLaren. Creo que la analogía respecto a los Pistols es bastante obvia.

The problem is you!” cantaban rabiosos enProblems, el siguiente corte del disco. Otro escupitajo a los poderosos a los que no estaban dispuestos a someterse: You won’t find me working / Nine to five”. No es un tema particularmente destacado tras “God Save the Queen”, pero aguanta bien el tipo. Y hablando de problemas (por si acaso habían tenido pocos), otro vino derivado de la portada del album. Las autoridades no querían ver el disco en los escaparates por contener la palabra “bollocks” (cojones), un hecho por el que los tenderos serían amenazados y, llegado el caso, detenidos, y por el que llevarían al grupo a juicio. Su abogado apeló a las varias acepciones que recoge el diccionario sobre dicho término, lo que reducía el título de la portada a un significado puramente subjetivo, saliendo airosos de la acometida. Seventeen, por su parte, es el tema más escueto del álbum y, ciertamente, tiene poco que decir, aunque hay briosos pasajes musicales hacia el final y autoafirmaciones como: We like noise, it’s our choice”. Poco más cabe decir.

Los Sex Pistols, Malcolm McLaren y “Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols” fueron la expresión del descontento, y con ello se ganaron un hueco en la historia del rock, así como establecerse como una de las bandas más importantes del punk. Desde el lanzamiento de su primer single hasta su disgregación no pasaron más de catorce meses.

Y así llegamos a una de las tracas del álbum (si este no es ya de traca). ConAnarchy in the U.K.el cantante se presentaba al mundo no sólo como anarquista, sino como el mismísimo anticristo. Brama por la destrucción de todo y de todos, y lo hace con la mejor melodía y soporte instrumental que recoge el álbum. Memorable es su riff de guitarra, los breaks de batería y ese sempiterno y pegadizo: I wanna be anarchy”. La mejor muestra de lo que fue el punk británico y de la idiosincrasia de la banda. Soberbio. Nos topamos ahora con el adictivo balanceo de Submission. Sadomasoquismo y musicalidad, se pusiera Steve Jones como se pusiese. Juegan con diferentes sonidos (¡incluso meten un abusivamente sobrio sintetizador!) y pequeños detalles que esparcen por el corte y que hacen de esta una pieza interesante. Más vigorosa se muestra Pretty Vacant. Nuevamente es preciso destacar la buena labor guitarrística y, sobre todo, estructural, porque son los cambios en ella las que mantienen viva una composición que melódicamente podía caer fácil en la monotonía. Y no la trabajan sólo aquí, sino que es un elemento bastante pulido a lo largo del plástico.

Sin tiempo para el aburrimiento comienza New York y nos sorprende con un pasaje de guitarra solista que, lamentablemente, desaparece bastante pronto. Aquí toca despotricar sobre la ciudad que titula el tema: sobre su música, sus gentes y estilos de vida. Kiss me” les dice Rotten en actitud desafiante y cantando sobre un balanceo instrumental al modo en que nos encandilaban en “Submission”, aunque más acelerado y excitante. A remarcar, su final instrumental. Y llegamos a la pista que cierra el elepé con saludos y cariñitos para E.M.I., la que fuera su primera compañía discográfica. We are an addition, we are ruled by none”, vocifera Rotten mientras cabalga sobre una melodía desgastada.

Los Sex Pistols actuaron como un revulsivo para la inestable sociedad británica, canalizando el sentir juvenil del momento a través de la música, su comportamiento y estética. No consiguieron la destrucción a la que apelaban en “Anarchy in the U.K.”, pero durante unos pocos meses captaron la atención de una clase política a la que detestaban. Y lo mejor, consiguieron que tal sentimiento fuera recíproco. Desde una tienda de ropa al mundo para inspirar a otras grandes bandas como Siouxie & The Banshees, The Clash, The Buzzcocks, The Undertones o los primeros The Jam. La marca Sex Pistos fue, y seguirá siendo, un negocio de lo más lucrativo, pero también lograron remover las entrañas de una sociedad, industria y juventud como nadie lo había hecho antes. Los Sex Pistols, Malcolm McLaren y “Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols” (que además contenía 12 grandes canciones caracterizadas por sus guitarras arrolladoras) fueron la expresión del descontento, y con ello se ganaron un hueco en la historia del rock, así como establecerse como una de las bandas más importantes del punk. Desde luego, la que más en lo relativo al ámbito británico. Desde el lanzamiento de su primer single hasta su disgregación no pasaron más de catorce meses. Tres desde el lanzamiento de su primer y único elepé. Tiempo suficiente para dejar una huella imborrable. Un terremoto cuasi devastador.

Sex Pistols – Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols

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“Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols” fue el testimonio de un tiempo violento en el que los Sex Pistols, dirigidos por su mánager, hicieron saltar las alarmas de una sociedad caduca y conformista. En este elepé encontramos provocación y rabia gestionada a través de 12 canciones de grandes riffs y un puñado de buenas melodías.

Up

  • Cómo hicieron saltar las alarmas sociopolíticas desde la música.
  • Los riffs que despliegan a lo largo del disco.
  • La rabia, frustración y la ira con la que escupen letras subversivas.
  • Que jugaran con la industria musical a su completo antojo.
  • Que nos timaran a todos (San Francisco, último concierto de la banda: “¿Alguna vez habéis sentido que os han engañado?”. Johnny Rotten dixit).

Down

  • Que el inepto Sid Vicious se haya establecido como icono de los Sex Pistols y del punk pese a su inacción. Si podemos hablar de autenticida o, autenticidad relativa, ese honor debería corresponder a Johnny Rotten, el azote de McLaren.