¿Qué es un artista? ¿Qué es lo que convierte a alguien en artista? ¿Su habilidad? ¿Sus capacidades? ¿Su obra? ¿Es el artista el que hace arte al arte o, en cambio, el arte el que hace artista al artista? A menudo tratamos de separar aquello que consideramos arte y aquello que no, además de otro tipo de diferenciaciones como si una obra artística es buena o mala. Pero, ¿es suficientemente clara la definición de arte como para poder hacer este tipo de clasificaciones? La definición que la Wikipedia da es “cualquier actividad o producto realizado con una finalidad estética y también comunicativa, mediante la cual se expresan ideas, emociones o, en general, una visión del mundo, a través de diversos recursos, como los plásticos, lingüísticos, sonoros, corporales y mixtos”.

Si nos atenemos a esta definición, cualquier obra de carácter estético puede ser considerada arte, incluso una lata de tomate, como proponía Andy Warhol en su día. Pero, como opinión personal, el arte con el que más conecto profundamente no es el que está ligado al entretenimiento ni es el que busca una ejecución perfecta o un carácter puramente estético. Alguien puede tener una gran voz o un gran manejo de los pinceles y no decirme nada. Al igual que alguien puede tener una voz no muy agraciada pero dejarme completamente K.O. en mi interior. Creo que lo que hace que conecte con un artista o una obra es la honestidad y la sinceridad (aparte de otras cuestiones mucho más estéticas, claro), la necesidad de expresión como liberación más allá del gusto o la búsqueda de lo estéticamente bello. Resumiendo: sin pretender sentar cátedra ni desmerecer ningún trabajo pienso que el arte debe salir de uno mismo y para uno mismo. Por eso alabo las veces que artistas como Steven Wilson se atreven a salir de su zona de confort con trabajos como “To the Bone”, porque es lo que les apetece o necesitan hacer.

“To the Bone”: el prog en clave pop

El músico inglés ha querido rendir homenaje directamente a los artistas y grupos que alguna vez se han lanzado al pop y que le han marcado a lo largo de su carrera, tales como Talk Talk, ABBA, David Bowie, Kate Bush o Tears For Fears. Así, podemos decir que “To the Bone” es un disco de pop y el más fácil de escuchar en toda la carrera de Steven Wilson, proporcionándonos incluso algún tema con potencial para ser hit comercial.

Steven Wilson ha sido coronado por muchos como ‘el rey del rock progresivo’ gracias a su multitud de trabajos, especialmente aquellos con Porcupine Tree y sus últimos discos en solitario. Por ello, a pesar de la diversidad sonora que le ha caracterizado siempre, el público lo ha encasillado dentro de uno de esos géneros que suele contar con fans bastante puristas y reacios a otros estilos, especialmente a aquellos tan contrarios como el pop. Bueno, pues no ha tenido mejor idea Steven Wilson que irse hacia las ramas del pop con este nuevo esfuerzo. ¿El motivo? Le apetecía hacerlo.

Como ya ha aclarado en varias entrevistas, no es que no esté cómodo con esa etiqueta de rey del prog, pero como artista no le gusta quedarse encasillado dentro de un género ni se ve atado a nada; le gusta dar un paso más allá, salir de la zona de confort y probar cosas nuevas. O, como él mismo ha dicho, “a veces me gusta decepcionar a mis fans”. El acercamiento pop se venía oliendo desde su anterior trabajo, “Hand. Cannot. Erase.” (2015), el cual ya tuvo unos cuantos detractores por ese sonido más melódico. Sin embargo, para este elepé el músico inglés ha querido rendir homenaje directamente a los artistas y grupos que alguna vez se han lanzado al pop y que le han marcado a lo largo de su carrera, tales como Talk Talk, ABBA, David Bowie, Kate Bush o Tears For Fears.

¿Es el resultado entonces lo suficientemente rompedor como para llevarse las manos a la cabeza? La respuesta es no. “To the Bone” es un disco de pop, sí. Es el álbum más fácil de escuchar en toda la carrera de Steven Wilson, y podríamos incluso decir que tiene algún tema con potencial para ser hit comercial (habría sido un exitazo si estuviésemos en los 80). Pero no, Steven Wilson no ha perdido el juicio ni el prog ha sido dejado a un lado. Ni siquiera el pop es el único eje central del disco. Todos los trabajos en solitario del músico han girado en torno a algún concepto, y “To the Bone” no es una excepción. Sí, la forma esta vez ha intentado ser menos virtuosa y más melódica, menos barroca y más sobria, pero el contenido sigue siendo igual de importante.

Fotografía: https://www.facebook.com/StevenWilsonHQ/

¿Es el resultado lo suficientemente rompedor como para llevarse las manos a la cabeza? No. Steven Wilson no ha perdido el juicio ni el prog ha sido dejado a un lado. Ni siquiera el pop es el único eje.

En este caso, el concepto principal del disco gira en torno a la paranoia y la manipulación y subjetividad de la verdad en nuestra sociedad actual, empleando como vehículo diferentes situaciones, personas y perspectivas que a su vez sirven de análisis y crítica social. No por nada “To the Bone”, la canción homónima que abre el álbum, lo hace con el siguiente pequeño discurso:

Once we’ve made sense of our world, we wanna go fuck up everybody else’s because his or her truth doesn’t match mine. But this is the problem. Truth is individual calculation. Which means because we all have different perspectives, there isn’t one singular truth, is there?.

De aquí partimos a un tema introductorio que no dista mucho de su anterior larga duración. Los elementos clave siguen ahí: el gusto por la melodía (ahora aún mayor), la rica instrumentación (a los instrumentos más convencionales del rock hay que sumar aquí armónica, órgano y clavinet, además del secuenciador y los coros) con una producción cuidada hasta el más mínimo detalle y la épica progresiva que en este álbum se muestra más comedida en las guitarras, las cuales se dejan llevar por la percusión y la voz. El resultado es una pieza muy disfrutable que nos remonta a los Pink Floyd de David Gilmour y que para nada desmerece en comparación con sus discos clásicos.

Este corte sirve para sentar la base del disco y con ello permitirse una mayor experimentación y libertad sin que nada quede descolgado. “Nowhere Now” es el primer tema con potencial de hit, y sí, aquí si vemos algo mucho más cercano al Mike Oldfield de los 80 con estructuras más clásicas y sonidos mucho más amigables, además de un estribillo que brilla con luz propia y un optimismo poco común en el artista del que hablamos: “here above the clouds / I am free of all the crowds / and I float above the stars / and I feel the rush of love / looking down on Earth / it is luminous observed.

En este caso, el concepto principal del disco gira en torno a la paranoia y la manipulación y subjetividad de la verdad en nuestra sociedad actual, empleando como vehículo diferentes situaciones, personas y perspectivas que a su vez sirven de análisis y crítica social.

Momento altamente emocional el que viene con “Pariah”, un dueto en el que Ninet Tayeb le roba casi todo protagonismo a Wilson con una interpretación vocal impresionante. El tema en cuestión es una balada, un diálogo entre un marginado cansado de la sociedad, de la tecnología y de sí mismo (“I’m tired of Facebook / tired of my failing health / I’m tired of everyone / and that includes myself) y una chica que le ofrece su ayuda y le hace saber que no está solo (“so pariah you’ll begin again / take comfort from me / and I’ll take comfort from you). La instrumentación se muestra cercana al dream y desemboca en una catarsis final de sonidos post-rock para dejarnos sin habla. Seguidamente, la sobriedad mezclada con el Steven Wilson más clásico hacen acto de presencia en “The Same Asylum As Before”, una canción de contenido político en la que Steven se dirige a aquellas personas que se encuentran en el poder y que tienen control sobre la población, atreviéndose con un falsete que encaja muy bien con los riffs de guitarra.

Refuge” está relatada (tal y como el título indica) como si de un refugiado se tratase, narrándonos las condiciones tan duras en las que vive a través de un desarrollo lento que cada vez se torna más angustioso y desesperanzador, erigiéndose como uno de los momentos más oscuros de este trabajo. En contraste, una “Permanating” que podrían haber firmado ABBA (ese “permanating / celebrating now we’re levitating / high above the clouds/ yesterday / is the place where all your dreams are always” es totalmente reconocible), arroja luz, animándonos a celebrar la vida y a aferrarnos a los momentos buenos. Sí, aquí sí podemos hablar de una pieza de pop, de ese pop ochentero tan peliagudo que aquí se ejecuta con gracia y con un resultado más que satisfactorio. Por su parte, “Blank Tapes” es otro pequeño dueto acústico y de corta duración que sirve como respiro antes de llegar a “People Who Eat Darkness”, una pieza bastante agresiva escrita poco después de los sucesos de Bataclan, en la que Steven reflexiona sobre cómo la sociedad nos educa para ignorar los problemas de los demás y actuar como si todo estuviera bien: “We want you to ignore / the people who eat darkness from next door. Temas como este demuestran que el álbum que nos ocupa no se aleja tanto de los anteriores; los riffs y los solos de guitarra siguen ahí, la garra de sus canciones más potentes también, y si hay algo que se ha ido es en todo caso la recreación instrumental tan recargada que poblaba discos como “The Raven That Refused To Sing” (2013).

En cierto modo podríamos decir que este es el disco más personal e incluso comprometido en su forma que el músico inglés ha facturado hasta la fecha, pero al final los cambios no son tan exagerados como cabría esperar y todo suena como una evolución natural del sonido que ha ido trabajando y puliendo desde que comenzara su carrera en solitario.

En cambio, hay otros cortes como “Song of I” que sí toman un rumbo bastante distinto. En esta pieza las voces de Steven y Sophie Hunger son las protagonistas, deshaciéndose de casi toda instrumentación para construir una atmósfera de suspense que añade detalles poco a poco hasta culminar en una sección de cuerda que, pese a ese carácter pop, hace que sea una canción poco convencional, más cuando se habla de una relación tóxica en la que uno de los dos está dispuesto a dejar todo excepto a la otra persona: “I gave it up to show you that I care / to show you that I could / but don’t you ever ask me to give up you. Si alguien echaba de menos las piezas de gran extensión, “Detonation” roza los diez minutos de duración en una épica que combina elementos electrónicos, acústicos y eléctricos, momentos de calma y momentos de furia que intentan reflejar el homicidio cometido por Omar Mateen en un club frecuentado por personas homosexuales en Orlando. El narrador aquí es el propio terrorista, quien intenta justificar el ataque a través de su propia verdad retorcida y manipuladora, apelando a Dios y a su mandato. Estilísticamente tampoco se queda atrás, con fragmentos cercanos al funk, otros puramente prog y un solo final esquizoide.

Predeciblemente en un compacto como este, el comienzo de “Song of Unborn” arranca lentamente con el piano como resolución final al igual que ya lo hacía “Happy Returns / Ascendant Here On” en “Hand. Cannot. Erase.”, desembocando en una pieza acústica que resume el caos en el que el mundo está sumergido, la falta de libertad e independencia individuales y la lucha por la supervivencia en estas condiciones: “Well the world is exhausted / and the wreckage is all around / but the arc of your life / could still be profound. Ese cierre con “don’t be afraid to die / don’t be afraid to be alive permite acabar a la perfección “To the Bone”, y es que los finales es algo que Steven Wilson siempre parece hacer con gran maestría.

“To the Bone” es un disco concebido desde una perspectiva solista más que en conjunto con una banda de músicos. Es natural entonces que su composición esté pensada más en piezas separadas de menor duración en lugar de conjuntos extensos en los que la improvisación se hace notar más. En cierto modo podríamos decir que este es el disco más personal e incluso comprometido en su forma que el músico inglés ha facturado hasta la fecha, pero al final los cambios no son tan exagerados como cabría esperar y todo suena como una evolución natural (y progresiva, si queremos hacer un chiste malo) del sonido que ha ido trabajando y puliendo desde que comenzara su carrera en solitario con aquel “Insurgentes” (2008). No es un álbum perfecto y quizás sus dos anteriores obras consiguieron bordar un pelín mejor el propósito detrás de su concepción, pero está claro que “To the Bone” está muy lejos de ser un paso en falso. Más bien hablamos de la confirmación de la habilidad de Wilson para hacer lo que le dé la gana.

Steven Wilson – To the Bone

8.4

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Cuando Steven Wilson dijo que iba a publicar un disco de pop el miedo se apoderó de los fans más puristas y amantes de sus trabajos más puros de rock progresivo. No es que mintiera, ya que en “To the Bone” hay momentos que recuerdan a ABBA y a Talk Talk, pero tampoco es un álbum tan alejado ni rompedor como parecía porque, a pesar de todo, mantiene la esencia y la maestría de un músico capaz de todo.

Up

  • Su trabajo más accesible y fácil de escuchar.
  • Que siga experimentando y dé canciones tan frescas, atrevidas y novedosas como “Song of I”.
  • Ninet Tayeb. Cualquier adjetivo se queda corto para describir el alcance de su voz y su interpretación.
  • Mantiene la esencia de su sonido. Tiene momentos divertidos como “Permanating” y momentos catárticos como “Pariah” o “Detonation”.

Down

  • Quizás le falte un pelín de cohesión entre los temas más alegres y los más duros.
  • Se echa en falta un poco más de presencia de Ninet Tayeb. No porque no la tenga, sino porque con voces así nunca es suficiente.