Cuando hablaba de Kiran Leonard en aquella reseña que hice de su anterior “Grapefruit” no dejaba de admirar su genio creativo. Me sorprendió que este joven inglés (en aquel entonces tenía 21 años) fuera capaz de firmar, desde su dormitorio, composiciones en las que se mezclaban la épica del sonido de los Radiohead de “OK Computer” con el entusiasmo de la persona que crea guiándose por su instinto y no por la necesidad de demostrar nada al público. Ya había probado su valía con anteriores maquetas en las que se hacía cargo de cada instrumento, pero en “Grapefruit” su creatividad y ambición alcanzaron cotas máximas. Sin embargo, la falta de un envoltorio adecuado lastró aquel trabajo y no lo dejó conseguir su potencial real. Aunque tenía momentos más que brillantes (basta escuchar “Pink Fruit”, la pieza de dieciséis minutos que articulaba todo el largo), el conjunto resultaba engorroso y caótico; un universo al que costaba asomarse.

Mientras desarrollaba aquel “Grapefruit” Kiran experimentó con una temática más elevada dándola forma en el álbum que nos trae hoy aquí y que ha visto la luz un año después: “Derevaun Seraun, compacto descrito por el músico de la siguiente manera en su página de Bandcamp:

“DEREVAUN SERAUN” es una pieza de cinco movimientos para voz, piano y trío de cuerdas que escribí hace un par de años. Cada movimiento trata de una obra literaria, explorando su valor y la impresión que causó en mí […]

Kiran, ¿quién eres y qué te han hecho?

Ni tanto ni tan poco: ortodoxia barroca contra caos de dormitorio

Aunque en la superficie encontramos un artista en apariencia antagónico al Kiran que conocíamos, un vistazo a las cinco piezas que componen este trabajo ponen de manifiesto que el músico capaz de componer canciones intrincadas, con cambios y matices, sigue presente.

Se podría decir que todo lo que echábamos en falta en “Grapefruit” aparece en “Derevaun Seraun” pero, como ya nos muestra la introductoria Could She Still Draw Back?, también desaparece cada elemento que caracterizaba su anterior producción. Si en “Grapefruit” uno podía situarse en el final de aquellos noventa protagonizados por el ruido y Radiohead, aquí nos transportamos al neoclasicismo, a los grandes salones, los rostros acicalados que se mueven al son de conversaciones inspiradas, en este caso, por James Joyce describiendo la clase media irlandesa con “The Dubliners”. Aunque en la superficie encontramos un artista en apariencia antagónico al Kiran que conocíamos, un vistazo a las cinco piezas que componen este trabajo ponen de manifiesto que el músico capaz de componer canciones intrincadas, con cambios y matices, sigue presente.

Sin “Grapefruit” no es posible entender “Derevaun Seraun”. Conforme uno se adentra en este elepé comienzan a aparecer estructuras y características que conectan los dos trabajos. Ambos comienzan con un tema delicado de piano y voz que concluye en éxtasis, siguiendo su camino a través de un track con pasajes más concretos y con más punch. Living With Your Alimentsse mueve a partir de un piano claro y conciso, envuelto con unos violines sedosos que le proporcionan orden a una canción en la que Kiran, protagonista, canta a la desolación mientras dibuja retratos de melancolía entre tramas barrocas que mutan añadiendo silencios, crescendos y staccatos. Mención especial merece la voz del final, con un Kiran nervioso que alza la voz para gritar dolorido, representando el significado del título del álbum: “al final del placer, hay dolor”.

Estos cinco movimientos (que bien podrían haber nacido de una colaboración con Owen Pallett) muestran pasajes bien excitantes, pero diría que no termina de desarrollar del todo su potencial.

Rebuscando en el Bandcamp del artista se puede encontrar una primera versión de esta pieza, de carácter más electrónico y delicado, incluyendo samples y texturas la mar de deliciosas. Nos guste o no Kiran ha decidido no seguir este camino para firmar un trabajo que resulta algo aséptico; no termina de transmitir como lo hacen The Divine Comedy o conjuntos en esta línea barroca. Pero seguimos escuchando el álbum y encontramos A Particle of Flesh Refuses The Consummation of Death”, que empieza de manera sensual, jugueteando entre la melodía de un piano simple, percutor y sobrio, los silencios y una sensación de no aterrizar en ningún lugar (algo más que evidente en la recta final, donde no termina de dibujar ninguna melodía que nos guíe).

También podemos sacar en claro que cuando Kiran decide reprimir su necesidad de confeccionar temas excesivamente largos es cuando sale ganando, y The Mute Wide-Open Eye of All Thingslo confirma. Si bien nos remite a una banda sonora tensa y misteriosa, también tiene un poso jazz y crooner que hace de esta pieza de menos de dos minutos y medio una delicia que compensa el final incoherente de “A Particle of Flesh Refuses The Consummation of Death”. El último movimiento de la obra es la maravillosa The Cure for Pneumotorax, donde la oscuridad y el intimismo del piano en su primera parte podrían pertenecer a la banda sonora que ideó Angelo Badalamenti para Twin Peaks. Kiran presenta aquí a dos personajes dados a la mala vida dibujando las últimas trazas de ese retrato melancólico pero en el que empieza a entrar luz y esperanza. Entonces nos encontramos con un cambio de ritmo y una progresión más luminosa en la que un violín vitalista guía el piano hacia un éxtasis camino a nuestra salida y a un minuto final que rompe toda estética lograda hasta el momento, devolviéndonos al mundo real.

“Derevaun Seraun” tiene, como decía, todas las características que habrían hecho perfecto a “Grapefruit”, aunque asimismo carece de todo su encanto. No tenemos al Kiran acelerado y sucio, sino a un chico correcto que busca la belleza en entornos elevados. La apuesta es, sin embargo, cuanto menos interesante: estos cinco movimientos (que bien podrían haber nacido de una colaboración con Owen Pallett) muestran pasajes bien excitantes, pero diría que no termina de desarrollar del todo su potencial. El verso elevado, que en ocasiones queda vacío, tampoco termina de ayudar. De lo que no cabe duda es de que se trata de un paso adelante en la carrera de Kiran, quien esperamos sepa recoger en el futuro tanto lo genuino y tosco de “Grapefruit” como lo más pulcro e interesante de un “Derevaun Seraun” que deja algo que desear.

Kiran Leonard – Derevaun Seraun

6.7

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“Derevaun Seraun” nos muestra la cara más correcta y elevada de ese Kiran Leonard que conocimos más caótico y garajero en “Grapefruit”. Sin embargo, en su esfuerzo por entregar composiciones barrocas que harían las delicias de Owen Pallett también pierde algo de personalidad y encanto.

Up

  • La ambición artística de Kiran Leonard.
  • El concepto con el que nace este trabajo.
  • “The Cure for Pneumotorax”.

Down

  • El minuto final de “The Cure for Pneumotorax”, que rompe todo el clima creado hasta ese momento.
  • Los pasajes intermedios del trabajo, que no terminan de aportar nada y se tornan caóticos.
  • Pierde toda la magia y encanto de sus producciones más sucias.

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