El rock & roll no necesita de más, que tiempos duros, pero divertidos”. No lo digo yo, lo cantaban Pereza en una de sus canciones más infravaloradas y a la vez más icónicas. Quique González se quiso subir al carro. Claro. Y cualquiera al que la música le haya metido el picorcillo en el alma. Quizá por eso Rubén Pozo ha vuelto con fuerza en su tercer trabajo en solitario: “Habrá Que Vivir”. Un título muy descriptivo de lo que nos vamos a encontrar dentro: 12+1 temas de su estilo más descarnado.

“Habrá Que Vivir”: 13 razones para seguir cantando

Y es que Rubén ya cuajó un disco muy enfocado en el oficio de cancionista con su anterior esfuerzo, “En Marcha”. En él analizaba lo duro que es a veces seguir en la carretera a pesar de los años (y de que algunos te den de lado) y le hacía un monumento a Buenos Aires y a esa chica de la curva con la que quieres cruzar la carretera mientras suena la radio a tope. Típicos tópicos del rock and roll, pero con un lenguaje propio que Rubén ha ido acuñando desde aquel lejano Buenas Noches Rose hasta esta nueva etapa en solitario, pasando por Pereza.

Rubén Pozo recorre los típicos tópicos del rock and roll, pero con un lenguaje propio que ha ido acuñando desde aquel lejano Buenas Noches Rose hasta esta nueva etapa en solitario, pasando por Pereza.

Así comienza también su tercer LP, con una “Caperucita Feroz” que bien podría hablar de manera feroz y vacilona sobre ‘esos días’ de su chica, que de los vúmetros del estudio de grabación ‘picando en rojo’. Sea como sea “Habrá Que Vivir”, parece repetirse una y otra vez a lo largo y ancho de un disco en el que ha vuelto a hacer lo que le ha dado la gana. Quizá en lo que ha cristalizado como su trabajo más vieja escuela. Y es que la banda con la que rueda ahora ha terminado de encajar todas las piezas de su puzle sonoro, tal y como demuestra la guitarra distorsionada y juguetona de Víctor L. Pescador (seguramente lo recuerden de los dos discos de Ángel Stanich, destacando el reciente y grandísimo “Antigua y Barbuda”).

Pero también hay momentos para la pausa y el folk ese que los guiris llaman “de pantano”, pero que con Rubén sigue sonando a Burning y a esa gente que también lo hizo en su momento. Rubén Pozo sigue su estela, le van saliendo a borbotones las referencias como le pasa con ese “sábado a la noche, ya cobré” de Moris, otro que tal baila (el rock). En fin, todo eso es “Guitarra Española”, la pieza que más conserva esa melodía acompañada de arreglos blueseros y rockeros tan suyos. Un oasis de calma antes de pisar el acelerador con “Te Invoco”, un rock de corte pesimista en el que se queja de amores, de la música, de la droga, de algún amigo… qué se yo, con acertadas rimas antes de pasar a “Llámame Brisa”. Una auto reivindicación que le queda más auténtica que a Sabina, como cuando el maestro se iba de bares con los Urquijo y se picaban a ver quién terminaba mejor la canción. Así ocurrió también con Benjamín Prado, quien se juntó con Ru y con Joaquín para darle vida a esta canción que Leiva produjo como “No tan deprisa” con algún arreglo más, y que aquí se muestra más pura y acústica, más blues correcaminos.

Un trabajo de rock y folk, de vieja escuela y de cantarle a la vida y al camino. Que, al final, después de todo, es lo único que queda.

También hay hueco para canciones más fáciles. No todo iban a ser rimas de altura, a veces hay que tomarse un respiro como en “Saliendo de la Estupefacción”, donde la melodía pop perezosa y algún hammond tienen más peso que la letra. Al contrario que con “T Rex”, donde yo encuentro alguna sátira para algún viejo amigo músico… o a lo mejor tengo demasiada imaginación. En cualquier caso, este puede que sea uno de los cortes más acertados, que mejora con cada escucha y que luego tiene su versión rocanrol. Pero eso después, porque ahora viene “Pop Para Niñas”, la canción con más intención del disco (la de no tener intención), un potentísimo riff y una letra sin ningún tipo de pretensión. Aquí hemos venido a movernos y a disfrutar, y no queremos nada sesudo. Esa era la filosofía de Pereza, ¿no? Un corte que contrasta al máximo con “Algo Que Decirle al Mundo”, y es que ya desde el título nos anuncia que se viene la mejor letra del disco, con sus más y sus menos, pero con alma. Con la eterna contradicción artística de si ya está dicho todo lo que voy a decir, ¿para qué lo digo? Aunque cada uno tiene su estilo y aquí es donde Rubén gana enteros. Igual ocurre en “De vena Tonta”, donde el verso “a ciento y mierda por la carretera” no suena mal ni cutre, suena a Rubén. En fin, todo el álbum suena a él y puede que sea de los más personales que ha creado nunca. En esta composición lo vuelve a demostrar, con sus melodías pegadizas y poperas y ese pulso que tan bien le tiene tomado a las canciones, con mención especial al solazo que se marca el ‘rey’ Pescador.

Lo que ha que querido hacer Rubén Pozo es un disco con su estilo, como el Raúl del Madrid: sin destacar en nada, pero con un notable en todo. Con canciones redondas, con buenas letras y con grandes momentos.

Aquí comienza la recta final del disco, con esa “Santa Rita” que parece producida a la medida de “Llámame Brisa”, con una steel guitar y ese ritmo folk. Tenía razón Rubén cuando nos comentaba que José Nortes ha entendido a la perfección el disco que quería hacer, aunque eso lo contaremos con mucho más detalle en otra ocasión.

Porque lo que ha que querido hacer el cantautor es un disco con su estilo, como el Raúl del Madrid: sin destacar en nada, pero con un notable en todo. Con canciones redondas, con buenas letras y con grandes momentos. Así ocurre también en “Apartando la Mirada” (parece que ya le hemos escuchado unas cuantas veces, en este y otros discos) y en ese reprise de “T Rex” que, lejos de sobrarnos, termina por todo lo alto “Habrá Que Vivir”. Un trabajo de rock y folk, de vieja escuela y de cantarle a la vida y al camino. Que, al final, después de todo, es lo único que queda.

Rubén Pozo – Habrá Que Vivir

7.5

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115

Rubén Pozo tiene todavía mucho que decir y lo demuestra con su tercer trabajo de estudio en solitario: “Habrá Que Vivir”, un álbum en el que combina su rock de vieja escuela con folk de porche de Kansas y ramalazos pop directos y sin pretensiones. Un trabajo de notable alto para un músico con un estilo y un lenguaje muy propios.

Up

  • La buena mezcla de elementos de toda la vida. Es un disco que no destaca especialmente en nada, pero joder, qué bueno es.
  • El rock and roll que le sigue hirviendo en las venas.
  • Se nota que ha dado con una banda que le acompaña, y se gustan.

Down

  • Algunas canciones las hemos oído ya unas cuantas veces en otros discos.
  • El ritmo es un tanto irregular. Al final parece que ha ido alternando tema rápido y tema lento y eso corta un poco el rollo.