En los últimos tiempos una banda de Londres llamada Public Service Broadcasting ha logrado cierta relevancia en el panorama británico gracias a su álbum de 2015 “The Race For Space”, donde ofrecían una propuesta bien llamativa: en vez de cantar sampleaban anuncios de comerciales o de propaganda oficial (en ocasiones extraídos de la BBC y más recientemente del British Film Institute) para compensar el hecho de que ninguno de sus dos miembros fundadores (el guitarrista y productor J. Willgoose Esq. y el baterista Wrigglesworth) es vocalista.

Históricamente hay antecedentes de esa clase de prácticas en “My Life In The Bush Of Ghosts”, el trabajo conjunto grabado en 1980 por Brian Eno y David Byrne donde sampleaban voces de predicadores religiosos mezclando música africana con dosis de electrónica en aras de hacer música futurista, pero sobre todo buscando un sonido integrista, universal, que fuese más allá de lo anglosajón. En los años posteriores aparecieron bandas como The Focus Group y Boards Of Canada que apelaron a esa forma de aplicar los sampleos, pero la invirtieron al usarla como una forma de retratar que la nostalgia por el pasado conllevara cierto orgullo o una marcada melancolía.

“The Race For Space” fue el segundo trabajo en largo de PSB (en el 2013 debutaron con “Inform – Educate – Entertain”) y en él narran la carrera espacial mientras una mezcla de electrónica con krautrock y alguna reminiscencia indie rock bien nos mete en toda esa historia, o bien nos cautiva por esas voces radiales que transmiten por sí solas una mística tremenda. Resultó ser el trabajo que les dio reconocimiento en los círculos más exigentes de la radio británica, y de manera sorpresiva logró el #11 de los más vendidos en el Top 40 de Gran Bretaña. Con semejante logro (ratificado con un álbum en vivo lanzado a finales de 2016) tiene mucho sentido que su tercer trabajo de estudio despertara una expectativa considerable.

“Every Valley”: de lo sideral a lo terrenal

PSB ahora deciden contarnos mediante el uso del sampleo la forma en que la Revolución Industrial logró su apogeo para luego perder impulso en el siglo XIX y dejar secuelas profundas entre la población, muy concretamente en la industria del carbón en Gales.

Así han lanzado su tercera producción, “Every Valley”, en la que ahora deciden contarnos mediante el uso del sampleo la forma en que la Revolución Industrial logró su apogeo para luego perder impulso en el siglo XIX y dejar secuelas profundas entre la población, muy concretamente en la industria del carbón en Gales. De acuerdo a Willgoose, fue su fascinación con el paisaje galés y la relación del país con la minería a lo largo de la historia lo que inspiró el concepto. Durante las grabaciones se une un nuevo miembro a la formación: el bajista JF Abraham, fundamental en el giro estilístico del LP con respecto a los anteriores, que ha consistido en alejarse de ese sonido vibrante que rescataba la emoción de la novedad y la aventura que representa la historia de su antecesor para favorecer otro más orgánico, pero de igual manera diverso, profundo y menos agradable de ilustrar en un larga duración.

En “Every Valley” se alejan de ese sonido vibrante que rescataba la emoción de la novedad y la aventura que representa la historia de su antecesor para favorecer otro más orgánico, pero de igual manera diverso, profundo y menos agradable de ilustrar en un larga duración.

La apertura con la canción que da nombre a la placa (“Every Valley”) es una declaración de intenciones: un spaghetti western propio de la aventura que se percibe en el horizonte. Escuchar el verso Every little boy’s ambition in my valley was to become a miner / There was the arrogant strut of the lords of the coal face” no deja muchas dudas sobre la postura a desarrollar en el resto de temas. No obstante, en la primera mitad va a predominar el optimismo ciego de los industriales e ingenieros sobre esta idea de progreso. The Pity People Will Always Need Coal”, donde samplean anuncios buscando obreros para trabajar en las fábricas mientras les venden su idea del progreso, beben mucho del art rock de XTC pero sin dejar de sonar totalmente a la banda sonora de un documental. El punto álgido de esa carrera industrial lo encontramos en Progress, donde aparece la primera colaboración del disco: la de Tracyanne Campbell de Camera Obscura, quien aporta su voz de manera sublime en el verso I believe, I believe in progress, in progress”. Es extraño porque su interpretación es capaz de transmitir la esperanza en el futuro, pero al mismo tiempo cuando uno sabe cuál es el final de la historia es como si fuese un ángel de la muerte cubriendo a todos los actores con una voz de sirena donde al final encontraremos la perdición.

“Progress” deja ver un giro de estilo hacia el krautrock que se profundizará en Go To The Road, donde destaca el trabajo de Wrigglesworth en la batería para darle un acabado con ciertas deudas del jazz y al ritmo motorik propio del movimiento alemán. En ese punto de la historia es cuando se empieza a pudrir la situación para los pobladores, pues mediante los sampleos se explica que las fabricas comienzan a cerrar luego de sesenta años funcionando sin interrupciones. Justamente allí aparece la potente All Out, por mucho el número más guitarrero que haya grabado PSB hasta la fecha y un reflejo de cómo el movimiento obrero se va fortaleciendo en Gales a raíz de la desaceleración en el sector industrial, con el consecuente desempleo y la pobreza que causa. La última frase I was brought up to respect police / I don’t respect them now” ilustra a la perfección la forma en que se va fragmentando la relación entre gobernantes y gobernados.

Por mucho que su punto de partida sea meramente histórico, está claro que la denuncia social es importante en la concepción de “Every Valley”. No obstante, sería un error considerar esto como una arremetida frente a los tiempos que corren o uno de los discos ‘anti-Trump’.

Se conecta casi sin pausas con Turn No More, seguramente lo más pop que tiene para ofrecer “Every Valley” gracias a la participación del vocalista de Manic Street Preachers, James Dean Bradfield, quien recita extractos del poema “Gwalia Deserta XXXVI” del autor (minero en tiempo pasado) Idris Davies. Aquí es necesario hacer una pausa y mencionar que si bien antes PSB hizo colaboraciones con otros artistas (el dúo de dream pop Smoke Fairies participó en un track de “The Race For Space”), en “Every Valley” estas son más frecuentes y todas aportan un matiz adicional a la historia que se narra, pero al mismo tiempo lo hacen más accesible y ‘pop’ que sus trabajos anteriores. Hay un motivo por el cual la mayoría de invitados participan en la segunda mitad, y ese es que las secuelas de la desaceleración industrial son relatadas por ellos, sea instrumental o vocalmente. “They Gave Me A Lamp, por ejemplo, cuenta con la participación del trío de folktronica y post rock Haiku Salut, quienes contribuyen a la causa con un acordeón y percusiones. Adicionalmente incorporan una sección de vientos que aporta nuevos matices a los acostumbrados por la banda. Aquí se narra el empoderamiento que van adquiriendo las mujeres de clase obrera durante el gran paro de 1984-1985, así como su rol en dichos acontecimientos.

En la parte final encontramos algo de tregua conYou + Me, un medio tiempo que con una jugada muy simple plasma una realidad patente en la sociedad galesa: la fractura cultural entre aquellos que quieren conservar sus costumbres ancestrales (particularmente el lenguaje gaélico) y quienes se sienten por encima de todo británicos. Con instrumentación más discreta, la responsable de llevarla a buen término es Lisa Jên Brown del grupo folk galés 9Bach, cantando a dúo con Willgoose, quien de esta forma aporta por primera vez su voz a una canción de PSB. En Mother Of The Villagemantienen ese tono sosegado mientras frases como I loved the mining industry and I wouldn’t have missed it, not for anything / And I’m so sad and sorry to see that it’s gone” revelan la pobreza que golpeó a los pueblos mineros de Gales cuando las ofertas de empleo se fueron mudando a otros lugares. Para el gran final nos dejan Take Me Home”, que a través de su canto a capela no sólo exterioriza la nostalgia por tiempos mejores, sino mucho de ese orgullo por el pasado típico de las ciudades británicas después de la Primera Guerra Mundial. Ese mismo que le permitió al siglo XIX ser el de las revoluciones populares sostenidas en principios como el ludismo o el movimiento sindical.

Con “Every Valley” seguramente tenemos uno de los trabajos más atrapantes e ingeniosos del año. Por samplear, por tocar en vivo, por tener invitados y usarlos de esa forma en que lo hacen, pero sobre todo por hacer que de algún modo el documentalismo histórico sea un elemento de impacto en tiempos donde el revivalismo de meras tendencias es moneda corriente en el entretenimiento.

Por mucho que su punto de partida sea meramente histórico, está claro que la denuncia social es importante en la concepción de “Every Valley”. Si hablamos de desigualdad, falta de oportunidades y abandono de la población a su suerte por parte de la clase política, ejemplos abundan y se pueden extrapolar al mundo entero. Pero sería un error considerar esto como una arremetida frente a los tiempos que corren o uno de los discos ‘anti-Trump’ que se anunciaron desde principios de año. El ejercicio de situarlo en esa categoría es forzado porque hay una historia concreta narrándose, bien delimitada mediante los sampleos y los músicos invitados.

Instrumentalmente, la historia que narran se articula de forma increíble por el enfoque orgánico mencionado anteriormente. Hay menos electrónica en esta producción para poder emular con la mayor fidelidad posible ese ambiente más pacífico y pastoral de los siglos XVIII y XIX (en ocasiones resulta borrosa la línea entre sampleo y ejercicio de estilo, todo sea dicho), así como la vida de aquellos que pasaron por la transición de lo rural a lo urbano mientras sus costumbres se veían trastocadas en el proceso. Cuando hay electrónica es para aludir al optimismo del avance tecnológico presente en distintas fases de la historia que nos narran, como es el caso de “Progress”. Cuando no, tenemos la mirada nostálgica de “Take Me Home”.

Aunque no deja de sorprender el reconocimiento que viene acumulando PSB en los últimos tiempos con una propuesta tan alejada de los estándares ‘normales’ de la música popular, en “Every Valley” seguramente tenemos uno de los trabajos más atrapantes e ingeniosos del año, y el más accesible hasta la fecha. Por samplear, por tocar en vivo, por tener invitados y usarlos de esa forma en que lo hacen, pero sobre todo por hacer que de algún modo el documentalismo histórico sea un elemento de impacto en tiempos donde el revivalismo de meras tendencias es moneda corriente en el entretenimiento.

Public Service Broadcasting – Every Valley

8.9

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115

Si Throbbing Gristle o Cabaret Voltaire llegaron a describir sus trayectorias en algún momento como ‘periodismo’ o ‘documentalismo’, lo de PSB bien puede ser arqueología. Escarbando en la historia de la humanidad parecen dispuestos a ofrecernos una versión más limpia y ambiciosa del sampleo de los recuerdos mientras los reinventan desde sus instrumentos. Hasta el momento han llegado a más gente de la que cualquiera con esa propuesta musical haya siquiera imaginado en el pasado.

Up

  • Importante avance sonoro con respecto a sus dos trabajos anteriores.
  • Tomar un momento de la historia y plasmarlo en un disco probablemente no se veía en la música popular desde los años dorados del rock progresivo. No de forma tan atrapante, al menos.
  • Los aportes de los músicos invitados son intachables.
  • “Take Me Home”.

Down

  • La incertidumbre de saber qué dirección seguirán (arqueólogos musicales o meros músicos productores) y la incómoda cuestión de si, cualquiera que sea el rumbo que tomen, será igual de excitante que su presente.