Madrugue. Sírvase una taza de café caliente. Sólo es una mañana más. El otoño ha llegado. Estire las piernas. La niebla diluye la vanidad y la convierte en un hogar donde pasar el invierno. ¿Ya ha tenido su momento burocrático de leer las noticias del día? Las noticias no importan; la realidad está ahí fuera y nadie parece prestarle atención. Las rutinas resuelven el enigma de qué hacer con el mundo. Mientras, apure su taza de café y tome asiento. A continuación, desempolve ese viejo tocadiscos. Regálese el placer de escuchar lo nuevo de Micah P. Hinson. Álbumes como este sólo llegan una vez cada mucho tiempo.

Micah P. Hinson es el frío. El frío es el regreso inesperado de la nostalgia. La espada de la memoria desbroza antiguas amistades, atiende compromisos ya olvidados, narra historias que aún no se han escuchado. La suave cadencia del genio de Tennessee emerge tras más de dos años de silencio, tal y como hacía presagiar aquella pieza colosal de ruido y música clásica, “The Returning”. Su vuelta discográfica al plano de los vivos no peca de ser momentánea, viene para quedarse. Lo ha demostrado innumerables veces, desde que en 2004 hiciera andadura con ese magistral “Micah P. Hinson and the Gospel of Progress”, o a través de la novela breve “No voy a salir de aquí”, publicada en España por el sello Alpha Decay.

Una ópera folk cargada de futuro y madurez

Una apertura ambiental basada en un suave punteo nos da la bienvenida a esta ópera folk moderna titulada “The Holy Strangers”. El álbum posee un desarrollo conceptual que narra la historia de una familia entera en tiempos de guerra, “reflejando todas las etapas de la vida, desde el nacimiento del amor, del matrimonio y los niños, pasando por la traición, el asesinato y el suicidio”, según reza la nota de presentación del disco.

Fotografía: Francesca Sara Cauli

El nuevo álbum de Micah P. Hinson posee un desarrollo conceptual que narra la historia de una familia entera en tiempos de guerra, reflejando todas las etapas de la vida, desde el nacimiento del amor, del matrimonio y los niños, pasando por la traición, el asesinato y el suicidio.

De esta forma, podemos presuponer que el primer corte, The Temptation, representa el nacimiento de los personajes y punto de partida del relato. Esta primera pieza abre paso a The Great Void”, una suerte de “Beneath the Rose” basada tan sólo en un arpegio tímido de guitarra junto a un incisivo y melancólico pedal steel que entra y sale de la escena como viento. Y esto es precisamente de lo que habla la canción, de ese “gran vacío” que se presenta al crecer y entrar en contacto con el mundo exterior.

La voz personalísima de bajo barítono de Micah se muestra en plena forma. Del mismo modo, la producción musical no se ha visto nada alterada respecto a sus anteriores trabajos: orgánica, minimalista, celosa de cada detalle. Como siempre, el Flaco de Texas basa su edición de audio en lo vintage, lo analógico, ya sea en la interpretación a pelo con la guitarra o con los arreglos de cuerdas, teclados y pedal steel. Aquí lo importante es conseguir crear una atmósfera cálida, nostálgica y acorde al mensaje del disco. Hierático, soberbio y altivo, pero a la vez cercano y templado. Así se muestra un orgulloso Micah P. Hinson en la portada del álbum. Hombre pálido, chupado y de mirada penetrante, acompañado siempre por ese portacigarros a lo Cruella de Vil. Pero no se dejen engañar, no van a encontrar nada maligno aquí. Todo lo contrario.

Lover’s Lane recuerda a la mejor época de Johny Cash, la de “I Walk the Line”. Además, parece representar el idilio amoroso entre los personajes principales. “The Holy Strangers” contiene algunas piezas instrumentales que sirven para reforzar el clima romántico y evocador que transmite la historia. A su vez, funcionan como presentación o preludio de los temas más potentes. Así sucede en “The Years Tire On”, un corte que nos retrotrae a varios de los mejores discos firmados por Bob Dylan, como el “Oh Mercy” o el “Time Out of Mind”.  Pero a pesar de llevar consigo una extensa y siempre exquisita guardia pretoriana folk a sus espaldas, Micah presenta una sensibilidad inédita y fuera de lo común, una fuerza creadora propia de los genios que arrolla todo a su paso y seduce al clavarse como estaca en el alma. El que presume de ser el single, Oh, Spaceman”, tan sólo consiste en una decadente entonación de Micah acompañada de una dulce guitarra acústica y arreglos de cuerdas. Por el título, podríamos decir que es un homenaje a Bowie, aunque en realidad trate de un sollozante clamor a ese “hombre del espacio” que observa todo desde el cielo. Atentos a ese llanto de bebé que se cuela por las pistas.

Una profecía apocalíptica en spoken word

La voz personalísima de bajo barítono de Micah se muestra en plena forma. Del mismo modo, la producción musical no se ha visto nada alterada respecto a sus anteriores trabajos: orgánica, minimalista, celosa de cada detalle. Como siempre, el Flaco de Texas basa su edición de audio en lo vintage, lo analógico.

La canción que da título al álbum, The Holy Strangers”, es otra pieza instrumental que antecede a la que es la última parte de la primera cara y quizás la canción más lograda del disco: “Micah Book One”. Su enigmático título responde al libro bíblico del profeta Miqueas que alienta a la ira divina contra la corrupción moral del pueblo de Israel. Estos son algunos de los versos de dicho libro que Micah recita sobre una leve y tenue base de pedal steel, punteos de lluvia de piano y percusión desnuda:

Por tanto, de la profecía se os hará noche, y oscuridad del adivinar; y sobre los profetas se pondrá el sol, y el día se oscurecerá sobre ellos. Y serán avergonzados los profetas, y se confundirán los adivinos; y todos ellos cerrarán sus labios, porque no hay respuesta de Dios. Mas yo estoy lleno de poder del Espíritu de Jehová, y de juicio y de fuerza, para denunciar a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado. […] Por tanto, a causa de vosotros Sion será arada como campo, y Jerusalén vendrá a ser un montón de ruinas, y el monte de la casa como cumbres de bosque”.

Aquí lo importante es conseguir crear una atmósfera cálida, nostálgica y acorde al mensaje del disco. Hierático, soberbio y altivo, pero a la vez cercano y templado. No obstante, el final de la obra deja entrever la fascinación de Hinson por la creación de espacios sonoros y texturas espaciales. No todo es folk, también hay vanguardia y experimentación.

Con un tono mesiánico y voz quebrada, nos regala estos ocho minutos de spoken word tocada por la divinidad. De Micah era conocida su estricta educación religiosa en un entorno como el de Memphis, al sur de Estados Unidos. La carga dramática del tema infunde respeto y veneración a partes iguales. La segunda cara del disco arranca con “The War”, una bonita pieza sostenida de piano con una percusión ínfima de lo que parece un simple metrónomo y que recuerda a ciertos pasajes del And The Pioneers Saboteurs” (2010). El vaivén melódico de The Darling presume de ser una de las más bellas de la colección, cantada junto a la que suponemos es su mujer, y presenta un final traumático a la relación amorosa que hace presagiar el asesinato.

El final de la obra deja entrever la fascinación de Hinson por la creación de espacios sonoros y texturas espaciales, constatando que no todo es folk y que también hay vanguardia y experimentación. The Awakening es otra pieza instrumental cantada a coro sobre un sermón de un predicador, y The Last Song” recuerda al Leonard Cohen de “Songs of Love and Hate” (1971). La letra deja entrever una tentativa de homicidio y un posterior suicidio del protagonista. Las cuerdas toman protagonismo en The Memorial Day Massacre”, elevando así la tensión del disco y desvelando un trágico y luctuoso punto final a la historia de amor. “The Lady From Abilene” es un folk que nos retrotrae a antiguos éxitos, como “Seven Horses Seen”. A pesar de la alegría que destila el corte, el autor juega con el oyente y el contenido es mucho más tenebroso y oscuro. Y de esa forma nace la última canción, “Come by Here”, una versión ácida y lacrimógena de la canción popular afroamericana “Kumbayá”. Una guitarra llora en el silencio mientras la voz quebrada de Micah entona el himno espiritual. Un etéreo solo de banjo y piano avanzan hacia un final deslumbrante y luminoso.

Abríguense que el invierno ya está aquí.

Micah P. Hinson – Presents The Holy Strangers

8.5

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Micah P. Hinson entrega uno de los mejores trabajos de su carrera. Tiene todo lo que se puede esperar de él y mucho más, haciendo uso del único instrumento válido para escribir canciones: la pasión. La obra supone el golpe definitivo para alcanzar la madurez del artista y entrar en el terreno de los genios. La esperanza viva del folk.

Up

  • Una perfecta síntesis de la música folk norteamericana pasada por el filtro de la innovación y lo experimental. En el sentido lírico, Micah construye las mejores letras de su carrera.
  • “Micah Book One”. Un spoken word hacia lo sagrado que hace sacudir los cimientos de la fe.
  • Las ecualizaciones de guitarras y pedales steel dejan en muchos tramos sin aliento. La voz amarga de Hinson roza lo antológico y universal.

Down

  • Música hecha para la intimidad del hogar, al resguardo del frío otoñal o en los brazos de la sensualidad y del amor. No lo escuches si vas a salir de fiesta.