Se dice mucho últimamente que los críticos de música ni somos críticos ni somos nada, que inflamos las notas sin conocimiento y vemos discazos donde no los hay porque nuestra condición de fans nos impide ver más allá y distinguir las obras maestras de lo vulgar y ordinario. No voy a ser yo quien lo niegue, pues el 90% de las veces que escribo sobre algo es porque ese algo me vuelve loco, me ilusiona como las navidades a un niño pequeño y encontrar motivación en algo que te disgusta es muy complicado; me hago mayor y las ganas de soltar odio y bilis cada día son menos. Quizá este enfoque sea desacertado o perjudicial para el mundo de los señores con bigote y monóculo y un criterio por encima del bien y del mal, pero para una persona que cada día tiene más claro que la crítica objetiva no existe y que todo es opinión, dejarse llevar por los momentos de júbilo y euforia es mucho más divertido que andar continuamente con las gafas de la objetividad puestas.

Da igual si el estado de euforia dura tan sólo un instante, siempre habrá merecido la pena. Porque si no fuéramos tan fáciles de convencer, si no nos dejáramos llevar tanto y pusiésemos en un pedestal a esa banda que toca rock garajero de los sesenta sin ningún tipo de complicación y que repite cosas que se han hecho hasta la saciedad, seguramente hoy no disfrutaríamos (o al menos no tanto) de proyectos como el de dos de los músicos más queridos de los últimos años por nosotros, los sin criterio, unidos en un álbum: “Lotta Sea Lice”, de Courtney Barnett y Kurt Vile.

“Lotta Sea Lice”: vínculos intercontinentales

Las coordenadas eran completamente diferentes, pero si ambos músicos tenían algo en común era precisamente eso, la música.

La noticia ya llevaba bastante tiempo rumoreándose e incluso se confirmó meses antes de conocer ninguna canción. Una de las artistas más reveladoras de Australia y el crooner por excelencia de Filadelfia juntos. Las coordenadas eran completamente diferentes, pero si ambos músicos tenían algo en común era precisamente eso, la música. Tras conocerse en un festival y declararse admiración mutua años atrás, serían varias las ocasiones en las que ambos coincidirían, se harían amigos y, lo típico, de componer alguna cosilla juntos por divertimiento y para matar el rato el asunto se liaría y acabarían haciendo un disco entero. Ambos fueron trabajando en las canciones por separado, contactando por correo electrónico y cuando las tuvieron preparadas se juntaron una semana para grabarlas en Melbourne.

Fotografía: Danny Cohen

No tardamos mucho en darnos cuenta de que si bien ambos músicos tienen un sonido y una presencia lo suficientemente marcadas como para ser notorias en cada canción, el disco barre más para el lado de Kurt que el de Courtney en cuanto a lo que el estilo se refiere.

El resultado, como ya decía más arriba, es una alegría para los jóvenes de corazón sencillo, y es que el simple hecho de ver a dos artistas tan majos y que se hacen querer tanto juntos ya es motivo de celebración para nosotros. Es cierto, ninguno de los dos es revolucionario por sí mismo ni su fusión ha dado lugar a la colaboración más asombrosa que hayamos podido ver, pero, ¿a quién le importa cuando ves un videoclip tan maravilloso como el de “Over Everything” y escuchas esos primeros versos tan redundantemente atractivos yendo y viniendo entre Kurt y Courtney? Y es que si algo demuestra este tema introductorio es que sí, ambos tienen más cosas en común de lo que parece, y sí, la combinación funciona, y lo hace muy bien en más de una ocasión. Las progresiones de acordes limpios y a la vez llenos de pistas y riffs dan pie a versos en los que se aprecia esa pereza existencial de Kurt Vile a la par que la cotidianidad absurdamente honesta y simplista de Courtney Barnett. Las voces casan muy bien y la personalidad de ambos músicos es notoria, por lo cual el primer disparo da directo en la diana.

A partir de esta primera pieza no tardamos mucho en darnos cuenta de que si bien ambos músicos tienen un sonido y una presencia lo suficientemente marcadas como para ser notorias en cada canción, el disco barre más para el lado de Kurt que el de Courtney en cuanto a lo que el estilo se refiere. “Let It Go” nos lleva por un paisaje de arpegios melancólicos y divagantes y nos habla de la dificultad de cumplir con las obligaciones y responsabilidades de uno mismo y nos aconseja dejarlas pasar antes de que nos vuelvan locos: “you’ve gotta let it go / before it takes you over. Tras esta tenemos una versión de “Fear Is Like a Forest”, un tema originalmente compuesto por Jen Cloher, la mujer de Courtney Barnett, con un aire bluesero muy a lo Neil Young & Crazy Horse. No es la única versión que encontramos en el álbum, puesto que “Outta The Woodwork” nos presenta a Kurt versionando una canción de Courtney (perteneciente a su EP “How To Carve a Carrot Into a Rose”) con ella haciendo los coros, para así darle un toque más oscuro y guitarrero continuista con el corte anterior.

“Lotta Sea Lice” es un trabajo que se queda muy lejos de resultar innovador, redondo o perfecto, pero el simple hecho de poder deleitarnos con un disco como este ya es un regalo.

Volvemos a los arpegios acústicos con una pieza realmente cálida y brillante como es “Continental Breakfast”, en la que divagan sobre lo mundano, sobre su amistad y sobre los bloqueos compositivos, algo bastante recurrente a la par que frustrante para ambos artistas. “On Script” se mueve hacia sonidos pesados, riffs rotos y sílabas alargadas que recuerdan a los Wilco de “Star Wars” y que tratan de reflejar esa sensación de angustia que sentimos cuando un pensamiento desagradable no deja de rondar por nuestra cabeza. El aire folk y de americana sigue presente en “Blue Cheese”, una canción mucho más clásica que han recuperado de la época adolescente de Kurt.

La parte final nos deja con dos últimas versiones. Si antes teníamos a Kurt reinventando un tema de Courtney, esta vez es ella quien renueva y deja su huella en una de las canciones del de Filadelfia: “Peepin’ Tom”, perteneciente a “Smoke Ring For My Halo”. El carácter acústico se mantiene pero Courtney canta aquí mucho más agudo que en la original, conservando ese tono de frustración en una letra que habla sobre la inconformidad y la insatisfacción con uno mismo: “I don’t wanna change but I don’t wanna stay the same. La segunda y última de las versiones, “Untogether”, pertenece originalmente al álbum “Star” del grupo Belly, uno de los favoritos de Kurt cuando era adolescente. El de Filadelfia pensó que sería buena idea enseñársela al igual que ella le había mostrado “Fear Is Like a Forest” para versionarla, así que acabó formando parte del disco. Es una pieza acústica con un toque dream-pop en la que las voces de ambos músicos se cruzan por última vez antes de despedirse.

Los críticos de hoy en día tenemos tan poco criterio que cuando nos enteramos de que Courtney Barnett y Kurt Vile iban a lanzar un disco juntos algunos nos emocionamos tanto que pensamos que podía tener papeletas para ser el disco del año. En nuestros más profundos adentros sabíamos que probablemente no iba a ser así, y efectivamente “Lotta Sea Lice” es un trabajo que se queda muy lejos de ser innovador, redondo o perfecto. Pero creo que ningún fan de estos músicos consciente de sus virtudes y ambiciones les pediría jamás algo así, y es que el simple hecho de poder deleitarnos con un álbum como este y escuchar a ambos versionándose mutuamente ya es un regalo con el que cualquiera debería estar más que satisfecho. Si es por poner alguna pega lo único que se echa en falta son más canciones, porque ante una unión tan maravillosa nueve se acaban haciendo cortas.

Courtney Barnett & Kurt Vile – Lotta Sea Lice

7.5

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Courtney Barnett y Kurt Vile unen fuerzas para recrearse juntos con un disco en el que les da tiempo a rendirse homenaje mutuamente, a versionar a otros artistas y a dejarnos un puñado de canciones para el recuerdo en las que se demuestra que a pesar de la distancia que los separa, ambos tienen mucho en común.

Up

  • Poder disfrutar de una colaboración tan simpática y entrañable.
  • Ambos se complementan y todo funciona a la perfección en temas como “Over Everything”.
  • Su respeto y admiración mutuos y cómo lo plasman en sendas versiones.

Down

  • Se echa en falta alguna canción más, sobre todo teniendo en cuenta que cuatro son versiones.
  • Un tema con algo más de esa garra característica de Courtney Barnett habría estado bien.