Algo que siempre mantuve para mí mismo, que no he compartido con la prensa, es que el 95% de toda la música que The Drums ha publicado es en realidad yo en mi habitación grabando y componiendo para mí mismo. Siempre dudé si debía compartir esta información porque en ese tiempo tenía compañeros de banda y quería que se sintieran incluidos. Ellos tocaban las canciones en vivo, pero si escuchas los discos, hay un 95% de probabilidades de que lo que estés escuchando esté hecho por mí en mi recámara. Así que en ese sentido nada ha cambiado. Pero sí hay una diferencia, pues ahora sí estoy realmente por mi cuenta, así que cuento con una nueva libertad que no tenía antes.  En el pasado, incluso si Jacob [Graham, el teclista] o Connor [Hanwick, el baterista] no estaban en la habitación cuando yo estaba grabando era consciente de su presencia en el grupo  y eso afectaba la manera cómo sentía lo que podía y no podía hacer en el estudio. Yo pensaba ‘Jacob la va a odiar’, así que mejor trataba de hacer cosas que gustaran a todos. Había esa influencia invisible. Ahora, en cambio, puedo hacer lo que quiera”.

Jonathan Pierce es The Drums

Jonathan Pierce ha tenido la oportunidad de apropiarse de los pocos espacios que no estaban bajo su absoluto control. Esto le permite tener la libertad para mostrar sus versos más personales hasta la fecha. Eso sí, repite los tópicos presentes en los elepés anteriores: ilusión/decepción amorosa, muerte y problemas familiares.

Esta frase corresponde a una entrevista que el portal francés Indeflagration hizo este año a Jonathan Pierce. La cita permite tener un buen punto de partida para entender algunas cosas acerca de la agrupación surgida en Brooklyn y sobre su nuevo material, “Abysmal Thoughts”. Confirma lo que ya era un secreto a voces: The Drums ha sido y es Jonathan Pierce. Tras la partida de Graham, su último compañero en pie, el vocalista ha tenido la oportunidad de apropiarse de los pocos espacios que no estaban bajo su absoluto control. Por ejemplo, la imagen de la portada. En ella, según el propio artista, aparece su actual novio mientras olfatea su zapatilla y se agarra la entrepierna. De acuerdo al compositor, antes no habría podido poner una imagen así en la carátula del larga duración. Más allá de si la fotografía es o no la adecuada para el álbum, lo importante es que representa una declaración de intenciones: es el músico diciendo “yo mando aquí, soy gay, esta es mi pareja, tengo algunos fetiches y obsesiones que tal vez no te gusten, pero eso me importa un pepino”.

Esa actitud rebelde le juega a favor y en contra a Pierce. Le permite, en el ámbito lírico, tener la libertad para mostrar sus versos más personales hasta la fecha. Eso sí, repite los mismos tópicos presentes en todos los elepés anteriores: ilusión/decepción amorosa, muerte y problemas familiares. Mientras que en el lado musical, por su parte, le da la posibilidad de volver a la ruta seguida en el debut homónimo (2010) y en “Portamento” (2011): melodías pop que se nutren del surf rock, el rock independiente de los ochenta y el post-punk. El gran inconveniente es que las canciones actuales no poseen el magnetismo de las que formaron parte de los dos primeros álbumes. No hay hits como “Let’s Go Surfing”, “Money” o “Book of Revelation” esta vez. Al no tener más a un Graham insistiendo para variar un poco el sonido, el autor decidió no continuar con las exploraciones minimalistas de sintetizadores que, aunque no fueron las mejores, sirvieron como refresco sonoro en el “Encyclopedia” de 2014 (llámese “Bell Laboratories” o “Wild Geese”).

“Abysmal Thought” es, entonces, la obra en solitario de Pierce. Es él en su esfuerzo definitivo por dejar un registro de sus traumas y decepciones, su pesimismo frente a la vida y su soledad. Temas densos escondidos bajo un manto pop que, lamentablemente, no logra ser tan poderoso y encantador como el del material de 2011. Es él en su intento por volver a estar bajo la luz de los reflectores que lo alumbraron a inicios de esta década, cuando sorprendió a propios y extraños con su peculiar habilidad para crear estribillos cautivadores que quedaron grabados en la memoria  de una generación. Aunque se ha esforzado, no ha conseguido el resultado ideal.

La eterna tristeza de Pierce

En el apartado musical vuelve a la ruta seguida en el debut homónimo y en “Portamento”. El gran inconveniente es que las canciones actuales no poseen el magnetismo de las que formaron parte de los dos primeros álbumes.

Basta de contextualización, es hora de repasar el contenido de la producción. “Mirror” da una agradable bienvenida al oyente. En ella una melancólica guitarra acompaña a un protagonista abatido por sus problemas amorosos: “I didn’t need another push towards the edge / But you did it with a casual stance / My constitution, my confidence / They left me when you did / And now I’m asking/ Who are you?”. A continuación, pequeños loops electrónicos y precisos riffs guitarreros se superpondrán para dar vida a la correcta  “I’ll Fight For Your Life”. Aquí el autor recuerda que alguna vez estuvo dispuesto a dar todo de sí por su pareja: “I don’t want to lose you / I just want to kiss you / I promise you I’ll fight for your life / All through the night”.

Acto seguido, es el turno de uno de los puntos más altos del LP: “Blood Under My Belt”. Aunque no tiene el alto atractivo que hizo que “Money” y “Let’s Go Surfing” se convirtieran en himnos de inmediato sirve como recuerdo de lo que Jonathan es capaz de hacer. Un encantador coro presenta a un personaje que se topa con su ex novio. El encuentro no sirve más que para revivir el dolor causado por las infidelidades: “What does it take for you to believe that I have changed? I know very well that I have blood under my belt / Yes, it’s true that I hurt you / But I still love you, I love you / I still do / And what did I say to make you want to run away?”. En la pieza se toca también el tema de la muerte, presente en canciones pasadas como “U.S. National Park”, “I Hope Time Doesn’t Change Him” o “Book of Revelation”: “I see death coming at me too quickly / I don’t want this to end”.

“Abysmal Thoughts” evidencia la desesperación de Pierce por demostrar que sí, que es él, el de los temazos, el que sufría las consecuencias de los tropiezos amorosos y la infancia dura.

Tras repasar sus frustradas relaciones pasadas, Pierce pasa a mostrar la ilusión propia de los amoríos de una noche en las dos siguientes composiciones, “Heart Basel” y “Shoot the Sun Down”.  En realidad, ninguna de las dos pistas destaca especialmente, así que es preciso pasar a una mucho más interesante, “Head of the Horse”. En ella, el artista invita al oyente a ser testigo del momento en el que regresa a casa de sus padres, con quienes siempre tuvo una relación tormentosa debido a que ambos, pastores pentecostales, nunca aceptaron su homosexualidad. Es muy triste escuchar los versos: “Have a headache? / We’ll grab the oil / If you complain / Well, that’s the devil talking / He hugs me when I come home / Your sister got married fourteen times / But if you fall in love, son, that’s a crime”.

El track señala la raíz de la tristeza que Jonathan siempre ha mostrado en el aspecto lírico. Pena que se manifiesta de forma contundente en “Under The Ice”, la hermosa siguiente creación: “I’m under the ice / My whole life / If you see me gently smiling baby / You should know I’m just trying not to cry”. En un tramo de la composición, el autor, con la sinceridad a flor de piel, susurra unas líneas en las que da a entender que el amor es la única salvación a su eterno malestar: “How much longer do I have to wait / For you to come and burn a hole through my soul? / I want to skate on top with you”. En las dos subsecuentes, “Are U Fucked” y “Your Tenderness”, lo más destacado es la inclusión de bellos arreglos de saxo, instrumento que nunca antes había sido utilizado en un tema de The Drums.

Este larga duración cuenta con buenos pasajes, pero no termina de convencer. Es hora de pasar a otra cosa. Jonathan necesita cambiar un poquito su enfoque musical y lírico. Ojalá pueda hacerlo pronto.

Luego, previo desfogue de mala onda contra los niños pijos en “Rich Kids”, Jonathan vuelve a mostrar toda su vulnerabilidad en “If We All Share (Means Nothing)”. La melancolía general del track se incrementa por los sentidos punteos de guitarra acústica y los fugaces audios de niños en la escuela mientras el personaje se despide con tristeza del ser amado: “If all we shared means nothing / Then all my life is empty / How do I say goodbye to / Something I love so much / This boy I cradled in my heart / Closer than anything else”Como es habitual en la banda, la canción número doce es la encargada de cerrar el LP: “Abysmal Thoughts” deja un sabor agridulce en el oyente, pues contrasta una melodía alegre con unos versos tremendamente depresivos. En las líneas, el creador parece recriminar a quienes considera los causantes de su infelicidad, sus padres y su(s) ex pareja(s): “Who have I become? / Is there no way to come back? / Oh how could you do that to me? / Oh abysmal thoughts pushing me down to the ground”.

Entre 2010 y 2011, The Drums se convirtieron en una de las agrupaciones más prometedoras del panorama internacional. Tanto en el disco homónimo como en “Portamento” ofrecieron unos tracklists parejos de principio a fin. No daban tregua. Era casi imposible no sentir cierta afinidad por ellos. Canciones sin pretensiones, bailables, con letras tremendamente sinceras: ¡gran fórmula! Pero todo tiene su final. El encanto no duró para siempre. “Abysmal Thoughts” evidencia la desesperación de Pierce por demostrar que sí, que es él, el de los temazos, el que sufría las consecuencias de los tropiezos amorosos y la infancia dura. El músico realmente se esfuerza por probar, aunque no sea necesario, que el grupo siempre fue en realidad un proyecto en solitario. Aunque se valore el empeño, no se puede tapar el Sol con un solo dedo: los tiempos de las listas interminables de hits han terminado. Este larga duración cuenta con buenos pasajes, pero no termina de convencer. Es hora de pasar a otra cosa. Jonathan necesita cambiar un poquito su enfoque musical y lírico. Ojalá pueda hacerlo pronto.

The Drums – Abysmal Thoughts

5.9

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Jonathan Pierce intenta, sin éxito, emular lo conseguido con sus dos primeros álbumes. Las melodías pop creadas bajo la influencia del surf rock, rock independiente de los ochenta y post-punk ya no tienen el mismo gancho, las letras reflejan una tremenda honestidad, pero no presentan mayores novedades. Aunque el disco posee momentos buenos, no logra destacar ni en la discografía de la banda ni en el abanico de lanzamientos de este año. Es hora de cambiar.

Up

  • “Blood Under My Belt” recuerda los mejores momentos de la banda.
  • La honestidad en las letras de Pierce. En especial en “Under The Ice”.
  • “Head of the Horse” es notable. Muy íntima y triste.

Down

  • No hay mayores novedades ni en el ámbito musical ni en el lírico.
  • “Heart Basel”, “Shoot the Sun Down” y “Rich Kids” no aportan demasiado.
  • La idea detrás de la portada es buena, la ejecución no lo es.
  • No se profundizó en la exploración sonora realizada en “Wild Geese” de “Encyclopedia”.