Sin lugar a dudas, el nuevo lanzamiento de Zola Jesus ha sido una gran noticia para todos los fans de la artista norteamericana con raíces rusas y eslovenas, no solamente por la euforia que produce tener entre las manos nuevo material de alguien a quien sigues con interés, sino porque ha retomado una senda musical que parecía abandonada, volviendo a ser aquella chica que tanto llamó la atención (más entre la crítica que en el público). El paralelismo musical (que no mediático) existente entre Zola Jesus y Lana Del Rey se extendió también a la trayectoria de ambas artistas, y es que tras dos álbumes soberbios llegó un tercero (“Conatus”) más dubitativo y un cuarto (“Taiga”) que, al igual que el reciente “Lust For Life” de la neoyorkina, sonaba errático y vacío en su conjunto. Hace poco comparábamos el EP publicado por Alice Glass (ex Crystal Castles) con la estética y la dirección tomada por antidivas como Grimes o Zola Jesus, pero mientras la primera demostraba estar en la cúspide de su carrera tras la publicación de “Art Angels” la segunda parecía haberlo ofrecido todo en “The Spoils”, “Stridulum II” y en algunos de los cortes de “Conatus”. Por eso tiene tanta relevancia el papel jugado por Zola en “Okovi”, ya que rescata los aspectos más interesantes de sus nuevos lanzamientos, como la conexión con la faceta más melódica de la música gótica, pero aportándole un mayor peso a la parte sinfónica. Aunque no estamos ante el mejor álbum de la artista sí podemos decir que el pop melancólico que encogía el corazón en sus primeras obras ha vuelto.

“Okovi”: vuelta al mejor pop melancólico capaz de encoger el corazón

“Okovi” rescata los aspectos más interesantes de sus nuevos lanzamientos, como la conexión con la faceta más melódica de la música gótica, pero aportándole un mayor peso a la parte sinfónica.

Antes de entrar en materia vamos a detenernos en la portada. He de reconocer que cuando la vi por primera vez, sin haberme adentrado en las canciones del álbum, me temí un nuevo intento de copiar al milímetro a Björk, pues me recordaba en exceso a una amalgama entre las carátulas de “Vulnicura” y “Medulla”. Por esta razón tomé “Okovi” con las alarmas activadas, ya que el principal problema que he tenido con Zola Jesus es la duda de dónde acaba la personalidad de la artista y empieza la imitación a Björk (sin duda el gran referente para su sello propio). Sin embargo, un par de escuchas me bastaron para constatar mi equivocación pues, parecidos al margen, esta vez Zola Jesus ha adoptado más recursos de su cosecha personal y no ha forzado la producción para tratar de acercarla a la autora de “Homogenic” o “Post”. Es algo que, sinceramente, se agradece, porque Björk solo hay una.

Fotografía: Jeff Elstone

El principal problema con Zola Jesus es la duda de dónde acaba la personalidad de la artista y empieza la imitación a Björk. Sin embargo, parecidos al margen, esta vez Zola Jesus ha adoptado más recursos de su cosecha personal y no ha forzado la producción para tratar de acercarla a los trabajos de la islandesa.

Como en tantos y tantos álbumes, la primera pista, “Doma”, es utilizada a modo de introducción. El reverb en la voz impregna el comienzo de “Okovi” de un carácter ambiental y relajante, que muestra algunos matices del new age celta (Era, Enya…). Así, “Doma” desemboca en uno de los mejores inicios de canción que ha escrito Zola Jesus: el de “Exhumed”, a partir de una sección de cuerda y una base soberbia que casan a la perfección con su voz en un registro que bebe del último trabajo de Florence + The Machine, pero también de la épica sinfónica de formaciones que revolucionaron el rock mainstream en los primeros años de los 2000 (Evanescence, Lacuna Coil, Within Temptation…). La épica continúa en “Soak”, sin duda mi tema favorito del disco. Por un lado me ha recordado a “Seven Seconds” (aquel éxito de los noventa a cargo de Youssou N’Dour y Neneh Cherry) y por otro no he dejado de pensar desde la primera vez que lo escuché que tendría los ingredientes perfectos para calar en la comunidad eurofan si en las estrofas se dotase a la performance de un ambiente recogido e íntimo y en los estribillos de los juegos de luces que tanto triunfan en su festival fetiche.

Las referencias a la importancia de los elementos de la naturaleza en la percepción de los sentimientos son dominantes en la letra de “Soak” y también en la de la balada “Ash To Bone”, presentando el agua como reflejo de la libertad y la niebla como metáfora del horror. Esta pieza, al igual que “Witness”, está construida únicamente por la voz melódica de Zola Jesus sobre una instrumentación orquestal de cuerdas rasgadas. Ambas parecen pedir a gritos una presentación intimista en directo, con Zola en el centro de un escenario en penumbra, acompañada por un cuarteto de cuerda que puede aportar magia a la parte central de un show. De esta manera, resultan en cierto modo la contrapartida de las dos pistas que habían aparecido anteriormente.

La sensación final es que Zola Jesus, después de varios devaneos, ha consolidado una marca propia que puede presentar paralelismos con artistas vanguardistas de los últimos treinta años pero que por fin deja de desprender cierto tufillo a ‘copia de…’.

Con “Siphon” el álbum gira hacia un sonido más producido, con la voz más trabajada y doblada a través de filtros, y una percusión sorda que me ha recordado a las grandes baladas de los ochenta y principios de los noventa, o a dos temas nacionales destacados de este 2017: “Ahógate” de Presumido y “Las Alas del Adiós” de Joe Crepúsculo. A continuación, el estilo cambia radicalmente en “Veka”, que podría pasar en su inicio como uno de esos temas extraños del “Volta” de Björk (alguna comparación con la islandesa era inevitable), aunque se ‘normaliza’ cuando entra la voz principal para acabar hipnotizándonos a través de un groove magistral que sacude el estribillo y que lo convierte en uno de los temas más destacados de “Okovi”. Quizá por ello, al seguir el orden del tracklist, “Wiseblood” destaca aún menos de lo que lo haría en otra posición, y deja la sensación de no acabar de arrancar y de ser la pieza más floja de un disco por lo demás notable.

Con cierto aire industrial del silbido del tren que pasa por una estación, “NMO” se encarga de conectar la parte central del álbum con las dos piezas finales. En primer lugar se presenta “Remains”, que fusiona la encantadora voz de la solista con una base que bebe del industrial noventero (anticipado por la conexión del corte anterior), del drum & bass y del trap actual. Pero sin duda lo más destacado es el piano con aires acid house y trance que podría pertenecer a una sesión del DJ holandés Armin Van Buuren. El aire postindustrial mencionado combina muy bien con una letra sencilla y directa que pregunta sin tapujos qué queda de nosotros y del lugar en el que estamos viviendo. Con este aire desolador el álbum converge en “Half Life”, una composición instrumental que reúne a modo de conglomerado detalles de los tintes góticos, de los coqueteos con la electrónica y de la delicadeza sinfónica en los que se ha desenvuelto “Okovi”. Así, la sensación final es que Zola Jesus, después de varios devaneos, ha consolidado una marca propia que puede presentar paralelismos con artistas vanguardistas de los últimos treinta años pero que por fin deja de desprender cierto tufillo a ‘copia de…’. “Okovi” es un álbum para disfrutar en diferentes situaciones, con composiciones trabajadas y pulidas y producciones cuidadas al detalle para llevar el sinfín de posibilidades que otorga una formación sinfónica a los nuevos sonidos de los tiempos en que nos encontramos.

Zola Jesus – Okovi

7.8

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“Okovi” es el álbum que, con sus aciertos y errores, consolida por fin el sonido de Zola Jesus como marca propia a base de la notable combinación entre las formaciones sinfónicas, las agrupaciones de cuerda, las incursiones en subgéneros contemporáneos de la electrónica y los matices del rock gótico que tanto triunfó en los primeros años del nuevo siglo.

Up

  • Los momentos en los que la voz de Zola se presenta desnuda sobre el sonido sinfónico.
  • Las piezas que juegan con bases más duras y cercanas al industrial.

Down

  • Que cuando más consigue musicalmente separarse de la sombra de Björk haga una portada que remite demasiado a la islandesa.
  • Las pistas que ejercen como introducción, conexión o cierre tienen sentido a nivel estructural, pero son composiciones que se encuentran por debajo de los temas vocales.