Los años 2010 han resultado una década extraña. La profundización en el cambio de hábitos de consumo musical ha producido una especie de cisma en la promoción y difusión de ciertos artistas. Al tener una mayor facilidad para acceder a música de todas partes, de repente es como si una buena parte del público eligiese no escuchar nuevos artistas sino seguir poniendo su confianza en los ya conocidos. En parte por eso actos que resultaron fundamentales para definir musicalmente el comienzo del milenio como The Strokes, Kings of Leon, Muse, Coldplay o, claro, The Killers, siguen sus carreras con un resultado paradójico: tienen mayor visibilidad en los Estados Unidos de la que tuvieron nunca antes, pero creativamente están fundidos.

En todos los casos mencionados se repite un poco la tendencia: debuts impecables, algunos discos más que mantuvieron el momento (o vieron nacer su obra maestra, en el mejor de los casos), varios más donde siguen tendencias dominantes en el pop del momento y un trabajo donde su decadencia queda marcada. El criterio para el lector sobre cual fue ese disco en cada caso de los mencionados puede variar más o menos, pero en The Killers ese álbum que sella su mala racha es “Wonderful Wonderful”.

El aburrido mínimo común denominador

En “Wonderful Wonderful” la banda de Las Vegas deja ver que siguen unidos por lo rentable de la marca antes que por otra cosa. A pesar de algunos buenos momentos (sobre todo en la segunda mitad) se percibe desgaste, desgana y una dedicación en la composición digamos, insuficiente, que han querido compensar con una producción excesiva para composiciones tan carentes de chispa.

Comencemos diciendo que este es el primer número 1 de la agrupación en el Billboard 200. Ni “Hot Fuss” ni “Sam’s Town” tuvieron ese privilegio en los Estados Unidos, por lo que ahora podemos hablar con más propiedad que nunca de una marca que se sostiene en el mercado musical norteamericano, siempre competitivo e impredecible (por formas antes que por fondos).

Sin embargo, ¿esa marca se traduce en buenas canciones? Pues, no necesariamente…

The Killers tuvieron su éxito bien merecido al mezclar astutamente new wave con la ‘americana’ de Springsteen o Tom Petty, añadiendo como diferencial el carisma de Brandon Flowers y explotándolo maravillosamente en sus dos primeros álbumes. Pero con el paso de los discos la fórmula se ha ido desgastando y tornándose predecible. En “Day & Age” se percibieron los primeros síntomas, pero no fueron tan determinantes para restar calidad al disco. Luego de una gira exitosa y un DVD tremendo en el Royal Albert Hall se produce el primer receso de la banda: Brandon se estrena como solista con un éxito respetable, retoman el trabajo poco después y luego de unas tortuosas sesiones aparece “Battle Born”, un disco donde una primera mitad a la altura de su nombre fue seguida por otra olvidable.

Otra gira, otro descanso, otro álbum de Flowers en solitario. Por esos días el vocalista y el guitarrista Dave Keuning comienzan a trabajar en nuevas canciones para la banda. Cuando todos se reúnen en 2015 para componer eligen en principio a Ryan Tedder como productor (cuesta imaginarse lo nefasto que habría sonado el álbum con él a cargo…). Como sea, presuntamente por recomendación de Bono se decantan por Jacknife Lee, quien de hecho tiene créditos con la agrupación irlandesa al producir recientemente “You’re The Best Thing About Me”. Cuando se conocieron “The Man” y “Run For Cover” no daban una sensación particularmente agradable. Era como escucharlos en piloto automático, sin la capacidad de enganchar como en otros discos.

Fotografía: Erik Weiss

A los ojos de la historia “Wonderful Wonderful” quedará como un triunfo comercial para el grupo y una justificación para seguir haciendo de su fórmula (en otro tiempo infalible) un ruido de ambiente cansino y sin verdadera inspiración que sonará insistentemente en reproductores de todo tipo.

Los augurios cuando le damos play al reproductor de turno tampoco son muy alentadores. “Wonderful Wonderful”, la pieza que abre el disco y le da título, es traicionera. Más centrada en los golpes de Ronnie Vannucci Jr. en la batería, suena como una adaptación perezosa de ese golpe dubstep tan sobreutilizado a estas alturas que ya suena a reliquia del pasado. Y eso que no han pasado cinco años de su éxito internacional… Claro que, comparado con lo que sigue, es hasta decente. Por su parte, The Man” suena a una versión más incompetente de los Bee Gees en su etapa disco y al mismo tiempo tiene la incómoda sensación de recordar a Britney Spears en sus días de gloria. Suena demasiado grande, demasiado torpe y no está remotamente cerca de ser una composición fluida. Cuando la banda ha incursionado en esos momentos medio funky generalmente dejan espacio para que el bajo suene con naturalidad, pero aquí la producción de Lee busca saturar todos los sonidos involucrados. Por eso no es de extrañar que Flowers quede algo opacado. Y todo sea dicho, hay que esforzarse bastante para lograr algo así.

Aunque al fan acérrimo seguramente le gustará (e incluso es debatible) “Wonderful Wonderful”, para el resto de mortales es un mero síntoma de que los buenos tiempos se van alejando cada vez más.

El siguiente track es “Rut”, un medio tiempo insustancial, apático y lejos incluso de los mostrados en “Battle Born”. Aún más desconsoladora es “Life to Come”, que incursiona sin el más mínimo reparo en los U2 más radiables. Seguramente en el pasado apelaron a esa jugada muchas veces, pero en este corte son demasiado descarados incluso para los estándares de The Killers. Ni siquiera los mismos U2 quieren ser tan obvios en la actualidad, como para darse una idea de lo terrible que suena. Llegando a la segunda mitad finalmente hay un repunte de calidad. En gran medida “Run for Cover” es responsable de eso con todo y su onda Michael Sembello. La pista entera es un gran gancho de poco menos de cuatro minutos; la melodía, las armonías, la composición, todo es secundario frente a la necesidad de enganchar con una fórmula utilizada hasta la saciedad por The Killers. El bajo a lo Joy Division que sobresale a ratos solo se encarga de confirmarlo. Originalmente fue compuesta durante las sesiones de “Day & Age”, lo cual explica en gran medida por qué funciona a pesar de ser un mero pastiche.

Sigue “Tyson vs Douglas”, una idea estupenda con una ejecución por debajo de las expectativas. Retratando en palabras de Brandon Flowers “lo que es ver a un héroe caer”, toma como punto de partida la caída en desgracia de Mike Tyson esa noche de 1990 en Tokio cuando perdió el título de los pesos pesados ante un por entonces desconocido James Buster Douglas. Lastimosamente todo en la canción es excesivo: la voz de Flowers, la repetición del coro, la línea de sintetizador que anticipa algo grande pero nos deja con las ganas… son detalles que no le permiten funcionar a la primera, pero luego de un rato se hace coger gusto. Para destacar el solo de guitarra de Keuning.

Con su quinto larga duración The Killers confirman su estancia en una zona de confort que absorbe y elimina otro poco de aquello tan arrollador que supieron ser en otro tiempo.

Aparece entonces la balada “Some Kind of Love”. Sostenida por un piano sutil, cubierta por sintetizadores casi al completo, Flowers finalmente logra transmitir en ella algo de la emoción que normalmente pone en cada corte sin excederse con el dramatismo predominante en otros tramos del álbum. Sin ser gran cosa realmente, le favorece la pausa y el espacio entre cada pieza de la mezcla. El tirón se mantiene de alguna forma en “Out of My Mind”, deudora de los momentos caribeños de “Day & Age”. Es algo desabrida, suena mucho a esas canciones de finales de los ochenta mediocres y sobreproducidas, pero en general se defiende con la sincronía entre el sintetizador y los detalles por Mark Stoermer, quien además del bajo hace las guitarras. Su aporte más notorio en cualquier caso se escucha en “The Calling”, donde aporta riffs propios de un club de striptease o una cantina del viejo Oeste a un track que tiene toda la pinta de quedar bastante subestimado dentro de su catálogo. Para el final nos dejan una pregunta que por sí sola refleja el sentimiento que deja escuchar todo el álbum: “Have All The Songs Been Written?”. La respuesta es que eso parece, porque llevan un buen tiempo lucrando con lo que fueron.

En “Wonderful Wonderful” la banda de Las Vegas deja ver que siguen unidos por lo rentable de la marca antes que por otra cosa. A pesar de algunos buenos momentos (sobre todo en la segunda mitad) se percibe desgaste, desgana y una dedicación en la composición digamos, insuficiente, que han querido compensar con una producción excesiva para composiciones tan carentes de chispa. Eso ya se notaba en “Battle Born”, pero al menos allí la diferencia entre auténticos temazos y momentos flojos era notoria. Con su quinto larga duración The Killers confirman su estancia en una zona de confort que absorbe y elimina otro poco de aquello tan arrollador que supieron ser en otro tiempo.

No obstante, vuelvo a recordarlo: es su primer número uno en Estados Unidos. Poco importa si es un buen o mal trabajo al lado de los hechos concretos. A los ojos de la historia quedará como un triunfo comercial para el grupo y una justificación para seguir haciendo de su fórmula (en otro tiempo infalible) un ruido de ambiente cansino y sin verdadera inspiración que sonará insistentemente en reproductores de todo tipo.

The Killers – Wonderful Wonderful

3.0

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Al fan acérrimo seguramente le gustará (e incluso es debatible) “Wonderful Wonderful”. Para el resto de mortales es un mero síntoma de que los buenos tiempos se van alejando cada vez más. Un trámite para juntar algunas monedas a costa de clichés poco convincentes y emociones de bolsillo. Hay excepciones, pero son eso: excepciones.

Up

  • Aunque no pasa de ser un pastiche del soundtrack de Top Gun, “Run for Cover” se las ingenia para funcionar.
  • A pesar de que su ejecución es floja, la idea de componer algo como “Tyson vs Douglas” es positiva.

Down

  • No tiene chispa, apenas rastros de ella que se diluyen en una producción carente de alma.
  • Incluso para los estándares de The Killers es demasiado repetitivo.
  • Hasta “Battle Born” luce como una obra maestra a su lado.
  • Que un trabajo tan flojo sea el primer número uno de la banda en su país habla fatal del mínimo común denominador al que apuestan con tanta fuerza.