Hace no mucho tiempo, un amigo que vive de este maravilloso hobby parafernálico llamado Música me dijo que en ella todo está inventado, ya que no es más que doce notas que se han combinado de prácticamente todas las formas posibles. Ante esta tesitura es lógico que la mayoría de las nuevas canciones que surgen nos resulten familiares y las letras que se componen hablen de los mismos temas de siempre, aunque cada vez de forma menos poética y más superficial.

Por estas razones, la principal cualidad que puede hacer que una banda triunfe es cargar su trabajo de esencia y añadir a la fórmula ‘Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si’ un toque genuino que los identifique de inmediato. Con esta máxima, el grupo madrileño Tigres Leones acaba de lanzar a la venta su tercer álbum, “El Año de la Victoria” (Sonido Muchacho, 2017), un proyecto cargado de folclore y ácida ironía envuelto en un ambiente psicotrópico donde, si se consigue eludir la crítica fácil –y es lo que llevo varios días intentando–, la chorrada evidente se transforma en una sátira disfrutable.

“El Año de la Victoria”: cuando no hay que tomarse la música en serio

Tigres Leones han optado por subir los decibelios y expresar su estado actual a través de ritmos trepidantes y unas composiciones líricas que ejemplifican la filosofía donde se defiende que las verdades parecen menos hirientes si se dicen con humor.

Tras el éxito cosechado con “La Catastrofia” (Sonido Muchacho, 2015), los de la capital han optado por subir los decibelios y expresar su estado actual a través de ritmos trepidantes y unas composiciones líricas que ejemplifican la filosofía donde se defiende que las verdades parecen menos hirientes si se dicen con humor.

En “El Año de la Victoria” esto ya se aprecia desde las maravillosas portada y contraportada. En una vemos a Los Del Río actuando frente a un público somnoliento que se encuentra tirado en el suelo y en la otra a los mismos protagonistas rompiendo una guitarra española contra el suelo como Paul Simonon en la carátula más distinguida de la historia. Una manera de plasmar con sutilidad e ingenio la aparición de esta nueva y excéntrica ola musical en la que Tigres Leones despuntan y que está llamada a ejercer de relevo generacional.

La contraportada del álbum, con Los Del Río rompiendo una guitarra española contra el suelo como Paul Simonon cuarenta años atrás, plasma con sutilidad e ingenio la aparición de esta nueva y excéntrica ola musical en la que Tigres Leones despuntan y que está llamada a ejercer de relevo generacional.

Compuesto por doce temas, el elepé abre con Golpe en la Puerta, single de presentación del mismo. Con tintes ibéricos sesenteros/setenteros y una interesante intro, la canción ejerce de buena anfitriona para hacerse a la idea de lo que es este trabajo. El segundo track supuso a su vez el segundo single de promoción. Para qué complicarse. Milicianoes una composición bélica donde el narrador asume la derrota y nos advierte de que el pesimismo también tiene cabida en la esencia utópica del largo. En El Año de la Victoria, tema que da nombre al LP, los autores se alejan del ambiente folclórico de las dos antecesoras para construir su “The House of the Rising Sun” particular sin perder un ápice de su peculiar estilo. Por su parte, Domingoes una pegadiza oda al peor día de la semana que, además, conforma la pieza más extensa del disco, con 3:59 minutos. El Mar es la composición más floja de la primera parte. Un título donde se habla de nimiedades que ejerce de eslabón para dar paso a una de las mejores canciones del álbum. Si uno lee El Mejor Amigo del Hombre, evidentemente piensa en un canino. Sin embargo, y como recalcan varias veces: “Quedaos con vuestros perros, mi mejor amigo es un precipicio”. Una metáfora inteligentemente pesimista que cerciora que Tigres Leones no dan puntada sin hilo y que todas sus letras están hechas con intención, aunque en ocasiones cueste captarlas.

Tigres Leones es una banda cuya personalidad trasciende los límites cada vez más estrechos y menos ambiciosos de esta imprescindible pantomima llamada Música. Bien por ellos y por su año de la victoria.

En Milos Forman los madrileños homenajean al famoso cineasta checo, director de películas como Alguien voló sobre el nido del cuco o Man on the moon y ganador del Oscar por Amadeus, esa peli sobre Mozart a la que se hace referencia en el track. Tras “Milos Forman” llegan las dos composiciones más descafeinadas del elepé: Accidente y Popularmantienen la línea general del álbum, pero acaban aportando cierta monotonía a este “El Año de la Victoria”. El antepenúltimo tema, Haz Que Se Vaya el Aire, es una sinfonía romántica, aunque por supuesto al estilo de la banda. En varias entrevistas Paco, Javi y Luismi confesaban estar sorprendidos ante su capacidad para escribir sobre amor, aunque, como el resto, todo depende de la actitud que uno tome a la hora de escuchar “Haz Que Se Vaya el Aire” en particular y “El Año de la Victoria” en general.

Los Demonios supone el mejor título del proyecto. Con un inicio arrasador que recuerda a la adrenalínica “Ser Brigada” de León Benavente, los constantes cambios de ritmo hacen que “Los Demonios” esté a la altura de “Marte”, la canción más conocida del trío. Por último, la breve Paracaidista Rusoejerce de clausura con sus casi dos minutos de psicodelia sintetizada para cerrar un largo que necesita ser escuchado varias veces para captar su onda y comprobar por qué Tigres Leones es una banda cuya personalidad trasciende los límites cada vez más estrechos y menos ambiciosos de esta imprescindible pantomima llamada Música.

Tigres Leones – El Año de la Victoria

6.7

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El buen ambiente que desprende una banda tan aparentemente despreocupada y ajena a todo es, cuanto menos, admirable. Con dosis de ironía concienciada, “El Año de la Victoria” es, además del trabajo más cañero de Tigres Leones, la consagración definitiva de un grupo que nunca llenará estadios, pero que tampoco se enfrentará a una sala vacía. La peculiaridad hecha con mimo y en su justa medida es una poderosa arma para captar adeptos, y este álbum así lo demuestra.

Up

  • La portada y la multitud de apreciaciones a las que da paso.
  • La mezcla de estilos como el ska y el punk de una forma paródica que, gracias a la corta duración de cada uno de los temas, se convierte en una parodia asumible.
  • La simbiosis Tigres Leones-Sonido Muchacho que le ofrece al peculiar estilo de los madrileños la cobertura necesaria para poder llegar a todos los estamentos de la siempre aristocrática cultura musical.

Down

  • “El Año de la Victoria” es un trabajo que, si sólo se escucha de pasada, corre el riesgo de pasar desapercibido.
  • “El Mar”, “Accidente” y “Popular” pueden hacer que más de un oyente se tome la a priori absurdez del disco demasiado en serio.
  • El ambiente kafkiano que envuelve al conjunto puede perjudicar a grandes temas como “El Mejor Amigo del Hombre” o “Los Demonios”.