Ángel Stanich ha decidido que ya está bien de pasear por el camino ácido. Que las melodías de resaca lisérgica y las historias que huelen a tratos sucios en mitad del desierto de Nuevo México con algún comerciante de dudosa moral estaban muy bien como carta de presentación, pero que una y no más.

Además, el personaje que ha construido en torno a sí mismo este santanderino también tiene su corazoncito pop, como ya nos demostró en temas como “Outsider” o “Miss Trueno ‘89”. Pero es que ahora lo ha explotado al máximo con melodías más accesibles y canciones en general más fáciles de escuchar y digerir.

“Antigua y Barbuda”: del camino ácido al camino dulce

 Las letras oníricas y con espíritu crítico siguen ahí. Sigue el folk lisérgico, siguen las historias de amor bañadas de colorines, pero todo parece dulcificado.

Por supuesto, las letras oníricas y con espíritu crítico siguen ahí. Sigue el folk lisérgico, siguen las historias de amor bañadas de colorines, pero todo parece dulcificado para llegar a un público mucho más amplio. Parece el paso más lógico para un artista que ha conseguido todo hasta ahora sin conceder una sola entrevista. Aunque hubiera quien quisiera apuntarse el tanto, a Stanich no se le escapa que la relación con la prensa puede ser peligrosa para quien nunca habla con ella y mucho de este disco tendrá que ver con esa relación tortuosa. Pero también nos contará una buena cantidad de historias a su manera y nos relatará los lugares que más le han inspirado en estos años de gira.

Ángel Stanich ha decidido que ya está bien de pasear por el camino ácido. Que las melodías de resaca lisérgica y las historias que huelen a tratos sucios en mitad del desierto de Nuevo México con algún comerciante de dudosa moral estaban muy bien como carta de presentación, pero que una y no más. “Antigua y Barbuda” se mueve del camino ácido al camino dulce.

Todo esto alcanza su máximo exponente en el que nadie puede entender cómo no se ha publicado como primer single de este trabajo: “Escupe fuego”. Una de las canciones que ya es casi un clásico de su repertorio, que ha tenido que evolucionar forzosamente (recordemos que lleva rodando casi cuatro años con la gira de su primer disco) y que cualquiera que haya asistido a alguno de sus últimos conciertos seguro que ya conoce. Un tema de desamor sangrante y épico que va tomando forma sobre guitarras luminosas y que estalla con la personalísima voz de este cantautor: ya sabes, la odias o la amas, como la tortilla con o sin cebolla.

La mano de Javier Vielba vuelve a notarse en cada arista del disco. Una vez me comentó que empezó a hacer música, como casi todos, por amor al folk. Sus referencias fueron tantas que acabaron sobrepasándome. Pero estoy seguro de que, si nos volvemos a encontrar, me contaría lo orgulloso que está de este trabajo, en el que parece cristalizar todo lo recorrido con sus Arizona Baby y Corizonas. Como siempre, la conjunción de dos astros suele acabar en una supernova de sonidos y por eso el ‘ermitaño’ ha vuelto a ponerse a disposición de su camarada. En “Más se perdió en Cuba” el folk se va abriendo paso con in crescendos cincelados a golpe de un mágico teclado, soportado por el bajo de Álex Izquierdo. Todo lo contrario que en “Mátame camión”, otro de los cortes más potentes del álbum que sí ha sido escogido como single y en el que Stanich sí critica de manera explícita a la prensa (y más concretamente a los que intentaron jugársela). Un tema con mucha pegada y con la segunda letra más suya de este disco (la primera no te sorprenderá).

El personaje que ha construido en torno a sí mismo este santanderino también tiene su corazoncito pop, como ya nos demostró en temas como “Outsider” o “Miss Trueno ’89”. Pero es que ahora lo ha explotado al máximo con melodías más accesibles y canciones en general más fáciles de escuchar y digerir.

Pero el folk se le escurre de nuevo en “Galicia calidade”, otra pieza que comienza con una tímida guitarra picando al timbre para fundirse con las guitarras flotantes de Víctor Pescador, que (al tiempo) se convertirá en un nombre importante de las seis cuerdas en nuestro país (ya gira con la ‘Ángel Stanich Band’ y con la banda de Rubén Pozo). Volviendo a la canción, quizá sea la más ¿romántica? de este trabajo, con una bonita letra en la que el santanderino canta sobre todo a la tierra, mientras se van sumando arreglos de viento y otros que suenan a vibráfono antes de terminar en una coda repetida, marca de la casa como ya pasaba con el carnicero de la canción que lo trajo aquí: “Metralleta Joe”.

Estamos ante un artista que ha demostrado que se mueve bien tanto en medios tiempos como en folk o en temazos de pop-rock con sello propio e intransferible. Es el caso de “Un día épico”, la pieza más celebrada de ese EP de anticipo que publicó este verano y en la que, ahora sí, vuelve al camino ácido en todo su esplendor, como si se le hubiera quedado un tema en el tintero de aquellas once sendas que ha llevado (hasta casi la saciedad) por toda España. De nuevo vuelve Bukowski y los sueños psicodélicos en un recorrido psiconáutico por los entresijos de la historia para cuajar una pieza redonda, casi perfecta, porque sólo él podría hacer algo así.

“Antigua y Barbuda” es un álbum que ha mejorado bastante lo que escuchamos en aquella carta de presentación que queda ahora lejana, donde se forjó un estilo y una personalidad que quizá por no intentar perder ha cuidado durante estos años. Ahora hemos comprobado que no sólo no la ha perdido, sino que ha firmado uno de los discos del año junto a Vielba.

Bien, hasta aquí tenemos claro que cuando se define como ‘Lysergic Songwriter’ en su cuenta de Twitter no lo hace por aparentar. Yo lo mejoraría: cronista lisérgico, porque a lo que se dedica en estas once campanadas es a contarnos historias sin un hilo conductor más allá del de su propio ego musical. Un ego que vuelve a resurgir con ecos de aquel “Oustsider” en “Casa Dios”, otro tema que va de lo romántico a lo sexual mecido en una melodía mucho más cercana que en otras ocasiones, llena de hammonds y guitarras etéreas. Pasada la mitad llegamos a los mejores momentos del disco. Primero con “Hula Hula”, donde un loop bailable se va mezclando con esos arreglos que suenan a vibráfono (un acierto darles protagonismo) y teje una divertida melodía tropical que va salpicando por todas partes mientras Stanich se dedica a poner verde, a ratos al oficio del periodismo pero también el de cantante, disfrazando el tema de relación amorosa. Esa “soledad”propia del artista”, igual que “en ti, copiar y pegar”. O esa “máquina” que separa a esas dos personas. Todo encaja, hasta los versos de Los Pecos en este tema luminoso pero que no se cansa de comparar dos profesiones tan ligadas y tan distantes. Casi tanto como la relación entre dos comunistas en los 60. Así es “Camaradas”, sin duda una de las letras más interesantes de “Antigua y Barbuda”, en la que cuenta cómo hacer el amor en aquel frío momento histórico con innumerables referencias a la URSS y a la auténtica China comunista.

La recta final de este trabajo pasa por “Le tour ‘95”, donde vuelve el Stanich más ácido en un corte bastante movido y efectivo pero que queda diluido entre el resto de buenas canciones del tracklist. Como la acústica e íntima “Río Lobos”, que acaba de animarse al final y que cuenta con un solo de silbido homenaje a Bowie. Un tipo de canción en la que demuestra que se desenvuelve a la perfección, con pocos elementos y una melodía arrolladora. Y así llegamos a “La cosecha”, otra acústica con violines incluidos y nuevas alusiones a la tierra, esa de la que no parece olvidarse en todo el elepé.

“Antigua y Barbuda” es un álbum que ha mejorado bastante lo que escuchamos en aquella carta de presentación que queda ahora lejana, donde se forjó un estilo y una personalidad que quizá por no intentar perder ha cuidado durante estos años. Ahora hemos comprobado que no sólo no la ha perdido, sino que ha firmado uno de los discos del año junto a Vielba. ¡Larga vida a los ermitaños del folk!

Ángel Stanich – Antigua y Barbuda

8.5

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Ángel Stanich llevaba demasiado tiempo esperando a dar su segundo paso en la industria musical, pero éste ha sido certero y efectivo: once canciones que entremezclan su personalísimo folk ácido con varios cortes de melodías pop más accesibles para el resto del público. Las letras oníricas siguen siendo su punto fuerte, con esa capacidad de encontrarle el punto perfecto a las canciones para hacerlas únicas.

Up

  • Va a morir con su estilo puesto, tan único que hace que nadie lo pueda o lo quiera imitar.
  • Las letras siguen siendo un atractivo incontestable: drogas, sueños, sexo, amor, personajes históricos, comunismo y ríos. Ahí queda eso.
  • La producción minimalista de Vielba en el primer disco ha virado totalmente y le ha ayudado a evolucionar hacia un nuevo nivel sonoro.
  • La danza hula hula, que vamos a bailar”.

Down

  • Su personalísima voz puede no gustar a todo el mundo. Alguien puede pensar que Shakira está invocando a un dios lobo en el desierto de Arizona.