En este escenario, resultado de terremotos, desaprovechamiento, plagas de invertebrados y seres humanos entrando y saliendo con diversas intenciones, se representará en breves instantes lo que no puede ser filmado. La cámara lleva mucho tiempo instalada: 23 años de anarquía y subterfugios que cincelaron en la piedra los selectos ocupantes con el beneficio de la representación, las paredes llenas de cifras. Sí, y me atrevo a añadir: También hay algo nuestro aquí dentro (‘dentro’ anteponiéndose al resto de soles que brillan Dios sabe dónde) a punto de estallar. ¿Esa rabia ha sido compañera inseparable o reciente adquisición con la que ahora los poderes fácticos y las televisiones para el tercer mundo aparecen revestidos? No es rabia exactamente. El polvo, los casquetes de este lugar que no solemos visitar muy a menudo, nos imprime la necesidad de actuar, y avisa de la felicidad que nos otorgará el movimiento.

Godspeed You! presentan su trabajo menos depresivo hasta el momento, con un mensaje de triunfo

Multitud de himnos no oficiales pululan por el álbum, otorgando un carácter de coalición humana y gracia espectaculares; la música folk heredada de un país al que pertenecemos todos, equilibrio en la tensión ofertada, comparable al mundo del cine y por descontado muy visual.

No se puede hablar de Godspeed You! sin mencionarse un poco a uno mismo. Basta repasar las exigencias que el álbum dirige al mundo para comprobar cómo nos parecemos a Efrim Menuck, Mauro Pezzente, David Bryant o Mike Moya: “el fin de los límites”, “sanidad, hogar, comida y agua como bienes inalienables para todas las personas”, “que los jodedores expertos que fastidiaron este planeta no vuelvan a hablar nunca más”… Desde su primer trabajo la banda ha mantenido el misterio, la idea conceptual y el acercamiento a los individuos que funcionan como oyentes, algo propio de una banda tan numerosa como ésta, con tres guitarras, violines y violonchelos en su formación. Sin embargo, cómo llegar al individuo si, como bien saben los músicos, no existe representación para éste. Multitud de himnos no oficiales pululan por el álbum, otorgando un carácter de coalición humana y gracia espectaculares; la música folk heredada de un país al que pertenecemos todos, equilibrio en la tensión ofertada, comparable al mundo del cine y por descontado muy visual.

El agudo mensaje de un colectivo humano al que descorazona esta situación no es la rabia como cabría esperar, sino la paz, el diálogo, las composiciones más esperanzadas en la historia del grupo, que no debemos olvidar que destacó por su inclinación a los escenarios post-apocalípticos de una sociedad viciada y pobre de espíritu.

El encanto multifónico con el que arranca el álbum es una de las mejores ideas propuestas. El acercamiento al sonido de la gaita, la nota pedal (mantenida) y su puesta en escena como un peñasco folclórico ha sido usado en muchas ocasiones, caso de Neutral Milk Hotel o Current 93, pero rara vez logrando un entramado armónico tan cambiante y profundo. Poco antes de “Undoing a Luciferian Towers” la banda tuvo que escuchar “In C” de Terry Riley, aunque no llegue a los extremos minimalistas de éste. A través de improvisaciones y de un “Sister Ray” contemporáneo, flauta, trompeta y saxo (los invitados Bonnie Kane y Craig Pederson) son los obreros encargados de abrir el párpado interior. El himno humano va amaneciendo.

Menos simbólicos y más directos son los tres cortes siguientes, agrupables bajo el nombre de “Bosses Hang”. Un nuevo himno de la guitarra distorsionada destapa la trilogía, cogiendo del brazo al violín de Sophie Trudeau e improvisando después sobre estos materiales. La tensión se contiene gracias al trabajo de Aidan Girt y Tim Herzog a la batería, aunque quizá durante demasiado tiempo. La meditación se materializa con una pureza casi absoluta en el segundo corte, ahora sí con un minimalismo intencionado en la exploración del timbre, procedimiento habitual en Riley, el citado compositor. Entramos en un nivel más profundo y controlado del edificio, probablemente sin ventanas, banderas irreconocibles y firmas escasas, posiblemente el segmento menos llamativo del álbum. Con el tercer episodio crece la tensión, Swans en mente, inyectando euforia a la argamasa y el ladrillo, entresacando algunas ideas excesivamente alargadas hasta la recuperación del formato hímnico avasallado por el ruido. Una porción del techo vencida deja ver las estrellas. Conviene quedarse a sentir. El violonchelo y el violín cierran el círculo con su acento rumano.

Godspeed You! Black Emperor son unos artistazos, pero no sólo a nivel musical, sino también conceptual y humano.

Fam/Famine” es otro título muy descriptivo. “Fam” como apócope de familia. “Famine” significa hambre. Que no haya alarma. El muro del edificio ha quedado prácticamente volcado por el influjo de un océano próximo, las melodías folclóricas llegan con un regusto salado y basta acercarse un poco a la brecha para contemplar las mareas y apremiar a las balsas de este mundo muriente, es el momento de liberar las cenizas del barro. Las cuerdas graves de Thierry Amar proponen una melodía amenazadora sobre la que no tarda en imponerse la esperanza, mezclada, ruidosa, efectiva. Regresa el leitmotiv del himno, el compañero fiel. Esta seña de no violencia aparece presente de nuevo al comienzo de la segunda trilogía del álbum: “Anthem for no State”, cuyo primer tercio explora con cuidado ciertos colores, arrastrando muchos muertos, cuyas sombras y marcas de grasa han quedado impregnadas en los cubículos del edificio. La segunda parte despeja lo que de desolación pudo tener la primera con una melodía que recuerda a las películas del viejo oeste. El truco que emplea no es tan efectivo y se puede hacer algo pesado. La última sección, con la que se cierra el disco, aparece vorazmente en el océano como una ráfaga, sin extinguir el estilo previo. Hay algo debajo. Algo milenario y gigantesco está urdiendo su camino hacia el edificio. Las reminiscencias western chocan con un folk salvaje, selvático a través de una fantástica progresión. Esto nos sonará a unos Godspeed You! más clásicos, con su experto dominio de la tensión musical. El monstruo marino se acerca, engulle el trecho que le resta para alcanzarnos. La coda es una oportunísima bandera izada por el violín, un mensaje de unidad y dicha desde las profundidades.

El mundo se nos muere. Los recientes incendios en Galicia son los verdaderos causantes de la destrucción de nuestro país, la masificación, el plástico, y la indolencia que mostramos cada día los ocupantes del planeta. Y sin embargo, el agudo mensaje de un colectivo humano al que descorazona esta situación no es la rabia como cabría esperar, sino la paz, el diálogo, las composiciones más esperanzadas en la historia del grupo, que no debemos olvidar que destacó por su inclinación a los escenarios post-apocalípticos de una sociedad viciada y pobre de espíritu. Godspeed You! Black Emperor son unos artistazos, pero no sólo a nivel musical, sino también conceptual y humano.

Godspeed You! Black Emperor – Luciferian Towers

8.1

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Sería injusto equiparar este trabajo al anterior. Aunque “Luciferian Towers” siga en cierto sentido la línea de improvisación de “Asunder, Sweet and Other Distress” presenta un concepto más compacto, mejores ideas y unos cortes de cierre y apertura imprescindibles, de lo mejor que ha aportado GY!BE. Las secciones centrales son algo menos llamativas, cargadas de himnos, con el encanto de un viaje exploratorio, una meditación mucho más optimista que el estado anímico relacionado con la banda.

Up

  • El comienzo y el cierre son espectaculares.
  • El giro estético hacia veredas más esperanzadoras.

Down

  • Las secciones intermedias pueden hacerse algo más pesadas.
  • La experimentación armónica aminora el público al que va dirigido.