En 2014 The Horrors lanzaron el disco que se convertiría en el más flojo de su historia, “Luminous”. El trabajo presentaba un sonido mucho más ligero, sintético y limpio que los anteriores. Sus letras proyectaban un optimismo que resultaba extraño para una agrupación que siempre destacó por su capacidad para encontrar belleza en la oscuridad. Tras la publicación, los ingleses tenían dos opciones de cara al futuro: o continuaban por la misma senda con el único objetivo de asegurarse un sitio en las radios comerciales o giraban hacia una vía más arriesgada. El conjunto, afortunadamente, tomó la decisión correcta. Apostó por el cambio. En “V”, su nuevo larga duración, Faris Badwan y compañía vuelven a la ruta del ‘mal’ (que es la que les sienta mejor), pero con un poco más de madurez. Saben que no deben alejarse completamente del pop (hay que vender un poco, ¿no?), aunque son muy conscientes de que su mejor versión aparece siempre que se dejan llevar por la distorsión. Bien por ellos.

Conjunción de elementos

En “V” Faris Badwan y compañía vuelven a la ruta del ‘mal’ (que es la que les sienta mejor), pero con un poco más de madurez. Saben que no deben alejarse completamente del pop (hay que vender un poco, ¿no?), aunque son muy conscientes de que su mejor versión aparece siempre que se dejan llevar por la distorsión.

En el nuevo material toman detalles de cada uno de sus álbumes anteriores con el objetivo de presentar una mezcla que resulte atractiva tanto para quienes gustan de su lado más salvaje y oscuro como para aquellos que prefieren sus melodías más contagiosas y sencillas. Para entenderlo mejor es importante repasar la discografía del quinteto.

En su disco debut, “Strange House” (2007), los artistas mostraron un garage rock rabioso, de inclinación gótica, lleno de letras que sólo unos ‘frikis’ brillantes podrían crear. Los músicos han rescatado esa cuota de ‘rareza’ para dar más fuerza a los versos de la obra de 2017. En las líneas del nuevo trabajo predomina una visión un tanto pesimista de la vida. Badwan, por ratos, sumerge al público en un planeta gris en el que todos los habitantes son unas máquinas hechas con un solo molde, unos insectos que perdieron su libertad al entrar en contacto con el ámbar. Tras un buen primer álbum, en 2009 los ingleses sorprendieron al mundo con “Primary Colours”. Aquel LP presentaba un sonido shoegaze delicioso complementado con pequeños toques de krautrock. La distorsión y el motorik vuelven a tener espacio con la llegada de “V”, pero no acaparan todo el espectro sonoro, pues ahora lo comparten con cuotas precisas de rock industrial. Dos años después llegó el excepcional “Skying”, en el que se continuó por la ruta musical del anterior, pero con un nuevo enfoque: los Horrors se esforzaron para que todas las pistas contaran con melodías pop que sirvieran para consolidarlos en el ámbito comercial. Y lo lograron. El trabajo fue estupendo. En el elepé más reciente la banda ha intentado conseguir de nuevo la regularidad y el balance conseguidos en 2011. Y casi lo ha logrado. Casi. Tras dos trabajos grandiosos, en 2014, como se mencionó en el primer párrafo, llegó el primer bache en la carrera de los Horrors, “Luminous”.  En aquel proyecto dejaron bastante de lado el ruido guitarrero y dieron mucho mayor protagonismo a los sintetizadores. Pero no lo hicieron de la manera más inspirada y ambiciosa. El material, aunque contaba con momentos muy buenos, brilló por su irregularidad. Tras el tropiezo, los de Southend han aprendido una gran lección: no pueden renegar de sus orígenes ruidosos y oscuros. Deben integrarlos al mix pop. ¡Y vaya que lo han hecho!

Bienvenidos a la casa de los horrores

Los británicos toman detalles de cada uno de sus álbumes anteriores con el objetivo de presentar una mezcla que resulte atractiva tanto para quienes gustan de su lado más salvaje y oscuro como para aquellos que prefieren sus melodías más contagiosas y sencillas.

Al abrir la puerta de la casa de los horrores el oyente se encuentra inmediatamente con el resplandor de “Hologram”. Desde el ‘vamos’ la agrupación deja en claro que esta vez su intención ha sido crear melodías contagiosas (basadas, generalmente, en el rock industrial y el krautrock) complementadas por minúsculos arrebatos de distorsión. Tras un buen comienzo llega el regusto pop de “Press Enter to Exit”. Aquí la banda juega con el factor sorpresa. Primero, durante los segundos iniciales unos teclados lúgubres obligan al público a creer que está frente a una composición oscura, con una atmósfera terrorífica. Nada más lejos de la realidad. Tan pronto aparecen las guitarras el paisaje sonoro cambia, se vuelve más luminoso. Segundo, en los últimos minutos el quinteto incluye un falso final que sirve para que el bombardeo de distorsión que aparecerá segundos después sea más sorprendente. ¡Muy buen cierre!

A continuación llega el primer temazo del disco, “Machine”, una bomba pop con disfraz kraut-industrial (por llamarlo de alguna manera). Si hay una creación que refleja a la perfección la ruta tomada por los británicos, sin duda sería esta. Tenebrosa, ruidosa  y adictiva, como todas las grandes canciones de The Horrors. En la letra, un Badwan arrogante describe una realidad en la que todos somos unas copias mal hechas encerradas dentro de una falsa burbuja: “Insect in amber, is that what you are? /…/ Because you will never, never, never, be / More tan a machine / A trace of a smile / A sly imitation / Light with no heat / An empty cry in silent streets”. Sólo un tipo como él podría decirnos esas barbaridades y aun así tenernos todo el día oyendo el track una y otra y otra vez. Como en el anterior, la furia guitarrera alcanza su culmen en los últimos instantes. Algo que se repetirá en la siguiente, “Ghost”, en la que el caos del cierre contrasta con el calmado y sombrío comienzo minimalista. En la canción algunos versos refuerzan la idea de una vida prefabricada que aparecía en la predecesora: “Feels like I’m tied to these tracks, no way out / Ship full of hypnotists”. Tras el paseo por la sombra, el pop vuelve a tomar protagonismo con “Point Of No Reply”. La pista presenta a un personaje que parece recriminarse sus malas acciones: “Yo know you take such pride in making people feel sick / Blood lipstick, hiding yourself in a myth / Now your landscape’s takin’ a shape / Naming names and twisting the picture / Throwing knives with an eye for revenge”.

Los ingleses han alcanzado una madurez tal que les da la lucidez suficiente para escoger mejor los momentos. Ahora ya saben muy bien cuándo deben inclinarse hacia el shoegaze, cuándo es necesario profundizar en el rock industrial o cuándo les viene a la perfección recurrir al minimalismo electrónico. Administran mejor sus recursos.

Los solos de guitarra de Joshua Hayward serán el atractivo principal de los dos subsecuentes cortes, “Weighed Down” y “Gathering”. En el primero, el recurso servirá para complementar el sentimiento de frustración de un protagonista que se encuentra atrapado en una relación tóxica: “The darkness on your shoulders / The weight, the weight / The darkness in the smoke / Don’t let love bring you down”. En el segundo (de clara influencia ‘pinkfloydiana’), por su parte, cumplirá la función de contraste frente al sonido acústico predominante. En esta pieza el vocalista recuerda que estamos frente una realidad controlada por algo/alguien: “And there’s someone out there seeing everything and who knows that you know, what you don’t”.

En la que sigue, “World Below”, el regusto industrial que definía el sonido de “Hologram” y “Machine” vuelve al primer plano. En el tramo final un mar de distorsión guitarrera y detalles de sintetizador nos trasladará por unos segundos a “Primary Colours”… ¡Qué nostalgia! A continuación, un pausado loop electrónico marcará el ritmo en buena parte de “It’s A Good Life”, una de las mejores, y más íntimas, canciones del LP. En ella, el cantante parece describir a una mujer al borde del suicidio: “You could try to live, but you’re only shallow trying to find yourself / Going nowhere when you don’t know who to follow, moving to the river’s edge / Right at the start, and I know where to find her / But the light in her heart is softly dying out again”. Cuando el arreglo sintético se detiene cerca a la mitad, el audio fúnebre del piano toma rápidamente la posta mientras Badwan intenta evitar que la chica acabe con su vida. “It’s a good life, a good life / Hold on”, le dice. Pero ya es muy tarde. Un triste solo y el sonido de monedas cayendo sirven para simbolizar el desenlace. La suerte ya está echada. Algunos medios británicos han sugerido que la composición podría estar inspirada en la historia de la ex pareja de Faris, Peaches Geldof, quien falleció en 2014 debido a una sobredosis de heroína y protagonizó el debut en solitario de Thomas Cohen (marido de Geldof).

“V” reivindica, pero a la vez refresca, el sonido de la banda. Han conseguido crear una obra que puede atraer al público masivo debido a su tufillo pop y, al mismo tiempo, al segmento que se enganchó a la agrupación debido a sus primeros elepés.

Tras nueve canciones muy disfrutables, es el momento del final. “Something To Remember Me By” cierra el LP por todo lo alto. ¡Qué manera de acabar un álbum! ¡Temazo total! Los versos del track parecen ser un guiño a la película Memento, del gran Christopher Nolan, algo que podría evidenciarse en líneas como “Memory revolving / The fear of letting go” o “Something to remember me by, by / All the silent signs / Something to remember me by / Two sides, a double life”. Si esta pista no termina brillando en las radios será porque algo está muy mal en este mundo. En ella se nota la labor de producción de Paul Epworth, quien antes estuvo a cargo de trabajos más comerciales como “21” de Adele, “Ceremonials” de Florence + The Machine o “Ghost Stories” de Coldplay.  El inglés ha dado un acabado pop alucinante a esta pieza y, en general, a todo el larga duración.

Afortunadamente, The Horrors decidieron no seguir por el camino que propusieron en el disco anterior. “V” reivindica, pero a la vez refresca, el sonido de la banda. Los ingleses han alcanzado una madurez tal que les da la lucidez suficiente para escoger mejor los momentos. Ahora ya saben muy bien cuándo deben inclinarse hacia el shoegaze, cuándo es necesario profundizar en el rock industrial o cuándo les viene a la perfección recurrir al minimalismo electrónico. Administran mejor sus recursos. Gracias a ello han conseguido crear una obra que puede atraer al público masivo debido a su tufillo pop y, al mismo tiempo, al segmento que se enganchó a la agrupación debido a sus primeros elepés. A propósito de ellos, ¿está este álbum al mismo nivel que “Primary Colours” y “Skying”? Puede que no, pero aun así es muy bueno. Es que, como dice el dicho, no hay quinto malo.

The Horrors – V

7.5

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The Horrors buscan recuperar su mejor forma luego del tropiezo que significó la publicación de “Luminous”. Para ello apuestan por una ruta marcada por el rock industrial y el krautrock sin prescindir de los buenos detalles de sus tres primeros álbumes. Aunque “V” no está al nivel de “Primary Colours” y “Skying”, sí logra convencer.

Up

  • “Something To Remember Me By” y “Machine” no deberían tener problemas para irrumpir en las radios.
  • La marcada apuesta por el rock industrial sirve para dar un nuevo aire al sonido del grupo.
  • Por suerte no continuaron por el camino fácil planteado en “Luminous”.
  • La guitarra de Joshua Hayward en “Weighed Down” y “Gathering.

Down

  • ¿Por qué nunca más recurrieron al ‘spoken word’ que tan bien funcionó en “Excellent Choice” de “Strange House”?
  • Las letras podrían estar mejor desarrolladas.
  • Se queda lejos del hipnotismo de “Skying” y de la oscuridad de “Primary Colours”.