Fotografía: Santiago Felipe

Antes de que se publique su nuevo álbum de estudio en noviembre (posiblemente titulado “Utopia” según confesó recientemente) Björk ha aprovechado para entrevistarse a sí misma en W Magazine, después de pensar la noche anterior “algunas preguntas que harían en una revista normcore”. Así, comienza preguntándose sobre su relación con las flautas para posteriormente explicar los motivos por los que ha decidido trabajar nuevamente (al igual que en “Vulnicura”) con el productor venezolano Alejandro Ghersi a.k.a. Arca, quien este año también ha publicado un notable disco homónimo:

Al final de “Vulnicura” sentía una profunda conexión musical con él, me sentía culpable de haberlo arrastrado a través de una temática tan dramática y difícil. Él había servido mi misión con tanta elegancia y dignidad que quise encontrar otro punto de vista donde pudiéramos tener una colaboración utópica ideal musical sin el bagaje de mi angustia, pero también había un propósito más profundo que ni nosotros entendemos hoy. […] Queríamos dejar atrás nuestros egos, el patriarcado, las jerarquías, todo, y viajar al puro abandono donde nadie es una víctima. Aquí él no es oprimido por la adaptación a mis canciones como en “Vulnicura”, puedo fusionarme con un productor masculino y no ser paranoica sobre si soy sólo una vocalista. […] Creo que es importante ahora que todos somos más conscientes de los culpables del sexismo y deberíamos ser capaces de aceptar colaboraciones sin que los hombres se lleven todo el éxito.

Seguidamente habló sobre esa utopía que podría funcionar como columna vertebral de su nuevo larga duración:

Siento que en estos tiempos de Trump es necesario tener un plan, un manifiesto, una alternativa. Es una cuestión de vida o muerte para nuestra especie. Como músico siento que puedo sugerir el ángulo poético musical que explica que después de las tragedias uno tiene que inventar un mundo nuevo, tejerlo o bordarlo. No te lo van a regalar aunque lo merezcas, no funciona de esa manera; tienes que imaginar algo que no existe y cavar una cueva en el futuro y exigir espacio. Es un asunto de esperanza territorial. En ese momento la excavación es utópica pero en el futuro se convertirá en tu realidad.

Guðmundsdóttir también confesó que cree que el amor y el sexo pueden convivir, que ha vuelto a creer en el amor (temática que tendrá espacio en el nuevo disco y ya se muestra en el single “The Gate”) o cómo no la gustan las personas a las que puede controlar. Probablemente la pieza al completo sea una ventana más que la islandesa nos abre antes de la publicación del sucesor de “Vulnicura”.