Pasan los años y nuestros oídos se llenan y enriquecen de discos y sonidos nuevos cada mes, pero con el paso del tiempo esas sonoridades comienzan a resultarnos menos novedosas para finalmente acabar, en muchos casos, mostrándose repetitivas. Esto se debe también a la masiva oferta a la que nos vemos expuestos, dentro de la que, cuando un revival encuentra su sitio para resurgir, lo hace a lo grande y acaba saturándose a veces sin explorar sus entresijos. Por ello, lo que un día nos sonaba original o encantadoramente añejo años más tarde puede mostrar síntomas de agotamiento o simplemente resultar monótono. Esta parece ser la sensación general con el cuarto trabajo del británico Jake Bugg, “Hearts That Strain”, un artista que desde su aclamado debut ha ido recibiendo cada vez menos palabras amables hacia sus discos, llegando a decirse en numerosas ocasiones que ha perdido el rumbo.

“Hearts That Strain”: vuelta a las raíces

Jake Bugg no sólo ha decidido volver al lugar de donde vino, sino que incluso ha viajado a décadas anteriores, cuando la americana, el soul y el rhythm and blues lideraban las listas de éxitos.

Tras un parón de tres años, el tercer disco de Jake Bugg vio la luz el año pasado, mostrando un cambio de rumbo sorprendente en el que el músico coqueteó con sonidos más modernos cercanos al indie folk, al pop e incluso al hip-hop, dando como resultado un batiburrillo inconsistente que dejaba sensación de disco de transición, como si el británico apostara al todo o nada para su siguiente trabajo. Ahora, tan sólo un año después, hemos podido salir de dudas sobre si aquello fue un viraje definitivo hacia nuevos senderos que recorrer o simplemente una toma de contacto a modo de prueba. ¿Cuál ha sido entonces la decisión del joven? Volver a los orígenes, al country y folk que lo auparon cinco años atrás, y olvidar todo atisbo de modernidad que se pudiese percibir en aquel “On My One” del que actualmente el propio Jake reniega, tildándolo de ‘irregular’. Pero no sólo ha decidido volver al lugar de donde vino, sino que incluso ha viajado a décadas anteriores, cuando la americana, el soul y el rhythm and blues lideraban las listas de éxitos.

¿El motivo? La oportunidad de haber grabado en Nashville junto a los músicos que grabaron en su día “In The Ghetto” de Elvis Presley, además de con artistas contemporáneos de gran renombre como Dan Auerbach y otras colaboraciones como la de Noah Cyrus, hermana de Miley. Esto ha provocado que para Jake sea el disco más fácil de grabar, al haber contado con la participación de semejantes veteranos del mundillo, a pesar de haber tomado él solo las riendas de la composición, como hizo en su anterior esfuerzo.

Jake cuenta que al ver que muchos artistas estaban volviendo a entrar en escena con nuevos trabajos sintió la imperiosa necesidad de unirse a ellos y grabar nueva música, por lo que se puso manos a la obra. Así, tras pasar un tiempo en su ciudad natal componiendo en su habitación, viajó a Nashville una semana para grabar el material que tenía con el resto del equipo, proceso que repitió varias veces hasta tener el disco completo.

Fotografía: Jesse Lirola

Trabajar en Nashville junto a los músicos que grabaron en su día “In The Ghetto” de Elvis Presley o con artistas contemporáneos de gran renombre como Dan Auerbach ha provocado que para Jake sea el disco más fácil de grabar.

La resolución de todo este proceso se traduce en una palabra: madurez. Lo que encontramos aquí es a un Jake que ha dejado atrás la adolescencia y con ella los singles que le permitieron hacerse un hueco en el mundillo independiente. Si algo no tiene este disco es precisamente eso, hits claros como sus clásicos “Two Fingers” o “Lightning Bolt”. En este trabajo Jake se muestra mucho más comedido y seguro de sí mismo, consciente de sus virtudes y sus debilidades. Bugg ha pulido sus puntos fuertes, especialmente la voz, menos nasal y mucho más melódica. Muestra de ello es ese falsete en el estribillo de “How Soon The Dawn”, una pieza acústica, dulce y calmada o, como la ha tildado la gran mayoría del público inglés, ‘cheesy’. Y es que si hay algo en lo que se le puede sacar faltas al músico inglés a estas alturas es en el apartado lírico, donde sigue sin mostrar grandes avances ni variables alejadas de las historias de amor y los cambios dentro de su vida debidos a la fama. No obstante, es cierto que la música de Jake Bugg no tiene trampa ni cartón, y ahora parece más decidido que nunca a dejarse llevar por los terrenos en los que mejor se desenvuelve sin importar la falta de innovación o el exceso de revivalismo, tal y como muestra una “Southern Rain” que mantiene la calma y que destaca por una riqueza instrumental muy diversa, con arreglos de piano y mandolina acompañando a las guitarras acústicas.

Como las canciones de este álbum se escribieron en su casa, Jake no quería levantar demasiado el tono para no molestar a sus vecinos; ese es el motivo por el que las piezas de “Hearts That Strain” suenan tan suaves y en tonalidades tan graves. Por lo tanto no vais a escuchar un estribillo más elevado que el de “In The Event Of My Demise”, una suerte de blues con un toque psicodélico que destaca dentro del disco y nos muestra a un Bugg prediciendo el abandono por parte de sus seres queridos en el momento de su muerte: “Oh, no, look at them go / didn’t they love me so?. Nos movemos ahora hacia la clásica balada con “This Time”, una pastelada que no tarda en destapar su lado más amable con un estribillo que recuerda a temas del primer disco como “Simple As This”.

Todo este proceso se traduce en una palabra: madurez. Jake que ha dejado atrás la adolescencia y con ella los singles que le permitieron hacerse un hueco en el mundillo. Se muestra más comedido y seguro de sí mismo, consciente de sus virtudes y sus debilidades.

Llegamos a  otro de los momentos más destacables del disco con “Waiting” y su colaboración con Noah Cyrus que complementa a la perfección la voz nasal de Jake. Se trata de una canción puramente soul con un ritmo a 3/4 muy marcado y una instrumentación adecuada para convertirlo en un exitazo, con secciones de cuerda y un saxofón que le va que ni pintado. Por su parte, “The Man On Stage” suena como una versión acústica de aquella “Simple Pleasures” de su segundo disco, cambiando la guitarra eléctrica por el piano y los violines. Pero donde más destaca Jake en este trabajo es en los momentos en los que decide adentrarse, de forma más o menos tímida, en la introspección y en la oscuridad, como en esa “Hearts That Strain” que evoca carreteras nocturnas y parajes desolados. Los coros de ultratumba y la guitarra eléctrica en segundo plano lo elevan y le dotan una épica escalofriante e interesante para explorar más a fondo en el futuro.

Tampoco puede faltar el típico tema rockabilly como “Burn Alone”, en el que Dan Auerbach lleva la guitarra principal y le da un toque muy blues, mientras que para “Indigo Blue” Jake saca a relucir sus grandes estribillos (“From the top of this mountain/ beyond the horizon/ indigo blue/ colouring the rest of our lives”) y nos regala otro de los momentos álgidos del disco, con una mezcla del blues americano con el pop más británico, dejando una atmósfera melancólica, distante y desoladora.

Si hay algo en lo que se le puede sacar faltas a Jake a estas alturas es en el apartado lírico, donde sigue sin mostrar grandes avances ni variables alejadas de las historias de amor y los cambios dentro de su vida debidos a la fama. No obstante, la música de Jake Bugg no tiene trampa ni cartón, y ahora parece más decidido que nunca a dejarse llevar por los terrenos en los que mejor se desenvuelve.

Es indiscutible que el aroma de este disco es tremendamente clásico, pero eso no impide que Jake siga incluyendo nuevos matices y formas de interpretar su música, como en una “Bigger Lover” en la que los versos se le escapan a contratiempo, mezclando los bongos y el toque sureño de la estrofa con un estribillo folk a lo Simon & Garfunkel, increíblemente resultón y equilibrado. “Every Colour In The World” se encarga de cerrar sin destacar demasiado, siendo otra de esas baladas a las que nos tiene acostumbrados el de Nottingham, pero que funciona bien como punto y final.

Hay quien tacha este trabajo de inofensivo e incluso de soporífero al no encontrar en él un single claro como era costumbre en sus anteriores elepés. Lo cierto es que a nivel general no es un álbum que suponga ninguna revolución ni en su carrera ni en el panorama musical, pero para un músico que tampoco pretende revolucionar nada el hecho de poder colaborar con veteranos del mundillo y perfilar su camino de forma tan nítida sin necesidad de recurrir a las exigencias de la radiofórmula debería suponer un pequeño gran triunfo, al menos a nivel personal. Si bien a veces se echan en falta la garra, los riffs y los solos de guitarra demoledores que frecuentaban “Shangri La” y los estribillos con aspiración de himno del primer disco, la evolución melódica y en especial en la capacidad vocal de Bugg (mucho más comedido y consciente del rango en que mejor se desenvuelve) dejan para el recuerdo un álbum sencillo, agradable al oído y que se pasa en un suspiro.

Jake Bugg – Hearts That Strain

7.0

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El cuarto disco de Jake Bugg nos ha pillado por sorpresa a casi todos, lanzándose prácticamente sin aviso y tan sólo un año después del anterior. Esta vez el crooner de Nottingham deja a un lado los coqueteos con el hip-hop para volver al folk y al country acompañado de una banda de músicos veteranos para demostrar que cinco años después de su debut sigue en plena forma.

Up

  • A nivel de producción es una delicia, la instrumentación es muy variada y suena espectacular.
  • Quien diga que aquí no hay grandes temas que preste un poco de atención a “Hearts That Strain”, “Bigger Lover” o “Indigo Blue”.
  • La colaboración con Noah Cyrus en “Waiting” resulta una agradable y grata sorpresa.
  • La decisión de volver a sus orígenes y hacerlo con una notable mejoría en sus cualidades.

Down

  • Quizás le falte un hit realmente potente como “Lightning Bolt”.
  • Para bien o para mal es un sonido muy clásico, con lo cual la innovación es nula.
  • Algunas colaboraciones no son tan fructuosas como otras (hola Dan Auerbach).
  • Un poco más de intensidad en algunos temas le habría venido bien para no dejar esa sensación de disco plano, especialmente en las primeras escuchas.

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