Me pongo a pensar y parece mentira que hayan pasado ya dos años de todo aquel follón del beef con Los Chikos del Maíz. Eran otros tiempos. Iglesias y Rivera se iban de colegueo a tomar cafés, Pxxr Gvng empezaban a estar de moda y “El Taxi” resonaba en nuestras cabezas como una mala resaca, de las de Sheriton con agua. En cuanto a C. Tangana, para muchos no era más que un don nadie, un pringao, un imitador barato de Drake que le había sacudido una hostia al Nega y lo había colgado en Internet. Lo de imitador es plausible, lo de pringao aceptable, pero lo de don nadie tengo que ponerlo en duda.

La metamorfosis de Antón Álvarez: de símbolo underground a “Ídolo” de Los 40 Principales

Si hay algo sobre C. Tangana que se pueda considerar universalmente interesante es su trayectoria musical y su metamorfosis de símbolo underground a ídolo de Los 40 Principales, de rapero experimental a reguetonero radiofórmula. En definitiva: de músico precario a empresario visionario.

Al contrario de lo que muchos creen (probablemente la gran mayoría de su actual audiencia) Tangana no salió de la nada para coronarse rey de Instagram y Sacro Emperador del Imperio YouTube de la noche a la mañana. Su estela puede ser trazada hasta el año 2006, año en el que coincide el lanzamiento de su primera maqueta con el nacimiento de un abultado número de los que ahora se consideran sus más acérrimos fans. En 2008, su disco “Agorazein” pegó el pelotazo en la escena underground del momento, convirtiéndose en una especie de disco de culto que se extendería como la pólvora de mp3 a mp3, llegando a los oídos de todos los adolescentes que ahora, desvirgados y con un par de kilos de más, lo niegan tres veces como el apóstol Pedro. En 2011, Pucho se volvía a infiltrar en el panorama para sorprender y disgustar con “LO▽E’S” y su fusión de hip-hop y electrónica, dando pistas de su escasa conexión con la escena española y su excentricismo sonoro y temático en relación con la misma. Exactamente, en su día C. Tangana fue sinónimo de experimentación. En 2014, sin embargo, el tema “Alligators” creaba polémica por su descarado carácter publicitario (cuya marca no hace falta ni mencionar). En definitiva, con esto quiero decir dos cosas: por una parte, que C. Tangana es perro viejo; por otra, que estábamos avisados.

No suelto la turra biográfica por gusto. Si hay algo sobre este personaje que se pueda considerar universalmente interesante es su trayectoria musical y su metamorfosis de símbolo underground a “Ídolo” de Los 40 Principales, de rapero experimental a reguetonero radiofórmula. En definitiva: de músico precario a empresario visionario. Lo decía él mismo en “Los Chikos de Madriz”: “Quería tener la portada, quería esa tela sin pagar nada”. Tras un tortuoso camino en el subsuelo musical, el madrileño había llegado a un punto de no retorno: ¿hacer música o vivir de ella? La respuesta quedó clara con “Antes de Morirme”, el tema que lo consagró como artista viral, cerrándole las puertas del respeto musical. C. Tangana se había convertido en una sociedad limitada –no sólo en términos económicos– y ni él mismo tenía problema en admitirlo. Hasta cierto punto podemos incluso afirmar que ha tenido éxito en lo que se propuso en su día: conquistar el mainstream.

“Ídolo”: éxito empresarial, fiasco artístico

Ámelo u ódielo, el hecho es irrefutable: C. Tangana se ha convertido en la sensación del año y quien lo niegue puede ir a la Gran Vía y observar el grimoso cartel de promoción de su nuevo álbum (gatos egipcios incluidos) o, en su defecto, que se ponga “Ídolo”, que ya se encarga él mismo de repetírnoslo 12 veces, una por canción.

Ámelo u ódielo, el hecho es irrefutable: C. Tangana se ha convertido en la sensación del año y quien lo niegue puede ir a la Gran Vía y observar el grimoso cartel de promoción de su nuevo álbum (gatos egipcios incluidos) o, en su defecto, que se ponga “Ídolo”, que ya se encarga él mismo de repetírnoslo 12 veces, una por canción. Porque no nos engañemos: C. Tangana sólo sabe hablar de C. Tangana, o de cómo C. Tangana se tira a mujeres, o de cómo C. Tangana se ha hecho famoso. Mucho mejor: C. Tangana sólo habla de tirarse a la fama. Pero he aquí mi pregunta: ¿Es que acaso no tiene razón? Ya lo dice en Tiempo, que “todo lo que predije se ha hecho realidad”. Tres minutos y medio de épica al estilo Dellafuente (su amor platónico) para introducir el tema incansable de su música: su éxito.

Así pues, la obsesión con la fama que un día rehuyó rodea cada uno de los cortes de este LP, convirtiendo “Ídolo” en el retrato maldito de un Dorian Gray que presenta la cara más cruda de la generación millennial. Hedonismo y egoísmo se entrelazan hasta el punto de resultar tedioso, especialmente teniendo en cuenta el limitado rango creativo y melódico en el que se mueven temas como Intoxicaoo De Pie, canciones cuya estructura melódica se desarrolla literalmente alrededor de tres notas que se rotan en un círculo infinito de machacón aburrimiento. La última, por cierto, no es más que un intento de fusionar sus dos mayores éxitos en uno, algo que se hace incluso más obvio cuando resucita “Antes de Morirme” mediante referencias innecesarias y casi autoparódicas. De intentar resucitar viejos singles también va la decisión de forzar Espabilao y Pop Ur Pussy como ecuador y final del disco respectivamente, algo que no se explica ni matemática ni filosóficamente teniendo en cuenta que son dos de los singles peor acogidos por el público en esa interminable ristra de lanzamientos que precedió a “Ídolo”, posiblemente por lo aburridos que resultan incluso para el más ávido seguidor.

La obsesión con la fama que un día rehuyó rodea cada uno de los cortes de este LP, convirtiendo “Ídolo” en el retrato maldito de un Dorian Gray que presenta la cara más cruda de la generación millennial. Hedonismo y egoísmo se entrelazan hasta el punto de resultar tedioso, especialmente teniendo en cuenta el limitado rango creativo y melódico en el que se mueven la mayoría de cortes.

Llegados a este punto de la historia no debería sorprendernos que la inconsistencia lírica y temática de Tangana se haga inevitablemente obvia en el contexto de un larga duración. Al fin y al cabo, su éxito no tiene mucho de diferente con respecto a cualquier ídolo americano de nuestro tiempo (ejem, Drake, ejem). La receta es simple: tener un productor de la hostia, y C. Tangana lo tiene. Alizz es sin duda el creador y salvador del fenómeno, el CEO de Tangana Enterprises, poniendo la cosa más que interesante para posibles inversores con un producto innegablemente atractivo: graves envolventes, ritmos contagiosos y atmósferas innegablemente acogedoras. Temas como Demasiado Tardeirían directamente a la basura si no fuera por las texturas preciosistas del productor barcelonés, arquitecto de instrumentales que le proporcionan a Pucho la solidez que su voz de niño llorando no puede. A veces se alinean los planetas y Tangana consigue ponerse a la altura de Alizz en temas como No Te Pegas. Excepción más que regla, pero destacable en un disco que destaca por su llaneza. Vale que a Alizz se le deslizan unos cuantos ases de la manga (la instrumental huele a “Goosebumps” desde Murcia), pero, ¿a quién no le gusta un buen remix? La canción cumple con su función: subirte los niveles de ‘g’ y ponerte a dabear en mitad de la calle.

La música de C. Tangana no es más que un producto para ser consumido por las hordas de YouTube, las de temas semanales y sed de ritmos pegajosos. Los fans no quieren música; quieren droga en forma de cápsulas de “Mala Mujer”, comida rápida en vena, ambientes musicales de evasión y poca profundidad. Tangana, el Steve Jobs del trap (¡¡¿trap?!!) español, ha sabido localizar la demanda y ajustar su oferta. Ha analizado el mercado cual bróker y ha creado su propia marca.

Cumple con su función. Suena frío y, sin embargo, no puedo pensar en algo que suene más acertado. La música de C. Tangana no es más que un producto para ser consumido por las hordas de YouTube, las de temas semanales y sed de ritmos pegajosos. Los fans no quieren música; quieren droga en forma de cápsulas de Mala Mujer, comida rápida en vena, ambientes musicales de evasión y poca profundidad. Tangana, el Steve Jobs del trap (¡¡¿trap?!!) español, ha sabido localizar la demanda y ajustar su oferta. Ha analizado el mercado cual bróker y ha creado su propia marca. Que ésta pueda competir al nivel de Inditex es otra cosa, porque aunque se afane en repetirlo con el registro más sobrecargante y ratchet de su carrera (¿no os recuerda un poco a La Zowi?), el puesto de C. Tangana está muy lejos de ser indisputable. Ojo, punto crítico aquí: pese a que C. Tangana se empeñe en afirmar que es un ídolo, el madrileño aún no ha pasado el nivel de artista de usar y tirar, lo que explica varias cosas.

Explica que su discurso se centre en remarcar un éxito que es mitad ganado mitad creado. Ayuda también a entender su obsesión por una fama que intuye como incierta, pero lo que es más importante: nos proporciona la razón de las deficiencias en su trazo de los rasgos de un ídolo que le es imposible entender por una simple razón: él no ha estado ahí. Su foto en el podio es puro Photoshop y lo que Caballo Ganador no cuenta con su imitación de Drake (el Drake duro, no el de “One Dance”) es que mientras el caballo mira hacia atrás para reírse de los demás contrincantes se despista de la carrera y pierde de vista el obstáculo con el que está a punto de tropezar. ¿Será ésta la historia de cómo el caballo Tangana se comió el suelo justo antes de llegar a la meta? Lo veremos, seguramente en YouTube o en Instagram.

C. Tangana – Ídolo

3.5

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Ha llegado, ya está aquí: el primer álbum oficial de C. Tangana, álbum que como era de esperar… no convence. Conceptos vagos, estribillos irritantes e instrumentales pegadizas. Todo esto y más en un trabajo que más que debut parece una colección de grandes éxitos que lo son sólo de nombre.

Up

  • Alizz cubre los huecos de C. Tangana y hace el proceso ameno y disfrutable a ratos.
  • Al César lo que es del César, y a Antón Álvarez el placer culpable de “Mala Mujer”, porque a quien no le salga mover las caderas con ella no tiene corazón.
  • El marketing, poderoso marketing.

Down

  • Salvo excepciones como “No Te Pegas” se echan en falta temas con la pegada y el gancho de “Mala Mujer”, que por lo menos cumple con su función pop de ser pegadiza.
  • Pese a sus esfuerzos por orbitar alrededor de un concepto, su análisis pseudoprofundo no consigue apenas rasgar la piel del ídolo.
  • La voz de C. Tangana evoluciona de aceptable a irritante, acabando por ser un auténtico suplicio.

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