Veinte años no es nada, o eso cantaba Gardel. Seguro que no opina lo mismo John Dwyer que, en más o menos la mitad de tiempo, no ha dejado de moverse de un lado para otro cambiando el nombre de su banda, los integrantes de la misma y la manera de presentar sus desquiciantes composiciones. Así es amiguitos, Dwyer y sus acólitos no siempre han sido la bestia parda a la que hoy nos hemos acostumbrado: mucho ha tenido que acontecer desde el folk trastabillado y autoproducido de aquel “The Cool Death of Island Raiders” (2006) que heredaron de la germinal OCS hasta que Sus Obsesivo-Compulsivas Majestades pudieran hacer gala de su nombre, no sólo produciendo más discos de los que la prensa musical seria está dispuesta a escuchar, sino reventando cervicales, ejecutando riffs anfetamínicos en los que desnucarse una y otra vez, propinando codazos en las costillas en cada pogo y dejando un reguero de humo y sudor a su paso.

Oh Sees sacan nuevo disco…

Oh Sees han tratado de explorar bien las cuatro esquinas de su cuadro compositivo y eso, en un género tan deudor del revival, endogámico y centrado en sí mismo como el garage, es algo bien difícil de conseguir.

Digo esto porque tras leer algunas reacciones sobre una noticia más que recurrente en los medios alternativos (“Oh Sees sacan nuevo disco”) pareciera que los sanfranciscanos van a regalarnos el mismo álbum de siempre con un lazo diferente. Y, aunque hubo un momento tras consolidarse como LA BANDA underground de garage-psych del nuevo siglo en que parecía que Dwyer había puesto el piloto automático, lo cierto es que, aún conservando siempre intacto un fuerte sello identitario, los Oh Sees han tratado de explorar bien las cuatro esquinas de su cuadro compositivo y eso, en un género tan deudor del revival, endogámico y centrado en sí mismo como el garage, es algo bien difícil de conseguir. Ahora que los 2010’s están tocando a su fin y el garage va dejando de formar parte de la-música-que-mola (las modas no son infinitas y la repetición de esquemas es capaz de saturar hasta al más talibán), Oh Sees aguantan, junto a escasísimas excepciones, habiendo formado parte de esta nueva ola desde el principio y ello, en gran parte, gracias a no haber encontrado aún su medida exacta y tener, la mayoría de las veces, algo interesante que contarnos.

Fotografía: John Dwyer

“Orc”: ¡Ahora con menos Thee y más Oh See!

“Orc” no supone una auténtica revolución sonora, pero confirma y redobla esa apuesta por los sonidos espaciales, la psicodelia vaporosa y un acercamiento algo más proggy e hipnótico a su garage psicodélico.

En “Orc”, además de desprenderse del ‘Thee’ y sustituir a Moutinho por Paul Quattrone a la segunda batería, encontramos algún cambio formal, que no se materializa en una auténtica revolución sonora, pero que confirma y redobla esa apuesta por los sonidos espaciales, la psicodelia vaporosa y un acercamiento algo más proggy e hipnótico a su garage psicodélico que venía acaparando un protagonismo cada vez mayor en sus obras, en especial en el reciente “A Weird Exits”. Los desarrollos lisérgicos, la búsqueda de texturas más sintéticas y el aire cuasi-kraut de temas como “Drowned Beast” traen como consecuencia una duración de casi una hora, algo desproporcionado para lo que debería ser un álbum prototípico de garage que pretende entrar a la primera, pero ya os hemos avisado de que, en muchos sentidos, no estamos ante otro disco más de los Oh Sees.

Arrancamos con “The Static God”, la pieza más acelerada del álbum y que podría tirar por tierra todo lo que he escrito hasta ahora. Pero, incluso en medio de su ya clásica euforia guitarrera y la melodía surf del estribillo encontramos un interludio en el que es el sintentizador quien asume el papel de estrella invitada. Los Oh Sees nos reciben con un sopapo en la cara y yo no podría estar más contento con dicha circunstancia, aunque, en cierta manera, ya dejan asomar sus intenciones. En “Nite Expo” el cambio es más evidente, ofreciendo un balance bastante equitativo entre su nueva faceta space y el garage psych de toda la vida. De hecho, podría tratarse de un descarte de las sesiones del “A Weird Exits”, pero poco importa si el resultado funciona así de bien. Animated Violence” refuerza los argumentos de quienes llevamos ya dos o tres discos pidiendo a gritos que John Dwyer se pase al heavy-psych. Una animalada de tema que carbura hacia sonidos pesados gracias a la contundente sección rítmica por la que Dwyer lleva tiempo apostando sin descuidar el apartado psicodélico de su música.

Dwyer no tiene que volver de ningún sitio porque siempre ha estado con nosotros, bombardeándonos año sí, año también con unas canciones en las que no ha dejado de darnos muestras de su personalidad y sus intentos por no estancarse en un punto determinado.

Prácticamente en el ecuador del LP nos encontramos con “Keys to the Castle”, uno de los más evidentes síntomas de la evolución sonora de los Oh Sees. Sus más de ocho minutos de duración arrancan con vigor punk y concisión melódica, pero poco a poco dan paso a una retorcida jam lisérgica capaz de hacerte despegar los pies del suelo. Un desarrollo instrumental totalmente injustificado que vuelve a demostrar, una vez más, que en el psych es más importante el trayecto que la meta. A los fans más puretas de la banda quizá se les atragante “Orc” y en especial este tema, pero John Dwyer merece todo el reconocimiento del mundo por esa capacidad de hacer con su proyecto lo que de la gana, especialmente cuando consigue sacar un sonidazo tan perfecto y envolvente como éste. Se sacuden los arreglos de cuerda y demás sofisticaciones para ejecutar “Jettisoned”, que se mueve en una estructura loud-quiet-loud entre sugerentes susurros y musculosos contraataques cimentados por una sabbathiana y totémica sección rítimica y la escurridiza y fuzzeada guitarra de Dwyer.

Para “Cadaver Dog” vamos casi a olvidar por completo, de nuevo, que estamos escuchando a un conjunto de garaje. Se trata de un medio tiempo introducido por órganos de los años setenta y un bajo cautivador que no tardará en explotar en potentes riffs blueseros sin abandonar nunca la senda del prog cocido a fuego lento.

En un momento en el que la nostalgia de los aniversarios cotiza a niveles altísimos en la escena musical Dwyer decide que no quiere ni oír hablar del pasado, eso ya no sirve; si queremos disfrutar en el futuro, necesitaremos nueva música.

Paranoise” se entrega por completo al krautrock y la experimentación, confirmando la tendencia que parecía intuirse desde hace unos pocos años. Lo mejor es comprobar que, a pesar de todo, uno está escuchando al grupo de John Dwyer, que se esconde justo detrás de los sintes y los repetitivos y juguetones solos de guitarra de siempre. Por el mismo camino transita “Cooling Tower”, de la que no hay que perder de vista las baterías de Rincon y Quattrone que son el verdadero motor de estos Oh Sees en modo Can. El experimento se vuelve aún más radical y exitoso para decirnos adiós con “Raw Optics” que, pese a acercarse al jazz-rock más que nunca, desprende el aroma alucinógeno y frenético de Thee Oh Sees por los cuatro costados. Una épica batalla a la percusión entre los dos bateristas que Hellman y Dwyer dulcifican tocando sus cuerdas con menos agresividad que de costumbre. Un riesgo innecesario de quien quiere pisotear repetidamente las fronteras de sus propios límites creativos y los de todo un subgénero de la música de guitarras.

20 años es un huevo de tiempo. Si empezamos a contar desde que John Dwyer formara OCS (rebautizados después como Orange County Sound y Orinoka Crash Suite) sumados a sus años de consolidación como Thee Oh Sees (sin olvidarnos de variantes como  The Oh Sees, The Ohsees o los actuales Oh Sees), nos salen esos 20 años de los que habla el tango, aunque todos sabemos que Dwyer, en este caso, no tiene que volver de ningún sitio porque siempre ha estado con nosotros, bombardeándonos año sí, año también con unas canciones en las que no ha dejado de darnos muestras de su personalidad y sus intentos por no estancarse en un punto determinado. En un momento en el que la nostalgia de los aniversarios cotiza a niveles altísimos en la escena musical Dwyer decide que no quiere ni oír hablar del pasado, eso ya no sirve; si queremos disfrutar en el futuro, necesitaremos nueva música. Vivan él y su banda por 20 años, sea cual sea el nombre que hayan adoptado para entonces.

Oh Sees – Orc

8.0

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En su enésimo disco (dicen que van 19) Thee Oh Sees no tienen tiempo para realizar un ejercicio de estilo, ni siquiera aunque se trate de un estilo propio. Sin revolucionar completamente su sonido continúan experimentando con las posibilidades de mezclar las guitarras ácidas y distorsionadas de sus mejores discos con las posibilidades del space, el prog y el krautrock.

Up

  • 20 años y aún quedan ganas de meterse en el estudio a probar cosas nuevas.
  • La manera de absorber sonidos y ser capaces de dispararlos desde diferentes ángulos conservando siempre una personalidad muy marcada.
  • Además de en la composición, también se nota el cuidado en el sonido, siendo seguramente el álbum de la banda que mayor calidad de sonido ofrece.
  • La portada, además de simple y estética, encaja bien con el espíritu mestizo, bruto y (¿por qué no decirlo?) freak que es seña de identidad de la banda.

Down

  • Quizá algunos experimentos no sean del agrado de los fans que vengan a buscar el raca-raca de las guitarras. Ése es su problema.
  • Para lo bueno y para lo malo 50 minutos de disco excede la media duración de los LPs del género y de la banda.

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